El arte de la melodía: Jodos y “Light Blue”

 

Hace unos años, en un artículo que nunca se publicó, escribí que el pianista Ernesto Jodos había dejado, ya en sus primeras composiciones, algunos de los ostinati más productivos del jazz, e incluso había sacado singular provecho de otros encontrados en lugares imprevistos, como la parte para la mano izquierda de la segunda de las piezas para piano opus 11 de Arnold Schönberg. El ostinato podría ser una variedad de lo que en retórica se llama captatio benevolentiae, o bien la estrategia de un encantador de serpientes. Los ostinati de Jodos son tan lúcidos, tan intrincados, que parecen negarse a sí mismos: los placeres del ostinato son inseparables de la continua amenaza de disolución que pesa sobre sus contornos. Así entendido, el ostinato es una reflexión sobre la línea melódica, sobre su consumación y su defección.

Si lo menciono ahora es porque puede servir para empezar a escuchar Light Blue, su nuevo CD en trío (con Jerónimo Carmona y batería y Pepi Taveira en contrabajo) recién editado por el sello Rivo Records. Lo primero que aparecen son las diferencias. En principio, los temas son todos standards, aunque standards (aun en el sentido ampliado de esta palabra) muy poco manoseados. Pensemos solamente en “Fire Waltz” de Mal Waldron, en “Dewey Square” de Charlie Parker o en “Step Tempest” de Herbie Nichols. Aquí no hay ostinati, pero la preocupación por la linea persiste. El asunto no es ahora cómo devanar un ovillo sino qué hacer con el despliegue del hilo en el tiempo. Aunque suelen rondar lo cuatro minutos, no podría decirse que lo temas sean breves; Jodos los hace durar exactamente lo que demanda el material con el que trabaja. Es lo que pasa, por ejemplo, en “Dewey Square”, que puede escucharse debajo.

En las posibilidades de movimiento de la línea está cifrado también el movimiento de una inteligencia musical.

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