¡Ganó el zaino!

En 1961, Carlos Villafuerte recopiló en Voces y costumbres de Catamarca infinidad de datos característicos de la zona. De aquel libro de rico contenido tomamos algunos fragmentos relativos a la carrera de cuadreras. El autor explicaba que era “una de las fiestas criollas que más apasiona al paisano” y que “se las llama así porque se corrían por cuadras”. Aclaró también que “se realizan en algunos lugares apartados de los departamentos en los domingos o días de fiestas”.

LOS PREPARATIVOS

Acerca de la preparación del caballo, brindaba algunos secretos:

-Galopar por la noche en caminos solitarios.

-Darle de beber agua de corriente, por ser curativa.

-Untarle grasa de guanaco en las patas para que sea más ligero.

-Habituarlo al olor de la grasa del puma (esto se hacía porque a veces el contrincante, para asustar al caballo que enfrentaría) colocaba grasa para que sintiera el olor y se asustara.

-Darle masajes con sebo en las orejas y en el nacimiento de la crin para endurecerlas.

-Friccionarle los garrones con grasa de suri (o alpaca), cuatro días antes de la carrera, para que no tenga las venas encogidas y pueda correr cómodamente.

BRUJERÍAS

Dos o tres días antes de la carrera, para preservar el caballo del daño y brujerías de quienes le apostaban en contra, se tomaban “medidas de precaución”, tales como: hacerle cruces con cera bendita o ponerle ruda o pedazos de ajos en las orejas.

EL DÍA DE LAS CARRERAS

Cuenta Villafuerte que esa tarde “acude gente de todos los pueblos cercanos, algunos a caballo, otros en jardineras o chatas, vestidos con las mejores prendas. Las mujeres preparan empanadas y rosquetes para venderlos; hay también aquellas que ceban mate por dinero. Muchas horas antes de la hora señalada para la carrera van llegando los espectadores y mientras unos se divierten bebiendo y cantando en el boliche cercano, otros juegan a los naipes y a la taba. A las tres o cuatro de la tarde todos se colocan a ambos lados de la cancha para no perder pormenor y realizar las apuestas (…) No sólo se juega dinero, sino también mulas, vacas, yeguas, ovejas, trigo, etc.”.

“Después de las partidas convenidas, un encargado llamado gritador o gritón da la señal de salida. En el otro extremo están los rayeros, uno por cada bando, quienes deben sentenciar sobre el caballo que ganó; nómbrase también un tercero por si la carrera fuera muy reñida y haya divergencia de opiniones entre los rayeros. La sentencia del tercero es inapelable (…) Llegados los caballos a la meta, el rayero grita: ‘ganó el zaino o el tordillo’, siempre nombrando al animal por el pelaje”.

DEPUÉS DE LAS CARRERAS

Continúa Villafuerte: “Una vez vencida la hora —la entrada del sol— casi todos se dirigen a la pulpería; unos a celebrar el triunfo, otros a buscar el desquite en otros juegos: taba, baraja, etc.; pero el resultado final para todos es que dejan las ganancias al bolichero y también el jornal alcanzado durante la semana.”

SUPERSTICIONES

Sin duda, una de las partes más entretenidas del libro de Villafuerte es la relación de las supersticiones y creencias vinculadas con la competencia. Veamos algunas:

-En Cordobita, Departamento de Tinogasta, cuando un jinete hace correr su caballo ata un poco de altamisa en el bocado del freno para que el animal no se pasme.

-Los habitantes de Los Quebrachales, cuando quieren saber qué animal es el que va a ganar, encienden dos fósforos al mismo tiempo, los cuales representan a los caballos; el fósforo que se apague último es el caballo que perderá.

-Cuando uno de los caballos bosteza y levanta la cola es indicio seguro de que ganará.

-Si en el momento en que están por correr rebuzna un animal mular, ganará el caballo que se encuentre de ese lado.

- Los jugadores de carrera no permiten que una señora preñada del primer hijo, por ninguna causa, suba al caballo preferido porque perderá la carrera.

-En San Antonio de La Paz, el día antes de la carrera, el dueño del caballo debe ir a la cancha con un cuchillo y con pedacitos de ajos y colocarlos de trecho en trecho, por donde correrá su caballo; además el jinete a la madrugada del día de la carrera, debe concurrir también allí, desnudarse y revolcarse en cruz de distancia en distancia, por donde correrá el caballo contrario diciendo al mismo tiempo: “ha perdido el caballo de tal color”. Haciendo esto creen que no perderá el caballo favorito.

-Y la más común de todas y que se conoce también en otras partes es aquella de enterrar un sapo maneado a la orilla de la cancha, para el lado del caballo contrario, pues así perderá éste.

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