El amplificador

Buddy Guy, más viejo y más salvaje

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A la hora de escuchar blues eléctrico, siempre vuelvo al viejo Buddy Guy. Creo poder dar algunas razones, aunque tal vez ningún argumento sirva para dilucidar qué es lo que realmente me provoca esta bestia salvaje de la música madre norteamericana. Creo que fue su versión de Mustang Sally la que me enamoró definitivamente de su carácter incendiario, de ese grito primal que te vuela el alma. La canción estaba en ese disco glorioso, de 1991, que fue Damn Right, I’ve Got The Blues (donde aparecían nenes como Clapton, Jeff Beck o Mark Knopfler). Del año 90 a esta parte, Buddy Guy encontró el lugar que se merecía como representante notable del blues electrificado made in Chicago y desarrolló cerca de una decena de trabajos en su mayoría conmovedores. A los 74 años (74 Years Young, se enorgullece en el título de su primera canción), Guy propone Living Proof. Esa declaración de principios sobre su juventud actual que se contrapone con el sombrío Done Got Old, del genial álbum Sweet Tea (2001), en el que afirmaba las cosas que ya no podría hacer por estar viejo. Por el contrario, Living Proof está lleno de vida y por momentos remite a una suerte de autobiografía de un artista que ha recorrido un largo camino hasta alcanzar la notoriedad. buddy guy living proof

En esta ocasión, la capacidad compositiva descansa nada menos que en su baterista, Tom Hambridge, que firma la mayoría de las canciones y también produce el álbum. Otro aporte interesante es el teclado de Reese Wynans, miembro de los Double Trouble, la grandiosa banda de Stevie Ray Vaughan. Además de ellos, los estables son el guitarrista David Grissom, joven texano surgido de las inferiores del country-rock, y el experimentadísimo bajista Michael Rhodes. Por allí andan, también, los célebres Memphis Horns, que brillan en On The Road, de esos majestuosos blues embebidos de soul. Thank Me Someday tiene la crudeza característica de Buddy. Stay Around a Little Longer es una charla entre viejos camaradas: la melancólica melodía, recostada en un Hammond, sirve para la aparición de B.B. King, su voz y su Lucille. Key Don’t Fit es otro blues demoledor y Living Proof honra a un border. Cierta cadencia latina se involucra en Where The Blues Begins por una sencilla razón: toca Carlos Santana. El vértigo del R&B regresa con Too Soon. Y la tónica soul aparece en su totalidad con Everybody’s Got To Go, que prueba que Buddy tiene una voz encantadora además de salvaje. Skanky es la canción final; termina en un solo. Precaución conviene sacar el disco antes de que se te incendie el equipo.

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Publicado el 07.12.10 en Lanzamientos, Rock.

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