Un atleta argentino en Malvinas

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Raúl Contreras soñaba con correr  una maratón en Malvinas, pero el sueño se truncó cuando el avión de LAN que viajaba no pudo aterrizar en las Islas porque se lo impidió el fuerte viento que azotaba el archipiélago. Llegó un día tarde a la carrera de 42, 195 KM para la cual se había preparado con ahínco desafiando los vientos del Sur. La mala fortuna se vió compensada con una semana recorriendo las Islas llena de recuerdos de la guerra.

Contreras nació en Catamarca pero hace 34 años que vive aquí en Río Gallegos, adonde llegó como prefecto. En esa fuerza estaba cuando fue la Guerra de 1982. “No fui ex combatiente, pero erámos personal de apoyo a todos los soldados de la guerra”, recuerda. A su amor por la Patagonia, se suma su pasión por el atletismo y desde hace muchos años que corre buscando siempre su mejor marca.

El año pasado había empezado a soñar con la Maratón de Malvinas y después de gestiones logró que el gobierno  le financie el viaje a las islas. Su misión era noble: no sólo correría como argentino en Malvinas, sino también llevaría una bandera de Santa Cruz y lo haría en nombre del Centro de Veteranos de Malvinas, ‘José Honorio Ortega’.  Pero la buena estrella no lo acompañó en su primer objetivo.

El avión de LAN que debía dejarlo en Puerto Stanley, no logró aterrizar el día previsto. Recién pudo hacerlo un día después, pero al llegar la carrera ya había termiando. “Eramos cinco atletas los que íbamos en el avión para correr, pero no llegamos”, detalla Raúl, quien ya pasó los 50 pero se mueve con la agilidad del fondista. “Los organizadores sabían que íbamos atletas de Argentina, pero no demoraron el inicio de la carrera”, detalla, entre disgustado y amargado.

Para consolarse, con el resto de los atletas, al día siguiente de llegar corrieron una media maratón, pese al frío y el viento que en marzo ya se encuentra instalados en las Malvinas. El resto del día recorrió el campo de batalla, las trincheras de los soldados, el cementerio de Darwin y el Estrecho San Carlos, entre otros lugares.

“No hubo ningún mal gesto en los isleños, pero tampoco hubo gran cordialidad”, relata Raúl a su regreso a la ciudad. Una vez en las islas no dejó de hacer flamear la bandera de Santa Cruz y visitar las tumbas argentinas en el cementerio de Darwin. De recuerdo, trajo a sus amigos, una bolsita con un poquito de turba y de tierra de Malvinas.

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Publicado el 01.04.10 en Historias mínimas.

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