Estancia Doraike: volver a casa

 

Con esta conmovedora historia que me envió Pedro Dorbee desde el Alto Valle de Río Negro, inauguro la categoría “La Patagonia según vos”, donde los invito a contarnos sus experiencias y viajes en la Patagonia. Incluso, pueden hacer como Pedro y enviar  sus fotos o si alguno tiene un video les recomiendo subirlo a you tube. De este modo, la ventana al Sur que propongo desde este blog empezará a tener otras miradas, otros aromas, otros colores. En este posteo, Pedro nos cuenta como hace pocos días regresó a la Estancia Doraike en Santa Cruz, la casa de su infancia y hoy reconvertida en un Hotel de Campo. No se la pierdan.

* Por Pedro Dorbee

Me encontré ayer con tu blog y me encantó: tanto la temática, como tu forma de escribir sobre ella.
Hace 15 días viaje a Puerto Santa Cruz con mi esposa y uno de mis hijos.  Visitaba la provincia luego de 40 años de haberme ido. Yo nací en Puerto Santa Cruz, fui a la escuela allí y luego viví en a Córdoba, donde estudié en un colegio secundario y luego en la Universidad. Como le pasa a muchos que tienen la suerte de irse para estudiar afuera, luego no volví más.
Ahora vivo en el Alto Valle del río Negro, desde hace 37 años. La casa de mis padres era la de la Estancia Doraike, que a partir del 1ero. de este mes se ha convertido en un Hotel de Campo. Fui invitado por los dueños a la ceremonia de inauguración.  Para viajar nos fuimos en nuestro Gol 2004 que se ha comportado magníficamente bien. Accedimos a la Ruta N 3 en San Antonio Oeste y desde allí nos encaminamos a Sierra Grande, Madryn y Trelew; todo camino pavimentado y en regular buen estado. A la tardecita llegamos a Comodoro Rivadavia,  traspasamos sus atoradas calles y fuimos a parar a un simpático hotel de Rada Tilly.

Estaba sorprendido con el trayecto, pues cuando yo era solo un niño todo, de Santa Cruz a B. Blanca y algo más, con excepción de 5 kms. al sur de C. Rivadavia, era de ripio. Antes de acostarnos y en una noche hermosa, aprovechamos para estirar piernas en la fantástica playa del sorprendente, para mi, balneario comodorense que yo recordaba solo como un muy humilde caserío.
 A la mañana siguiente, no demasiado temprano, seguimos al sur a Caleta Olivia; otra vez pavimento y con la vista hermosa del mar hinchado por la marea alta, que se extiende a la vera del camino. De C. Olivia nos alejamos de las playas y llegamos a Fitz Roy, que tiene ahora una calle pavimentada, dos o tres restaurantes y cabañas para alquilar. La noche antes de salir de casa, volvimos a ver con mi esposa “Historias Mínimas”, la película de Sorin, por lo que el paisaje desde F. Roy hasta San Julián nos pareció más lindo que nunca. Otra sorpresa fue encontrar un lindo hotel en Tres Cerros y volver a cruzar el río Deseado, pero no en el lugar que yo conocía, pues la ruta 3 ha cambiado de trazado y llega al río varios kilómetros aguas (es un decir, porque estaba seco) arriba, en un lugar que no me parece tan lindo como el que guardo en mis recuerdos de infancia. Entramos en San Julián que no es necesario porque la ruta pasa por sus afueras, pero que nos permitió visitar a un primo que vive allí y es médico en el hospital público local. El pueblo nos gustó; lo encontramos moderno y muy prolijo, visitamos la nao Victoria (un detalle que ningún turista debe perder) y tomamos mate con la familia del pariente a orillas de la playa, en una tarde linda y relativamente calma.
Como a las 5 de la tarde pasamos por Luís Piedrabuena, único pueblo, por lo que yo sé, que tiene coloridas flores plásticas en los canteros de su plaza; visitamos la Isla Pavón, el camping, el criadero de truchas y la hermosa hostería (que está cerrada este año, un verdadero y lamentable desperdicio). Al rato, con un nudo en la garganta, estábamos bajando por Cañadón Quemado, rumbo a la entrada de mi pueblo natal. Recorrimos lentamente las calles, que ahora son pavimentadas, tienen algo más de arboleda en las veredas y se convierten en una espectacular avenida costanera cuando se llega al mar. Me torturaba ante cada casa de las viejas, de las que seguramente estaban cuando yo iba a la escuela, o jugaba al fútbol en la cancha del club Sportivo, o pasaba el tiempo mirando las toninas pescar en la ría, cuando no podía recordar quien en esos años la habitaban.

Mis dos hermanas viajaron en avión, desde Buenos Aires a Río Gallegos. Desde Gallegos fueron transportadas a Santa Cruz, donde nos reunimos, luego de tantos años, en el pueblo en el que habíamos nacido los tres.
Nos hospedamos en la Hostería Municipal, muy linda, con un restaurante muy bueno, tan lindo como el de Agulló, que era pibe con nosotros y ahora tiene un aspecto que delata los años que han pasado. Me verán igual los amigos que saludé esos días?.

A la mañana siguiente fuimos  a Monte León, playa donde íbamos en verano con nuestros padres, pero que ahora tiene categoría de Parque Nacional Marítimo e, increíblemente, tomamos café y té en un pequeño bar a la orilla del mar, cerca de la pingüinera y de los lobos marinos.
A la tarde fuimos a Doraike, donde nos esperaban los propietarios y el público que se agolpó para la inauguración. Estuve cerca de dos horas sin poder dejar de estar en estado de emoción, con dificultades para hablar y para ver. Encontrar mi vieja casa, la pieza donde yo dormía, el dormitorio de mis padres y el de mis hermanas, la vieja cocina reformada, todo tan lindo, tan bien reparado, pero sin traicionar en nada el viejo estilo de la casa. Casa que fue construido por mi bisabuelo en el año 1903; es decir hace 106 años.

Y sobre todo la calefacción, pues ahora tienen gas y radiadores con agua caliente en cada ambiente, lo que mantiene en cada una de ellas un hermoso aire templado y me recuerda, por contraposición, el frío de las noches de invierno, en donde hubo mañanas que, al despertarme, tenía el aliento congelado sobre la almohada.

Al día siguiente nos volvimos, pero esta es otra historia y si quieres, algún día la cuento.

* Si quieren enviar historias lo pueden hacer a MArias@lanacion.com.ar

  • Diana

    Tuve la suerte de conocer en Córdoba, a los padres de Pedro (Peter para la familia) y oir historias de la estancia Doraike. Eran tan vívidas, que uno sentía que había estado allí. Hoy miro las fotos y me parece que todo sigue igual; el galpón de esquila, la casa grande, la inmensa Patagonia. El sonido permanente del viento y el intenso frío… que eran compensados por la calidez y la amabilidad de los antiguos dueños de casa, la familia Dobree

  • Victoria Alsina

    Pedro: hermoso relato… saludos

  • Raul Umerez

    Emocionante historia Pedro. Me gustaría conocer la segunda parte
    Raúl

  • DELANO DENHOLM

    Emocionante relato.- Para los que estamos aqui desde nuestro nacimiento parece increible y no podemos creer que la evolución haya sido tan rapida, seguimos extrañando nuestras viejas costumbres que estan obligadas a cambiar.-

  • Rubén yuste

    Excelente posteo Pedro! … no conozco particularmente Los Antiguos, si bien he viajado bastante por toda la Patagonia.
    Luego de leer tu relato me dan ganas de partir a disfrutar de esa linda gente y por supuesto, tb. d sus cerezas!!!

  • P

    Hermoso relato Pedro. Hace unos días estuve en Puerto San Julián y buscando pan para los choripanes me encontré con la panadería de la película Historias mínimas! Una linda emoción para los que disfrutamos la peli cuando la vimos y ahora gustamos de reconocer esos sitios en la ruta santacruceña.

  • Pedro

    P (tocayo, o Penélope, o Patricio o Pancho, dificilmente Ptolomeo) Muy bueno eso de encontar la panadería de la película. Confieso que no se me ocurrió. Fantástico como esa película (tan mínima!!) nos ha pegado a varios.

  • juanimpallari

    Buenísimo tu relato Pedro. Transpira tanta emoción que me dan ganas de atrasar el calendario y acompañarte ese dia. Un abrazo

  • Sandra

    Un lugar que agendo para cuando vuelva al sur.
    Los hoteles de campo son una excelente elección, son cálidos y la atención es personalizada, algo que se busca mucho hoy día.
    Yo recomiendo el hotel de campo “Kau Yatún” para los que visiten El Calafate; me hospedé allí hace pocos días y es para recomendar.

  • Zoe2010

    Gracias Pedro por tu relato yo tambien espero la 2º parte, saludos de una Calafateña por adopción.

  • Pedro

    Zoe2010: En Enero aparece la 2da. parte. Si no la has visto aun, te invito a leer la nota. Al mes siguiente, Marzo, el diario me ha publicado una descripcion sobre mis recuerdos de la Ruta 3, cuando era de ripio y yo era muy joven.

  • Maria Teresa

    Hermoso el relato de tu viaje, con él recordé intensamente mi viaje en auto desde Madryn a Calafate en el anio 1988 con dos de mis hijos y una amiga. Paisajes patagonicos excepcionales!!! Por supuesto el film de Sorin “Historias minimas” es uno de mis preferidos por mostrar tan bien nuestra realidad patagonica. Ahora vivo la mitad del anio en Paris y la otra en Madryn, mi “lugar en el mundo” desde 1975.