De archivo: Elsa Serrano y el glamour de los 80 y 90

Si hablamos de la moda argentina en los 80 y 90, resuena un nombre y apellido: el de Elsa Serrano. En una de mis visitas al Archivo del diario La Nación, pedí por su carpeta, y les aseguro que explota de fotos y textos de sus desfiles, que eran puro glamour. Mega eventos ineludibles del calendario de la moda. Me quedó claro lo que significó ella en esas décadas y merece darle un gran espacio a su moda. Esto va dedicado a ella, que sigue trabajando como siempre.

En primer lugar y para destacar, uno de los recortes de archivo que más me llamó la atención fue cuando fue elegida como diseñadora de la primera dama María Lorenza Barreneche, entre 1983 y 1989, la mujer de Alfonsín. Ella fue quien se ocupó de vestir a esta mujer caracterizada por la discreción. Elsa posaba feliz en su casa, con su tres hijas. Recordé este dato en realidad. Elsa me lo contó cuando la conocí, cuando todavía tenía su showroom de 300 m2, sobre la avenida Callao. Me había dicho que siempre fue asociada al menemismo y que pocos sabían que había vestido a la mujer de Alfonsín.

Conocía a Elsa una tarde por una nota que tenía que hacer para el suplemento Moda & Belleza, en el que escribía. Me pareció divertidísima, fresca, espontánea, tana hasta la médula, con la coincidencia de que ella es oriunda del mismo pueblo que mis padres: Corigliano Calabro. Al compartirles esta coincidencia a ella y a su hermana Elmora, pegaron toda la onda conmigo. Y yo con ellas… Me preguntaban sobre comidas, postres típicos… Me sentí tan familiarizada con ambas, que de pronto, sentí que podían ser como mis tías. Hasta aceptaron venir a comer pastas caseras en casa, amasadas por mi mamá. Fue una noche inolvidable. Quienes la conocen personalmente, detrás de esa mujer elegante, impecable de pies a cabeza, hay una modista súper trabajadora. Lleva la marca de la tijera en su mano, de tanto cortar. Algo pocas veces visto en diseñadores de su talla.

Viajemos al pasado. ¿Cómo eran los desfiles de Elsa? Todo está registrado en imágenes y las coberturas periodísticas realizadas por la sección del diario Temas Cotidianos. En esa sección pasaron las plumas de Sara Braceras, periodista que se desempeño por más de 37 años en este diario, Susana Pereyra Iraola, junto con Alicia de Arteaga, Leda Orellano, Virginia Garbarini y Carmen Acevedo Díaz. Y muchas de las fotos que van a ver fueron tomadas por Carlos Fraga.

Braceras detallaba puntillosamente los géneros y recursos de las prendas de la colección 87/88 que Serrano presentó en el Sheraton. Había 147 vestidos en escena, que se traducían en 45 minutos de desfiles. Impresionante despliegue de modelos. Hoy duran 20 minutos. La periodista detallaba: “Serrano ha puesto corazón y talento en esta muestra que engloba una variedad de estilos inspirados en las décadas del 40 y 50. En la colección se destaca el sentido de la estética, las excelentes hechuras, la frescura del colorido (con predominio de los tonos pastel) y la riqueza de las sedas italianas, sin desmerecer los linos argentinos”.Y también decía: “La italiana presentaba vestidos strapless con volados, o más netos, ajustados a rayas; sus piyama palazzos de crêpe y satén, enterizo o usado con top y chaqueta suelta. Y suntuosos vestidos de noche”.

Un sofisticado diseño de 1990.

Una joven Mariana Arias con un look de 1988

Roberto Giordano peinaba en sus desfiles. Desfilaban la bellísima Carmen Yazalde, una jovencísima Mariana Arias, Mora Furtado, Teresa Garbesi. Y en primera fila, solían estar Susana Giménez, Graciela Alfano, Graciela Borges. Seguir leyendo

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De archivo: moda argentina de 1928

Historia de primera mano. En el archivo del diario La Nación tenemos material sobre la moda argentina de otras décadas que tengo intenciones -y muchas ganas- de compartir con ustedes.  El otro día me sorprendió Pablo De Rosa, a cargo del archivo, con dos joyitas: páginas de la sección Notas femeninas de noviembre de 1928. Me encanta como están escritas, mirando a París, claramente, con mucha frescura y una mirada crítica. Era el período de entreguerras, muy poco antes de la Gran Depresión, la gran recesión económica mundial, por el crack de la bolsa de Wall Street en octubre de 1929. En esa época, para contextualizar bien el material, en la Argentina asumía su segunda presidencia Hipólito Yrigoyen. Y en el momento del pase de mando, Marcelo T. de Alvear inauguraba el imponente Palacio de Correos, hace poco convertido en centro cultural.

Las mujeres se habían liberado del corset y la falda se acortaba, aunque nunca por arriba de la rodilla. Las prendas comenzaban a acompañar las líneas del cuerpo y muy de a poco, dejaban de ser rectas. Sin embargo, si se observa la publicidad de las fajas Marvel todavía faltaba para eso. Dice: “la exigencia de la mujer contemporánea exige una silueta recta”. En esa época se hablaba de los diseños de la italiana Elsa Schiaparelli, quien acompañó con sus diseños los movimientos artísticos de la época, especialmente el surrealismo y llegó a ser tan conocida como Salvador Dalí. Diseñó el vestido langosta, el zapato sombrero… Con ella, la moda pasaba a ser tratada como un arte.  En esa década reinaba Coco Chanel, que ya había simplificado todo el guardarropas femenino y había lanzado su perfume Nº5.

Una de las páginas está dedica al traje de baño. ¡Son todos figurines! A la izquierda, se describe en un epígrafe una capa de Schiaparelli. Y un tal Monsieur de Boismillon aseguraba que los modistos habían impuesto modelos de perfecta sencillez para el traje de baño. “La tela más empleada es el tricot de lana. Se puede ser muy elegante sin excentricidades ni exageraciones”.

Me fascina el recuadro que alerta “No exageremos la elegancia”. Si bien quien escribía se alegraba de que regresaran los toques femeninos en las prendas, con volados y drapeados, temía que esas “vaporosas fluideces” se convirtieran en cargazones de mal gusto. ¡Bien lo consejos! Los bocetos de abajo, se puede observar que continúan marcando el talle a la cadera, herencia de los años locos y el charleston.

En la otra página, súper interesantes las apreciaciones de Eva A. Tingey. La nota está datada en París, un mes antes de la publicación. Se esmeraba en los detalles y comentarios mirando con lupa a las señoras aristocráticas de la Ciudad Luz, a quienes tildaba de demasiado serias con trajes que no descollaban por su elegancia. Muero por ver una foto de Tingey (ya averiguaré quién era). Anunciaba que la chaqueta adquiría el corte de chaleco o smoking masculino. En jersey para la mañana y en lamé broché para la noche y hasta en encaje dorado (así la mujer continuaba adaptando a su gusto las prendas de los hombres para hacer la vida más práctica, pero todavía de pantalones ni hablar) En esa temporada, Chanel hacía los cardigans más largos y el tailleur tipo sport venía con falda cruzada. Miren los figurines de espalda, en menor escala. Un primor.

Abajo, los dibujos de los tapados de verano se los ve bastante entallados. También proponían versiones para la playa. Qué incomodidad ¿verdad?

Madame Jenny no se quedaba atrás y daba consejos de maquillaje. Debajo de las joyas con el traje negro, también de Jenny, daba la receta del Parfait au café praliné. Todo muy francés.