Anteayer, se estrenó, en el Covent Garden de Londres, Anna Nicole, la ópera en dos actos del compositor inglés Mark-Anthony Turnage basada en la vida (malograda, trágica) de la bellísima modelo Anna Nicole Smith, estrella de Playboy, casada con un hombre 63 años mayor que ella y muerta por causas oscuras en 2007. Con el horizonte de la biopic, parece nacer la bioópera, género que podría encontrar ya un antecedente en Nixon in China (1987), de John Adams.
El papel de Anna Nicole fue interpretado por Eva-Maria Westbroek, y la dirección musical estuvo a cargo de Antonio Pappano. No hay todavía videos disponibles, pero Anne Midgette, del Washington Post, nos resume en su blog las primeras impresiones críticas, que, aunque no fueron unánimes, mostraron cierto consenso favorable. El más fervoroso fue Anthony Tommasini, del New York Times, que observó que Anna Nicole era ahora una “inesperada reina de la lírica”. En cambio, más intransigente, para Andrew Clements, de The Guardian, la “partitura fue esclava del libreto” y, en realidad, no habría aquí “ópera alguna”.
La obra, inesperado encargo de la Royal Opera House, incluye en escena un trío de jazz con Peter Erskine, John Parricelli y John Paul Jones. Más interesante que la recepción crítica me parece, en este caso, el hecho de que Turnage vuelva a retomar el problema de la mutua articulación entre lenguaje y asunto, entre música y trama.