Siempre tuve debilidad por las siluetas de Otto Böhler, con esas evocaciones, muy tardías ya, hacia principios del siglo XX, del estilo Biedermeier. Sobre todo, me gusta la serie ingenua de las “llegadas al cielo” de compositores. Son, como se ve, escenas que no persiguen ninguna verosimilitud. En este caso, Bruckner es saludado, de izquierda a derecha, por Liszt, Wagner, Schubert, Schumann, Weber, Mozart, Beethoven, Gluck, Haydn, Händel y Bach. Pero mi preferida es “Schubert llega al cielo” (no pude reproducirla aquí porque no lo encontré en ningún sitio y la reproducción que tengo en libro está cortada por la encuadernación): allí Schubert aparece, por el lado derecho de la imagen, saludado por músicos que murieron… después de él (Wagner, Schumann y aun Bruckner). Se condensa en esa imagen una idea de la música bajo la forma de un olimpismo atemporal, al margen de la cronología; al margen, en fin, de la historia.