De archivo: moda argentina de 1928

 

Historia de primera mano. En el archivo del diario La Nación tenemos material sobre la moda argentina de otras décadas que tengo intenciones -y muchas ganas- de compartir con ustedes.  El otro día me sorprendió Pablo De Rosa, a cargo del archivo, con dos joyitas: páginas de la sección Notas femeninas de noviembre de 1928. Me encanta como están escritas, mirando a París, claramente, con mucha frescura y una mirada crítica. Era el período de entreguerras, muy poco antes de la Gran Depresión, la gran recesión económica mundial, por el crack de la bolsa de Wall Street en octubre de 1929. En esa época, para contextualizar bien el material, en la Argentina asumía su segunda presidencia Hipólito Yrigoyen. Y en el momento del pase de mando, Marcelo T. de Alvear inauguraba el imponente Palacio de Correos, hace poco convertido en centro cultural.

Las mujeres se habían liberado del corset y la falda se acortaba, aunque nunca por arriba de la rodilla. Las prendas comenzaban a acompañar las líneas del cuerpo y muy de a poco, dejaban de ser rectas. Sin embargo, si se observa la publicidad de las fajas Marvel todavía faltaba para eso. Dice: “la exigencia de la mujer contemporánea exige una silueta recta”. En esa época se hablaba de los diseños de la italiana Elsa Schiaparelli, quien acompañó con sus diseños los movimientos artísticos de la época, especialmente el surrealismo y llegó a ser tan conocida como Salvador Dalí. Diseñó el vestido langosta, el zapato sombrero… Con ella, la moda pasaba a ser tratada como un arte.  En esa década reinaba Coco Chanel, que ya había simplificado todo el guardarropas femenino y había lanzado su perfume Nº5.

Una de las páginas está dedica al traje de baño. ¡Son todos figurines! A la izquierda, se describe en un epígrafe una capa de Schiaparelli. Y un tal Monsieur de Boismillon aseguraba que los modistos habían impuesto modelos de perfecta sencillez para el traje de baño. “La tela más empleada es el tricot de lana. Se puede ser muy elegante sin excentricidades ni exageraciones”.

Me fascina el recuadro que alerta “No exageremos la elegancia”. Si bien quien escribía se alegraba de que regresaran los toques femeninos en las prendas, con volados y drapeados, temía que esas “vaporosas fluideces” se convirtieran en cargazones de mal gusto. ¡Bien lo consejos! Los bocetos de abajo, se puede observar que continúan marcando el talle a la cadera, herencia de los años locos y el charleston.

En la otra página, súper interesantes las apreciaciones de Eva A. Tingey. La nota está datada en París, un mes antes de la publicación. Se esmeraba en los detalles y comentarios mirando con lupa a las señoras aristocráticas de la Ciudad Luz, a quienes tildaba de demasiado serias con trajes que no descollaban por su elegancia. Muero por ver una foto de Tingey (ya averiguaré quién era). Anunciaba que la chaqueta adquiría el corte de chaleco o smoking masculino. En jersey para la mañana y en lamé broché para la noche y hasta en encaje dorado (así la mujer continuaba adaptando a su gusto las prendas de los hombres para hacer la vida más práctica, pero todavía de pantalones ni hablar) En esa temporada, Chanel hacía los cardigans más largos y el tailleur tipo sport venía con falda cruzada. Miren los figurines de espalda, en menor escala. Un primor.

Abajo, los dibujos de los tapados de verano se los ve bastante entallados. También proponían versiones para la playa. Qué incomodidad ¿verdad?

Madame Jenny no se quedaba atrás y daba consejos de maquillaje. Debajo de las joyas con el traje negro, también de Jenny, daba la receta del Parfait au café praliné. Todo muy francés.

  • PABLO

    Gabriela, la nota quedó estupenda. Un buen aporte para nuestra cultura.
    ¡Felicitaciones!

  • Marianitamza

    Muy buena nota, me encantó. Excelente!!