El otro Fígaro

Esta noche se estrenará en Argentina, con dirección musical de Riccardo Muti y puesta de Emilio Sagi, I due Figaro o sia Il soggetto di una commedia (algo así como Los dos Fígaros o el tema de una comedia) de Saverio Mercadante con libreto de Felice Romani. Seguir leyendo

Sin comentarios

De Celan a Bachmann: una lectura

Con el título de Tiempo del Corazón, se publicaron finalmente (la edición alemana es apenas de 2009) las cartas entre Ingeborg Bachmann y Paul Celan. Como se cuenta en la crítica publicada en ADN, la correspondencia entre los dos poetas se inicia, justamente, con un poema que Celan, en 1948, inscribe para ella en un libro de reproducciones de Matisse. Ese poema es “En Egipto”, y aquí se lo puede escuchar leído por el propio Celan.

 

In Ägypten – Paul Celan (HQ 192kb)

 

Esta es la traducción tal como está en la correspondencia publicada por el Fondo de Cultura Económica y, debajo, el original en alemán:

Le dirás al ojo de la extraña: ¡Sé el agua!

Las buscarás, en el ojo de la extraña, a las que sabes en el agua.

Las llamarás para que salgan del agua: ¡Ruth! ¡Noemí! ¡Miriam!

Las adornarás cuando duermas con la extraña.

Las adornarás con el pelo de nubes de la extraña.

Les dirás a Ruth, a Miriam y Noemí:

¡Miren, duermo con ella!

La adornarás más bella que a ninguna, a la extraña que tienes a tu lado.

La adornarás con el dolor por Ruth, por Miriam y Noemí.

 

Le dirás a la extraña:

¡Mira, dormí con ellas!

 

In Aegypten: Du sollst zum Aug der Fremden sagen: Sei das Wasser!/ Du sollst, die dui m Wasser weißt, im Aug der Fremden suchen./ Du sollst sie rufen aus dem Wasser: Ruth! Noemi! Mirjiam!/ Du sollst sie schmücken, wenn du bei der Fremden liegst./ Du sollst sie schmücken mit dem Wolkenhaar der Fremden./ Du sollst zu Ruth, zu Mirjiam und Noemi sagen:/ Seht, ich schlaf bei ihr!/ Du sollst die Fremde neben dir am schönsten schmücken./ Du sollst sie schmücken mit dem Schmerz um Ruth, um Mirjam un Noemi.// Du sollst zur Fremden sagen:/ Sieh, ich schlief bei diesen!

[En la foto de arriba, se ve, a la derecha, a Bachmann y Celan en un encuentro de 1952]

 

Pulso y género

Hace pocos días, el pianista Ethan Iverson posteó en su blog una entrevista de Benoît Delbecq al compositor György Ligeti cuyo tema es, centralmente, el jazz. La entrevista es breve, pero Ligeti dice mucho. Entre otras cosas, lo siguiente:

“El free jazz con el que [Ornette] Coleman está asociado, se desmarca de la idea de un pulso regular. No digo que esté mal: de hecho, yo escribí muchas piezas sin pulso, ¡y la corriente a la que pertenecíamos con Pierre Boulez era anti-pulso regular! Pero el jazz fue en sus inicios una música de marchas, luego de baile, que lentamente se abrió a la polirritmia, debido, en mi opinión, a la influencia de las tradiciones de América latina. El free jazz disolvió luego el pulso regular mediante la superposición de líneas melódicas independientes que tenían estructuras rítmicas independientes. ¿Sigue siendo jazz? Habla el lenguaje del jazz, pero el pulso que era específico del jazz ha desaparecido. Dicho esto, es una música maravillosa, aunque no es lo que yo prefiero.”

Benoît Delbecq menciona entonces al saxofonista inglés Evan Parker, emblema del free europeo.

Escuchemos la primera variación del Sankt Gerold (ECM), con el pianista Paul Bley y el contrabajista Barre Phillips, uno de mis discos preferidos, grabado incluso en un paisaje (el de la localidad austriaca –y su monasterio– que da título al CD y que puede verse en la foto de arriba) que nadie vincularía con el jazz.

01 Variation 1

No importa tanto responder si lo que tocan Parker, Bley y Phillips es o no es jazz (esa sería otra cuestión); lo que vuelve interesante al jazz es la pregunta misma (“¿Sigue siendo jazz?”); es decir, el imperativo de interrogarse continuamente por sus condiciones de existencia.

 

Sin comentarios

San Valentín

Anamorfosi, de Salvatore Sciarrino, por Marc-André Hamelin: la transparencia, la liviandad y la persistencia del agua.

Sin comentarios

Roussel: la novedad perpetua

A diferencia de otras, más pasajeras, la novedad de Raymond Roussel es permanente. Siempre inalcanzable, como una sombra. En el prólogo a la reciente reedición de la ¿novela? Locus Solus en Interzona (en una fantástica traducción de Marcelo Cohen), Enrique Vila-Matas cita a Marcel Duchamp: “En 1911, asistí con Picabia y Apollinaire en el Teatro Antoine a la representación de Impresiones de África, de Raymond Roussel. ¡Fue formidable! En escena había un maniquí y una serpiente que se movían muy poco, todo muy loco, muy insólito. Ese hombre fue un revolucionario: al nivel de un Rimbaud. Rompió con todo […] ¡Qué personaje sorprendente! Vivía encerrado en sí mismo, en su roulotte, con las persianas bajadas. ¡Tuvo una vida extraordinaria! Y, al final, ese suicidio…”

¡Ah! ¡Sorprender a Duchamp! Quién pudiera…

Al mismo tiempo que la reedición de Interzona, pero ultramar, el Museo Reina Sofía organiza estos días la muestra Locus Solus. Impresiones de Raymond Roussel. Estamos lejos, cierto, pero el video nos consuela un poco de la ausencia.

João Fernandes y François Piron sobre la exposición "Locus Solus. Impresiones de Raymond Roussel" from Museo Reina Sofía on Vimeo.

Sin comentarios

El jazz es…

¿Qué es? Nadie lo pudo decir nunca con exactitud, pero la pregunta acompaña al jazz casi desde sus inicios. Quizás no se la pueda responder nunca del todo; su formulación, sin embargo, y la tentativa de encontrar aquello que le es completamente propio y que define al género son aproximaciones que nos obligan a pensar el jazz una y otra vez.

La San Francisco Jazz Organization (SF Jazz) tiene en curso un archivo justamente con esa única cuestión: “What is jazz to you?”. Las respuestas de todas las épocas (ahí está la inaugural de Louis Armstrong: “Si lo pregunta, nunca lo sabrá”) se acumulan, y los lectores pueden colaborar con las suyas. Además, se agrega una serie de videos. Naturalmente, no todas las respuestas están filmadas, pero sí la de McCoy Tyner, que puede verse arriba.

 

Defensa del idioma

Nada más actual que las revistas viejas. Cuando son buenas, tienen siempre esa permamente actualidad de lo anacrónico. Es lo que pasa, en general, con Literal, ContornoLos Libros, recién reeditada facsimilarmente. Pero más que con ninguna otra pasa, quizás debido a su larguísima historia, con Sur. Curiosamente, las sorpresas no suelen estar en las notas principales de cada número sino más bien en las últimas páginas, en las reseñas y en las “crónicas”.

Hace unos días me topé por ejemplo con este texto breve de Victoria Ocampo, publicado en el número 314 (septiembre-octubre de 1968):

DEFENSA DEL IDIOMA

“Bajo este título, leo en un matutino una justificada crítica acerca del pésimo uso del idioma que se hace en los relatos de matches de fútbol (y aquí me detengo para preguntar por qué se conserva la “t” de matches y se cambia la ortografía de football). De acuerdo sobre “sobre”.

Debajo de esta nota leo otra titulada: “No abusemos de lo escabroso”. Esta vez me sorprende la elección del adjetivo escabroso para calificar la muy moderna encuenta (Kinsey report) del Canal 13 sobre la capacidad genética y posibilidades amatorias del magnate Onassis. Me parece que se trata de un hecho fisiológico que no requiere ningún calificativo de orden moral. En cambio, la indagación (como ésta) de un hecho de la vida privada de un ciudadano (por Onassis que sea) sí merece calificativo: intolerable.

Si defendemos el idioma, defendámoslo no sólo criticando a los relatores de maches de football: las exquisiteces o propiedades del lenguaje le importan un bledo al público al que se dirigen. Más alarmante es llamar con regularidad “audaz” al asaltante cobarde que ataca, bien armado, a pacíficos e inermes empleados o clientes de un Banco (por Banco que sea).

Si mañana se le ocurriera a un Canal de televisión interrogar a un otorrinolaringólogo sobre el último examen de audiometría al que se sometió el multimillonario X., nadie calificaría la cosa de escabrosa. Pero todos estaríamos conformes en que eso es meterse en lo que a nadie (más que al interesado) le importa. Por más oro que tenga Onassis, no existe razón para vengarse así de una riqueza que, dicho sea de paso, no merece mi admiración ni mi envidia.

Admiración despierta en mí el jugador de football que sabe ganarse con los pies lo que en la vida entera ganaremos, la mayoría de los escritores, con nuestra cabeza. Y envidia, sí envidia, siento cuando Pachamé le da un “golpe en el rostro” al zaguero local. O cuando Aguirre Suárez le pega un codazo en plena cara al adversario molesto. Se los expulsa de la cancha. Ya sé. Pero es un castigo pasajero.

En los partidos de “headball” (perdóneseme el mal chiste) que se juegan en otras canchas, nos quedamos con las ganas de proceder en esa forma contundente. Ha de ser muy satisfactoria. Y a lo mejor ni nos expulsarían de la S.A.D.E.”

(La foto de arriba, de 1969, es la del equipo de Estudiantes de La Plata que integraba Carlos Pachamé. Prometo para más adelante otro texto de Ocampo, tal vez más extenso y punzante).

 

Sin comentarios

Viene Masada, pero el que importa es Baron

A veces, cuando uno va a ver a un grupo de jazz, lo hace no tanto por el músico que le da nombre a ese grupo sino por quienes lo acompañan. Por ejemplo, no pude el año pasado ir al concierto del Dave Holland Quartet pero, de haber podido, lo habría hecho, más que por el contrabajista, para escuchar a Jason Moran, el pianista.

Se anunció ahora que, el 15 de marzo de 2012, tocará Masada, el grupo del saxofonista John Zorn. Todos los miembros del cuarteto son formidables: el trompetista Dave Douglas, el contrabajista Greg Cohen y el baterista Joey Baron, pero, una vez más, el motivo para ver Masada es Baron (incidentalmente, tiene una relación particular con Buenos Aires: su mujer, la percusionista Robyn Schulkowsky es una invitada frecuente al Ciclo de Música Contemporánea del Teatro San Martín). ¿Qué por qué Baron? La respuesta está en el video de hace poco más de una década.

El crítico de jazz ideal, según un músico de jazz

f

El Boston Jazz Blog organizó una encuesta con una pregunta engañosa: “¿Deben los críticos de jazz saber tocar jazz?”. Lo engañoso de la encuesta es que aquello que deberían saber hacer competentemente los críticos de jazz es justamente crítica de jazz. En cualquier caso, respondieron varios músicos, entre ellos Dave Liebman, Marcus Roberts y Joe Lovano. La respuesta más interesante la dio sin embargo el pianista Vijay Iyer. Él desplegó las virtudes del crítico de jazz en cinco puntos que resumo a continuación:

1) Buenos (dice “great”) escritores. Si tengo que leer, quiero sentir una chispa de expresión: una voz personal, pasión por las ideas, imaginación con el lenguaje.

2) Amar la música. La mayoría de la gente ama la música, pero no la mayoría de los críticos. Si se dejó de amar la música, hay que dejar de escribir públicamente acerca de ella.

3) Ser estudiantes perpetuos. Hay que seguir estudiando: acerca de la historia de la música, de sus movimientos internos, de las fuerzas económicas y sociales que la conforman, de su lugar en el mundo…

4) Diversidad

5) Modestia. Nadie tiene todas las respuestas.

Ah, y si no conoce a Iyer, pueden ver el video de arriba.

 

Sin comentarios

Anne-Sophie Mutter con David Letterman

El viernes pasado, en el show televisivo de David Letterman, la violinista Anne-Sophie Mutter volvió a encontrarse con el pianista André Previn, su ex marido. Juntos tocaron una versión para violín y piano de “It Ain’t Necessarily So”, la canción tomada de Porgy and Bess, que es también un standard de jazz. Todo era parte de la promoción de una colección de CDs dedicada a conmemorar los 35 años de carrera de Mutter. Por lo que le pasa a Letterman al final del video, la caja de discos (puede verse en el video a continuación) no parece del todo cómoda.

Sin comentarios