Los niños mineros


Fotos de Axel Indik

En la fotografía documental hay, por lo menos, dos maneras diferentes de encarar un ensayo. Por un lado están los fotógrafos que cuentan algún tipo de historia de manera pasiva, con el objetivo de dar a conocer un tema manteniendo distancia –y en cierto sentido objetividad–. En este caso se trata de dar testimonio a través de la lente de la cámara pero sin involucrarse personalmente en la problemática, de ser un medio entre el espectador y el objeto retratado.

Por otro lado, están los que toman partido e intentan modificar la realidad de acuerdo a sus convicciones.  En el caso de la fotografía, como en todos los géneros de la comunicación, se trata de provocar en los espectadores un cambio movilizador. Las opciones son muchas, algunas más eficaces que otras. Exposiciones, proyecciones, libros, publicaciones en la Web, etc.

Aquí, les propongo que vean un caso en el que el fotógrafo argentino Axel Indik intenta provocar un cambio por medio de sus fotografías sobre el trabajo infantil en las minas de Potosí, Bolivia. Como medio para financiar su expedición y, además, involucrar a espectadores desde antes de realizar su ensayo, optó por el crowdfunding, fenómeno al que ya le dedicamos un espacio en este blog. Entonces habíamos explicado que funciona como nexo entre fotoperiodistas (o creadores de otras disciplinas) y patrocinadores. Alguien expone su proyecto, lo publicita y lo presupuesta en una plataforma de Internet. En un plazo determinado, recibe dinero de los usuarios interesados en participar como financistas. A cambio, estos socios virtuales reciben algún tipo de recompensa exclusiva que, en el caso de la fotografía, van desde copias originales y libros autografiados hasta menciones en muestras.

Axel Indik logró que emphas.is, una de las plataformas de crowdfunding más reconocidas, se interesara en su proyecto y lo publicara en su sitio. Este es el video en el que busca apoyo para concretar su trabajo.

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Fotoperiodismo 2.0: dinero fácil para ideas libres

¿Qué pasaría si un fotoperiodista pudiera realizar su trabajo sin depender de los medios tradicionales y conservando por completo los derechos de su obra? ¿Y cómo sería si además pudiera dedicarle a su proyecto todo el tiempo que considerara necesario, valiéndose para eso del voluntario apoyo económico de un grupo de mecenas? Este escenario que para muchos podría parecer una utopía ya es realidad y se trata del más reciente de los cambios que atravesaron al fotoperiodismo durante la última década. Se originó en las redes sociales y, quizás, en la crisis económica que afecta a medios y empresas. Tiene que  ver con quién financia los trabajos, para qué se hacen y dónde se publican.

El nuevo fenómeno se llama crowdfunding y funciona como nexo entre fotoperiodistas (o creadores de otras disciplinas) y patrocinadores. Alguien expone su proyecto, lo publicita y lo presupuesta en una plataforma de Internet. En un plazo determinado, recibe dinero de los usuarios interesados en participar como financistas. A cambio, estos socios virtuales reciben algún tipo de recompensa exclusiva que, en el caso de la fotografía, van desde copias originales y libros autografiados hasta menciones en muestras.

Es probable que el fotoperiodismo, lejos de desaparecer, esté atravesando una metamorfosis que va a redefinir las características de un reportero gráfico. Se trata de una transición que tiene diferentes aristas y cada una requiere una reflexión diferente.

Hay cambios que venimos observando, de manera paulatina. Unos tienen que ver con la digitalización de la fotografía, lo que ha producido una aceleración de las etapas de producción y publicación de los contenidos. Otros tienen que ver con la introducción (o no) de nuevas tecnologías. El uso del video, el audio y la realización de piezas multimedia incorporan nuevas funciones al fotoperiodista.

También en este contexto es importante la expansión de Internet, un espacio para publicar y promocionar trabajos más allá de los medios masivos de comunicación. Pero está a la vista que esto no es exclusivo de fotógrafos, ya que una gran población de usuarios sube sus propias imágenes y las comparte online. El público no sólo consume; produce contenidos y los publica en la Red. Y desde que esto es así, los profesionales de la imagen deben (o debieran) ofrecer un producto claramente superior al de los aficionados –por la técnica, el contenido, la metodología con la que abordan los temas y la rigurosidad periodística–.

Volviendo al crowdfunding , esta novedad nació en los Estados Unidos y se ha expandido a otros países como España, que ya cuenta con dos sitios. Mientras la modalidad gana adeptos, en su blog, el reconocido fotógrafo Vincent Laforet se pregunta si en esta forma de financiamiento está el futuro del fotoperiodismo.

Algunas de las plataformas más conocidas: