In Memoriam

taurielloEste post podría haberse llamado también “Impromptu, d’apres Tauriello.” La muerte del compositor argentino Antonio Tauriello, el miércoles pasado, es una pérdida no sólo en términos musicales (quedan siempre sus obras) sino incluso simbólicos: su figura, aun públicamente poco visible en el último tiempo, seguía gravitando. Como muchos, conocí la música de Tauriello por su Toccata para piano, y sus ideas, más adelante, por una entrevista publicada en el número 1 de la revista Lulú que tenía un título desconcertante: “Cuando vi la carta que Lulú le dicta al Dr. Schön sentí escalofríos”. Hablaba de la ópera Lulu, de Alban Berg, quizás su músico preferido. En esa misma entrevista, y a propósito justamente de Berg, Tauriello dejó esa definición que vale más que nadie para sí mismo: “La complejidad no excluye la poesía”.

Como ya nos ocupamos de Tauriello en este blog, reenvío para escuchar su música a una entrada anterior.

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El libro y su pasado

La cercanía de la Feria del Libro nos autoriza a pensar, una vez más en el libro, tal como allí se presenta: como objeto. Dentro de unos años (o quizás hoy mismo), este video de 1947 podría pasarse en las escuelas para mostrar cómo se hacían los libros en el siglo XX, es decir, un gran número de los libros que todavía leemos. Las imágenes son un documento completísimo para mostrar el camino que lleva, literalmente, del autor al lector. (vía Twitter: @matiasfernandez)

Un robo en la ópera

Un ejemplo de cómo la obertura de Elverhøj del compositor danés (aunque nacido en alemania) Friedrich Kuhlau alcanza para cometer un robo. También, una muestra de la manera en la que la música concreta puede ser puesta al servicio del delito.

Otras reducciones: The Bad Plus y Stravinsky

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Después de haber grabado canciones de Nirvana y de David Bowie, el trío de jazz The Bad Plus –grupo algo sobrevalorado pero con un pianista excepcional: Ethan Iverson–, se largó a una empresa de caza mayor: La consagración de la primavera de Igor Stravinsky.

El origen fue un encargo de la Duke University y el Lincoln Center. Después de un trabajo de ocho meses, The Bad Plus presentará su versión el sábado que viene, en Duke. Explica Ethan Iverson, el pianista del trío: “Esencialmente, tratamos de apropiarnos de la obra. Lo diferente de otras veces es la dimension […] La idea es aprender 28 pequeñas piezas que son completamente diferentes y no se repiten”.

Ignoramos si se hará o no un disco con esta versión. Mientras tanto, algunos minutos del experimento pueden escucharse acá.

Cello, cuerdas y film

Hace tiempo ya que el compositor holandés Michel van der Aa informa en su cuenta de twitter sobre los progresos de la obra que viene escribiendo para la cellista argentina Sol Gabetta. Pidió incluso recomendaciones acerca de las versiones discográficas de la Sinfonía para cello de Benjamin Britten, y se decidió, sensatamente, por la de Mstislav Rostropovich. Pero no parece haber mucho epigonal en Up-close, la obra de treinta minutos para cello, ensamble de cuerdas y film que finalmente escribió y que, a partir del 11 de marzo, se tocará en varias ciudades de Europa. Aquí el trailer (¿hay trailers de piezas musicales?) de Up-close.

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Un piano, ocho manos

¿Cuántas manos caben en un piano? Para el compositor argentino Marcos Franciosi, ocho, aunque, desde luego, no es necesario que estén todas sobre las teclas. Así lo prueba su obra Yambo, de 2007, de la que aquí puede verse un ensayo. (Aclaración: hay otras piezas para piano a ocho manos. Sin ir más lejos, otro argentino, Juan María Solare, es autor de una de ellas, muy diferente de la de Franciosi). 

Anna Nicole Smith hecha ópera

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Anteayer, se estrenó, en el Covent Garden de Londres, Anna Nicole, la ópera en dos actos del compositor inglés Mark-Anthony Turnage basada en la vida (malograda, trágica) de la bellísima modelo Anna Nicole Smith, estrella de Playboy, casada con un hombre 63 años mayor que ella y muerta por causas oscuras en 2007. Con el horizonte de la biopic, parece nacer la bioópera, género que podría encontrar ya un antecedente en Nixon in China (1987), de John Adams.

El papel de Anna Nicole fue interpretado por Eva-Maria Westbroek, y la dirección musical estuvo a cargo de Antonio Pappano. No hay todavía videos disponibles, pero Anne Midgette, del Washington Post, nos resume en su blog las primeras impresiones críticas, que, aunque no fueron unánimes, mostraron cierto consenso favorable. El más fervoroso fue Anthony Tommasini, del New York Times, que observó que Anna Nicole era ahora una “inesperada reina de la lírica”. En cambio, más intransigente, para Andrew Clements, de The Guardian, la “partitura fue esclava del libreto” y, en realidad, no habría aquí “ópera alguna”.

La obra, inesperado encargo de la Royal Opera House, incluye en escena un trío de jazz con Peter Erskine, John Parricelli y John Paul Jones. Más interesante que la recepción crítica me parece, en este caso, el hecho de que Turnage vuelva a retomar el problema de la mutua articulación entre lenguaje y asunto, entre música y trama.

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El 2010 y sus mejores

Primero los diez, un número como cualquier otro, tal como se publicaron hoy en el diario:

1. Daniel Barenboim. Con la Orquesta de Diván.

2.  András Schiff. En el Teatro Colón.

3.  Homenaje a Luigi Nono. Música Contemp. del TGSM.

4.  Sol Gabetta. En el Teatro Coliseo.

5.  Sinfonía N° 8, de Mahler. En el Argentino.

6.  Jean-Yves Thibaudet. En el Teatro Colón.

7.  Horacio Lavandera. En el CETC.

8. Karin Lechner y Sergio Tiempo. En el Teatro Colón.

9.  Not I y For Samuel Beckett. Ciclo de Música Contemporánea del TGSM.

10.  Orquesta Estable del Argentino. Obras de Tauriello, Berg y Beethoven.

A esos nombres , me gustaría sumar otros que no entraron en los diez: El Gran Teatro de Oklahoma, la ópera de Marcos Franciosi (en el Tacec, el centro de experimentación del Teatro Argentino de La Plata); los conciertos de las pianistas Silvia Dabul (en el CETC) y Susana Kasakoff (en el Centro Nacional de la Música); dos funciones de la Filarmónica de Buenos Aires: la que dirigió Günter Neuhold, con la actuación del violinista Nemanja Radulovic y el estreno de Corpus Christi. Visiones del Grial, de Luis Mucillo; también la que dirigió con Eiji Oue, donde se escuchó Diario VI-Tres piezas para orquesta, de Gerardo Gandini.

A propósito de Gandini, querría agregar también “Territorio Gandini”, el homenaje que se le realizó al compositor por los veinte años del CETC.

Fuera de algunos discos (Ten de Jason Moran y Jasmine del dúo Keith Jarrett- Charlie Haden) y de la visita a la argentina de McCoy Tyner, no fue un buen año para el jazz. Murieron muchos próceres: Abbey Lincoln, Hank Jones, Ed Thigpen, Herb Ellis, Lena Horne, James Moody, y, hace tres días, el pianista Billy Taylor. De él, justamente, del hombre que creía que el piano reflejaba la historia entera del jazz, este video (con Thigpen, Lee Konitz en saxo alto y Warne Marsch en saxo tenor) como despedida del año.

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Una infidelidad fiel

WinterreiseEl último número de ADN incluye un comentario sobre las versiones que el tenor Mark Padmore y el pianista Paul Lewis grabaron para el sello Harmonia Mundi de Winterreise y Die schöne Mullerin, los dos grandes ciclos de canciones de Franz Schubert. Se mencina allí una particularidad sobre una decisión que Lewis toma en “Der Leiermann” (El organillero), última canción de Winterreise. Es posible que tal como está explicada, y sin partitura además, no resulte del todo clara: “Lewis integró una apoyatura como nota del acorde siguiente. Sin entrar en consideraciones técnicas, baste decir que esta decisión –en contra de lo que prescribe la partitura– introduce una disonancia impropia (el choque del re sostenido con el mi), aunque pertinente para nuestra época y de una desolación sin atenuantes, muy en línea con el carácter schubertiano”.

Tal vez convenga contrastar esa lectura con otra sin transgresiones. Basta prestar atención solamente al piano y confrontar, para darse una idea, los treinta primeros segundos de la versión de Dietrich Fischer-Diskau y Jörg Demus de 1966:

24 Winterreise, song cycle for voice & piano, D. 911 (Op. 89)- Book II, Der Leiermann (‘Druben hinterm Dorfe steht ein Leitermann’)

con la reciente (2009) de Padmore y Lewis:

24 Pista 24

Es la vieja pregunta por la interpretación: la licitud e ilicitud. Una vez, le hablé de esta versión a Fogwill (conocido devoto de los ciclos schubertianos) y me dio una explicación sensata: el piano trata de imitar el organito, pero el organillero está aterido, casi congelado; sería difícil que hiciera bien la apoyatura.

Suele pasar que para ser fiel en un orden superior hay que ser a veces, como Lewis, infiel en el detalle.

El cuadro que no suena

Bosch

Es evidente que, para algunos, la pipa del famoso cuadro La traición de las imágenes (“Esto no es un pipa”), de René Magritte, es realmente una pipa. Hace unos días, salió en The Guardian la noticia de que un grupo de investigadores de la Bate Collection de Oxford fabricó varios de los numerosos, extravagantes e imaginarios instrumentos que Hieronymus Bosch (1450-1516) pintó en el tríptico El jardín de las delicias, sobre todo en el tercer panel, el Infierno.

El equipo de musicólogos, luthiers y académicos trabajó durante meses para realizar réplicas exactas de los instrumentos pintados. Pero ahora, según la nota, se sienten decepcionados. El director del museo dijo que “suenan horriblemente”. De diez instrumentos, sólo dos (una flauta y un tambor) pueden ejecutarse razonablemente bien. En el caso del resto, “fue imposible hacerlos sonar o su sonido resultó horrible”.

Hay que agradecer, como se lee en la nota del Guardian, que los académicos de Oxford no intentaran volver reales otros objetos imaginarios (y quizás menos inofensivos) que carecían igualmente de modelo. Estos investigadores parecen extraños optimistas de la mimesis.