La gloria o Devoto

 

En la época la de las hazañas aeronáuticas, Francisco Aroza, se calzó el mameluco, se puso el casco más las antiparras y abordó el avión. Controló que todo estuviera en orden, despegó, se dio vuelta en el aire, y así navegó cuatro horas y 25 minutos. Cabeza abajo.

El Heraldo de Madrid le sumó dos minutos más, pero también lo calificó en forma incorrecta (escribieron “el cadáver Aroza” en vez de “el aviador Aroza”) y dijo que zarpó de Panamá hasta Buenos Aires, con lo cual, sin querer, el redactor inventó el vuelo más rápido entre ambas capitales, aún no superado. ¿Por qué tres errores en un texto corto? Cosas de los cables que no se leían bien, probablemente.

El raíd de reconocimiento mundial tuvo lugar en 1935, entre Paraná y 6 de Septiembre. ¿Qué localidad llevaba el nombre de esta fecha? La actual Morón, que lo cambió en 1932 para recordar la revolución del 30 que derrocó al presidente Hipólito Yrigóyen. Conviene aclarar que en aquel tiempo casi todos los vuelos partían de Morón.

Aún no se habían acallado los aplausos por la hazaña cuando en la primavera de 1936 los diarios informaban sobre un asunto que trasladaba a Aroza desde las páginas deportivas hasta las policiales, en viaje sin escalas.

El martes 13 de octubre, Aroza trajo desde Montevideo catorce fardos de seda que bajó en un campo cercano a Rosario, propiedad del presidente del Círculo de Aviación, Octavio Alvarado. El cargamento no pasó por la Aduana. Debido a que su avión estaba en reparaciones, volaba con el Fairchild de su colega Ignacio Lardizábal (quien no tenía idea de lo que estaba ocurriendo).

Al día siguiente realizó otros vuelos, que incluyeron una escala en Morón. El último aterrizaje del día tuvo lugar a las 19 hs. en la localidad santafesina de Paganini (hoy Granadero Baigorria). Llegó hasta Rosario y con su automóvil, despojado del asiento trasero, marchó los 34 kilómetros al campo donde había dejado lo fardos. Cargó el auto con la mitad de la mercadería que llevó a su casa del bulevar Rondeau, en la ciudad rosarina. Regresó al campo en busca de la otra mitad y desandó el camino, una vez más. A las 23 hs., cuando realizaba la descarga en su domicilio, se acercaron dos policías. Una crónica de aquellos días sostiene que el instructor de aviación intentó sobornar con cien pesos a los sabuesos y, ante la negativa de los agentes, les ofreció un vale por cincuenta pesos más. Curiosamente no pudo darlos vuelta…

Por falta de antecedentes, su condena de 15 meses de prisión quedó en suspenso. Lo cierto es que, como tantas otras veces, la hazaña deportiva quedó tapada por el punto policial. Aroza fue noticia dos veces. Celebremos la primera.