Los conventillos de La Boca

 

Mareas humanas arribaron a las costas de Buenos Aires a partir de las últimas décadas del siglo XIX. Eran inmigrantes dispuestos a trocar mano de obra y sacrificio por algo de bienestar. La ciudad, apretada en el centro urbano, comenzó a expandirse. Creció en todos los sentidos gracias al tendido de vías. Muchos recién llegados se instalaron en La Boca a partir de septiembre de 1870, cuando el empresario Federico Lacroze puso en funcionamiento el tranvía que llegaba a ese barrio desde Plaza Once.

Por su destreza en la actividad portuaria, los genoveses se hicieron dueños de la zona. Como en otros barrios, el déficit habitacional encontró una precaria solución en las casas de inquilinato. Se llamaron conventillos por la similitud con los conventos, debido a las pequeñas celdas donde viven los monjes. Para que fuera un conventillo, una casa debía cumplir ciertos requisitos municipales: ser hogar de por lo menos cinco familias y contar con baños, lavatorios, letrinas y lavaderos comunes. Aclaremos -por más que el verbo aclarar no sea el más adecuado- que las cloacas recién llegaron a La Boca en 1893.

La norma municipal establecía que los cuartos de los conventillos no podían tener menos de 12 m2 y 3,5 m de altura. Cada familia se apretujaba en el mismo cuarto que a veces se dividía con biombos o cortinas. Los patios eran el centro de reunión general. Allí convergían los inquilinos y se enteraban de todo lo que pasaba en el inquilinato. Por eso al chismoso se lo llama conventillero.

A diferencia de los conventillos de otras zonas, los que hubo en La Boca se construyeron con maderas y chapas de cinc. La ausencia de higiene y de intimidad era tan comunes como el baño para todos. Para entender la magnitud, en 1904 más de 16000 personas vivían en los 331 conventillos de La Boca. La superpoblación de Buenos Aires llegó a tal punto, que hubo temporadas en las que uno de cada cinco habitantes de la ciudad vivía en casas de inquilinato. Esa es razón más que suficiente para que este tipo de patrimonio arquitectónico sea tan valorado como lo son las mansiones del 1900.

 

  • La

    O sea q los conventillos estaban regulados? Había norma municipal? Qué vergüenza siempre pensé q eran familias con casas grandes q para hacer negocio se las alquilaban a los inmigrantes
    Todavía hay alguno q se pueda visitar tipo museo?

    • Nati

      Si por supuesto. La familias adineras vivian en el barrio de san telmo, cuando llego la epidemia de fiebre amarilla en 1871 dichas familias se trasladaron a los barrios del norte de la ciudad com,o Recoleta y Retiro. Por eso lo que hacían era alquilar a los inmigrantes sus casas que luego se convirtieron en conventillos. Si queres visitar uno te recomiendo el pasaje de los Ezeiza sobre la calle Defensa. o también hay dos sobre Caminito en La boca

      • Gisela Morano

        Se puede visitar “El Rincón de Lucía” que es una conventillo convertido ahora en una casa de repuestos para turistas y en la parte superior ambientaron un pequeño museo del conventillo.

  • Fernando

    Recuerdos

    Allá por el novecientos

    el Riachuelo cristalino,

    con agrado fue testigo

    de la crianza de ocho hermanos,

    el mayor, un Italiano

    casi padre de los críos,

    barrio gringo agradecido

    luchadores sin desgano.

    Con pobreza y malandraje

    no lucían por su brillo,

    la vida en el conventillo

    no era un lecho de virtud,

    y no con mucha salud

    disfrazados de coraje,

    embolsaron su ropaje

    y se mudaron para el sur.

    Noches tristes y berretas

    forjaría lo que fueron,

    y a medida que crecieron

    asomaron nobles poetas,

    otros tinto y camiseta

    trás audaces tayadores,

    y entre fieles y mentores

    dos mocosas sin croqueta .

    La vida gira y gira

    como alegre calesita,

    me contaba Carmencita

    su memoria era de abuela,

    en su verde reposera

    se quitaba las chancletas,

    entre dos rojas macetas

    en el medio del zaguán.

    Aprendí a tomar el mate

    y a escuchar viejas historias,

    sobre tiempos con euforia

    de estudiosos atorrantes,

    tiernas fotos delirantes

    empapadas en su gloria,

    me hacen cantar victoria

    la leyenda no es errante.

    Hoy te evoco buena estrella

    de esta prole singular,

    que difícil calcular

    la cuantía de ésta cepa,

    si no fuera por amor

    y tu valor, Santa Lucía,

    manteniendo siempre al día

    nuestro árbol familiar.

    Fernando Demarco

    2006

  • estefany

    gracias por ayudarnos

  • ludmila

    gracias por ayudarnos