Juan Moreira y Perón

 

Durante tres meses, desde comienzos de 1874, las partidas policiales buscaron al guacho Juan Moreira. ¿De qué se lo acusaba? De varios crímenes originados a partir de peleas cuerpo a cuerpo. Es decir, se trataba de un matón pendenciero que iba acumulando cadáveres en los partidos de la provincia de Buenos Aires. Alsinista devenido en mitrista, oriundo de San José de Flores (hoy barrio de Flores) y casado con Andrea Santillán, Moreira recorría pulperías y tenía el enojo fácil. Se convirtió en la mayor preocupación del Departamento de Policía que dirigía Enrique O’Gorman.

En Lobos, a fines de abril, Moreira fue cercado por una partida. Recibió un balazo y cuando ya malherido buscaba saltar una tapia para huir, el sargento Andrés Chirino lo ensartó en las costillas con su bayoneta. En un movimiento imperceptible, Moreira sacó una pistola de la cintura y disparó sin mirar hacia atrás, pero con una puntería notable: la bala dio en el pómulo derecho del sargento, hiriéndole un ojo. Acto seguido, Moreira tomó la daga que llevaba entre dientes (medía 85 cm de largo) y lanzó un golpe muy efectivo en la mano izquierda de Chirino: le rebanó cuatro dedos; sólo se salvó el pulgar.

Pero la suerte estaba echada. Cayó Moreira y la agonía duró menos de dos minutos. Fue enterrado en el cementerio de Lobos. La noticia llegó a Buenos Aires el 4 de mayo. Chirino nunca recibió la importante recompensa que se ofrecía. Años más tarde, trabajaría de encargado de un edificio en Avenida de Mayo y Chacabuco, en la ciudad de Buenos Aires. En cuanto a Andrea Santillán, le ofrecieron actuar en el teatro haciendo el papel de ella misma, pero no aceptó.

Dijimos que Moreira fue enterrado en el cementerio de Lobos, pero luego fue exhumado y el cráneo quedó en manos del doctor Eulogio del Mármol, quien se lo regaló a su colega, Tomás Perón. Dominga Dutey -la viuda de Tomás Perón y abuela de Juan Domingo (por ella se llamó Domingo)-, mantuvo durante años el cráneo en una sala de su casa. Lo heredó el hijo de Dominga, quien terminó donándolo al Museo de Luján porque el pequeño Juan Domingo lo usaba para asustar a las vecinas y de tanto jugar con él se le cayó y perdió algunos dientes.

Para la calavera (la imagen que vemos es de 1903, cuando aún tenía todos sus dientes) fue un viaje de ida y vuelta. Regresó a Lobos y es exhibida en el museo Juan D. Perón.

  • Christian

    “85 cm.”; lo correcto es “85 cm”: los símbolos no llevan punto.

    • http://danielbalmaceda.com Daniel Balmaceda

      Gracias, Christian.