Polo: Tacos & Rouge

 

Por iniciativa de Antonio Maura, el fundador del club Tortugas, se organizó un partido de polo femenino en junio de 1938, en el cual se enfrentaron Las Gacelas y Las Panteras. ¿Fue el primero en el país? No. A mediados de 1927, en el club Los Pingüinos (Merlo, provincia de Buenos Aires), habían jugado Las Pingüinas y Estancia la Josefina. Sin embargo, el partido en Tortugas tuvo una amplia cobertura periodística y por ese motivo algunos lo consideraron el primero.

Las Gacelas (a quienes vemos en la foto) formaron con las hermanas Sara “Nani” y Adela “Nana” Fernández Ocampo (20 y 21 años) como delanteras. De número tres, la profesora de taquigrafía Mabel Aberg Cobo (léase Méibel, por favor) y de back, Rosa María de Bary Tornquist, quien además era la capitana. Las Panteras, por su lado, contaban con Susana Inchauspe, Lucy Wilson Nevares, Ayllen Lacey y Dougall Drysdale, back y capitana, también.

Adela nos contó que aprendió a taquear en Las Higueras, a 15 kilómetros de Ascochinga. La cancha tenía un desnivel clásico en las serranías y pasto alto. Hasta el partido de Tortugas, nunca había taqueado en una cancha cuidada. “No tenía caballos ni equipo ni nada, pero cuando Maura llamó por teléfono para invitarnos a jugar a Sara y a mí, le dije que sí, sin dudarlo. ¿Nos lo íbamos a perder?”. Las Fernández Ocampo conocieron a sus compañeras de equipo esa misma tarde. Mabel (25 años) y Rosa María (28) estaban emparentadas. Al igual que las Ocampo, Mabel Aberg Cobo era muy buena jineta. Además, tenía facilidad para cualquier deporte y era la primera en aceptar un desafío. Mientras que Rosa María de Bary Tornquist comenzó a jugar en el campo y era tan fanática del polo, que se construyó una casa –llamada Santa Bárbara– junto al Tortugas para estar “siempre lista”. María Acuña de Coelho, sobrina de Rosa María, recuerda que tenía un sobrehueso en la nariz, producto de un tacazo.

El domingo 26 de junio de 1938 fue un día de sol pleno y muchos condujeron por la incipiente ruta Panamericana rumbo al club Tortugas. Según el diario La Prensa, “una compacta hilera de automóviles servía de improvisada tribuna a una concurrencia numerosa de familias”. El encuentro no pudo iniciarse en el horario establecido –dos y media de la tarde– porque a último momento se resolvió achicar el tamaño del campo de juego, que pasó a tener una largo de 125 metros de longitud. Es decir que para las chicas, un penal de 60 se tiraría casi desde mitad de cancha.

La reducción del espacio y el traslado de los mimbres fue supervisado por los jueces del partido, Martín Inchauspe y Enrique “Quito” Alberdi, ganador del Abierto Argentino de 1934, jugando para Coronel Suárez. El árbitro del encuentro sería el doctor Alberto León. Un dato más sobre los jueces: Inchauspe y Quito fueron compañeros en el equipo de Tortugas que se adjudicó el Abierto Argentino del año ’35. Ellos mismos les prestaron caballos a las chicas. En cuanto a Maura, le cedió un tobiano –que jugó dos chukkers– a la señorita De Bary, de acuerdo al relato del diario La Nación.

El cronista de La Razón escribió que mientras las competidoras esperaban que se acortara la cancha, algunas mataban el tiempo haciendo un retoque del rouge. Hasta que llegó el momento tan esperado y arrancó el partido que duraría cuatro chukkers. Las primeras maniobras se caracterizaron por el desorden, pero Las Gacelas lograron arrinconar a Las Panteras. “Hubo expectativa al iniciarse las acciones, pero bien pronto un certero shot dirigido por la señorita Aberg Cobo equivalió a una válvula de escape para tanta ansiedad contenida”, comentó el especialista de La Razón. La profesora de taquigrafía abrió el marcador con fina puntería: 1 a 0 para Las Gacelas.

El desarrollo del juego no varió. Las Panteras estaban más preocupadas por defenderse que por atacar. Contaban con la ventaja del saque potente de la señorita Drysdale, quien alejaba la bocha en cada saque. Y no sólo eso: su equipo estuvo a punto de empatar el tanteador mediante un disparo de Ayllen Lacey que se estrelló en el mimbre. “Las jugadoras ensayaron toda suerte de recursos desde el enganche de tacos hasta el pechazo limpio, en el que la señorita De Bary Tornquist llegó a destacarse”, informó una de las crónicas. La campana anunció el final del período.

Las chicas acudieron al palenque a refrescarse. Algunos caballeros –improvisados petiseros– las ayudaron a desmontar. Al iniciarse el nuevo chukker, empataron Las Panteras gracias a un milimétrico golpe de larga distancia que embocó la señorita Drysdale. El swing perfecto, “habrá despertado envidia en más de uno de los musculosos espectadores”, sugirió un periodista preocupado por marcar el contraste de géneros. La alegría del equipo de Drysdale duró poco, ya que en un entrevero, Adela Fernández Ocampo desniveló otra vez; y al rato fue su hermana Sara quien aumentó la diferencia, gracias a un preciso pase de Rosa María De Bary.

El tercer chukker evidenció el cansancio de Las Panteras y sus yerros de taqueo. Fue entonces cuando se hizo valer el aplomo de De Bary y Aberg Cobo quienes llevaron el juego de manera constante hacia el campo rival, hasta que en una corrida, Sara F. O. anotó el cuarto. Del otro lado, “las bellas y mansas panteritas se debatían en medio de una acentuada desorganización”, publicó La Razón.

Así se llegó al chukker final, con una diferencia en tantos que parecía irremontable y un agotamiento que también complicaba. Ya no había entradas vertiginosas y bochas tomadas de punta, como en el primer período. Para colmo, un accidente cortó el desarrollo del juego: el caballo de Adela Fernández Ocampo mordió la mano de Susana Inchauspe. La número uno de Las Panteras le gritó al petiso: “¡Bárbaro, no me muerdas!”. Fue atendida al borde del campo y regresó con todo el entusiasmo a completar el tiempo y tratar de acortar diferencias, según nos reveló la jugadora que montaba al petiso agresor.

En definitiva, “el cuarto chukker –escribió La Nación– no estaba destinado a hacer historia. El cansancio jugó en contra. Pero el orgullo crecía a la par del agotamiento. Fue cuando las chicas, terminado el chukker, decidieron jugar uno más. Aplauso general a estas gladiadoras tan extenuadas como entusiasmadas“.

Sin embargo, el quinto tampoco ofreció grandes instantáneas. La única emoción fue un penal de 40 en manos de la experimentada señorita Drysdale que pasó cerca. No hubo goles y la campana final se confundió con el aplauso de la tribuna. Terminó 4 a 1. Las ganadoras recibieron cuatro copas de plata. Esa misma noche aparecieron en la portada de la sexta edición de La Razón, bajo el título: “La nota deportiva original de hoy: primer partido femenino de polo”. En todo caso, fue el primero que apareció en la tapa de un diario.

  • Sara50

    Muy bueno el tema,da para pensar porque las mujeres no han avanzado más , salvo Hockey, en deportes grupales, lo contrario de los deportes individuales como tenis, o natación,boxeo etc. ¿Cuales serán las causas?.

  • http://twitter.com/Vaktoth Vaktoth

    Muy buen recuerdo. Una duda “era muy buena jineta” ¿no corresponde “era muy buena amazona”?