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	<title>Historias inesperadas</title>
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	<description>La historia argentina por Daniel Balmaceda</description>
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		<title>La dura vida de Ramón Santamarina</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Feb 2012 19:59:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel Balmaceda</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El 3 de abril de 1835, José Santamarina y Varela, capitán general de la Guardia de Corps de Fernando VII, le pidió a su hijo Ramón Joaquín Manuel Cesáreo, de ocho años, que lo acompañara a los fosos del Puerto de Arriba (en la Coruña, España). Una vez allí, le comentó ciertos pecados –incluso algunos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a rel="attachment wp-att-2288" href="http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/familias/la-dura-vida-de-ramon-santamarina/attachment/rsantamarina-2"><img class="alignleft size-medium wp-image-2288" src="http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/files/2012/02/RSantamarina1-203x300.jpg" alt="" width="203" height="300" /></a>El 3 de abril de 1835, José Santamarina y Varela, capitán general de la Guardia de Corps de Fernando VII, le pidió a su hijo Ramón Joaquín Manuel Cesáreo, de ocho años, que lo acompañara a los fosos del Puerto de Arriba (en la Coruña, España). Una vez allí, le comentó ciertos pecados –incluso algunos que el niño no alcanzaba a entender– y se disparó en la sien.</p>
<p>Apenas algunos días después de la tragedia, moría de pena la madre de Ramón, Manuela Valcarcel. Él y sus hermanos Dolores y Francisco aterrizaron en casa de parientes que los consideraban más estorbo que familia. De allí pasaron a un asilo.</p>
<p>Ramón Santamarina se hizo monaguillo y el sacerdote descubrió que el chico tenía muchísimas cualidades. Creyó que lo mejor que podría hacer por él era alejarlo de España y enviarlo a América en el barco de un capitán amigo. <strong>En 1840, con nada más que una moneda de 5 duros y trece años, desembarcó siendo nadie en la ciudad de Buenos Aires.</strong></p>
<p>Se las ingenió para conseguir trabajo. Obtenía una recompensa miserable por guiar a nado las carretas de bueyes que cruzaban el Riachuelo a la altura de Barracas. También daba clases a sus humildes amigos del barrio. Sumó un modesto dinero que envió a su hermana Dolores. Lo tomaron como empleado en el Café de las Cuatro Naciones, donde se dieron el gusto de explotarlo hasta que explotara.</p>
<p>Cumplía tareas de lunes a lunes y tenía tres horas de descanso por día. Las otras veintiuna debía trabajarlas. Lo hizo un par de meses hasta que su físico se lo permitió. Tuvo que renunciar porque no daba más. Los primeros ocho días luego de abandonar ese trabajo los durmió por completo, salvo en el rato que se despertaba para comer.</p>
<p>Había llegado al país en el momento de mayor violencia durante el gobierno de Rosas y prefirió alejarse de Buenos Aires. Se trasladó al pueblo de Tandil, donde consiguió trabajo como peón. La capacidad de trabajo del gallego Santamarina, sumada a su honestidad y corrección en el trato, lo convirtieron en el joven mimado del pueblo. Luego de cinco años al servicio de todos y de cada uno, <strong>Ramón (19 años) compró una carreta con ruedas inmensas de lapacho y cambió su historia</strong>.</p>
<p>Cada viaje Tandil-Buenos Aires-Tandil demandaba tres meses y acarreaba peligros por los ataques de la indiada, de los gauchos rebeldes, los ladrones o las inclemencias del tiempo. En cuanto pudo, sumó otra carreta y otra y otra. Llegó a mantener dos docenas y comenzó a forjar su fortuna. Aprovechando la existencia de ganado cimarrón, incursionó en el negocio de los cueros. Mediante convenientes compras de quintas, chacras, campos y estancias, ingresó al club de los terratenientes.</p>
<p>Llegó a poseer 300.000 hectáreas en veinticinco estancias. La zona en donde se halla la Piedra Movediza de Tandil (la clásica se mantuvo en equilibrio hasta 1912) formaba parte de sus propiedades. Se casó en 1860. Tuvo cuatro hijos. Enviudó en 1866. Volvió a casarse –con Ana Irasusta Alduncin, sobrina de su primera mujer– y tuvo trece hijos más. En política, fue uno de los hombres más influyentes del sur de la provincia de Buenos Aires. En la sociedad, un caballero altamente respetado. En sus campos, un patrón muy querido.</p>
<p>El 23 de agosto de 1904 por la tarde, en el escritorio de su estancia, <strong>el patriarca de los Santamarina argentinos se suicidó por motivos que se han mantenido en secreto</strong>. Muchos creen que fue por una depresión, como ocurrió con su padre. La historia se repetía: de la misma manera, se disparó en la sien.</p>
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		<title>El gorro de dormir de Sarmiento</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Jan 2012 16:26:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel Balmaceda</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Luego de la batalla de Caseros, Sarmiento quedó desencantado de Urquiza. La mala relación entre estos dos hombres se sostuvo en el tiempo hasta que el sanjuanino llegó a la presidencia. Limaron asperezas a través de dos valiosos interlocutores: Benjamín Victorica, yerno del entrerriano (casado con Ana de Urquiza) y Dalmacio Vélez Sarsfield, amigo del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a rel="attachment wp-att-2268" href="http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/costumbres/el-gorro-de-dormir-de-sarmiento/attachment/gorrosarmiento"><img class="alignright size-medium wp-image-2268" src="http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/files/2012/01/GorroSarmiento-300x295.jpg" alt="" width="300" height="295" /></a>Luego de la batalla de Caseros, <strong>Sarmiento quedó desencantado de Urquiza</strong>. La mala relación entre estos dos hombres se sostuvo en el tiempo hasta que el sanjuanino llegó a la presidencia. Limaron asperezas a través de dos valiosos interlocutores: <strong>Benjamín Victorica</strong>, yerno del entrerriano (casado con Ana de Urquiza) y <strong>Dalmacio Vélez Sarsfield</strong>, amigo del sanjuanino (y padre de su amante, Aurelia Vélez).</p>
<p>Gracias a la gestión de estos hombres, Urquiza y Sarmiento volvieron a tratarse y afianzaron la relación a través de correspondencia.</p>
<p>Rescatamos una <strong>carta de Urquiza a Sarmiento</strong> -escrita en el Palacio San José de Concepción del Uruguay- que adjuntaba un regalo:</p>
<p><em>&#8220;San José, 24 de junio de 1869.</em><br />
<em>Excelentísimo Señor Presidente de la República, Don Domingo Faustino Sarmiento.</em><br />
<em>Estimado Señor Presidente y amigo:</em><br />
<em>Acordándome de las horas que Vuestra Excelencia tiene que permanecer en su bufete, me tomo la libertad de remitirle un <strong>rob-de-chambre y un gorro</strong>, para que lo use en mi nombre, no fijándose en su importancia, sino como un recuerdo de su afectísimo y amigo, Justo José de Urquiza.&#8221;</em></p>
<p>Tanto le gustó a Sarmiento el gorro, que <strong>se lo dejaba puesto mientras dormía</strong>, pero también lo usaba durante el día, en la casa, cuando hacía frío.</p>
<p>El periodismo tomó la imagen para crear caricaturas del <strong>Presidente de la Nación con el gorro de dormir</strong>, regalo de su antiguo adversario.</p>
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		<title>Peinó, robó y lo pescaron</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Jan 2012 14:27:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel Balmaceda</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Robos]]></category>
		<category><![CDATA[Virrey Loreto]]></category>

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		<description><![CDATA[Un suceso preocupó al virrey Loreto en 1785. De las casas de las principales familias de Buenos Aires desaparecían objetos de valor. Los hurtos eran constantes y podía deducirse que el ladrón vivía en la ciudad y conocía los secretos de los vecinos, ya que en la mayoría de los casos se dirigía directamente a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a rel="attachment wp-att-2257" href="http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/personalidades/peino-robo-y-lo-pescaron/attachment/sep12-san-martin-remedios-lo-espera-3"><img class="alignleft size-medium wp-image-2257" src="http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/files/2012/01/sep12-san-martin-remedios-lo-espera-3-269x300.jpg" alt="" width="269" height="300" /></a>Un suceso preocupó al virrey Loreto en 1785. De las casas de las principales familias de Buenos Aires desaparecían objetos de valor. Los hurtos eran constantes y <strong>podía deducirse que el ladrón vivía en la ciudad</strong> y conocía los secretos de los vecinos, ya que en la mayoría de los casos se dirigía directamente a su botín, sin violar ningún otro ambiente.</p>
<p>Las sospechas apuntaban a algunos oficiales. Pero también se puso el ojo en los esclavos y criados. Era habitual que un moreno robara para pagarse la libertad o la de un ser querido. <strong>Hubo más de veinte detenciones</strong>, pero las autoridades no daban con el autor de los robos.</p>
<p>El virrey dispuso que el capitán de dragones Manuel Cerrato se dedicara en forma exclusiva a resolver el caso del ladrón misterioso. Y lo resolvió. El hombre que había logrado preocupar a todos <strong>se llamaba Monsieur Levant y era el peluquero más exclusivo</strong> de Buenos Aires.</p>
<p>Llegado de Francia, aseguraba que provenía de una familia aristocrática que había entrado en decadencia económica. Levant era muy querido, no sólo por su capacidad con  tijeras y peines, sino también porque conversaba sobre temas interesantes con sus clientes <strong>mientras se ocupaba de sus pelucas y cabezas</strong>. Incluso, para amenizar el tiempo de secado de pelo, solía deleitarlos con lecturas de libros que llevaba de su propia biblioteca. Sus pomadas y perfumes eran muy requeridos. En aquel tiempo, los peluqueros sólo atendían en las casas, por lo tanto, Levant conocía las salas, los cuartos y, por supuesto, los secretos de las familias. En muchos casos, <strong>el francés oficiaba de Cupido: llevaba y traía cartas de novios</strong>.</p>
<p>Acorralado por Cerrato, Levant confesó, devolvió lo robado en varias casas y esperó el veredicto de la Justicia. <strong>Se discutió si había que deportarlo a Carmen de Patagones, a las Malvinas o a Cartagena, en España.</strong> Se optó por España. Antes de enviarlo lo pasearon en un burro, atadas sus manos, junto a un pregonero que anunciaba sus delitos.</p>
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		<title>La tragedia del vapor &#8220;América&#8221;</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jan 2012 13:20:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel Balmaceda</dc:creator>
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		<category><![CDATA[1871]]></category>
		<category><![CDATA[Río de la Plata]]></category>
		<category><![CDATA[Tragedia]]></category>
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		<description><![CDATA[Puerto de Buenos Aires. Sábado 23 de diciembre de 1871. A las 18:30, con el pasaje casi completo y al mando del capitán John Morsse, inició su carrera a Montevideo el vapor &#8220;Villa del Salto&#8221;. A las 19:00 partió Bartolomé Bossi con el &#8220;América&#8221; y unos 220 pasajeros, de los cuales más de 100 pertenecían [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Puerto de Buenos Aires. Sábado 23 de diciembre de 1871. A las 18:30, con el pasaje casi completo y al mando del capitán John Morsse, inició su carrera a Montevideo el vapor &#8220;Villa del Salto&#8221;. A las 19:00 partió Bartolomé Bossi con el &#8220;América&#8221; y unos 220 pasajeros, de los cuales más de 100 pertenecían a la primera clase. El &#8220;América&#8221; era más veloz y por ese motivo sobrepasó al vapor del capitán Morsse. La vista era espléndida, con un río dormido y una luna plateada. Nada permitía presagiar lo que ocurriría bien pasada la medianoche, cuando explotó una caldera del &#8220;América&#8221;.</p>
<p style="text-align: center"><a rel="attachment wp-att-2245" href="http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/libros/la-tragedia-del-vapor-america/attachment/vapor-america"><img class="aligncenter size-full wp-image-2245" src="http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/files/2012/01/Vapor-America.jpg" alt="" width="423" height="247" /></a></p>
<p>La cubierta del barco era el claro reflejo del caos. Hombres desnudos que corrían delante de mujeres elegantes y con sus mejores alhajas. Damas en camisón frente a señores con traje que se mofaban del susto de muchos. El capitán, muy tranquilo, anunciaba que todo estaba bajo control. Dos nuevas explosiones —para nada espectaculares, sino secas, como si estallaran petardos— terminaron de confirmar que algo andaba muy mal. A partir de allí, unas 220 historias comenzaron a mezclarse de manera trágica y confusa.</p>
<p>En la cubierta se producían saqueos y abusos, además de peleas por los salvavidas o los espacios en los botes. Algunos pasajeros quedaban petrificados, sin capacidad de reacción frente a lo que ocurría. Al matrimonio Larrazábal (Juan Antonio y Josefa Villar, seis días de casados) que viajaba de luna de miel, una ola lo arrancó de la cubierta en momentos en que se abrazaban: murieron ahogados.</p>
<p>En una carta de apreciable valor histórico, Torcuato Villanueva le relató a su primo Justo Villanueva los pormenores del desastre: “Subo al salón y empiezo a buscar algo que me sirviera para sostenerme sobre el agua, pues no sé nadar. En eso oigo una voz que grita: ‘Saquen las puertas de los marcos, que en ellas podemos salvarnos’. Me pareció buena la idea y me prendí de la mía, pero al mismo tiempo alguien dice: ‘¡Por Dios! ¡Que no hay salvavidas en este buque!’. Y otro responde: ‘En todos los camarotes, bajo el colchón, hay uno’. Corro al mío y efectivamente encuentro uno”.</p>
<p>Carmen Pinedo y su marido Augusto Marcó del Pont se hallaban en la cubierta, sin salvavidas y desconcertados. Alberto Marcó le ofreció el suyo a su cuñada, pero ella lo rechazó. Poco después, el panorama cambió de manera trágica. El fuego devoraba al vapor.</p>
<p>“No había más recurso que arrojarse al agua. En ese momento se me acercó Viale con un salvavidas en la mano y diciéndome esta sola palabra: ‘¡Señora…!’, me lo ofreció con el ademán. Yo no era dueña de mi voluntad y dejé que entre Viale y mi marido me pusieran el salvavidas&#8221;.</p>
<p>&#8220;Tratamos enseguida de bajar al entrepuente [el nivel que está debajo de la cubierta] para de allí arrojarnos; pero ya no era posible, la escalera estaba en llamas. Entonces, arrimándonos Augusto y yo a la borda, alguien, no sé quién, nos empujó e hizo caer al agua. Un momento después, al volver a la superficie, vi a Augusto flotando cerca de mí. Pero el choque con el agua había sido, sin duda, muy violento y no podía hablar. Me miraba. Trataba de darme ánimo, pero de pronto desapareció para siempre”. Así relataría Carmen Pinedo de Marcó del Pont, en 1893, a un periodista de La Nación, la forma en que Luis Viale le cedió el salvavidas y de qué manera vio morir a su marido.</p>
<p>Según algunas versiones, luego de ceder el flotador que le hubiera permitido sobrevivir, Viale se lanzó al agua y nadó hacia la rueda del &#8220;América&#8221; (similar a la de los barcos que navegan el río Mississippi) en donde muchos pasajeros se aferraban, en un intento final por flotar. Estaba abarrotada de náufragos. Con un esfuerzo supremo, alcanzó el timón, que permitía salvar a unos cuatro. Estaba a punto de aferrarse a él, cuando vio a un hombre que nadaba con desesperación hacia su lugar.<br />
Viale le cedió el espacio y le rogó que en cuanto pudiera, le permitiera asirse unos minutos para retomar fuerzas. No existió esa oportunidad: pocos segundos después el héroe se hundía sin remedio. Los cuatro hombres aferrados al timón salvarían sus vidas.</p>
<p>Torcuato Villanueva bajó al agua por la cadena del timón. “Trato de separarme del buque por temor del fuego y de los que allí veía ahogándose que podían agarrarse y hundirme, pero no lo puedo conseguir. Pasa una tabla por mi lado y me agarro de ella”. El esfuerzo por mantenerse a flote con el salvavidas puesto, era agotador. En cambio, quienes lograban aferrarse a una madera estaban más relajados.</p>
<p>Sigue Villanueva: “Así me pasé un buen rato cuando me siento agarrado por un brazo y una señora me pide que la socorra porque se estaba ahogando. Yo le digo: ‘No sé nadar, pero tome esta tabla y trate de colocarla como yo la tengo’. Así lo hizo. Yo entonces quedé con el salvavidas solo y empecé a fatigarme. Me saqué los pantalones bien, enseguida los calzoncillos con algún trabajo”. El cansancio lo obligó a ir en busca de la cabeza de un gran tornillo en el casco. “Permanecí allí un buen rato hasta que tuve temor que un individuo que estaba muy cerca sin salvavidas y que me aturdía con sus gritos pidiendo socorro y misericordia no se le ocurriera el aprovecharse de verme cansado y cometiera algún crimen por quitarme el salvavidas”. Villanueva se alejó del barco y la fatiga lo derrotaba.</p>
<p>“Aquí empezó mi situación a ser crítica, pues empecé a tomar agua, las piernas se me entumecieron y quedé sin acción en ellas. Entonces oigo que preguntan si no nos vendría alguna protección. Era la señora de Marcó del Pont a quien vi como a tres varas de distancia [dos metros y medio].” En estado de shock, Carmen Pinedo de Marcó del Pont se topó en el río con Torcuato Villanueva. Ninguno de los dos supo en ese desesperante momento que ellos habían forjado el destino de Viale: Torcuato fue el hombre que encontró en el puerto e hizo que cambiara de barco; Carmen fue la mujer que encontró en la cubierta y provocó que él se desprendiera del salvavidas. El rostro de Villanueva lo decía todo. Este hombre de treinta y siete años había perdido la esperanza y se lo aclaró a la mujer. Entonces, se dio este diálogo que extractamos de la carta inédita de Torcuato:</p>
<p>—Tenga valor, señor —me dijo.<br />
—No es valor lo que me falta, sino fuerzas. Bebo mucha agua porque la ola pasa sobre mí.<br />
—Déle la espalda.<br />
—No puedo.<br />
—Cierre la boca.</p>
<p>Villanueva no le respondió. “Seguí el consejo, pero me arrepentí pues cuando abrí la boca para tomar aire, se me llenó de agua. Probablemente la señora que no oyó contestación creyó que me ahogaba y empezó a rezar en alta voz una Salve, la que yo seguí repitiendo mentalmente; concluida la oración me encontré tranquilo, esto es, vi la muerte sin horror”. El hombre quiso quitarse el chaleco salvavidas para morir de una vez. Fue inútil: el nudo que se había hecho por temor a perderlo en el agua le impidió sacárselo. En ese minuto, Carmen Pinedo se desvaneció. El final parecía irreversible y ocurrió el milagro: los recogió un bote. El &#8220;Villa del Salto&#8221; ya se divisaba a corta distancia.</p>
<p>Por todas partes se veían grupos asidos a maderos y puertas. Hasta llegó a generarse una pelea en medio del río por el dominio de una mesa. Hubo pasajeros del buque rescatador que se arrojaron al agua para cooperar con los náufragos.</p>
<p>Un paisano, desde la proa, enlazó a dos y los arrastró hasta ponerlos a salvo. El &#8220;Villa del Salto&#8221; recuperó a 69 pasajeros de los cuales tres murieron a bordo. Entre los 87 sobrevivientes (66 en el vapor de Morsse y 21 en una ballenera), sólo había seis mujeres y una niña. Al menos veinticuatro mujeres murieron en el naufragio, lo que demuestra que la caballerosidad practicada por Viale no obtuvo muchos imitadores.</p>
<p>Peor aún: algunas damas fueron despojadas de sus salvavidas a punta de pistola. Se vio a una mujer pelear en el agua con un hombre que le arrebataba el suyo. En realidad, el caballero Viale salvó a dos mujeres. A Carmen Pinedo y a Carmencita “Sissy” Marcó del Pont, quien nació el 8 de julio de 1872.</p>
<h6><em>(Tomado del libro: Historias inesperadas de la historia argentina&#8221;)</em></h6>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Quién fue el primer hincha</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Jan 2012 15:09:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel Balmaceda</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Durante décadas, el fútbol rioplatense fue asunto de ingleses. Lo practicaban con el clásico estilo formal, que acostumbraban tener para los demás deportes importados de su tierra, como el rugby, el softbol, el hockey, el golf o el polo. El público que asistía a los encuentros mantenía una postura demasiado formal, en silencio. Las manifestaciones [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><a rel="attachment wp-att-2233" href="http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/costumbres/quien-fue-el-primer-hincha/attachment/viejo_gasometro"><img class="aligncenter size-full wp-image-2233" src="http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/files/2012/01/viejo_gasómetro.jpg" alt="" width="359" height="245" /></a></p>
<p>Durante décadas, el fútbol rioplatense fue asunto de ingleses. Lo practicaban con el clásico estilo formal, que acostumbraban tener para los demás deportes importados de su tierra, como el rugby, el softbol, el hockey, el golf o el polo.</p>
<p>El público que asistía a los encuentros mantenía una postura demasiado formal, en silencio. <strong>Las manifestaciones no pasaban de una exclamación o el aplauso</strong>, ante un gol, sea de uno o del otro equipo. Por eso llamó la atención de todos, a comienzos del siglo XX, la actitud del utilero de Nacional de Montevideo.</p>
<p><strong>Prudencio Miguel Reyes</strong> era un robusto paisano de oficio talabartero que había sido contratado por el club para actuar como utilero. Una de sus actividades principales consistía en inflar la pelota de fútbol. Esta tarea se llevaba a cabo con rudimentarios infladores que requerían cierto esfuerzo físico y que, en aquel tiempo, se llamaban hinchadores. En realidad, <strong>al utilero se le llamaba hinchador</strong>. Por lo tanto, Prudencio Miguel Reyes era para todos, el hinchador de Nacional.</p>
<p>Al circunspecto público que asistía a los partidos de fútbol en el 1900 le resultaba extraño que Prudencio se paseara de punta a punta, al borde de la cancha, <strong>alentando a los jugadores</strong>, lanzando gritos con su vozarrón y generando un clima festivo que, hasta entonces, no se había visto. Se hizo famoso. El hinchador de Nacional ya formaba parte del espectáculo. A partir de su entusiasta participación, el aliento en el fútbol cambió. Incluso contagió a otros deportes. Reyes, el hinchador de Nacional, generó una palabra que hoy usamos a diario. Nos referimos al hincha, y también a la hinchada.</p>
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		<title>Perón, Rojas, Perette y Boudou</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Jan 2012 11:53:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel Balmaceda</dc:creator>
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		<description><![CDATA[A lo largo de nuestra historia hemos tenido 55 presidentes (sumando los constitucionales y los de facto), pero solo 35 vicepresidentes (incluidos los que participaron en gobiernos de facto). Sin dudas, Amado Boudou integra el grupo de los jóvenes, pero hay varios que asumieron con menos edad que él. Por empezar, Bodou es el cuarto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><a rel="attachment wp-att-2214" href="http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/personalidades/peron-rojas-perette-y-boudou/attachment/phoca_thumb_l_10121110"><img class="aligncenter size-medium wp-image-2214" src="http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/files/2012/01/phoca_thumb_l_10121110-300x206.jpg" alt="" width="300" height="206" /></a></p>
<p>A lo largo de nuestra historia hemos tenido <strong>55 presidentes</strong> (sumando los constitucionales y los de facto), pero solo <strong>35 vicepresidentes</strong> (incluidos los que participaron en gobiernos de facto). Sin dudas, <strong>Amado Boudou</strong> integra el grupo de los jóvenes, pero hay varios que asumieron con menos edad que él.</p>
<p>Por empezar, Bodou es el cuarto vice que inicia su mandato con 48 años de edad. Antes lo hicieron dos vicepresidentes de facto: <strong>Juan Domingo Perón</strong> (en la presidencia de Farrell) e <strong>Isaac Rojas</strong> (en la de Lonardi). El tercer vice que asumió con 48 años fue <strong>Carlos Humberto Perette</strong>, compañero de fórmula de Arturo Umberto Illia.</p>
<p>Hubo ocho vicepresidentes más jóvenes que Amado Boudou, Perón, Rojas y Perette. Con 47 años al momento de asumir, figuran <strong>Elpidio González</strong> (presidencia de Marcelo T. de Alvear) y <strong>Eduardo Duhalde</strong> (Menem, 1989). Mientras que <strong>Daniel Scioli</strong> contaba 46 años cuando se inició el mandato de Néstor Kirchner.</p>
<p><strong>José Figueroa Alcorta</strong> (43 años) y <strong>María Estela Martínez de Perón</strong> (42) tienen la particularidad de haber llegado a la presidencia por muerte de sus compañeros de fórmula: Manuel Quintana y Juan Perón. El vicepresidente <strong>Enrique Martínez</strong> (41) padeció el infortunio del golpe de Estado que derrocó a Yrigoyen en 1930. Martínez ejercía la presidencia el día del golpe, ya que Yrigoyen había pedido licencia por motivos de salud. <strong>Carlos Pellegrini</strong> (40 recién cumplidos al iniciar su mandato como vice) reemplazó a Juárez Celman en la más alta magistrura cuando el cordobés renunció en 1890.</p>
<p>El más joven de los vicepresientes de nuestra historia fue <strong>Adolfo Alsina</strong>, quien actuó como vice de Sarmiento (no se llevaban bien) a los 39 años de edad.</p>
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		<title>De Buenos Aires a Mar del Plata en 1925</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Dec 2011 15:29:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel Balmaceda</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>
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		<category><![CDATA[Ruta 2]]></category>
		<category><![CDATA[verano]]></category>
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		<description><![CDATA[Mar del Plata se convirtió un destino deseado por aquellos que tenían el privilegio de contar con un auto en los años 20. Pero la ruta, por llamarla de alguna manera, era poco más que una huella en la tierra. Por otra parte, había que ser muy baqueano para no perderse o equivocar el camino. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mar del Plata se convirtió un destino deseado por aquellos que tenían el privilegio de contar con un auto en los años 20. Pero la ruta, por llamarla de alguna manera, era <strong>poco más que una huella en la tierra</strong>. Por otra parte, había que ser muy baqueano para no perderse o equivocar el camino.</p>
<p>La inicitaiva de señalizarlo partió de los socios del Automóvil Club Argentino. La institución envió ingenieros de su departamento topográfico <strong>para que diseñaran un mapa y colocaran carteles</strong>. Así fue cómo, en febrero de 1923, el camino a Mar del Plata tuvo señalización, como vemos en las imágenes:</p>
<p style="text-align: center"><a rel="attachment wp-att-2193" href="http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/modas/de-buenos-aires-a-mar-del-plata-en-1925/attachment/aca-marzo-de-1923"><img class="aligncenter size-medium wp-image-2193" src="http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/files/2011/12/ACA-marzo-de-1923-203x300.jpg" alt="" width="203" height="300" /></a></p>
<p style="text-align: center"><a rel="attachment wp-att-2194" href="http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/modas/de-buenos-aires-a-mar-del-plata-en-1925/attachment/aca-marzo-de-1923-2"><img class="aligncenter size-medium wp-image-2194" src="http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/files/2011/12/ACA-marzo-de-1923-2-232x300.jpg" alt="" width="232" height="300" /></a></p>
<p style="text-align: center"><a rel="attachment wp-att-2195" href="http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/modas/de-buenos-aires-a-mar-del-plata-en-1925/attachment/aca-marzo-de-1923-3"><img class="aligncenter size-medium wp-image-2195" src="http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/files/2011/12/ACA-marzo-de-1923-3-300x256.jpg" alt="" width="300" height="256" /></a></p>
<p>De todas maneras, no muchos se animaban a salir solos. Existía el temor a las fallas mecánicas en medio de la nada y a los robos <strong>(pronto aparecieron los ladrones que daban vuelta un cartel para llevar a los autos a un camino sin salida y asaltarlos)</strong>. Por ese motivo, se decidió promocionar el viaje en caravana. La primera excursión de este tipo se llevó a cabo el 3 de enero de 1925. Partieron <strong>57 automovilistas desde la Plaza del Congreso</strong> (donde está el kilómetro cero) a las 5:30 de la mañana. A las 10 estaban en Chascomús, donde se detuvieron a descansar y almorazaron. A las 17:30 ingresaron a Dolores (como podemos ver en la siguiente foto). Allí  comieron y pasaron la noche. Salieron a la mañana temprano y almorzaron en Maipú. <strong>Arribaron a Mar del Plata el 4 de enero a las 18:30.</strong></p>
<p><strong><a rel="attachment wp-att-2196" href="http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/modas/de-buenos-aires-a-mar-del-plata-en-1925/attachment/llegada-a-dolores"><img class="size-medium wp-image-2196 aligncenter" src="http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/files/2011/12/llegada-a-Dolores-300x194.jpg" alt="" width="300" height="194" /></a><br />
</strong></p>
<p>Como fue un viaje en grupo, se demoró mucho más de la cuenta. Pero gracias a la señalización, en 1925, <strong>los valientes que se aventuraban por su cuenta</strong> podían completar el trayecto Buenos Aires &#8211; Mar del Plata en doce horas. La pavimentación se iniciaría a comienzos de los años 30.</p>
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		<title>El primer arbolito</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Dec 2011 13:08:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel Balmaceda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Modas]]></category>
		<category><![CDATA[Personalidades]]></category>
		<category><![CDATA[Porteñas]]></category>
		<category><![CDATA[árbol de navidada]]></category>
		<category><![CDATA[Invasiones Inglesas]]></category>
		<category><![CDATA[Manzana de las Luces]]></category>
		<category><![CDATA[Michael Hines]]></category>

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		<description><![CDATA[Michael Hines tenía 18 años cuando llegó a Londres, desde Dublin (en septiembre de 1806) con el anillo y la cédula que certificaban que era hijo bastardo del futuro rey de Inglaterra, Jorge IV. Su arribo coincidió con festejos porque en la principal ciudad británica paseaban el botín que Beresford había capturado en la invasión [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Michael Hines tenía 18 años cuando llegó a Londres, desde Dublin (en septiembre de 1806) con el anillo y la cédula que certificaban que <strong>era hijo bastardo del futuro rey de Inglaterra</strong>, Jorge IV. Su arribo coincidió con festejos porque en la principal ciudad británica <strong>paseaban el botín que Beresford había capturado en la invasión a Buenos Aires</strong>. Entusiasmado, Hines tiró el anillo al Támesis y se alistó entre los soldados que partirían en la segunda expedición. Decidió que con una espada, y no con el anillo, le mostraría a Inglaterra quién era.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-2187" title="ARBOLITO" src="http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/files/2011/12/ARBOLITO.jpg" alt="" width="605" height="369" /></p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;</p>
<p>Buenos Aires ya había sido reconquistada por Liniers, pero los ingleses nada sabían y partieron rumbo a lo que creían era su nueva colonia. No fueron bienvenidos. El hijo del príncipe heredero integró las tropas rechazadas en las jornadas de la Defensa de Buenos Aires. <strong>Cayó herido a cinco cuadras de Plaza de Mayo.</strong> Un vecino, Jorge Terrada, lo levantó de la calle y ordenó que lo curaran. El joven fue empleado en el comercio de Terrada. Casó con María Josefa González en 1814. <strong>Se quedó en el Plata para siempre. </strong></p>
<p>La tradición lo señala como un precursor navideño. <strong>La costumbre para la fiesta consistía en armar el pesebre.</strong> Pero en diciembre de 1828, Hines agregó un nuevo accesorio: <strong>montó el el primer arbolito de Navidad en la ciudad</strong>. Era un abedul lleno de velas, adornos y regalos para sus tres hijas que instaló en el patio de su casa, ubicada frente a la célebre Manzana de las Luces (Alsina y Perú).</p>
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		<title>Palomas en Plaza de Mayo</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Dec 2011 12:53:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel Balmaceda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Porteñas]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>
		<category><![CDATA[Benito Costoya]]></category>
		<category><![CDATA[Palomas]]></category>

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		<description><![CDATA[Las palomas vecinas a la Jefatura de Gobierno, es decir, las que habitan la Plaza de Mayo, no han estado siempre allí. Se instalaron a mediados de los años 30 gracias a un excéntrico señor que solía vestir un prolijo guardapolvo blanco, llamado Benito Costoya. Este hombre vivía en una casucha en la Costanera Sur [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las palomas vecinas a la Jefatura de Gobierno, es decir, las que habitan la Plaza de Mayo, no han estado siempre allí. <strong>Se instalaron a mediados de los años 30</strong> gracias a un excéntrico señor que solía vestir un prolijo guardapolvo blanco, llamado <strong>Benito Costoya</strong>.</p>
<p>Este hombre vivía en una casucha en la Costanera Sur (en parte de lo que es hoy el elegante barrio de Puerto Madero) y acostumbraba alimentar a las palomas, quienes <strong>se reunían por miles a su alrededor</strong>. Costoya, el &#8220;Rey de las Palomas&#8221;, solía llamarlas mediante un silbato. El espectáculo convocaba a los niños de las familias que concurrían a pasear por dicho rincón de la ciudad, como podemos apreciar en el fragmento de una <strong>filmación que realizó la Metro Goldwyn Mayer</strong> en aquel tiempo.</p>
<p><iframe src="http://www.screenr.com/embed/6BJs" width="650" height="396" frameborder="0"></iframe></p>
<p>Parte del entretenimiento consitía en pintarlas. En su infancia, nuestros bisabuelos se asombraban al ver <strong>coloridas palomas en el cielo</strong> de la costanera. Con los colores del arco iris o <strong>celestes y blancas en los días patrios</strong>.</p>
<p>En la noche del <strong>11 de octubre de 1934</strong>, Benito Costoya llevó con su silbato a la aves hasta la Plaza de Mayo y las hizo volar en círculos por el terreno. Estaban <strong>pintadas de blanco y amarillo, representando los colores de la bandera de la Santa Sede</strong>, ya que en esos días se celebraba en Buenos Aires el Congreso Eucarístico Internacional. Aquella noche los festejos se habían concentrado en la Catedral y la plaza, alrededor de la Pirámide de Mayo.</p>
<p><strong>La Municipalidad se interesó por convertir esta actividad en costumbre</strong>, alentando a que don Benito las llevara seguido al centro de la ciudad. Cuando murió Costoya, en 1937, muchas palomas <strong>se instalaron en la Plaza de Mayo para siempre</strong>. Las generaciones posteriores las imitaron. Hoy parecen sentirse en parte dueñas de la histórica plaza.</p>
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		<title>Tregua de Navidad</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Dec 2011 19:32:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel Balmaceda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Rarezas]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>
		<category><![CDATA[Videos]]></category>
		<category><![CDATA[Primera Guerra Mundial]]></category>
		<category><![CDATA[Tregua de Navidad]]></category>

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		<description><![CDATA[La Primera Guerra Mundial devolvió a Europa contingentes de inmigrantes que se habían establecido en la Argentina. Muchos abandonaron la familia, los trabajos y los negocios para sumarse a los ejércitos que pelearon a lo largo del continente. La contienda se extendió de julio de 1914 a noviembre de 1918 y el saldo final -contabilizando [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La <strong>Primera Guerra Mundial</strong> devolvió a Europa contingentes de inmigrantes que se habían establecido en la Argentina. Muchos abandonaron la familia, los trabajos y los negocios <strong>para sumarse a los ejércitos que pelearon</strong> a lo largo del continente. La contienda se extendió de julio de 1914 a noviembre de 1918 y el saldo final -contabilizando sólo a los soldados, no a la población civil- fue de unos <strong>diez millones de muertos, alrededor de ocho millones de desaparecidos y veinte millones de heridos</strong>.</p>
<p>De las muchas historias que se tejieron en aquellos años rescatamos la que tuvo lugar en diciembre de 1914 y que es conocida como la Tregua de Navidad. Ocurrió en la <strong>frontera sur de Bélgica, donde las tropas del Imperio Alemán y las fuerzas británicas se batían sin compasión.</strong> El 24 de diciembre, desde ambas trincheras se escucharon villancicos. Luego cantaron al unísono, hasta que <strong>salieron de los refugios para abrazarse en la &#8220;Tierra de nadie&#8221;</strong> (es decir, en el espacio entre las dos trincheras) <strong>y celebrar hermanados la Navidad</strong>.</p>
<p>Los altos mandos de ambos ejércitos reaccionaron con energía al enterarse. Pero fue tarde. Si bien pasado fin de año terminó la insólita tregua, <strong>los contendientes habían perdido la capacidad bélica</strong>. Hubo que enviar nuevas tropas con espíritu combativo para lograr que volvieran a matarse.</p>
<p>¿Habrán participado inmigrantes llegados de la Argentina? No lo sabemos.</p>
<p>Entre las evocaciones y homenajes que se hicieron, decidimos reproducir la canción de <strong>The Farm</strong>, titulada <strong>&#8220;All Together Now&#8221;</strong> (Todos juntos ahora), en 1990. Agregamos el subitulado y fotos de aquel suceso.</p>
<p style="text-align: center"><iframe width="600" height="335" src="http://www.youtube.com/embed/9WaOTOwfi9A" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
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