En la ópera es relativamente común que un personaje masculino sea cantado por una voz femenina (el caso más famoso es posiblemente Cherubino en Las bodas de Fígaro, de Mozart). Pero esa ambigüedad, que queda allí subsumida en la verosimilitud propia y extravagante del género, se vuelve crítica en los lieder. En este caso, prefiero sobre todo el Liederkreis op. 39, de Robert Schumann en la versión de Jessye Norman. Pero cuando “Im wunderschönen Monat Mai”, la primera canción de Dichterliebe, también de Schumann, es interpretada por Christine Schäfer, una soprano excepcional (bastaría escucharla en el Pierrot Lunaire que grabó con Pierre Boulez, en el mismísimo Winterreise de Schubert, o verla en Lulu de Berg), acompañada además por una pianista (Natascha Osterkorn), las palabras de Heine, la música de Schumann, el asunto del poema y la trama que resulta del lieder, todo admite entenderse de otro modo, aunque se le escape quizás el núcleo más íntimo, más alegórico de la canción; un núcleo que, naturalmente, no se le escapó en su momento a Fritz Wunderlich.
01.09.2009
4:48 am
Querido Pablo, no entiendo muy bien tu posición. ¿Estás en contra de que Dichterliebe sea cantado por una mujer? Yo creo que se trata de un error planetario, porque el ciclo tendría que ser cantado “sólo” por mujeres. Me cuesta creer que Schumann haya pensado el ciclo para ser cantado por hombres. Después de todo el ciclo está dedicado a Wilhelmine Schröder-Devrient, una célebre cantante (hembra) alemana de la época de Schumann. Me gusta, no sé si la conocés, la versión de Prégardien y Schäfer juntos, alternados, hombre y mujer. Me parece una solución simpática y alegórica. Un abrazo, Oscar