Es evidente que, para algunos, la pipa del famoso cuadro La traición de las imágenes (“Esto no es un pipa”), de René Magritte, es realmente una pipa. Hace unos días, salió en The Guardian la noticia de que un grupo de investigadores de la Bate Collection de Oxford fabricó varios de los numerosos, extravagantes e imaginarios instrumentos que Hieronymus Bosch (1450-1516) pintó en el tríptico El jardín de las delicias, sobre todo en el tercer panel, el Infierno.
El equipo de musicólogos, luthiers y académicos trabajó durante meses para realizar réplicas exactas de los instrumentos pintados. Pero ahora, según la nota, se sienten decepcionados. El director del museo dijo que “suenan horriblemente”. De diez instrumentos, sólo dos (una flauta y un tambor) pueden ejecutarse razonablemente bien. En el caso del resto, “fue imposible hacerlos sonar o su sonido resultó horrible”.
Hay que agradecer, como se lee en la nota del Guardian, que los académicos de Oxford no intentaran volver reales otros objetos imaginarios (y quizás menos inofensivos) que carecían igualmente de modelo. Estos investigadores parecen extraños optimistas de la mimesis.



