Castigos a los estudiantes

 

La educación de nuestros próceres tuvo un condimento brutal: el castigo corporal. Es necesario aclarar que solía tomarse como algo natural. Sin embargo, para el tiempo de la Revolución de Mayo comenzaron a levantarse voces aisladas que manifestaban su rechazo a la violencia física en los casos en que el alumno cometía actos de indisciplina, respondía mal una pregunta o se evidenciaba que no había estudiado.

Se conoce el caso de Guadalupe Cuenca, viuda de Mariano moreno, quien cambió a su hijo de colegio (iba al San Carlos, donde había estudiado su padre) porque un profesor le pegó al niño. Sin duda, los integrantes la Asamblea General de 1813 conocieron las penurias del castigo en su época de estudiantes. Ellos establecieron, el 9 de octubre, la abolición de los azotes en las escuelas. Alegaron que era “absurdo e impropio que los niños que se educan para ser ciudadanos libres sean en sus primeros años abatidos, vejados y oprimidos por imposición de una pena corporal tan odiosa y humillante”.

Determinaron que tanto el Cabildo como la policía debían controlar que no se cometieron excesos. La norma tuvo corta vida. El estatuto provisional de 1815 derogó el decreto de la Asamblea. Los castigos volvieron a ser práctica habitual en las instituciones educativas y también en circunstancias más personales: el profesor particular podía pegarle a su alumno sin que nadie se horrorizase.

La Declaración de Independencia trajo varios cambios, entre ellos, la prohibición de “presidio, azotes y destierro”, sin la autorización de un tribunal superior. Esta medida se hizo extensiva a las escuelas. De todas maneras, la norma no se cumplía, aunque si se atenuó mediante las amonestaciones, que entonces se denominaban “notas de policía”. En Recuerdos de provincia, Domingo Faustino Sarmiento (señalemos que nació en 1811, lo que nos permite determinar su época de estudiante) contó que por su mala conducta, recibió varias “notas de policía”.

Recién en 1884, la ley 1420 de Educación impulsada por Julio A. Roca, retomó el asunto y estableció la prohibición a los directores, subdirectores y ayudante de las escuelas públicas –entre otras medidas–, de “imponer a los alumnos castigos corporales o afrentosos”.

  • Lorena Medina

    A pesar de eso,mi mamá me ha contado ( 62 años,en este momento) como las maestras les daban golpes en los dedos con una regla o un puntero si erraban al responder a una pregunta.Mi tía ha tenido que ser llevada a la fuerza al colegio por los ataques de pánico (en ese momento,no se sabía que lo eran) que tenía en segundo grado por el mismo motivo..

    • eliana llanos

      mi profesora de piano me golpeaba los dedos con una vara,cuando no interpretaba correctamente las escalas del hanon(libro de música) y mi dedo meñique hoy permanece torcido,esto ocurrió en el Chaco,Argentina en los años 50,ademàs mi mamà me ponìa de penitencia de rodillas con granos de maíz en el suelo y hasta que las rodillas no me sangraran no me levantaba la penitencia, horroroso ¡¡¡Saludos afectuosos ¡¡¡

  • adolfo hugo chiappe

    TENGO 71 AÑOS Y A LOS 5 AÑOS SIENDO ALUMNO DE UN JARDIN DE INFANTES RELIGIOSO CONDUCIDO POR UNA ORDEN DE MONJAS EN EL BARRIO DE PALERMO ER HABITUAL PEGAR EN LA PUNTA DE LOS DEDOS CON UNA DE ESAS LARGAS REGLAS QUE SE USABAN PARA EL PIZARRON CUANDO UNO SE PORTABA MAL. MIS PADRES A FIN DE AÑO ME RETIRARON DEL COLEGIO POR ESE MOTIVO

  • Marta Venier

    castigos corporales es un dislate. Ahora es una farra. Ni un extremo ni el otro.Igual pasan de grado. Debe exigirse más y mejor.

  • Miguel

    Mi padre me contaba que como castigo en la escuela los hacían arrodillar sobre granos de maiz… era mediados de 1938, escuela pública en pueblo de la provincia de Buenos Aires…

  • Laura V.M

    Lo extraño es que, abolidos en 1813, se hayan vuelto a implementar dos años después. Se ve que fue una resolución política sin consenso pedagógico. Interesante también el dato del hijito de Moreno. Es bueno ver esas individualidades en medio de las corrientes de la mayoría.