La Loba Romana

 

Loba Romana o Loba Capitolina es una obra que regaló el rey de Italia Víctor Manuel a la Nación Argentina el 25 de mayo de 1910 y que mandó entregar al presidente electo, Roque Sáenz Peña (Rocco le decían los italianos), que asumiría el 12 de octubre de 1910 sucediendo a Figueroa Alcorta.

Sáenz Peña recibió en nombre de la Nación la escultura, que era una copia de una loba hecha por los etruscos, expertos en el tratamiento del bronce, a la cual dos hermanos escultores romanos del siglo XV le agregaron los gemelos Rómulo y Remo.

Roque, Rómulo, Remo y la loba arribaron en septiembre cuando Sáenz Peña regresó para asumir la presidencia. El lugar elegido para emplazar el regalo del rey de Italia fue la esquina de Florida y Bartolomé Mitre, en un alto pedestal de mármol (curiosamente, ahora está allí el monumento a Sáenz Peña). Allí permaneció la loba de bronce durante algún tiempo y después la pasaron al Jardín Botánico de Palermo. Luego se realizó una copia, es decir, la copia argentina de la copia italiana del original etrusco. La copia argentina fue a parar al Botánico (la vemos en la foto), en trueque por la auténtica que se mantuvo unos años en el hall del Palacio Municipal hasta que fue trasladada al Parque Lezama.

Quienes recorren el país saben que ahora hay muchas más lobas romanas. Resistencia y San Rafael (Mendoza), son dos ejemplos. Pero hay que aclarar que esa lobomanía arrancó con la que trajo a estas tierras el presidente electo de 1910.

En septiembre de 2007 se robaron a Rómulo y Remo originales de Parque Lezama. Fueron reemplazados y hoy, según las noticias, robaron los reemplazos. En el Botánico todavía están las copias.

  • Edgardo Maffía

    En la Plaza del Congreso, está una de las tres copias de “El Pensador” de Rodin. Una escultura emblemática, que forma parte de La Puerta del infierno, junto a “El Beso”. En París, me pude colar con un grupo de japoneses que iban a fotografiarla, luego de recordar las estrofas de Dante (“Per me si va nella cità dolente…”) y recitarlas. Acá, la estatua está pintarrajeada por los wachiturros y la custodia una familia de paraguayos que viven en la plaza. Ahí cuelgan la ropa y hacen sus necesidades en el pasto. Es un avance; ya que hace poco unas madres apologistas de bandas terroristas, usaban esa estatua para colgar una pancarta, con propaganda del restaurante que explotan por ahí. Nuestra ciudad, está invadida por gente que odia a los que la habitamos.