Baronesa de Olivos en la Rural

 

La idea de realizar en Buenos Aires una mega exposición del Centenario surgió a partir del entusiasmo de Carlos Pellegrini, quien no vivió lo suficiente para concretarla. El deseo se mantuvo en sus sucesores, pero el problema era contar con un espacio extenso y que además fuera cerca del centro de la ciudad para facilitar la asistencia del público.

Las únicas alternativas eran la entonces inhóspita zona de la Costanera Norte o el mismísimo Parque 3 de Febrero, siempre y cuando se derribaran unos cuantos árboles. Pero no hubo consenso y se resolvió establecer cinco exposiciones diferentes: Industria, Ferrocarriles y Transporte, Higiene, Bellas Artes y la tradicional de Agricultura.

A partir de la diversificación, la Sociedad Rural Argentina se abocó, como era su costumbre, a la organización de la muestra de Agricultura en el terreno de Palermo. Pero no deseaban que fuera sólo una continuación de las muestras previas: resolvieron llevar a cabo modificaciones en la infraestructura. Muchos de aquellos cambios han perdurado a través del tiempo.

Por empezar, la entrada principal de la feria, sobre la avenida Sarmiento, fue reformulada (ya había iniciado su proceso de transformación en 1906). En el año del Centenario se construyó –a un costado de los portones de ingreso– el restaurante, obra de los arquitectos Eduardo Lanús y Pablo Hary. Asimismo, se creó una nueva sala de remates.

Aquel año nacieron también los pabellones para equinos que se encuentran a un costado de la pista central. Coronan los grandes marcos de acceso a estos pabellones unas valiosas figuras escultóricas. Son obras por encargo que le regaló el Jockey Club a la Sociedad Rural y que arribaron al país en abril, provenientes de París.

Entre las innovaciones de la Expo del Centenario figuró una iniciativa de Emilio Frers, presidente de la SRA: propuso crear un Museo Agrícola. Para tal fin se erigió un pabellón sobre la avenida Santa Fe. Es el popular Pabellón Frers que hoy rinde homenaje a quien sugirió el museo y tuvo a cargo la organización de aquella exposición trascendental.

Emilio Frers deberá ser recordado, además, por haber sido el primer Ministro de Agricultura del país –durante la primera presidencia de Roca– y por haber remado contra la corriente para promover el consumo de alfalfa como alimento del ganado. Frente a todos los escépticos que pregonaban que la pastura era irreemplazable, Frers consiguió imponer un alimento de grandes ventajas, ya que se acopia y no es afectado por las sequías.

La exposición de Agricultura estuvo a punto de fracasar por un boicot de los importadores de maquinaria agrícola, quienes consideraban que no recibían un trato acorde con la relevancia de la industria: en las muestras anteriores sus productos ocupaban sectores secundarios. Esto obligó a realizar intensas negociaciones para destrabar el conflicto. Por fin se sumaron expositores de maquinaria, pero algunas firmas de renombre mundial se abstuvieron de participar. Por otra parte, entre los hitos ganaderos del Centenario, hay que resaltar que aquella exposición rural contó con los primeros ejemplares de Charolais que hubo en la Argentina.

La muestra se inauguró el 3 de junio y contó con unas 7000 visitas diarias, en días hábiles, y 25000 asistentes los domingos y feriados. Hay que tener en cuenta que el Jardín Zoológico, uno de los paseos preferidos, tuvo en su día de mayor concurrencia del año 23432 visitantes.

La Infanta Isabel de Borbón, representante del gobierno de España en los festejos del Centenario (la vemos en la imagen tocando un toro), estuvo presente en la inauguración y realizó su ingreso en carroza por la pista, de la misma manera que lo hicieron el presidente José Figueroa Alcorta y el intendente de la ciudad de Buenos Aires, Manuel Güiraldes, padre de quien sería (en 1927) el autor de Don Segundo Sombra.

Entre los expositores premiados figuró un bisnieto del vocal de la Primera Junta, Miguel de Azcuénaga. Nos referimos a Carlos Villate Olaguer, criador de vacunos Shorthorn y caballos Shire, propietario de la Cabaña Azcuénaga, en Olivos, más campos en Lincoln y en Cañuelas. En 1903, un tío soltero había legado a Villate las 35 hectáreas de la quinta. A partir de 1905 el heredero resolvió albergar allí a sus mejores vacunos y equinos para exponerlos y comercializarlos. En la exposición del Centenario, su “Baronesa Waterloo”, ejemplar Shorthorn de menos de dos años, proveniente de los terrenos de la actual quinta presidencial de Olivos, obtuvo el primer premio.