La bandera diferente de Belgrano

Una reliquia de la historia de la Guerra de la Independencia es noticia. Nos referimos a una de las dos banderas de Macha, cuya conocida historia hemos publicado en el blog hace unas semanas.

Macha es una ciudad altoperuana que tuvo protagonismo porque allí estableció Belgrano el cuartel central en las semanas que corrieron entre los enfrentamientos de Vilcapugio (octubre de 1813) y Ayohuma (noviembre del mismo año). Ambos sellaron el triste final de la segunda campaña al Norte.

Dos banderas del Ejército que comandaba Belgrano reaparecieron en 1881. Las encontró un sacerdote de la capilla de Titirí -a pocos kilómetros de Macha- dentro de unos cuadros, donde habían sido prolijamente escondidas.

Una era celeste, blanca y celeste, mientras que la otra era blanca, celeste y blanca. En 1896, el gobierno boliviano entregó la primera de las mencionadas a la Argentina. Hoy se encuentra en el Museo Histórico Nacional de Buenos Aires.

La segunda bandera hoy es noticia. Cuatro restauradoras argentinas del Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco que viajaron a Bolivia para trabajar en la bandera blanca-celeste-blanca, han completado la tarea. Las expertas son Patricia Lissa, Ivana Rigacci, María Dora Lasalandra y María Sol Balcarde.

Una institución argentina, el Fondo Argentino de Cooperación Sur Sur y Triangular, que depende de la Dirección General de Cooperación Internacional de la Cancillería, fue quien implementó un programa de “Capacitación en Conservación y Restauración de Textiles Históricos”. A través de dicho programa, las restauradoras argentinas capacitaron a sus pares en Bolivia, mostrándoles de qué manera trabajaban sobre el género que fue protagonista de nuestra historia.

Completada la tarea, a comienzos de esta semana, la bandera se entregó a las autoridades de la Casa de la Libertad, situada en Sucre. Es la institución que ha venido custodiando la reliquia, pero además tiene un valor simbólico muy grande: para el pueblo boliviano representa lo mismo que la Casa Histórica de Tucumán para nostros, porque allí declararon su Independencia.

Las imágenes que acompañan la nota nos muestran a las argentinas en plena tarea y el acto de entrega formal del peculiar pabellón argentino a la Casa de la Libertad.

La enseña diferente -que tanto debate ha generado por sus colores invertidos- luce renovada gracias al trabajo de cuatro profesionales que con su talento, han rendido el siempre merecido homenaje a Manuel Belgrano, el creador de la bandera argentina.

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¿Qué escondió Belgrano en una iglesia?

Luego de la derrota en las pampas de Vilcapugio en octubre de 1813, Manuel Belgrano estableció su cuartel general en Macha, un pueblito perteneciente al departamento de Potosí en Bolivia. Se encuentra ubicado a unos once kilómetros en línea recta de Ayohuma, lugar donde luego se desarrolló la fatídica batalla para los patriotas en noviembre del mismo año.

En 1881, en un pequeño paraje llamado Titirí, a unos pocos kilómetros de Macha, el cura de la capilla limpiaba y ordenaba el lugar. Le llamó la atención un cuadro de Santa Teresa. Lo descolgó, desarmó el marco y descubrió que había dos banderas enrolladas en la madera. Al desenrollarlas, comprobó que estaban rotas, tenían rastros de pólvora y algunas manchas de sangre, además del lógico desgaste natural. Tenían una particularidad: una era celeste, blanca y celeste (ver foto), mientras que la otra era blanca, celeste y blanca.

El cura las enrolló nuevamente y volvió a colgar el retrato. Dos años después, fueron nuevamente halladas por su sucesor, el padre Primo Arrieta (posiblemente informado por el anterior cura), y las hizo trasladar a Sucre.

¿Cuál es el misterioso origen de estas banderas? No se sabe con certeza. Pero la mayoría de los especialistas opina que están relacionadas con el general Belgrano. Este grupo mayoritario de historiadores avala la teoría de que el comandante ordenó al coronel Cornelio Zelaya que escondiera las banderas del ejército patriota para que éstas no cayeran en manos de los enemigos. ¿Habrá sido después de la derrota de Vilcapugio o luego de ser vencidos en Ayohuma? En ambos casos, pasó por Macha.

La humilde capilla rural era dirigida por el cura Juan de Dios Aranívar. Se especula que el coronel Zelaya se presentó ante el párroco y le dejó a su cuidado las dos banderas para que las escondiera de los realistas. Algunos relatos sostienen que fue el propio Belgrano quien estuvo de paso por la capilla, ya que era amigo del sacerdote. Otra posible teoría es que el mismo párroco haya participado en la campaña, y ante la retirada patriota, escondió las banderas sin el conocimiento del general.

Algunos historiadores simplemente descartan la posibilidad de que éstas, sean las banderas que hayan pertenecido al ejercito del Norte o auxiliar del Alto Perú.

Una de las dos banderas fue devuelta por el gobierno boliviano en 1896 (la celeste-blanca-celeste), hoy se encuentra en el Museo Histórico Nacional de Buenos Aires. El ejemplar blanco-celeste-blanco continúa en el Museo Casa de la Libertad de Sucre.

Once soldados con polleras

A las dos de la mañana del 23 de mayo de 1817, el tucumano Gregorio Aráoz de Lamadrid (a quien vemos retratado en una imagen posterior) acampó a corta distancia de Tarabuco, cerca de Chuquisaca, en el Alto Perú. Durmieron unas horitas y reiniciaron la marcha a las siete. Pero no estaban todos. En esas cinco horas había desertado el sargento Martín Bustos junto con diez soldados.

Muy temprano al día siguiente, un contingente de setenta indios traía once prisioneros amarrados. Eran los desertores. “Formé en el acto toda mi división en el cuadro de la plaza –detalla Lamadrid– y puestos los presos dentro de él, llamé al alcalde del pueblo y le ordené que me presentara al instante once polleras de las más andrajosas de las indias e igual números de zuecos y monteras de cuero [clásico gorro del altiplano] de las que ellas usan”. Los once desertores apenas podían creer lo que estaba por ocurrir. Sigue el tucumano: “Listo todo al momento, mandé desnudar a los presos y vestidos por fuerza con aquel traje y aro en la mano, aunque me clamaban todos que los fusilara primero”.

Los soldados formados comenzaron a burlarse de los hombres vestidos de mujer. Lamadrid ordenó a su gente que armara una calle de dos filas, por donde debían pasar los travestidos: “Hice que los pasearan entre las filas, ordenando a la tropa que escupiera a esos cobardes, que no merecían ser sus compañeros pues eran los únicos que querían regresar a su provincia manchados”.

A Bustos le arrancaron la jineta de sargento y allí terminó el acto de humillación. Según Aráoz de Lamadrid, “fue un rato de comedia para la división y el pueblo, y del más amargo llanto para los que sufrieron aquel castigo”.

Una semana después, Lamadrid perdió el control de la situación. Una deserción masiva diezmó su fuerza. Sólo le quedaron 93 hombres que actuaron con hidalguía y acompañaron a su jefe hasta el final de la campaña. Entre ellos, Bustos, quien recuperó su jineta, y los diez que habían sido disfrazados.

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