La nota blue

Ya se ha dicho casi todo sobre el sello de jazz Blue Note, empezando por esa idea –no por repetida menos cierta– de que no hay en todo su catálogo un solo disco débil. Las causas por las que el sello alcanzó semejante estatuto son diversas pero podrían simplificarse en cuatro factores que corresponden a cuatro nombres propios: la decisiones de Alfred Lion, el arte de tapa del diseñador Reid Miles, las fotos de Francis Wolff, cierta manera de grabar (y sobre todo de grabar el piano) del ingeniero Rudy van Gelder.

La fortaleza de Blue Note vuelve particularmente ardua la decisión de cuáles de sus discos editar y sin duda quienes decidieron en EMI lanzar ahora en Argentina 10 de esos registros habrán dudado bastante. Finalmente, optaron por los dos volúmenes de Miles Davis en el catálogo; Without a Song, disco póstumo de Freddie Hubbard; The Magnificent Thad Jones, de Thad Jones; Memorial Album, de Clifford Brown; Newk’s Time, de Sonny Rollins; Trompeta Toccata, del trompetista Kenny Dorham; Idle Moments, la obra maestra (junto con los registros que hizo con el organista Larry Young) del guitarrista Grant Green ; Adam’s Apple, de Wayne Shorter, que ya había tenido una edición local hace algunos años; y Free Form de otro trompetista, Donald Byrd.

Para ser honestos, mi elección habría tenido algunas diferencias (por ejemplo, la inclusión de Out to Lunch, de Eric Dolphy; de Conquistador, de Cecil Taylor, de cualquiera de Andrew Hill; o, en otro plan, de Search for the New Land, de Lee Morgan, o de Cool Struttin’ de Sonny Clark), pero eso no tiene la menor importancia. Entre los editados, me quedo con el del Dorham y el quinteto que completan Joe Henderson en saxo tenor, Tommy Flanagan en piano, Richard Davis en contrabajo y Albert Heath en batería. De ese disco, el tema “The Fox”:

04 The Fox

[En la foto superior se ve a Dolphy con Dorham en la sesión de grabación de Out to Lunch]

 

Valentina lo hizo de nuevo

Que Valentina Lisitsa es una pianista de un orden diferente a la mayoría de los demás, es algo que no puede escapársele a nadie que la haya escuchado en Buenos Aires. Pero eso no es todo. Ella es posiblemente la artista de música clásica que me jor aprovecha las nuevas (ya no tan nuevas) tecnologías. Está activísima en twitter y su canal de You Tube le dio una circulación sin precedentes.

Ayer, Lisitsa hizo su debut en el Royal Albert Hall de Londres en un concierto que se transmitió por streaming. Allí se permitió incluso, con ese inglés de  encantador acento eslavo que habla, especular sobre el resultado de un partido de fútbol entre Inglaterra y Ucrania, su patria. Hoy, ya puede verse, completo, ese concierto formidable. Aquí está (pueden saltearse los minutos de espera antes del inicio):

Stravinsky, un fan y un autógrafo

Pensaba escribir sobre Nelson Freire (lo haré en unos días), pero una entrevista reciente al compositor Elliott Carter, que tiene ya 103 años, me hizo cambiar de idea. Sólo alguien de su edad puede contar una anécdota como la siguiente. James Tarmy, el entrevistador, le pregunta cuál es su restaurante preferido. Carter responde:

“La Cote Basque, que por desgracia ya cerró. Llevé allí a Stravinsky y a su esposa. Nos sentamos a una mesa en el medio del salón. Hablábamos en francés. Un hombre se acercó y, en un francés muy bueno, preguntó: “¿Me daría el maestro un autógrafo?” Stravinsky respondió: “Por supuesto que no”. La esposa se esforzó mucho, le habló largamente en ruso y lo convenció, pero Stravinky se tomó una eternidad para estampar la firma. El hombre esperó y esperó mientras el salón entero miraba.

Finalmente, Stravinsky cumplió con lo prometido, el hombre agradeció y salió. Le pregunté a Stravinsky si sabía quién era ese hombre. “Naturalmente –respondió–. Lo veo siempre en televisión”.

El hombre era Frank Sinatra.

 

El misterioso Gould

En su libro Peripecias del no, Luis Chitarroni anota algo así como (cito de memoria): “Ahí viene otro con su Glenn Gould bajo el brazo”. La frase llamaba crítica y humorísticamente la atención sobre la fiebre por Gould que hubo hace unos cuantos años en Buenos Aires entre varios escritores argentinos, alentada también por la traducción al español de El malogrado, la novela de Thomas Bernhard (que también muchos llevaban bajo el brazo), cuyo protagonista era justamente el esquivo pianista canadiense. Bajo la apariencia del personaje, el hombre importaba más que el pianista. No es casual que Yehudi Menuhin, que tocó con él, lo definiera como “un ángel”. Este año se cumplirán tres décadas de la muerte de Gould y el misterio continúa. Su naturaleza elusiva lo sobrevivió. Seguir leyendo

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La voz de los ojos

Lo último que querría (aunque a veces no hay más remedio) es resignarme a la repetición. Todos saben ya que murió ayer el barítono Dietrich Fischer-Dieskau; además del obituario que publicó este mismo diario, pueden leer otros muy buenos en diarios, españoles, ingleses (con un interesante texto de Ian Bostridge) y alemanes (con una entrevista de hace poco al cantante), por citar solamente algunos.

Justamente en la entrevista con Die Zeit, Fischer-Dieskau recuerda especialmente, entre todas sus registros, que son más de cuatrocientas, el Viaje de invierno que grabó con Alfred Brendel. “Hay un Winterreise con Brendel que me parece muy hermoso”. En realidad hubo dos, uno en video y otro CD. Me gustaría deternerme en el primero, de 1979. Digamos antes que la tarea de ningún pianista era fácil cuando colaboraba con Fischer-Dieskau. Sviatoslav Richter, que tocó frecuentemente con él, anotó: “Su abordaje del texto es muy exigente… Uno debe seguirlo meticulosamente y eso no siempre es sencillo. Por su puesto, el resultado es magnífico, pero requiere un enorme trabajo”.

Pero lo interesante de la versión con Brendel (editada en DVD por TDK) no es sólo musical. La filmación, impecablemente iluminada, pone al desnudo como nunca la discreta actuación del barítono. Hay que ver en “Der Lindenbaum” (podría ser otro lied, pero elegí éste porque es uno de mis preferidos de Schubert y de cualquier otro compositor): los ojos de Fischer-Dieskau son el espejo de los cambios de carácter y de luz de la canción. Él hace de este lied también un drama de la mirada. Esto es algo que vale para casi todo lo que cantó. El milagro no es sólo la voz en su más físico sentido tímbrico; lo asombroso es cómo logra unir el estilo heroico con la más desarmante intimidad.

 

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Estados críticos

En el último número de la revista inglesa Gramophone, James McCarthy decidió exhumar algunas críticas de la publicación con un criterio muy claro: cuál había sido el juicio de los críticos de la revista acerca de los debuts de músicos cuyo arte suele ser celebrado ahora con unanimidad. Lo primero que hay que decir es que el gesto es valiente: ¿qué revista querría poner nuevamente en circulación sus viejos errores? Es verdad que hay aciertos, pero el acierto parece resultar siempre menos espectacular que el error. Lo segundo: que no todos son errores.

Veamos algunos ejemplos sorprendentes:

En 1967, se comentó la Séptima sinfonía de Beethoven con Claudio Abbado al frente de la Filarmónica de Viena: “Una decepción. Después de haber escuchado tantos elogios de este joven director, yo esperaba grandes cosas, pero para los estándares de Gramophone esta es una interpretación floja. El director debe aprender todavía cómo mantener el ritmo… No puedo imaginar nada menos parecido a “la apoteosis de la danza…”

Ligeramente más benigna, la crítica que se publicó en 1962 sobre Martha Argerich es también desconcertante: “No faltan pianistas con la técnica necesaria para abordar cualquier cosa, y ahora se suma otra más. Antes que nada, uno debería decir que Martha Argerich puede reclamar para sí que se la considere una especie de fenómeno incluso entre los virtuosos: su técnica es prodigiosa y tiene sólo 21 años. Cuando ella comprenda que existe más en un presto que mera velocidad… más en la música que eficacia. Estoy seguro de que será una gran pianista. No pretendo adoctrinarla, pero no puedo evitar la sensación de que es una pena que la calidez musical que se esconde detrás de sus intenciones quede asfixiada por la pura pretenciosidad de su interpretación”.

Eso para no hablar de lo que se publicó sobre Barenboim en 1956: “Daniel Barenboim es el pianista argentino-israelí de 12 años que apareció en las noticias últimamente, y yo puedo solamente esperar que no vuelva a aparecer por un buen tiempo. Su técnica es milagrosa y si pasara menos tiempo en giras de conciertos y más educándose a sí mismo en cuestiones musicales y no musicales, es difícil que no se convierta en uno de los grandes pianistas de estos días. No lo es aún, pero el hecho de que sepa 14 conciertos de memoria y estudie composición con Nadia Boulanger y dirección con Markevitch es un buen comienzo.” Como señala McCarthy, es raro que para el autor semejantes antecedentes en un músico de 12 años sean apenas “un buen comienzo”.

Más justa parece la crítica de la grabación de Glenn Gould de las Variaciones Goldberg: “Un debut interesante para el sello Columbia es el de Glenn Gould, un joven pianista canadiense que tocó las Variaciones Goldberg con algunas ideas originales que nunca sonaron excéntricas”. Y sobre todo ésta de 1951 de Dietrich Fischer-Dieskau, que tenía entonces 26 años, parece profética: “No hay duda de que si conserva sus recursos y se dedica, como hacen muchos artistas jóvenes y exitosos, a cantar todo en todas partes, Fischer-Dieskau está destinado a convertirse en el más refinado de los cantantes de lieder de nuestra época”.

Este tipo de prefiguraciones son posiblemente uno de los momentos más fascinantes de toda crítica.

[Por si alguien no lo reconoció, el de la foto es Daniel Barenboim, cuando era muy chico]

El primer disco argentino de jazz de 2012

Ignoro si Desde un jardín es el primer disco de jazz de este año hecho por un músico argentino. En todo caso, es el primero que yo escuché y es el segundo que el saxofonista Andrés Hayes publica en el sello Sofá Records. El anterior (con el dibenedettiano título de El silencionero) correspondía a un quinteto que completaban Patricio Carpossi (guitarra), Hernán Jacinto (piano), Jerónimo Carmona (contrabajo) y Pedro Ahets Etcheberry (batería). Aquí el grupo es el mismo, salvo porque sale Jacinto y entra Ernesto Jodos. En general, el carácter de Desde un jardín es quizás más sereno que el de El silenciero, como si tratara de otra cara.

Desde el ingenioso “Una nota sola” hasta el blues “El hueso de Sonny”, los temas (todos de Hayes, menos “Un camino en el sueño”, que firma Jodos) son simples y, tal vez por eso mismo, vehículos perfectos para los improvisadores. Todo (la sucesión de temas, las postas entre los solistas y los solos mismos) fluye con engañosa facilidad y certera felicidad. Para darse una idea de a qué me refiero, basta escuchar “Desde un jardín”, el tema que nombra todo el disco.

06 Pista 6

 

 

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De Celan a Bachmann: una lectura

Con el título de Tiempo del Corazón, se publicaron finalmente (la edición alemana es apenas de 2009) las cartas entre Ingeborg Bachmann y Paul Celan. Como se cuenta en la crítica publicada en ADN, la correspondencia entre los dos poetas se inicia, justamente, con un poema que Celan, en 1948, inscribe para ella en un libro de reproducciones de Matisse. Ese poema es “En Egipto”, y aquí se lo puede escuchar leído por el propio Celan.

 

In Ägypten – Paul Celan (HQ 192kb)

 

Esta es la traducción tal como está en la correspondencia publicada por el Fondo de Cultura Económica y, debajo, el original en alemán:

Le dirás al ojo de la extraña: ¡Sé el agua!

Las buscarás, en el ojo de la extraña, a las que sabes en el agua.

Las llamarás para que salgan del agua: ¡Ruth! ¡Noemí! ¡Miriam!

Las adornarás cuando duermas con la extraña.

Las adornarás con el pelo de nubes de la extraña.

Les dirás a Ruth, a Miriam y Noemí:

¡Miren, duermo con ella!

La adornarás más bella que a ninguna, a la extraña que tienes a tu lado.

La adornarás con el dolor por Ruth, por Miriam y Noemí.

 

Le dirás a la extraña:

¡Mira, dormí con ellas!

 

In Aegypten: Du sollst zum Aug der Fremden sagen: Sei das Wasser!/ Du sollst, die dui m Wasser weißt, im Aug der Fremden suchen./ Du sollst sie rufen aus dem Wasser: Ruth! Noemi! Mirjiam!/ Du sollst sie schmücken, wenn du bei der Fremden liegst./ Du sollst sie schmücken mit dem Wolkenhaar der Fremden./ Du sollst zu Ruth, zu Mirjiam und Noemi sagen:/ Seht, ich schlaf bei ihr!/ Du sollst die Fremde neben dir am schönsten schmücken./ Du sollst sie schmücken mit dem Schmerz um Ruth, um Mirjam un Noemi.// Du sollst zur Fremden sagen:/ Sieh, ich schlief bei diesen!

[En la foto de arriba, se ve, a la derecha, a Bachmann y Celan en un encuentro de 1952]

 

Maurice André, trompetista

Su muerte fue más imperceptible, silenciosa, de lo que suele serlo su instrumento. Hace dos días, a los 78 años, murió en Bayonne Maurice André, uno de los trompetistas más notables de esta época y quizás de cualquier otra. Grabó muchísimo, sobre todo para la filial francesa de EMI y tuvo un éxito inesperado (un millón de discos vendidos) con la grabación de Cuatro conciertos para trompeta (Vivaldi, Telemann, Leopold Mozart y Hummel) con Herbert von Karajan y la Filarmónica de Berlín. Según infirma la revista Gramophone la experiencia no fue sin embargo del todo buena. “¡Hizo la grabación en una única sesión! Era como un hombre de negocios. ¡Si hubiera trabajado en Renault, la empresa habría vendido diez veces más autos!

En el video de arriba, se lo puede escuchar en el primer movimiento del concierto de Hummel.

 

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San Valentín

Anamorfosi, de Salvatore Sciarrino, por Marc-André Hamelin: la transparencia, la liviandad y la persistencia del agua.

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