La vuelta a los orígenes

Una caja negra, pequeña o más grande, improvisada o bien diseñada, de cartón, metal o madera. Seguro, con un agujero para que pase la luz. Allí adentro se aloja una película o papel sensible. Y no mucho más. Una cámara estenopeica no tiene demasiados secretos, pero le sobran encantos. Empezando porque su origen artesanal hace que no haya dos iguales: cada fotógrafo construye la propia, con un sencillo paquete de fósforos o un sofisticado contenedor, y entonces más que una herramienta pasa a ser un objeto afectivo y personal. Luego está esa suerte de magia que produce en propios y ajenos el hecho que, sin mediar lentes ni mecanismos, con lo mínimo, la imagen pueda ser capturada…

Miguel Acevedo Riu (reportero gráfico de La Nación) es un cultor de la fotografía estenopeica (pinhole, en inglés; olho de agulha, en portugués). Está fascinado con el control de la luz y la impresión en el registro sin ópticas. Con este estilo primitivo, en el que aparece como una verdad absoluta aquello de que cada instante es único, retrató a la comunidad aborigen Mbyá –un pueblo Guaraní, en Misiones. Para eso, durante seis años hizo más viajes a Puerto Iguazú que a ningún otro lugar del mundo en su vida. Por tierra y en avión, en verano e invierno, por motivación personal y con producción propia, Miguel hizo pie en la tierra colorada cientos de días. Y allí, con pasional vocación y una voluntad de hierro, compartió y capturó alegrías, tristezas, esperanzas y desilusiones. Del registro de aquellas vivencias, esos recuerdos, se compone hoy –lazos afectivos mediante– un valioso material documental que en Imagen en movimiento “colgamos” por primera vez, a modo de avant premiere online de una gran muestra que esperamos ver pronto en soporte físico, en una galería.

La cámara estenopeica de Miguel Acevedo Riu: Chaiko II

 

 

Postales del Riachuelo

Miguel Acevedo Riu, fotógrafo de La Nación, nos acerca algunas de las fotografías tomadas durante sus “excursiones” al Riachuelo, que tiene música original de Ariel Romero. Miguel define estas postales como “imágenes con añoranza”, como una manera, quizás, de intentar cambiar el curso a ese paisaje contaminado.

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