Gianero solitario

No hay cena gratis

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RingUn amigo suele repetir esa frase para dar a entender que, por más gratuitas que parezcan algunas cosas, alguien, quizás en el punto más lejano de la cadena económica, las paga. La menciono a propósito de una discusión (que circuló hace unos días pero descubrí ahora) sobre el altísimo presupuesto de una producción de Der Ring des Nibelungen, de Richard Wagner, en la L. A. Opera. El cantautor David Byrne manifestó su indignación por semejante despilfarro. No está mal. 32 millones de dólares es verdaderamente demasiado dinero para cualquier ópera (incluso considerando que el Anillo comprende cuatro óperas) y para un público (no muy numeroso) que sólo en parte (una parte mínima) tiene interés en Wagner, mientras que el resto ocupa su butaca para circular luego socialmente en el foyer. Sin embargo, más difíciles de entender son las conclusiones de Byrne. Nada, salvo el resentimiento, explicaría una frase como la siguiente: “Muéstrenle a alguien tres acordes en la guitarra, muéstrenle cómo programar o tocar ritmos, o a tocar un teclado (algo que yo no sé hacer), pero no esperen ningún virtuosismo. Cualquiera sabe que se puede hacer una canción con casi nada, con aptitudes muy limitadas. No hay que sentirse mal porque uno no es Mozart… Me gustan algunas obras de música clásica, pero, por ejemplo, nunca pude disfrutar de Bach, Mozart y Beethoven, y no me siento peor por eso”.

Lo más notable, diría incluso lo más conmovedor, es quien se encuentra en el otro extremo de la polémica: el pianista de jazz Ethan Iverson, uno de los miembros del trío The Bad Plus. Iverson dice admirar musicalmente a Byrne, pero no pasa por alto ninguna de sus afirmaciones, y lo hace largamente y con mucha perspicacia. Querría detenerme en el final de su texto. Iverson cuenta que nunca vio ni escuchó el Anillo y que no tiene ningún apuro en hacerlo. Explica que, más allá del snobismo, descubrió un brillo en los ojos de algunos wagnerianos que revelaba un entusiasmo auténtico por esa música. Concluye: “32 millones de dólares es probablemente mucho dinero, pero ciertas formas de trascendencia son dignas de esa suma. El día que dejemos de subsidiar puestas del Anillo será el día en que perderemos parte de nuestra herencia humana común”.

Aun con su manierismo patético, Iverson defiende una obra que no toca, una obra que ni siquiera conoce. Probablemente, sea una discusión típica de Estados Unidos, donde los ciudadanos tienden a escandalizarse por los gastos del Estado, al revés de algunos países europeos en los que se da por hecho que ciertas actividades culturales merecen subvenciones estatales. Radicalizando la posición operómana, los 32 millones implican un empobrecimiento, aun del futuro mismo de la ópera (¿quién está dispuesto a financiar una ópera de un compositor vivo, considerando que la palabra ópera tenga todavía validez?). Pero los devaneos de Byrne nos llevarían a otra pobreza: la de una música de dos o tres acordes. Uno de los problemas es que muchos individuos tienden a opinar sobre cuestiones que ignoran. Ni Byrne ni Iverson saben de qué están hablando. Tal vez aquello que discuten aquí y aquí excede a Wagner: quién paga y por qué cosas.

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Publicado el 28.01.10 en Afines, Bitácora, Música.
3 Comentarios de los lectores
  1. Catherine Bradbury

    Leo: “Lo más notable, diría incluso lo más conmovedor… “. Personalmente no sé quién es Ethan Iverson, Tampoco sé quién es Byrne, pero sí encuentro notable y ciertamente conmovedor, que Ethan Iverson diga: “El día en que dejemos de subsidiar puestas del Anillo, será el día en que perderemos parte de nuestra herencia humana común.” Y lo que hace que esta frase sea por demás conmovedora es el hecho que Iverson confiesa no conocer el Anillo o a Wagner (lo cual hasta cierto punto, es discutible, poque por aquí y por acullá, algo nosotros los habitantes de este planeta en estos días, habremos podido de alguna manera pescar lo que es Wagner, entender de qué se trata y reverenciarlo como patrimonio substancial de nuestra cultura.)
    Me he encontrado unas cuantas veces, con cierta idea de lo que se trata, sin realmente poder decir que conozco positivamente el tema tratado. Me sucede en varios campos de la curiosidad humana, no sólo en arte, también en descubrimientos astronómicos, físicos, científicos, pero de los cuales soy materia lega, no ilustrada, pero sin duda alguna, muy, pero muy respetuosa. Al Anillo y a Wagner sí los conozco y chapeau bas al sin par Etan Iverson por su honestidad y amplitud de horizontes.
    Un saludo, Cat.

  2. Catherine Bradbury

    Y si se me permite otro comentario. 32 millones de dólares ¿para quién? Para la ópera de Los Angeles. Lo que pasa es que en los Estados Unidos, los músicos son considerados como seres humanos. No como en otras latitudes, donde la gente se imagina que un artista de cualquier disciplina es como la cigarra de La Fontaine, alguien que no tiene por qué comer, vestirse, dormir en una cama, lavarse, ni siquiera digamos respirar. No. Un artista no es productivo. No siendo productivo no merece que se le contemple necesidades de ninguna índole y mucho menos biológicas. Pero claro, cuando se monta algo como una ópera, hay otros gastos aparte de esos que en última instancia cubrirían las necesidades elementales de eso que bue, llevan el apodo de artistas, no señor, hay gente que trabaja, como por ejemplo los encargados de la limpieza de las salas, los iluminadores, los que se encargan de las butacas, del transporte de instrumentos musicales pesados, de la confección de los trajes, pelucas, zapatos, los tramoyistas, los que confeccionan los decorados y escenografías, y en general todo el personal que se necesita para que una sala de ópera opere, incluyendo personal de seguridad, y primeros auxilios, acomodadores, confeccionadores de programas, intercomunicadores y me dejo medio mundo en el tintero. Toda esta buena gente por lo general está muy resguardada por sus consiguientes sindicatos que no permiten de ninguna manera que se les rebaje ni medio céntimo partido de lo que el sindicato establece que hay que pagar, y que a su vez recibe su tajada por su noble función. Y bueno sí, en última instancia habría que considerar a los artistas, sobre todo si vienen del extranjero con las correspondientes credenciales de fama y gloria, A ellos se les suma todos esos pobres muertos de hambre como régisseurs, escenógrafos, coreógrafos, etc, etc, otra vez artistas, que también quisieran comer de vez en cuando. Así que para qué hablar de derechos de autor vivo o muerto ¿pero quién se ha creído que es, este tipejo? El arte por el arte. O mejor dicho para el pueblo. El pueblo todo soberano tiene derecho a escuchar y ver todita la tetralogía de cabo a rabo, gratis. Porque es así, el arte es algo espiritual, libre. Así que hay que tener la libertad de asistir a cualquier función artística sin pagar nada.
    Por favor, paguemos lo que corresponde, por los Nibelungos o las cenas.

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