Reyes Magos en la Publicidad

Aquí, un sencillo paseo por la historia de Melchor, Gaspar y Baltasar en la historia de los avisos en ola Argentina.

1) Una revelación inesperada de la carga de los Magos, Ginebra Kamp, 1913.

2) Locomotoras de lata fuerte, muñecas con cabeza de porcelana, caballos de papel maché… lejos de los juegos electrónicos, 1917.

3) No alcanzaba con el largo listado, ni con los dibujos: había que ir a Florida y Cangallo, 1918.

4) Bicicletas “triple camello” para la realeza “progre”, 1925.

5) ¿Un viajecito a Orlando? No, con Retiro alcanza para pasarla en familia, 1926.

6) Haciéndole un favor a los Reyes Magos, no se hacen gastos inoportunos, 1930.

7) Para Magos con un poquito de atraso, Avelino Cabezas está en oferta y, además, abre el 6 por la mañana, 1933.

8) Fragancias distinguidas. Para el zapato de la dama y del caballero, 1936.

9) Cuando el 6 de enero tenía un tono más familiar… y cervecero, 1936.

10) Un clásico ya frente al Obelisco y con varias sucursales. ¡Joya!, 1941

11) Se lo merecen: había que andar vaya a saber cuántos días en el desierto y con las bolsas cargadas para millones de chicos. ¡Salud!, 1941.

12) Hoy no tienen nada de bulevares, pero en su época de esplendor estas avenidas lucían tan lindas como las roscas de la esquina, 1944.

13) “Llegaron ya los Reyes y eran … ¡cuatro!”. Nada mejor que este milagro monárquico suceda en “Jesús María”, 1973.

Buen humor, variedad de posibilidades, regalos para todas las edades, lo cierto es que la mágica noche de Reyes sirvió, sirve y servirá para lucimientos publicitarios.

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Los nombres de nuestras playas

Miramar, Ostende, Santa Clara del Mar, Claromecó. ¿De dónde surgen los nombres de nuestras playas? Aquí, un breve repaso.

San Bernardo era el nombre de la estancia de Enrique Duhau, propietario de aquellas tierras.

Santa Teresita: Enrique Duhau casó con Teresa Lacroze, sobrina de Federico y Julio (propulsores del tranvía en la ciudad de Buenos Aires). En el límite de la estancia San Bernardo existía un almacén bautizado Santa Teresa en honor a la señora de Duhau. Luego, al crearse un nuevo balneario, los fundadores pensaron llamarlo como al almacén, pero optaron por el diminutivo, Santa Teresita.

La Lucila del Mar: Suele repetirse que su nombre se debe a Lucila, hija de Andrés Zapateiro, quien compró una parte del campo a Duhau. Sin embargo, el lucilense Carlos Abruzzese ha refutado la historia con un argumento simple: Lucila Zapateiro nació unos diez años después que surgiera el balneario. El nombre de La Lucila proviene de la localidad homónima, en el partido de Vicente López, de donde provenían compradores de los primeros lotes. El “del Mar” se agregó más adelante. ¿Y aquella Lucila que inspiró a la localidad en Olivos? Era la propietaria de las tierras y de una espléndida casona: Lucila Anchorena de Urquiza.

Mar del Plata: Si bien es evidente que no evoca a ninguna personalidad, es curioso anotar que fue sugerido por su fundador, Patricio Peralta Ramos. Pero en el debate parlamentario en que se trataba la fundación, el senador bonaerense Carlos Ortiz de Rozas manifestó que le parecía ridículo que una porción de tierra llevara la palabra Mar en su nombre.

Miramar: A través de un telegrama, José María Dupuy le propuso a su cuñado Fortunato de la Plaza, propietario de las tierras que se lotearían, el nombre Mira Mar. En el mismo mensaje daba las opciones de Rómulo Otamendi, asociado al emprendimiento. Las sugerencias de Otamendi eran Trouville o Gijón. De la Plaza optó por Mira Mar.

Santa Clara del Mar: Recibió el nombre por Clara Anchorena de Uribelarrea, quien fuera titular del campo de cuatrocientas hectáreas que contenía esas playas.

Pinamar: Cuando Valeria Guerrero y Jorge Bunge resolvieron asociarse en el proyecto del balneario lo llamaron Pinamar por la abundancia de coníferas junto a la playa. Pero nunca se aclaró quién de los dos creó el nombre.

Ostende: Fue fundado por el francés Jean Marie Boure y los belgas Fernando Robette y Agustín Poli, quienes lo bautizaron con el nombre del balneario homónimo en Bélgica.

Valeria del Mar: Lo propuso la mencionada Valeria Guerrero, tía de la célebre Felicitas. Pero no por ella, sino por su abuela homónima, Valeria Cueto de Cárdenas.

Cariló: Mantuvo la denominación mapuche. Significa “médano verde”.

Villa Gesell: La historia del balneario parte del impulso de Carlos Gesell, lo que despeja cualquier duda. Pero no está de más agregar que el emprendedor se llamaba Carlos Idaho Gesell. El extraño segundo nombre se lo pusieron por un tío que, en vez de probar suerte en nuestra tierra, se dirigió al norte, a los Estados Unidos, y se instaló en el estado de Idaho.

Claromecó, el balneario vecino a la ciudad de Tres Arroyos, también lleva nombre mapuche. Su significado, sobre el cual los especialistas aún no han arribado a un acuerdo, es “tres arroyos” o “tres arroyos con junquillos”.

San Clemente del Tuyú forma parte de una combinación. Su historia se relaciona con la expedición al sur que en 1604 llevó adelante el gobernador de Buenos Aires, Hernando Arias de Saavedra, más conocido como Hernandarias. El grupo de guaraníes que lo acompañó denominaba a estas playas Tuyú, que en su lengua significa barro o charco (ajó es un término emparentado, ya que define a lo blando). Pasaron ciento cuarenta años. En 1744, el misionero jesuita José Cardiel partió a recorrer la Patagonia. A punto de ahogarse en la zona del Tuyú, imploró a San Clemente (cuyo martirio consistió en ser arrojado al mar atado a un ancla). Salvó su vida porque un baqueano lo rescató. Agradecido -al santo- bautizó las aguas con el nombre del mártir.

15 consejos para ir a bailar en 1945

En 1938, Editorial Sopena Argentina inició la colección denominada: “Biblioteca de la Mujer Moderna”. Uno de los libros se llamó “Nuevas normas sociales” y contenía: “Reglas de educación. Cómo comportarse en los acontecimientos íntimos. La vida social y sus obligaciones. Normas para cada uno de los miembros de la familia. Consejos morales”.

Tuvo muy buena repercusión y en octubre de 1945 se lanzó una tercera edición con algunas modificaciones post Guerra Mundial. En este caso, conoceremos cómo había que  manejarse en los bailes que, según el manual, “son las reuniones que permiten con mayor frecuencia los conocimientos ocasionales”. Los consejos son los siguientes:

1. La conducta más lógica en toda reunión, con respecto al hombre, consiste en que atienda más a las otras damas, casadas o solteras, que a su propia esposa, cuya atención queda liberada a otro caballero, con lo cual todos colaboran recíprocamente a la mayor animación de la fiesta. En consecuencia, los esposos no deben bailar juntos con mucha frecuencia, pues tal comportamiento sería incorrecto, por infringir las leyes de la sociabilidad.

2. Por lo demás, para evitar ese exclusivismo, la dama casada bailará con todos, al igual que las solteras, aunque eligiendo bien sus compañeros, salvo que poderosos motivos la decidieran a no acceder a la invitación de una persona determinada. Su mayor preocupación consistirá, por otra parte, en no exponerse demasiado a los comentarios alardeando de su belleza o de su coquetería.

3. Todo caballero se halla autorizado a dejar a su ocasional compañera de baile, por un rato, si ha de cumplir un compromiso con otra dama.

4. Una dama invitada a bailar por un caballero que no ha sido presentado, si éste no le agrada como compañero, puede eludir el compromiso aduciendo fatiga, malestar o otra causa momentánea, pues negarse sin justificar tal actitud obligaría a abstenerse de danzar en el resto de la reunión para evitar que se sientan heridos los que sufrieron su negativa.

5. Además, al negarse a bailar una pieza, una dama no debe aceptar la invitación de otro caballero, aunque se haya excusado en el cansancio, lo que expresara sonriendo. En tales casos, el caballero no debe insistir para solicitar la siguiente; pero, después de algunas piezas puede invitarla nuevamente y, si nuevamente le es adversa la respuesta, no volverá a hacerlo con esa dama.

6. Constituye un deber de todo invitado sacar a bailar, una vez cuando menos, a la dueña de casa o a una de sus hijas, si a que ella estuviese imposibilitada por su edad.

7. La dama que, equivocada o distraídamente, concediese la misma pieza a dos caballeros, no debe bailarla, pues su acción ofendería ambos o uno de ellos, pues verían lastimado su derecho. En una ocasión de tal naturaleza se pierde sencillamente la pieza, a menos que uno de los favorecidos ceda espontánea y galante mente al segundo la prioridad.

8. Los familiares de los dueños de casa bailan en todo momento con las que sean menos solicitadas. En cuanto a sus hijas, gozan de toda libertad para bailar cuanto apetezcan, aunque sin descuidar la atención que deben a sus amigas.

9. Ninguna joven debe demostrarse demasiado aguda mirando fijamente a su compañero de baile, ni parecer tan tímida que sufran su cultura y su don de gentes. En cambio, puede también acontecer que sea el caballero de una timidez excesiva. En tal caso, tomará la joven la iniciativa de la conversación.

10. Toda demostración de inmoderada coquetería, de escepticismo o indiferencia, o una actitud demasiado arrogante que impida el cambio de palabras con el compañero, son poco correctas y dan margen a que, por el ansia de lucirse o de parecer más elevada, sea una joven juzgada adversamente.

11. En los bailes de grandes proporciones suelen las damas anotar las piezas que conceden. Negar entonces una pieza concedida o transferirla constituye un desaire tan grave como el que cometería el caballero que no se presenta a reclamar la pieza que le fue acordada. Con todo, este último caso puede ser originado por las dificultades que, dado el gran número de parejas, logren impedir al caballero llegar hasta su ocasional compañera, aunque es su deber el prevenir tan embarazosa situación.

12. La joven, por su parte, esperará su llegada, pues si se apresurara a bailar otro podría desayunar al primero, que instantes después no le encontraría a su disposición. Tal conducta podría acreditarse de ligereza en la joven en desmedro de su prestigio y de su buen nombre.

13. No es posible aprobar la costumbre de bailar aunque no se sepa, pues no se va a un baile a hacer el aprendizaje de la danza, lo que es a todos molesto y causa de vergüenza, aunque el hecho de no saber bailar no sea en sí censurable.

14. Soltura, facilidad y sencillez son las cualidades que se deben reunir para desempeñarse airosamente en esta clase de fiestas. Evítese, además, todo paso nuevo o cortado que desoriente a la compañera y quizás la ponga en ridículo. Además se ha de procurar constantemente no pisarla ni molestarla con posturas inconvenientes.

15. Un caballero pasará por alto el pisotón que reciba de una dama, que es en ellas más perdonable; por lo demás, tal accidente le hará comprender el deplorable sentimiento que causaría si fuera él quien lo provocase.

Por lo general, estos manuales eran muy populares y sus consejos se tomaban al pie de la letra. Eran tiempos de grandes orquestas que interpretaban jazz, foxtrot, blues, swing y tango.

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El tenis y sus historias

Además de casarse, Enrique VIII tenía otro pasatiempo: el tenis. La palabra tenis -que originalmente fue un juego de la realeza- proviene del grito que se hacía cuando la pelota era lanzada al sacar: “¡Tenez!” (voz de origen francés equivalente a “¡Ahí va!”, “¡Tenga!”). De todas maneras, no se trataba de un grito lanzado por el jugador, sino por el sirviente, quien además tenía que encargarse de lanzar la pelota al campo contrario para iniciar el juego. Ese es el motivo por el cual se le dice “servicio” al saque.

En la Argentina, este deporte empezó a practicarse entre ingleses, en el último cuarto del siglo XIX. La primera referencia corresponde a partidos disputados en el Rosario Cricket Club, en 1877. Cuatro años después, se fundó en Lomas de Zamora (sur del Gran Buenos Aires) el Lomas Cricket and Lawn Tennis Club (lawn significa césped).

En marzo de 1886 se llevó a cabo el primer torneo. Fue en la sede del Buenos Aires Cricket Club (estaba en Palermo, donde hoy se encuentra el Planetario). A esa altura, ya había tenistas en las provincias de Córdoba y Tucumán. En 1889 se creó el Quilmes Lawn Tennis Club. En 1892, fue el turno del Buenos Aires Lawn Tennis, cuyas canchas construyeron en una propiedad de Federico Leloir, ubicada en Vicente López y Ayacucho, en el barrio de Recoleta. En 1911 inició sus actividades el Santa Fe Lawn Tennis Club. En 1912, a veinte años de su fundación, el Buenos Aires Lawn Tennis ya contaba con quinientos socios. Al año siguiente, un nuevo grupo de entusiastas propuso crear un club “criollo” de tenis. Así nació el Argentino Lawn Tennis Club (hoy, Tenis Club Argentino), otra de las instituciones centenarias de nuestro país. También es de 1913 el Olivos Lawn Tennis Club.

En ese tiempo ya contaban con canchas el Hotel Edén, de La Falda, y varios clubes, entre ellos, el Belgrano Athletic Club, el Lawn Tennis Esperanza de Santa Fe, el Villa Devoto Lawn Tennis Club y el Villa Ballester Lawn Tennis Club. Otras de las grandes instituciones surgidas fueron el Mármol Lawn Tennis Club (1914), el Club de Deportes Discóbolo de Haedo (1916) y el Adrogué Tennis Club, que se fundó en 1919.

Aclaramos que la imagen que ilustra este posteo muestra a un grupo de jugadoras en el Buenos Aires Lawn Tennis, en 1930, lo cual nos permite recordar un torneo para damas que se llevó a cabo en 1908, en la Plaza Colón de Mar del Plata, frente a la playa Bristol. Como vemos, desde los comienzos se sumaron las mujeres a la práctica del deporte de las raquetas, que era el preferido de la actriz francesa Sarah Bernhardt.

Sin embargo, una nota publicada por el diario La Razón, en 1921, aseguraba que muchas señoritas se inscribían en los clubes de tenis para conseguir novio. Semejante comentario coincide con el año en que se conformó la Asociación Argentina de Lawn Tennis, entidad que nucleó a los primeros clubes del país.

Nuestro ingreso a la Copa Davis tuvo lugar en 1923, cuando el equipo argentino viajó a Ginebra para enfrentar a Suiza. Sólo conseguimos un punto de los cinco en juego. La primera victoria no se hizo esperar. Pero quien sí se hizo esperar fue uno de sus protagonistas, el tenista Enrique Obarrio. La historia es la siguiente:

Obarrio vivía en un campo en La Pampa y, como no tenía con quién jugar, solía practicar contra un frontón. Descolló en algunos tornos nacionales y fue convocado para la Copa Davis de 1926. Debía viajar en tren desde Metileo (al norte de La Pampa, cerca de General Pico) hasta Buenos Aires para abordar el barco que lo llevaría, junto con sus compañeros de equipo, a Barcelona. Pero un accidente ferroviario demoró su arribo y estuvo a punto de perder el trasatlántico. Gracias al buen ritmo y velocidad de sus piernas (solía correr en el campo para mantenerse en forma), llegó al puerto en el último minuto. Menos mal, porque fue uno de los hacedores del primer triunfo de los argentinos en la Davis. Vencimos a Hungría, 3 a 2. A partir de entonces, nos dedicamos a ganar y perder en el famoso torneo. A perder y ganar. Y ganar y ganar y ganar.

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Travesuras de Nalé Roxlo

En 1925, el barrio de Caballito perdió una de sus principales edificaciones. Nos referimos al Palacio Videla Dorna que se encontraba en Rivadavia al 4900, frente al actual Parque Rivadavia. El gran terreno que ocupó la casona fue dividido en treinta lotes que se vendieron. También se creó un pasaje que comunicara Rivadavia y su paralela, Yerbal. Desde 1945, el pintoresco pasaje lleva el nombre de Florencio Balcarce (poeta del siglo XIX).

El escritor Conrado Nalé Roxlo vivía en el quinto piso de Balcarce 15. Su departamento tenía vista al Parque Rivadavia y un condimento: como el vértice de la ochava era curvo y se asemejaba a la forma de una proa, él lo consideraba su barco. Ese fue el motivo por el cual su departamento fue decorado con varios artefactos náuticos. Entre ellos, un viejo telescopio de bronce, de casi dos metros de largo, que había pertenecido a un barco inglés y que le había regalado el poeta Amado Villar.

Nalé Roxlo solía entretener a sus hijas Carmen (la Nena) y Teresa (la Chini) enseñándoles las constelaciones. Pero lo que más divertía a las chicas era cuando pedían delivery de tortas a la Confitería Ideal, ubicada en la esquina de Rivadavia y José María Moreno, a cien metros del edificio. No era una confitería más. Se trataba de una sucursal de la homónima que había abierto sus puertas en 1912, en Suipacha 384. La Ideal de Caballito era célebre por la Orquesta de Señoritas que amenizaba los concurridos horarios del té y del copetín.

Nalé llamaba a la Ideal, lo atendían en el mostrador y pedía una torta de las que estaban en el exhibidor junto a la puerta. El encargado enviaba a un mozo para que tomara la torta de los estantes y el escritor le daba indicaciones a su interlocutor: “Esa no, la de al lado”. “No, no, la de chocolate no. La de durazno que está en la punta”. “No, mejor la de frambuesa que está en el medio”.

Las hijas del escritor se reían al ver cómo el pobre mozo despistado trataba de entender el truco. Aún conociendo la dirección desde la cual le hacían el pedido, le parecía imposible que alguien pudiera observar con tanto detalle. Cuando tocaban timbre con el pedido, el capitán Nalé Roxlo guardaba el telescopio, preservándolo para una nuevo viaje por el mundo de las travesuras.

Bares automáticos

Cuando la ciudad de Buenos Aires creció al extender sus límites, surgió la posibilidad de comprar lotes en zonas alejadas del centro y mudarse. Entonces, muchos empleados tomaron el hábito de almorzar cerca sus trabajos. El notable aumento de la demanda provocó una innovación fundamental.

En el año 1907 se inauguró el Bar Automat Europa en el microcentro porteño, más precisamente en Bartolomé Mitre 463. Consistía en un sistema de diez a doce máquinas expendedoras de bebidas frías y calientes -los pocillos de café bajaban en fila por un tubo de vidrio transparente- o sandwiches y empanadas. Las inmensas expendedoras, colocadas en la barra del bar, se accionaban con monedas de diez centavos. Cada uno se proveía de la comida y la bebida, y se sentaba en cualquiera de las mesas dispuestas como en los bares clásicos.

Según los avisos de la época, se trataba de un “lunch higiénico” porque la comida no pasaba por las manos de los cocineros ni de los mozos. El dato era incierto, ya que detrás de las máquinas trabajaba media docena de personas imperceptibles, reponiendo los alimentos y bebidas. Debido a su éxito, los bares automáticos se multiplicaron y más adelante se incorporaron dulces, postres e incluso bebidas alcohólicas.

El más popular de todos fue el Bar Americano en Cangallo 966 (Perón y Carabelas actual). Sus aparatos llenaban de licor los pequeños vasos de los parroquianos. En ese mismo bar, cuando aún era atendido por mozos, se había estrenado el tango “El Choclo”.

Despedidas de soltero en 1956

El libro CORTESÍA y buenos modales de María Adela Oyuela, escrito en 1956, ofrece consejos de cómo se debía actuar en una salida. Aquí, nos cuenta cómo conducirse en una despedida de soltero.

Enterados de la fecha fijada para el casamiento de un amigo, los jóvenes y las niñas más allegadas organizan las llamadas “despedidas de soltero”.

Los amigos íntimos del novio le solicitan una lista de las relaciones a las que se sienta más estrechamente vinculado por razones de edad condición y actividades, con el objeto de ofrecerle una comida. Una vez que se los haya consultado por teléfono para asegurarse su asistencia, se formalizarán los detalles restantes. La fecha, el lugar (restaurante, club, etc.), la hora y el precio del cubierto deben establecerse antes de hacer los llamados telefónicos, ya que conviene informar de todo en una sola oportunidad, para simplificar la tarea.

Lo único que justifica una negativa a este tipo de invitación es un impedimento muy grave, pues cualquier pretexto que en otra oportunidad podría ser válido, no sirve en este caso de excusa legítima.

- Despedidas entre amigos. En las despedidas de soltero imperan por tradición el buen humor y la alegría. Los discursos son de tono festivo y humorístico; pero dada la juventud de los concurrentes y el abuso de las bebidas suele ocurrir que el clima en que se desarrolla la reunión vaya caldeándose poco a poco hasta hacerla degenerar a veces en un exponente lamentable de falta de urbanidad y grosería, que habla muy mal de sus participantes.

Es de rigor, pues, controlarse lo suficiente sin que ello signifique caer en el estiramiento. Sobre todo, se tratará de evitar cualquier exceso en las bromas y expresiones para poder disfrutar un rato de feliz comunicación con el agasajado, sin salirse de los límites correctos.

Como dijimos, una comida es lo más indicado para despedir a un joven de su vida de soltero. En ella, se acostumbra adornar la mesa con un centro de flores que luego se envía a la novia.

- Despedidas entre amigas. Estas difieren en muchos aspectos de las anteriores. En primer lugar, es lógico que la reunión tenga un tono de sentimentalismo ausente en la despedida de soltero de un joven. Las mujeres sienten con más profundidad el cambio de vida que van enfrentar, y las amigas solteras tienen la sensación de que verdaderamente su compañera las abandona.

Semejante aprehensión carece de realidad, ya que las amistades auténticas, si bien sufren un momentáneo eclipse en el período de la luna de miel, se reanudan con el mismo afecto intimidad, cuando la vida de la recién casada entra en la tapa de normalidad subsiguiente al viaje de bodas.

Las jóvenes amigas “despiden” a la novia, generalmente ofreciéndole un té o un cóctel. Por lo general se reúnen en una confitería, siendo llamadas a concurrir todas ellas y sus parientas jóvenes, sean o no solteras. Al retirarse de la confitería o lugar elegido regalan a la novia un ramo de flores.

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De Pearl Harbor a Malvinas

Poco antes de estallar la Segunda Guerra Mundial, el crucero USS Phoenix –Fénix en español– visitó el puerto de Buenos Aires, en viaje de confraternidad. Había sido botado al mar en el año 1938 en los Estados Unidos, y formaba parte de una carrera armamentista en el contexto bélico de la época.

El buque de 186 metros de eslora (es decir, de largo) comenzó a operar para la flota del Pacífico y a poco de comenzada la guerra en Europa fue destinado a la base estadounidense de Honolulu, Hawai; más precisamente a Pearl Harbor, junto con otro centenar de barcos, entre acorazados, destructores y submarinos.

La mañana del 7 de diciembre de 1941, el crucero se encontraba anclado en el interior de la bahía. Por el horizonte asomaron los aviones japoneses iniciando el conocido bombardeo que comprometió a los Estados Unidos en la guerra. El saldo del ataque japonés fue de unos veinte barcos dañados o hundidos, más de trescientos aviones destrozados y varios miles de vidas humanas perdidas. ¿El USS Phoenix? Sobrevivió intacto.

Fue reasignado a nuevas operaciones. Realizó exitosas misiones en el océano Pacífico e Indico. Durante un ataque a una base militar japonesa, recibió en el puente de mando al general Douglas MacArthur, quien supervisó desde allí la tarea de la flota. En otra misión, la nave fue averiada por una pequeña bomba, aunque no pasó a mayores. En diciembre de 1944 un submarino japonés le disparó unos torpedos que, una vez más, el Phoenix logró esquivar.

Finalizada la guerra, el crucero fue vendido a la Armada Argentina. Eran tiempos del gobierno de Perón, por lo que fue rebautizado como “17 de octubre” en conmemoración al día de la lealtad. En 1955, cuando la revolución libertadora derrocó al gobierno, el “ARA 17 de octubre” participó desde el río, consolidando el triunfo de las armas. Otra vez rebautizado, se eligió realizar un homenaje al fundador –en 1799– de la Escuela de Náutica: el general Manuel Belgrano. Desde entonces el crucero ARA General Belgrano, que resurgió del ataque en Pearl Harbor, prestó servicios en la armada argentina hasta su doloroso hundimiento el 2 de mayo de 1982, durante el conflicto de Malvinas.

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Futbolistas en pose

Eran otros tiempos. Entre finales de los años 30 y los 40, los futbolistas, ídolos populares, eran el objetivo de los reporteros gráficos y posaban con un estilo que ha perdido vigencia.

Aquí una galería recopilada en la Fototeca del Archivo General de la Nación que incluye, entre otros, a Vicente de la Mata (Independiente), Agustin R. Cosso (San Lorenzo), Héctor Narvarte (Racing), Eusebio Videla (Tigre) y Eligio Corvalán (River).

También presentamos, en la próxima imagen, a Luis María Rongo con camisa abierta y la pregunta es: ¿qué casaca está utilizando? La ayuda: jugó en River Plate, Argentinos Juniors y Platense.

Otra consulta a los avezados lectores. ¿Quiénes son los jugadores que posan de Boca Juniors (en la imagen inicial), Chacarita y Vélez?

Las respuestas son bienvenidas.

 

El Pensador porteño

La escultura original de “El Pensador” del artista parisino Auguste Rodin (1840-1917) fue creada en 1880 y formó parte de un encargo realizado por el estado francés. Querían puertas alusivas en el museo de las Artes Decorativas de París que estaba proyectándose.

La pieza medía 70 centímetros y formaba parte de “La puerta del Infierno” que vemos en la imagen. Se encuentra en el sector superior, al centro, y representa a Dante Alighieri, autor de “La Divina Comedia, inclinado hacia adelante observando todo lo que se encuentra en el infierno mientras medita su obra. Al exponer la figura en forma separada de su conjunto, Rodin incrementó su tamaño (hizo una figura de 1,90 metros) y la rebautizó “El Pensador”. En 1906, fue colocada en la entrada del majestuoso Panteón de París.

Algunos críticos se preguntaban si no era una contradicción que un musculoso pensase. El autor respondió que esa era la síntesis del hombre, ya que realiza trabajos físicos, pero también reflexiona.

En Buenos Aires, el primer director del Museo Nacional de Bellas Artes Eduardo Schiaffino, encargó al escultor francés un Pensador para colocarlo en la escalinata del palacio del Congreso, siguiendo el ejemplo del original que se encontraba en el Panteón. La obra llegó a nuestro país en 1907. Se trata de un ejemplar fundido del molde original y cuenta con su firma. Además del original que abandonó su lugar de privilegio en el Panteón para pasar al Museo Rodin (también en París), obras similares se enviaron a Filadelfia (Estados Unidos), Berlín y Estocolmo.

La culminación del actual edificio del Congreso Nacional estaba demorada. La escultura se instaló a unos doscientos metros, en la Plaza Lorea, aguardando a que el Palacio Legislativo se completara y la recibiera.

En 1927, Schiaffino escribía: “Han pasado veinte años y todavía la obra maestra continúa sacrificada. En esa plaza inmensa, parece una mosca en un billar”.

A finales de la década de 1960, la actual avenida de Mayo pasó a ser mano única y se unió a la avenida Rivadavia a través de una curva que dividió a la plaza Lorea en norte y sur. “El Pensador” quedó en el sector sur, renombrado como plaza Mariano Moreno.

Desde hace algunos años se discute si “El Pensador” debe ser llevado a la escalinata del monumental edificio o no. A pesar del deseo de algunos legisladores, este Dante reflexivo, atlético y protegido por un blíndex (desde 2013), continúa dándole la espalda al Congreso de la Nación Argentina.

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