Pareja, cuñadas y suegras

En 1938, Editorial Sopena Argentina inició la colección denominada: “Biblioteca de la Mujer Moderna”. Uno de los libros se llamó “Nuevas normas sociales” y contenía: “Reglas de educación. Cómo comportarse en los acontecimientos íntimos. La vida social y sus obligaciones. Normas para cada uno de los miembros de la familia. Consejos morales”.

Tuvo muy buena repercusión y en octubre de 1945 se lanzó una tercera edición con algunas modificaciones post Guerra Mundial. Del capítulo de las Relaciones familiares copiamos dos temas: la pareja, y la suegra y cuñadas. Conozcamos estas miradas de nuestros abuelos, hace 70 años:

1. Los cónyuges

No basta que entre los esposos medien el amor y el cariño, que nunca habrán de entibiarse para que no merme la dicha que debe reinar en el hogar. Deben ambos evitar todo motivo de disgusto y, si se produjeren, habrán de tratarlos a espaldas de sus hijos, pues nada hay tan deplorable como la impresión que éstos pueden tener de la desunión entre sus progenitores.

La esposa no debe mostrarse exigente e intolerante, con respecto a sus caprichos principalmente. El amor propio y la delicadeza la inhibirán de solicitar continuos regalos de su marido, pues su cariño no debe basarse en el egoísmo.

Cuidará, en cambio, de su tocado, a fin de conservar la atracción sobre su esposo, para lo cual aprovechará, en lo posible, su ausencia para realizar faenas de la casa. No será prudente ni amable la esposa que se muestre indolente y desaliñada e indiferente a los esparcimientos a que la invite su esposo.

Este es también hombre y ciudadano; sus deberes y derechos privados y públicos lo abstraen y preocupan; pero, a·pesar de ello, al regresar a casa sabrá reconocer los esfuerzos de su señora para hacerle agradable el hogar y premiarla con la sonrisa y el elogio. No permitirá que los asuntos que lo malhumoran se impongan al cariño que a su esposa debe y, en lo posible, confíele sus preocupaciones y asesórese con ella, pues la mujer posee el don de apreciar con claridad conceptos que para el hombre se hacen intrincados y de difícil comprensión.

En todos los actos de la vida conyugal, la educación y la cortesía son igualmente obligatorias para los dos cónyuges. Por su parte el marido debe conservar las maneras de un caballero y tener para su esposa las mismas atenciones que dedicó a su novia anteriormente.

Eviten ambos, frente a los criados, las reflexiones íntimas o que puedan herir el amor propio de uno de los dos, y no dejen entrever a los extraños las nubecillas que alteren la limpidez del cielo matrimonial.

2. Suegras y cuñadas

Un recelo injustificado causa por regla general la desavenencia entre nueras y suegras. Olvidan aquéllas que se trata de la madre de su esposo, al que ha dedicado su vida y su inmenso amor. Luego el egoísmo termina en desacuerdo haciendo imposible el juicio sereno. No se dé lugar a la ofuscación y piense la esposa que nada anhela tanto la suegra como comprenderla a ella y a su marido en el mismo estrecho abrazo. Y con el mismo dulce vocablo de hijos.

Algo semejante ocurre con respecto a las cuñadas. Sepa la esposa atraérselas y demostrarles que, en vez de perder el cariño de su hermano, han logrado uno más y que, por otra parte, sin desconocer afectos y cuidados que ellas le prodigaron, viene a constituirse en una hermana más que se desvivirá para testimoniar, al que es ahora su
esposo, todo el cariño que ellas le demostraron fraternalmente.

Luego de conocer estos consejos, es evidente que hemos recorrido un largo camino.