De aros pesados y vuelos en plataformas

Confieso que soy un tanto acumuladora de objetos. Por esta cuestión nostálgica, conservo la cajita musical que le pedía a mi nona (la modista que les mencioné alguna vez) cada vez que iba de visita, para oír su música. Todavía recuerdo en qué lugar del placard la guardaba, aunque no el día en que me la regaló. Si uno pudiera forzar los recuerdos… Dentro de esa caja guardo en la parte superior los aros que hago en mi tiempo libre, y debajo del cajoncito, resiste el paso del tiempo un preciado tesoro que me niego a tirar: mis aros de principios de los 90.

Por alguna razón deben estar ahí. Me siguen gustando, aunque desde esos años nunca más volví a usarlos. Me recuerdan mis primeros años en la universidad, las emocionantes salidas de los sábados por la noche, los boliches de moda, las vacaciones en la costa… Anoche los saqué de la caja, mientras sonaba la empalagosa melodía de la caja, y me los probé. Todos eran metálicos, con alguna piedra brillante o negra, que se agarran con clip. Mientras me miraba en el espejo, me llamaba la atención lo grandes y pesados que eran. No había pasado 1 minuto desde que los tenía puestos que los lóbulos de mis orejas empezaron a recalentarse y a ponerse colorados. Sentí molestias. Como si me estuviesen tironeando de las orejas. De verdad, una sensación insoportable. Uf. Me los saqué al instante. ¿Cómo hice en esos tiempos para llevar esas prensas que me reventaban las orejas? ¿estaba acostumbrada y no lo sentía? O simplemente, salíamos a la calle torturadas. Hablo en plural porque estaban muy de moda. Me imagino saliendo de casa con la incomodidad de los tacos altos y las orejas latiendo al rojo vivo. Qué desconsiderada conmigo. Seguir leyendo

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Con F de Ferroni y de fanática de los zapatos

Después de visitar a Mariana Cortés y a los creadores de Kostûme, quise que mi siguiente entrevistado fuese un zapatero. No sé si lo dije, pero tengo una obsesión por los zapatos. Una obsesión que felizmente puedo controlar, porque si fuese un deseo sin reprimir, tendría la tarjeta en rojo y mi placard abarrotado. Algo a mi favor es que no aguanto los stilettos, ningún taco aguja, por lo que se achica mi blanco en las vidrieras. Desde hace tiempo que tenía ganas de conocer personalmente a Josefina Ferroni, una diseñadora que arrancó en 2001 con esta movida autoral, con mucho estilo. Fui a su local de la calle Armenia al 1600, donde están sus oficinas. Me recibió con simpatía. Ella es de bajo perfil, da notas, pero no es de figurar en eventos y esas cosas. Al salir del local, me llevó hasta el primer piso, donde trabaja con su equipo, rodeada de luz y el verde de enredaderas. Se respira a Palermo de otros tiempos. Tiene el fondo de una casa.

Le pregunto por sus inicios. Venía del mundo de la publicidad. Tenía ganas de armar algo propio y era y sigue siendo, fanática de los zapatos. Así que se animó. Golpeó las puertas a los fabricantes de Perugia, y les encargó la producción sus diseños.Tenía unos 15 dibujos. Así empezó. Hoy tiene su fábrica y su propia historia, que se cimienta sobre tres pilares: confección totalmente a mano, calidad y comodidad.

-Te va muy bien con el segmento novias

- Sì. Me encanta. La gente se casa una o dos veces en la vida. La novia viene con la mamá o una amiga. Es un momento muy alegre.

- ¿Qué destacan de tus zapatos? ¿Cuál es la primera impresión?

- Lo primero que dicen es … uy, qué cómodos. Es que tengo modelos bajos, desde chatos, pasando por tacos de 4,5 cm; 7,5 cm, hasta 9,5 y 11 cm. El más vendido es el modelo Cata, porque lleva taco y plataforma, la sandalia no es muy abierta. Y eso es importante porque en la fiesta a la novia la revolean, tal vez tiene que subir una escalera, el papá es grande y no se puede apoyar en él cuando camina. Un montón de factores que son tomados en cuenta. Por otro lado, también tomo encargos de hacer cualquier zapato de mi marca, en versión novia. Seguir leyendo

Kostüme detesta el uso de celebrities en primera fila

Por primera vez visito el “búnker” de Colegiales de Camila Milessi y Emiliano Blanco, los Kostüme. Me abren la puerta y llega corriendo Pelé, el malcriado perro negro con barba blanca de la pareja, que ya me había espíado debajo de la mesa una calurosa tarde dominical en el moderno Birkin Coffee, uno de los tantos bares de la calle República Arabe de Siria. No sabía que ibamos a volver a encontrarnos con Pelé. Camila me saluda y me lleva a recorrer varios sectores de este taller y showroom que surte a los locales, que tiene sus oficinas y donde se respira un clima bastante familiar. ¿Trabajas con el perro?, le pregunto. “Sí, de a poco, lo fui instalando”, me responde con tono de batalla ganada.

La colección de invierno, la #29AW15 está empezando a copar los percheros. Abrigos de paño con construcción geométrica, vestidos sporty al cuerpo, de neoprene, inspirados en la ropa de esquí de los años 60; suéteres extra largos; cuero de cabra lavado, mucha texturas como un buzo escamado (foto). Y toques de amarillo, que todavía convive del verano. Está todo mezclado. Epoca de recambio.

Al rato llega Emiliano. El perro corre y se roba una muestra de tela. Logran sacársela de entre los dientes. Y nos sentamos a tomar un café. Seguir leyendo

Juana de Arco viaja al campo

La diseñadora envuelta en su trama

 Mariana Cortés, la creadora de Juana de Arco, es una de las diseñadoras más creativas y talentosas de la Argentina. Sus diseños se venden en Tokio, donde tiene tiendas, y también se comercializan en Alemania y Estados Unidos.

Me recibe al mediodía en su estudio, por Palermo Hollywood. Lleva el pelo corto, más claro que de costumbre y un vestido blanco, largo, con pequeños rombos que estallan de color. Claro, Mariana lleva el color en su ADN. Seguir leyendo