Falta poco para que se cumpla una década del atentado al World Trade Center. El compositor estadounidense Steve Reich compuso hace tiempo, por encargo, WTC 9/11, una obra que estrenó el Kronos Quartet. La familia de Reich estuvo, como otros millones de personas, cerca del foco del atentado y la obra parece ser sumamente personal, quizás como en otro sentido lo era también Different Trains.
Ahora, el sello Nonesuch estaba a punto de editarla, en coincidencia con la fecha simbólica. El problema, sin embargo, fue la tapa. Inicialmente, se había elegido la ilustración que se ve arriba. Sin embargo, sobrevino una pequeña tormenta en los medios por la naturaleza “traumática” de la foto. Ante eso, Reich decidió cambiar la tapa y ofreció la siguiente explicación: “Cuando WTC 9/11fue estrenada por el Kronos Quartet, la reacción del público y la prensa fue reflexiva y conmovedora. Me parece equivocado que ahora la reacción a la música quede usurpada por la tapa. Por lo tanto, la tapa se cambiará […] Hay que poner el foco nuevamente sobre lo importante: la música”.
Como señala el crítico Gavin Plumley, hay algo problemático en la excusa de Reich: es cierto que la música es lo importante, pero también lo es sin duda la conmemoración. Si no lo fuera, ¿para qué escribir esa música?El resultado puede verse en la página del sello: una tapa vacía, una especie de Ground Zero del cover art.
Ahora mismo, entre el 2 y el 27 de agosto, hay una nueva edición del neoyorquino Festival Mostly Mozart. Desde su creación en 1966, es uno de los más activos festivales del mundo, uno en el que se pueden escuchar obras que van del barroco al siglo XXI. El núcleo del festival es la Mostly Mozart Festival Orchestra, creada hacia 1973. Su director musical es Louis Langrée. Es tan previsible como habitual que le pregunten a Langrée sobre las obras de Mozart preferidas. En estos días, volvió a responder esa pregunta. Su Top Five fue:
La elección es inobjetable, pero si, en honor a la pasión por las listas, se permitiera una elección personal, yo agregaría el Rondó en la menor, K. 511, La flauta mágica, el Concierto para clarinete, K. 622y, quizás, el Concierto para piano n° 9.
Al disco que salió el mes pasado, se sumaron ahora otros dos, recién publicados: el del Alan ZimmermanTrío (PAI), y La corvina alegre (Sofá Records), del guitarrista Patricio Carpossi. Lo interesante es que ambos decidieron grabar el tema “Evidence” de Thelonious Monk. La comparación entre las dos versiones, unidas por el mismo reactivo monkiano, permite revelar afinidades y ocasionales distancias.
En el primer grupo, tocan además del pianista Zimmerman, Ezequiel Dutil (contrabajo) y Carto Brandán (batería); en el segundo, Natalio Sued (saxo tenor), Sergio Wagner (trompeta), Hernán Merlo (contrabajo) y Fermín Merlo (batería).
Es sabido que la pianista Martha Argerich aborrece las cámara y, ni hace falta decirlo, las entrevistas. Por eso sorprende tanto esta entrevista hecha con carteles en su camarín, especie de Cuestionario Proust al paso, grabada hace poco más de un mes. Como siempre en el caso de Argerich, lo que más importa no es tanto aquello que ella dice sino la manera en que lo dice, su entonación, sus gestos.
Hace tiempo hablamos del mal arte de tapa de ciertos discos de música clásica (y algunos de jazz). Ahora hay que hablar del bueno. La excusa es la muerte, la semana pasada y a los 94 años, del diseñador Alex Steinweiss, que fue el responsable de la primera tapa de un LP. Lo interesante de Steinweiss es el modo en que cada una de sus tapas, en un estilo continuo y propio, consigue revelar algo –aunque sea evidente– de la música que su diseño envuelve. Acá puede verse una mínima muestra de un arte que parece ya perdido.
Después de su actuación, se fue la mezzosoprano Angelika Kirchschlager, y llega ahora el violinista Joshua Bell (tocará el concierto de Max Bruch con la Filarmónica de Buenos Aires). La segunda parte del concierto que compartió con la Camerata Bern –dedicada enteramente a Franz Schubert– fue inolvidable tanto por la versión del Cuarteto “La muerte y la doncella” como por los lieder que cantó Kirchschlager.
Aquí se los puede ver a los dos (a ella y a Bell) juntos en “Du bist die Ruh”, uno de los lieder más hermosos de los cientos de ellos que escribió Schubert.
El saxofonista y animador televisivo Roberto Pettinato acaba de sacar un nuevo disco. Se llama, larga y significativamente, My Head Is My Only House Unless It Rains, y lo publicó Sony. Son cuatro temas tocados en trío. Además del baterista Tyshawn Sorey, acompaña a Pettinato Henry Grimes. Pettinato nunca ocultó su simpatía por el llamado free jazz (una forma en principio no idiomática que terminó siendo un idioma) y Grimes es posiblemente el contrabajista más emblemático de esa corriente. Con una discografía inmensa, tocó, desde fines de la década de 1950, con casi todos los músicos más relevantes del género, de Benny Goodman a Sonny Rollins pasando por Lee Konitz, y fue el además contrabajista preferido de Cecil Taylor durante un buen tiempo (se lo puede escuchar en los discos Unit Structures y en Conquistador).
Aquí, en My Head Is My Only House Unless It Rains, toca también violín. El disco incluye una versión algo humorística de “Aurora” (el aria de Héctor Panizza convertida luego canción patria), pero “Walking Again Alter All These Years” es más interesante.
Desde hace unos años, cada temporada trae el mismo rumor: que ahora –sí, finalmente– Cecil Taylor tocará en Argentina. La de 2011 también trajo ese rumor pero con un poco más de certezas: será (sería) en septiembre. Incidentalmente, ojalá su visita aliente la consumación de un viejo proyecto declarado hace ya largo tiempo en ADNy en este blog.
Taylor es un verdadero héroe del jazz que, sin embargo, va más allá del género. Así lo entienden también quienes pretenden recaudar fondos para convertir su casa de Brooklyn en un museoy conservar sus manuscritos (de poesía y de música), su colección de arte y sus numerosos objetos (postres, etc.) vinculados con el jazz. En el video de arriba, parte de un documental en inglés (confío sin embargo, en que podrá entenderse), se ve ese espacio, y se lo oye a Taylor opinando, tocando y, hacia el final, bailando.
Guillermo Bazzola, guitarrista argentino radicado hace tiempo en España y querido amigo, compartió en su Facebook este video de Max Roach, parte de una serie. Creo que el asombro exime de agregar nada más.
A partir de esta noche, volverá a subir a escena en el Teatro Colón Simón Boccanegra, después ocho temporadas (si no me equivoco, la última fue en 2003 con dirección de Massimo Biscardi). El resto de las funcionespuede consultarse aquí. Ignoramos todavía cómo resultará, escénica y musicalmente, esta nueva versión. Quien no haya visto nunca la ópera, puede darse una idea con este fragmento, la formidable última escena con la muerte del corsario. La versión del video es memorable (tomada en la Scala en 1975); con Piero Cappuccilli (Simon), Mirella Freni (Amelia/Maria), Nikolay Ghiaurov (Fiesco), Veriano Luchetti (Gabrielle Adorno), dirección de Claudio Abbado y régie de Giorgio Strehler.