Cuadriciclo motorizado

Cuadriciclo

En el 1900 apareció el primer vehículo con motor que se vio en Montevideo. Fue importado de Europa y perteneció a los señores Labat y Moreau, dueños de una joyería situada en la avenida 18 de julio. Lo llamaban cuadriciclo a petróleo y se turnaban para manejarlo.

Los primeros exámenes de manejo

A partir del año 1906 se otorgaron registros para conducir en la ciudad de Buenos Aires. El primero lo obtuvo Dalmiro Varela Castex el 11 de abril.  En la foto lo vemos posando para el carnet, con su gorra de conductor.

Primer registro para manejar

Los siguientes registros se otorgaron a: Francisco A. Cobos, José Rubí, Aurelio Valentini, Eduardo E. García, Manuel Miraz y Arístides P. Baudelá.

Las mujeres recién tuvieron la posibilidad de tramitarlos a partir de 1912. El Nro. 1 fue para Violeta Gath, mientras que el segundo correspondió a Ofelia Gath, ambas hijas del fundador de Gath & Chaves. Luegos las siguieron Teresa Farga, Elvira Jones, Raquel Aldao, Malena Madero de Tornquist, Susana Olivier de Panelo y Haydeé Campos Urquiza, hija de Luis María Campos y nieta de Justo José de Urquiza.

examen de manejo

Examen de estacionamiento en el año 1927.

Registro 1927

Un conductor rinde examen en 1927.

Malena Madero era cuñada del intendente Joaquín S. de Anchorena, quien no solo entregaba los registros, sino también tomaba los exámenes. De todas maneras, manejaba mejor que muchos hombres, por lo tanto no hubo favoritismo.

Como vemos, el propio intendente tomaba los exámenes de manejo. En el caso de Joaquín S. de Anchorena, es interesante destacar que ¡jamás aprendió a manejar!

El Resero de Recoleta y Mataderos

En 1929, el intendente era José Luis Cantilo le encargó al escultor Emilio Sarguinet la estatua ecuestre del gaucho que transportaba reses, el resero.

El escultor viajó a Ayacucho, provincia de Buenos Aires, para tomar los modelos en la estancia El Cardal de la familia Solanet, reconocidos criadores de caballos criollos. De vuelta a la ciudad, Sarguinet trabajó por meses en un taller ubicado en Juncal y Uriburu, barrio de Recoleta.

El 21 de septiembre en 1932 se presentó el Gaucho Resero en el XXII Salón Nacional, que se llevó a cabo en el Palais de Glace. Por la imposibilidad de ingresar la obra debido a su tamaño, la expusieron sobre la entrada de la calle Posadas. Obtuvo el primer premio.

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En la entrada del Palais de Glace.

Luego de casi un año y medio de estadía en Posadas y Schiaffino, el Resero de Sarguinet fue trasladado a Mataderos, al frente del Mercado de Liniers.

Llegó pocas horas antes del 25 de mayo de 1934, fecha en la que se realizó una magnífica fiesta patria. Sarguinet estuvo presente en los festejos. En 1948 se le colocó un pedestal para preservarlo.

El Resero en Mataderos

En Mataderos desde 1934. Foto: Hernán Zenteno.

El Gaucho Resero de Emilio Sarguinet alcanzó su más alta popularidad entre 1963 y 1968 cuando fue utilizado como grabado de la cara de las monedas de 10 pesos. La acuñación generó un debate porque hubo quienes hacían notar que tanto las monedas como la escultura contenían un error: el moro tenía su mano y su pata derecha hacia adelante y sus dos zurdas hacia atrás.Moneda de 10

Los críticos apuntaban que bastaba ver el movimiento de cualquier caballo para entender que es cruzado, pero se equivocaron.

El escultor tuvo en cuenta que los reseros acostumbraban usar los pasucos, que mueven la mano y la pata del mismo lado para que su andar sea más reposado y eso le permite al jinete viajar descansado y hasta dormir mientras marcha.

Quiénes le pusieron los nombres a nuestra playas

¿De dónde surgen los nombres de Miramar, Ostende, Santa Clara del Mar…?

San Bernardo: Era el nombre de la estancia de Enrique Duhau, propietario de aquellas tierras.

Santa Teresita: Enrique Duhau casó con Teresa Lacroze, sobrina de Federico y Julio (propulsores del tranvía en la ciudad de Buenos Aires). En el límite de la estancia San Bernardo existía un almacén llamado Santa Teresa en honor a la señora de Duhau. Luego, al crearse un nuevo balneario, los fundadores pensaron llamarlo como al almacén, pero optaron por el diminutivo, Santa Teresita.

La Lucila del Mar: Suele repetirse que su nombre se debe a Lucila Zapateiro, hija de Andrés, quien compró una parte del campo a Duhau. Sin embargo, el lucilense Carlos Abruzzese refuta la historia con un argumento simple: Lucila Zapateiro nació unos diez años después que el balneario. El nombre de La Lucila proviene de la localidad homónima, en el partido de Vicente López, de donde provenían compradores de los primeros lotes. El “del Mar” se agregó más adelante. ¿Y aquella Lucila que inspiró a la localidad en Olivos? Era Lucila Anchorena de Urquiza.

MDQ comienzos de SXX

Mar del Plata en sus primeros años.

Mar del Plata: Si bien no evoca a ninguna persona es curioso anotar que fue sugerido por su fundador, Patricio Peralta Ramos; pero en el debate parlamentario en que se trataba su fundación, el senador bonaerense Carlos Ortiz de Rozas manifestó que le parecía ridículo que una porción de tierra llevara la palabra Mar en su nombre.

Miramar: José María Dupuy le propuso a su cuñado Fortunato de la Plaza, dueño de las tierras que se lotearían, el nombre Mira Mar en un telegrama. En el mismo mensaje daba las opciones de Rómulo Otamendi, asociado al empredimiento. Las sugerencias de Otamendi eran Trouville o Gijón. De la Plaza optó por Mira Mar.

Santa Clara del Mar: Recibió el nombre por Clara Anchorena de Uribelarrea, quien fuera titular del campo de 400 hectáreas que contenía esas playas.

Pinamar: Cuando Valeria Guerrero y Jorge Bunge resolvieron asociarse en el proyecto del balneario lo llamaron Pinamar por la abundancia de coníferas junto a la playa. Pero nunca se aclaró quién ideó el nombre.

Ostende: Fue fundada por el francés Jean Marie Boure y los belgas Fernando Robette y Agustín Poli, quienes lo bautizaron con el nombre del balneario homónimo en Bélgica.

Valeria del Mar: Lo propuso la mencionada Valeria Guerrero, tía de la célebre Felicitas. Pero no por ella, sino por su abuela, Valeria Cueto de Cárdenas.

Cariló: Mantuvo la denominación mapuche. Significa “médano verde”.

Villa Gesell: La historia del balneario parte del impulso de Carlos Gesell. Pero no está de más agregar que se llamaba Carlos Idaho Gesell. El extraño segundo nombre se lo pusieron por un tío que, en vez de probar suerte en nuestra tierra, se dirigió al norte, a los Estados Unidos, y se instaló en el estado de Idaho.

¿Se le habrá cruzado al fundador de Gesell llamarla Villa Idaho?

17 minutos menos

El 1 de enero de 1921 comenzó diecisiete minutos antes que el 1 de enero de 1920.

Para entender cómo ocurrió es necesario saber que en 1849, durante el gobierno de Rosas, se decretó que la hora oficial Buenos Aires sería la que marcara el reloj del Cabildo.

Plaza de Mayo 1867

El Cabildo en 1867, cuando marcaba la hora oficial.

El sistema funcionó muy bien, salvo en la noche del 6 de agosto de 1888 porque la lámpara que iluminaba la esfera del reloj desde su interior se quedó sin querosene.

Pero llegó el momento en que no bastaba contar con una hora local, sino que hacía falta un horario común en todo el país debido al ferrocarril: un medio de transporte preciso, que obligaba a que se cumplieran horarios uniformes en puntos distantes.

El impulsor de la hora oficial en el todo el territorio del país fue el intendente de Rosario, Gabriel Carrasco. Gracias a su gestión, en agosto de 1894 se estableció como oficial el horario del meridiano del observatorio astronómico de Córdoba.

Por lo tanto, mientras en Londres eran las doce del mediodía, en Córdoba faltaban casi diecisiete minutos (16 min. 48 seg.) para las ocho de la mañana.

La corrección de los diecisiete minutos se hizo el 1 mayo de 1920 (cuando la Argentina adoptó el sistema de husos horarios a partir del de Greenwich). Por ese motivo, el 30 de abril tuvo diecisiete minutos menos: terminó a las 23:43:12.

Fin de año 1910

Monumento a Mitres en San Isidro

El 25 de diciembre de 1910 por la mañana se inauguró el monumento a Bartolomé Mitre, en la plaza homónima, frente a la Catedral de San Isidro (ver foto). Pero no sería el último: el de Azcuénaga tuvo su inaguración el 31 de diciembre a las diez de la mañana en la plaza Primera Junta, de Caballito. Era el único de los miembros de la Junta al que le faltaba su homenaje póstumo en la vía pública.

La despedida del año del Centenario fue intensa. Los festejos se iniciaron a las 8:30 y terminaron pasada la medianoche. Con fuegos artificiales, tedeum en todas las catedrales del país, desfiles militares, concursos de iluminación, cine gratis al aire libre, más baile y corso en cada plaza de la República. Hubo, además, cientos de discursos patrióticos en diversos actos públicos.

Muchos recordarían cómo habían celebrado, en la medianoche de un año atrás, la llegada del Centenario.

Por la cantidad de actividades, daba la sensación de que el legendario 1910 no quería irse. Pero esa noche se acabó. En Buenos Aires, el final lo estableció la iglesia de San Ignacio cuando soltó las doce campanadas e irrumpió el potente “¡Oíd Mortales!” en el improvisadísimo coro, en una Plaza de Mayo colmada.

¡Feliz año nuevo!

Señal Divina

El 28 de mayo de 1794, la Plaza Matriz de Montevideo atrajo a los vecinos desde muy temprano. Se llevaría a cabo la ejecución de Benito García, acusado de asesinato. Los espectadores se instalaron alrededor de la elevada tarima que contenía la horca y aguardaron el momento crucial.
Acompañado del redoble de tambores, del capellán y del verdugo, el fornido Benito García hizo su ingreso a la Plaza.

Montevideo en 1794

Montevideo en 1794 (pintura de Fernando Brambila).

La ceremonia se daba en la forma prevista. Sin embargo, cuando el verdugo y García subían por la escalera rumbo a la plataforma, las maderas cedieron y los dos cayeron desplomados al vacío.
El caos invadió la Plaza Matriz. Algunos vecinos gritaban “¡Milagro!”. Otros lloraban. Otros imploraban arrodillados que se perdonara al reo para que no se contradijera la Señal Divina de la rotura de la escalera. Mientras tanto, Benito y el verdugo aullaban de dolor en el piso.
El capellán asignado al reo fue invadido por el espíritu que reinaba en la Plaza. Alzó el crucifijo y comenzó a gritar: “¡Socorrednos, socorrednos!”.
Las autoridades optaron por retirar a Benito del lugar, devolverlo a la cárcel y escribirle al Cabildo porteño para que resolviera qué hacer con el reo. El Ayuntamiento respondió que había que ejecutarlo de una vez, pero que debían tomarse precauciones para evitar una nueva conmoción del pueblo.
Benito García fue ahorcado el 23 de julio de 1794. Esta vez la escalera soportó su peso. Y Benito no tuvo más remedio que soportar el peso de la Justicia.

Manual sanmartiniano de conducta

San MartínA la vez que creó el Cuerpo de Granaderos, José de San Martín redactó una nómina de “delitos por los cuales deben ser arrojados los oficiales” para establecer las normas de disciplina. Consideraba delitos las siguientes conductas:

1 - Por cobardía en acción de guerra, en la que aun agachar la cabeza será reputado por tal.

2 - Por no admitir un desafío, sea justo o injusto.

3 - Por no exigir satisfacción cuando se halle insultado.

4 - Por no defender a todo trance el honor del cuerpo cuando lo ultrajen a su presencia o sepa, ha sido ultrajado en otra parte.

5 - Por trampas infames como de artesanos [se refiere a las estafas].

6 - Por falta de integridad en el manejo de interés, como no pagar a la tropa el dinero que se haya suministrado para ella.

7 - Por hablar mal de otro compañero con personas u oficiales de otros cuerpos.

8 - Por publicar las disposiciones internas de la oficialidad en sus juntas secretas.

9 - Por familiarizarse en grado vergonzoso con los sargentos, cabos y soldados.

10 - Por poner la mano a cualquier mujer aunque haya sido insultado por ella.

11 - Por no socorrer en acción de guerra a un compañero suyo que se halle en peligro, pudiendo verificarlo [realizarlo].

12 - Por presentarse en público con mujeres conocidamente prostituidas.

13 - Por concurrir a casas de juego que no sea pertenecientes a la clase de oficiales, es decir, a jugar con personas bajas e indecentes.

14 - Por hacer uso inmoderado de la bebida en términos de hacerse notable con perjuicio del honor de cuerpo.

El primer domingo del mes se reunían los oficiales en la casa de San Martín para discutir los actos de indisciplina. El acusado debía retirarse para permitir que se hablara con libertad de su causa. Luego de que una comisión investigara, se resolvía en reunión extraordinaria si era culpable del delito o no. Mediante este sistema, hubo oficiales que fueron expulsados del Cuerpo de Granaderos.

San Martín fue el más obstinado promotor de la férrea disciplina, consciente de su vital importancia en el campo de batalla.

El primer subte

El 1 de diciembre de 1913 a las 3.25 de la tarde, el vicepresidente Victorino de la Plaza (en ejercicio de la presidencia debido a que Roque Sáenz Peña había solicitado licencia por motivos de salud), junto al intendente Joaquín S. Anchorena, inauguró el tren subterráneo.

El subte porteño fue el primero de Sudamérica, el cuarto del continente y el decimotercero del mundo.

Puede resultar redundante, pero es necesario aclarar que De la Plaza, el pasajero número uno, viajó desde la Plaza de Mayo a la Plaza Once.

El tren inaugural no paró en todas. Sólo se detuvo en Congreso, donde el vice, los ministros, el intendente y el resto de la comitiva bajaron a caminar por el andén. Con aplausos arribaron a Plaza Once (hoy Plaza Miserere), donde los aguardaba un lunch.

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El restaurante más antiguo

El año 1860 asumió la presidencia Santiago Derqui y juraron como gobernadores Justo José de Urquiza en Entre Ríos y Bartolomé Mitre en Buenos Aires. La incorporación de esta provincia al territorio de la República permitió que por fin se lograra la unión nacional, perseguida desde cincuenta años atrás.

En el tiempo en el cual Derqui, Mitre y Urquiza captaban la atención política, el inmigrante gallego Manuel García instaló en la calle Victoria 133 (hoy Hipólito Yrigoyen y Piedras) una Fonda y Botillería en donde se consumía, entre otras cosas, café con achicoria (era el café que se tomaba antes de que se creara el torrado), vinos y horchata (refresco de aquellos tiempos), además de la tradicional cocina española.

El imparcial

Fachada del local original en Victoria 133.

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