Diez hechos policiales que marcaron el año 2013

Hubo, lamentablemente, muchos casos más, pero estos son algunos de los hechos policiales que marcaron este año.

Maltratos en el Jardín Tribilín

El hecho se dio a conocer en febrero, cuando Diego Hernayes, padre de una de las nenas que asistía el Jardín Tribilín , en O’Higgins al 500, San Isidro, puso un iPod escondido en la mochila de la menor para poder grabar todo lo que pasaba en el lugar. Así quedó registrada una secuencia escalofriante de gritos, llantos y hasta golpes. Las denuncias recayeron en Yanina Gogonza y Noelia Gallardo, dos de las maestras y otras tres personas que trabajaban en la institución.

“Cállate Catalina, cállate, guay que vayas a decir cualquier huevada a tu casa” y “¡No me hagas enojar porque vas a terminar mal, abrí la boca!”, son algunos de los gritos de las maestras a los nenes que quedaron registrados en la grabación. “Ponete a guardar enfermo mental”, es otra de las frases que se escuchan.

Siete meses después, los padres de los nenes contaron a LA NACION lo difícil que fue la recuperación, tanto para los chicos como para los adultos. Algunos decidieron que sus hijos no fueran más a guarderías. La mayoría tuvo que pasar por tratamientos psicológicos. En tanto, la investigación sigue su proceso.

El caso de las gemelas de Pico Truncado

El 14 de febrero de este año, Edith Casas contrajo matrimonio con Víctor Cingolani en Pico Truncado. Hubiera sido una pareja más que eligió para casarse el Día de los Enamorados, de no ser por la historia detrás de este romance. Es que Cingolani estaba preso, acusado de matar a Johana, la hermana gemela de Edith.

Johana Casas fue asesinada en 2010 con dos tiros en el pecho en un descampado de Pico Truncado. Por el hecho fueron detenidos Víctor Cingolani y Marcos Díaz.

Tras el asesinato, hubo algunas movilizaciones para reclamar el esclarecimiento, de las que participaba Edith Casas, hermana gemela de la víctima. Al mismo tiempo, visitaba a Cingolani en la cárcel y mantenía encuentros íntimos. Hasta que decidieron casarse .

El 5 de diciembre, Cingolani fue absuelto .

Ángeles Rawson

La adolescente, de 16 años, desapareció el 10 de junio cuando volvía a su casa tras una clase de educación física en Colegiales. El cuerpo fue hallado al día siguiente en un predio del Ceamse en José León Suárez. Poco después, fue detenido el portero del edificio de Ravignani 2360, donde la víctima vivía con su familia. Se trata de Jorge Mangeri, quien fue acusado del homicidio de Ángeles y está detenido en Ezeiza. Contra él pesan, entre otras pruebas, unas muestras de ADN que fueron halladas en el cuerpo de la víctima. Tras varias juntas médicas, expertos concluyeron que Ángeles fue víctima de un intento de abuso antes de ser asesinada. El caso tuvo una impactante repercusión mediática. Hasta ahora, el único acusado y detenido por el crimen es Mangeri.

Araceli Ramos

Araceli Ramos fue vista por última vez el 30 de septiembre, cuando salió de su casa situada en Loma Hermosa para acudir a una supuesta entrevista laboral en Puán 3754, en Caseros.

Su cuerpo fue hallado en el cruce de la avenida General Paz y Crovara,en la zona de Villa Madero, partido de La Matanza, el viernes 11 de octubre.

Por el hecho fue detenido Walter Vinader, ex cabo de la Prefectura, que cuenta con ocho procesos penales en su contra, dos condenas y un posible vínculo con una red de trata.

Según los investigadores, el hombre habría contactado a la víctima por Facebook y le habría ofrecido un trabajo de $4000. En tanto, continúa desaparecida Aída Amoroso, una mujer de 80 años, dueña de la casa de Puán 3754 donde Araceli fue a una supuesta entrevista laboral.

Jorge Martínez Poch

Este hombre se hizo conocido en los medios cuando se difundió que Vanesa Rial, una abogada de 38 años, fue secuestrada y abusada por él durante varios días .

Vanesa fue rescatada a fines de septiembre de un departamento de La Plata, donde Martínez Poch la mantenía cautiva desde hacía varios días. La víctima relató luego que durante todo ese tiempo el hombre la drogó, la golpeó y abusó sexualmente de ella.

Martínez Poch, un disc jockey de 49 años, fue detenido y se negó a declarar . Se lo acusa del delito de privación ilegal de la libertad doblemente agravada, en concurso real con corrupción de menores agravada, abuso sexual gravemente ultrajante y abuso sexual con acceso carnal calificado.

Fuga de 13 presos

13 presos se fugaron del Complejo I de Ezeiza

El 20 de agosto, 13 presos del Complejo I de Ezeiza realizaronuna fuga cinematográfica . Para escapar tuvieron que cavar un túnel en una celda y romper cuatro cercos perimetrales. Para hacer el túnel, que comunicó la celda con un patio interno, los reclusos tuvieron que romper casi 30 centímetros de hormigón.

 El hecho generó un gran escándalo y provocó la renuncia del entonces director nacional del Servicio Penitenciario Federal, Víctor Hortel. Hortel aseguró que hubo complicidad interna porque consideró que de otra manera la fuga hubiera sido imposible.Hasta el momento, han sido recapturados 8 de los prófugos, mientras que se desconoce el paradero de 5 de ellos.Toma de rehenes en TortuguitasEl 14 de noviembre, Marcelo Leonardo Ameijeira Ríos, un hombre que escapó de prisión en varias oportunidades, tomó de rehén a una familia durante seis horas , en una casa de Puerto Rico al 700, en Tortuguitas.El violento episodio comenzó minutos después de las 14, cuando el sospechoso y un cómplice irrumpieron en el terreno, sorprendieron al dueño de casa y, a punta de pistola, lo obligaron a entrar en la vivienda, donde estaban su esposa y la hija del matrimonio. El hecho fue advertido por otras personas que avisaron al 911. Rodeados, los ladrones tomaron de rehén a la familia. Le pidieron al negociador del Grupo Halcón de la policía bonaerense que trajera a la jueza y a una fiscal. También exigieron la presencia de las cámaras de televisión para garantizar su integridad física.Durante la negociación con el efectivo del Grupo Halcón, Ameijeira Ríos amenazó con matar a la familia. Dijo que tenía tres cómplices y que estaban armados con escopetas y granadas.

La toma terminó minutos después de las 20, cuando Amaijeira liberó a todos los rehenes y se entregó.

Toma de rehenes San Martín

El 24 de noviembre ocurrió una nueva toma de rehenes, esta vez con un final trágico . El hecho comenzó alrededor de las 13.30 en una vivienda ubicada en la esquina de las calles Sarmiento y Moreno, en San Martín. Un hombre, identificado como Pablo Peralta, ex pareja de la dueña de la vivienda, baleó al novio de la hija de la mujer y luego se atrincheró en la casa con ellas. Durante varias horas, fingió tener de rehenes a las mujeres. Hacia la noche, la policía decidió entrar a la vivienda y se encontró con el peor panorama: ambas estaban muertas.

Las víctimas fueron identificadas como Silvana Eiriz, de 49 años, maestra de una escuela de la zona, y su hija, Valeria Gioffre. La autopsia confirmó que Eiriz fue ahorcada, mientras que Gioffi fue asesinada de un balazo. Luego se supo que cuando Peralta comenzó la supuesta toma de rehenes, en realidad las mujeres ya estaban muertas.

Ola de saqueos en todo el país

El 2 de diciembre, la policía de Córdoba inició una protesta que luego se repetiría en todas las provincias . Ese mismo día, ante la ausencia de policías en las calles, hubo algunos saqueos aislados. Pero durante el 3 y 4 de diciembre la situación empeoró. En total hubo al menos 1000 negocios saqueados y un muerto. El acuartelamiento policial, en reclamo de un aumento salarial, se propagó hacia gran parte del país. El conflicto duró una semana y se cobró la vida de al menos 13 personas, además de dejar pérdidas millonarias por los destrozos causados en negocios de todo tipo. Además de Córdoba, las zonas más afectadas fueron Tucumán, Concordia, Chaco y Santa Fe.

Narcos “VIP” y un suicidio

El 27 de noviembre, la Policía Federal llevó a cabo una serie de allanamientos en el marco de una investigación sobre venta de drogas. Uno de los operativos se realizó en un departamento piso del 11 de un edificio situado en Olleros 1850, en Las Cañitas. Cuando Alejandro Chávez, quien vivía en el lugar, supo que la policía estaba en la puerta, se suicidó. Para los investigadores, este hombre era de droga de una banda que tenía como clientes a conocidos personajes de la farándula y personas de alto poder adquisitivo.

Durante los procedimientos fueron detenidos diez sospechosos, entre los que se encuentran, según informaron fuentes con acceso al expediente, Rodolfo Bomparola, hermano de la reconocida diseñadora de ropa Evangelina Bomparola, y la modelo publicitaria de nacionalidad dominicana Zahina Rojas. Zahina fue liberada poco después.

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Los abogados del diablo

Cada vez que ocurre un crimen despreciable y el autor es identificado, surge en su defensa un abogado, ya sea por designación o por libre elección. Así lo establece la ley y las convenciones internacionales: hasta el más imperdonable de los criminales tiene derecho a un abogado.

Tal como relata un artículo de la revista Muy Interesante, estos letrados suelen ser socialmente condenados por los personajes a los que defienden.

“Ni que decir tiene que existe una cierta predisposición al vedettismo en algunos letrados que aparecen como ingrediente de todas las salsas, no siempre con las mejores intenciones”, sostiene el artículo. “Acaso la publicidad que supone representar a terroristas internacionales o a dictadores sanguinarios permita sacar réditos, por ejemplo, de los beneficios por los derechos de autor de las memorias de los delincuentes”.

Pero la autora del artículo hace una concesión: cabe la posibilidad de que el abogado crea no sólo en el derecho a un juicio justo, sino en la verdadera inocencia o impunidad de su patrocinado.

“Lo cierto es que en los sistemas jurídicos desarrollados incluso el peor despojo de la sociedad tiene derecho a un abogado, hasta el punto de que en algunos de ellos una defensa deficiente puede suponer un motivo de anulación del proceso si se aprecia desidia, negligencia inexcusable o manifiesta mala praxis del jurista”,  aclara la autora.

En la Argentina, el derecho a la defensa en juicio está establecido en el Art. 18 de la Constitunción:

Art. 18.- Ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso, ni juzgado por comisiones especiales, o sacado de los jueces designados por la ley antes del hecho de la causa. Nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo; ni arrestado sino en virtud de orden escrita de autoridad competente. Es inviolable la defensa en juicio de la persona y de los derechos.

El artículo de la revista Muy Interesante recomienda la lectura del libro Estrategia judicial, de Jacques Vèrges, un abogado que se hizo conocido por haber defenido, entre otros, al terrorista venezolano Carlos El Chacal y del criminal nazi Klaus Barbie.

Sobre este letrado se realizó un documental, llamado El abogado del terror. Aquí, un fragmento de esa producción:

 

 

 

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Si le confiesan un crimen ¿Puede un cura violar el secreto de confesión?

Supongamos que nos topamos con un asesino muy culposo. Supongamos que la culpa lo empuja a contarle su crimen a alguien. Supongamos que ese alguien que le presta el oído a su confesión es un sacerdote. ¿Puede el cura violar el secreto de confesión y acudir a la Justicia?

En líneas generales, no. El sigilo sacramental es inviolable. Si el cura no lo respetara, aunque fuese por una causa noble –como resolver un crimen- podría valerle la excomunión.

“Según el Derecho Canónico, el sigilo del confesor es inviolable y el sacerdote que revela algo que sabe por medio de la confesión incurre en pena de excomunión”, explica un artículo de la revista Muy Interesante. “Por eso muchas legislaciones, como la española, prevén una dispensa por la que no podrán ser obligados a declarar los eclesiásticos sobre hechos que les hubieran revelado en confesión, frente al deber general de decir la verdad que se exige a cualquier testigo”.

El Código de Derecho Canónico, canon 983,1 dice: “El sigilo sacramental es inviolable; por lo cual está terminantemente prohibido al confesor descubrir al penitente, de palabra o de cualquier otro modo, y por ningún motivo”.

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Caso Dalmasso: del alivio al desánimo, a seis años del crimen

Facundo Macarrón se sintió aliviado cuando la Justicia estableció lo que él y su familia siempre sostuvieron: que no tuvo nada que ver con el homicidio de Nora Dalmasso, su madre.

El joven abogado, que está en París, fue sobreseído luego de años de falsas acusaciones y humillaciones sumadas al dolor de perder a su madre en un crimen del cual no se sabe nada concreto luego de seis años de investigación.

Fuentes allegadas a la familia contaron a LA NACION que el sobreseimiento fue una gran noticia, pero fue inmediatamente seguida de una terrible desilusión: todavía no se sabe nada sobre el verdadero asesino, y comienzan a perder las esperanzas de que el crimen pueda resolverse.

Marcelo Brito, abogado de la familia, señaló que la causa está “virtualmente paralizada”, aunque afirmó también que hay “elementos para investigar” que no fueron profundizados y que la próxima semana solicitará nuevas pruebas.

Nota Dalmasso fue encontrada muerta el 26 de noviembre de 2006 en su casa del barrio Villa Golf de la ciudad de Río Cuarto. Estaba desnuda en la habitación de su hija, con golpes en el rostro y otras partes del cuerpo, y signos de haber sido ahorcada.

 

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¿Qué tanto conocemos a nuestros vecinos?

Esa fue la pregunta que escuché varias veces en Coronel Suárez. El principal shock, más allá de lo horrendo del cautiverio de Sonia, lo que vecinos y colegas de Estefenía Heit no podían entender es cómo no pudieron darse cuenta de lo que sucedía en la casa de la calle Grand Bourg al 1800.

FOTO: Guadalupe Aizaga

Esta consternación se repite cada vez que salen a la luz hechos terribles como el secuestro y abuso que padeció Sonia.

Los vecinos de Arquímides Puccio nunca imaginaron que “el loco de la escoba”, que salía a barrer a las 3 de la mañana, era en realidad un secuestrador y asesino.

En Lincoln, quienes conocieron a Tomás Dameno Santillán, a su madre y a la pareja de su madre jamás pensaron que los problemas al interior de ese hogar tendrían como desenlace la muerte del pequeño.

Lo extraño de algunos casos es que sucedan en lugares chicos, como Lincoln y Coronel Suárez, donde todos, o casi todos se conocen. Uno podría pensar que estos crímenes son dignos de lugares más grandes, donde uno apenas tiene contacto con su vecino.

Estefanía era, según la describieron todos, una mujer jovial, amable y sociable. Hablaba con todos. Su rol de periodista la convertía en un “personaje famoso” en la pequeña ciudad. ¿Cómo podía la gente saber lo que pasaba dentro de esa casa? Sí, es cierto que todos dicen que Olivera, su marido, era algo “raro” y cerrado. O al menos es lo que dicen ahora. Pero eso no hacía pensar que el hombre mantenía secuestrada y bajo torturas a otra mujer en su propia casa, esa casa por la que todos los de la cuadra pasaban a diario, de donde salía Estefanía y cruzaba algunas palabras amables con Carlos, el de al lado, o Marina, la del almacén.

Incluso sus colegas por poco parecían sentirse culpables de no haber notado nada. Estaban devastados. Se sentían, y se deben sentir aún, defraudados. Pero ¿Cómo podían saber lo que sucedía? ¿Cómo podían descubrir bajo la sonrisa cordial de la periodista la historia de terror que se producía en su casa?

Es curioso lo poco que conocemos a veces a nuestros vecinos.

Y vos ¿ qué tanto conocés a tus vecinos?

 

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El recuerdo del Clan Puccio

El caso de la mujer secuestrada y abusada durante tres meses en Coronel trae a la memoria a una familia que se hizo famosa por su dedicación al secuestro y asesinato.

¿Se acuerdan de “El Clan” Puccio?

Nélida Bollini de Prado fue la única de las víctimas de esta familia que logró salir con vida de esa película de terror. Cuando la encontraron, la noche del 23 de agosto de 1985, llevaba más de un mes en cautiverio. Estaba atada al piso del temible sótano de los Puccio, en la vivienda ubicada en Martín y Omar al 500, en San Isidro.

Otras tres víctimas no tuvieron la misma suerte: fueron asesinadas. El líder de esta familia, Arquímides Puccio, pasó a la historia como uno de los más famosos criminales de la Argentina.

Hace un tiempo hice esta nota sobre los Puccio, que les comparto acá:

Clan Puccio: el secuestro como “negocio” de familia

Eran conocidos en el barrio. Tenían un local de artículos de deportes náuticos en la planta baja de su vivienda, y un bar en el edificio de al lado. Al jefe de familia, cuentan los vecinos, se lo veía permanentemente barriendo la vereda, a cualquier hora. La suya y la del frente, conducta que sorprendía pero no develaba lo que había literalmente debajo de todo esto: tres muertes y una historia de terror.

Es que el negocio de Arquímedes Puccio que ningún vecino conocía era el que mantenía en el sótano de la vivienda ubicada en Martín y Omar al 500, en San Isidro. Era el negocio del secuestro extorsivo, en el que se vio involucrado al menos uno de sus hijos y otras personas allegadas. La prensa los denominó el Clan Puccio, teniendo en cuenta que Arquímedes, un contador público que llegó a ser vicecónsul, era el líder.

Tres muertes. Corría la década del 80. Alejandro Puccio, uno de los 5 hijos del matrimonio de Arquímedes con Epifanía Angeles Calvo, era un renombrado jugador del Club Atlético San Isidro (CASI). Repentinamente, un conocido suyo, Ricardo Manoukian, de 23 años, desaparece el 22 de julio de 1982. Poco después su familia recibe un pedido de rescate de US$ 250.000, que paga con la esperanza de recuperar al joven con vida.

Pero eso no iba a suceder. El 30 de julio de ese mismo año, tres disparos en la cabeza acabaron con la vida de Ricardo Manoukian.

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¿Cuánto cuesta matar a un hombre en Medellín?

(La siguiente crónica fue publicada en la revista Etiqueta Negra. El autor es José Alejandro Castaño)  Más publicaciones en Crónicas Periodísticas

El disparo le entró por la espalda, atravesó el pulmón derecho y le salió por el pecho, por un resquicio entre la cuarta y la quinta vértebra. El hombre se derrumbó sobre la acera, con los brazos abiertos y la boca inundada de sangre. Narices, jefe de la banda «Los Pinochos», recuerda que se acercó y disparó dos veces más. Las balas golpearon la nuca y la oreja izquierda. Por esa puntería cobró un millón de pesos, unos trescientos cincuenta dólares. El encargo lo había recibido días antes de un vecino acorralado por una deuda que no pensaba pagar. Fue un asesinato fácil. La víctima andaba sola, desarmada y con una rutina calcada. Lo sorprendió en un callejón, saliendo de la casa de una mujer a la que frecuentaba. Eran las diez de la noche y no había gente en la calle, sólo un perro sin cola que no atinó a ladrar.

Narices, además de puntería, tiene olfato: en enero, recuerda, por una suma siete veces mayor, desechó un encargo porque le olió raro, a misión sin regreso. Debía matar a un comerciante dentro de su casa sin disparar un solo tiro, ésa era la condición. A los diecinueve años Narices había asfixiado a un hombre y, a los veinte años, apuñalado a dos más. Al primero, dice, lo mató sin darse cuenta, en una riña de calle, después de quitarle una pistola. Lo sujetó por el cuello con los nudillos y se le echó encima, esperando que se calmara. Eran amigos y ya no recuerda por qué se fueron a las manos. Estaban ebrios. Los otros dos sujetos apuñalados fueron drogadictos del barrio, sentenciados después de violar a una niña sordomuda. La banda de la zona decidió congraciarse con los vecinos y matarlos a pedradas. Narices dice que antes los acuchilló para ahorrarles sufrimiento.

Pese a sus antecedentes, el jefe de «Los Pinochos» dice que se negó a asesinar al comerciante sin la ayuda de un arma de fuego. La casa quedaba en un lujoso condominio de El Poblado, el barrio más exclusivo de Medellín. Debía hacerse pasar por un funcionario de Cable Unión, una empresa de televisión por cable. Le dieron, incluso, una tarjeta de presentación para entregar al vigilante de la portería, del que le habían advertido que iba a revisarle la caja de herramientas y los bolsillos. La empleada del servicio autorizaría su ingreso y, una vez en la casa, Narices debía asesinar al hombre, que era mayor y andaba en muletas según le dijeron. Pero fue otro muchacho de «Los Pinochos» quien aceptó el encargo. Luego Narices se enteró por la radio: un reconocido comerciante había disparado contra un supuesto técnico de televisión por cable cuando éste había intentado apuñalarlo por la espalda con un destornillador. Según la versión periodística, el caso era una prueba del nivel de inseguridad al que había llegado esa zona de Medellín y de la confianza excesiva de algunos ciudadanos que contrataban personal sin confirmar sus antecedentes. Narices sabía que la idea de matarlo era de la esposa y de su amante, un contador que administraba los negocios de la pareja. No fue la primera vez que se salvó por decirle no a un negocio lucrativo.

«Los Pinochos» no recuerdan a cuánta gente han matado. No se acuerdan y prefieren no esforzarse por precisarlo. Sienten, quién lo creería, un pudor por ciertos crímenes cometidos, como ése de una joven y su hermana a las que terminaron matando porque con la impresión del asalto no habían sido capaces de recordar las claves de sus tarjetas bancarias. Pero también hay muertes de las que hablan con desenfreno: aquélla de un conductor al que acribillaron lanzándole una granada por la ventana de su casa porque le estaba pasando información a la policía. Narices ha asesinado a un comerciante por encargo de uno de sus socios. A un taxista, a solicitud de un familiar. A un abogado, a pedido de un cliente al que éste había embargado su casa y el sueldo. A un brujo, por encargo de la mamá de una de las mujeres que había violado mientras les hacía supuestas regresiones con narcóticos. Hubo un caso que, de puro miedo a que les cayera una maldición, rechazaron Narices y los suyos: el de un joven homosexual que quería vengarse de un sacerdote porque, según les dijo, éste se había quedado con un dinero de ambos. Un conocido de Narices les llevó la petición del joven al que nunca llegaron a ver en persona. El muchacho les ofreció como paga los cinco millones de pesos, unos mil seiscientos dólares que el sacerdote tenía guardados en una caja fuerte de la casa cural. Narices dice que matar a un cura, así sea marica, es pecado. Lo demás, casi todo, se puede pagar con arrepentimiento.

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¿Qué fue de las casas donde vivieron famosos criminales?

Hace un tiempo me puse a pensar cómo serían los hogares de algunos conocidos criminales argentinos. No me refiero a sus familias, ni a la manera en que fueron criados. Me refiero a la vivienda en sí. Cómo eran sus vecinos. Me preguntaba si se habrían sorprendido al enterarse de que a metros de sus casas vivía un asesino.

¿Cómo habrá sido para la gente de estos barrios saber que en la habitación de una casa su cuadra, una mente criminal tramaba terribles planes?

La casa de los Puccio fue denominada la Residencia del Terror

Por eso hice este recorrido, que plasmé en una nota en LA NACION: el recorrido por las “casas del horror“. Elegí tres: una de las casas donde Robledo Puch vivió con sus padres,  la casa en donde el Clan Puccio mantenía a sus víctimas secuestradas y la vivienda en la que las hermanas Vázquez asesinaron a su padre en medio de un horripilante rito satánico.

Les comparto una parte de la nota que resultó de este recorrido. Para leerla completa, pueden hacerlo en LA NACION.

Casas marcadas por el horror

Fueron escenarios de terribles homicidios y guarida de asesinos. Están construidas en medio de barrios familiares y tranquilos. Entre sus cuatro paredes meditaban sus acciones algunos de los delincuentes más conocidos de la Argentina. ¿Qué son hoy las casas donde vivieron esos criminales?

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Las lindas la pagan más caro

Una mujer rubia, de figura esbelta, es acusada de matar a su pareja. Alega legítima defensa personal.

Una mujer de pelo oscuro, algo regordeta, de rasgos faciales discordantes, es acusada de matar a su pareja. Alega legítima defensa personal.

¿A quién le creemos más?

Puesto así, cualquiera sea nuestra elección, suena estigmatizante. Y lo es. Pero un estudio demuestra que las lindas la pagan más caro: “Las mujeres acusadas de homicidio que alegan defensa personal tienen más probabilidades de ser consideradas culpables si tienen pelo largo, lacio y rubio y una figura esbelta y elegante”.

El estudio fue realizado por la Universidad de Granada y publicado en el sitio The Atlantic. Los investigadores crearon escenarios ficticios en los que una mujer era acusada de matar a su pareja. En todos los ejemplos, la mujer alegaba que había sido víctima de violencia doméstica durante un largo tiempo y que finalmente había matado a su pareja en defensa personal. La única diferencia de cada ejemplo era la descripción física de la acusada.

En una historia, la mujer era atractiva, esbelta, con rasgos armoniosos, rubia.

En la otra, la mujer acusada de homicidio era exactamente lo contrario. Para nada atractiva.

En base a estos datos, 169 oficiales de la policía española debían leer una de las versiones de la historia y establecer un juicio al respecto.

El resultado: a las mujeres no atractivas se les atribuía una menor responsabilidad criminal.

Según el estudio, “una explicación plausible es que el atractivo de una mujer maltratada acusada de asesinar a su marido es inconsistente con el prototipo de una mujer víctima de violencia doméstica: joven,  débil y frágil físicamente”.

Si te interesa saber más sobre esta investigación, los resultados fueron publicados en la web del diario de la Sociedad Española de psicología jurídica y forense.

Y vos ¿Qué pensás de los resultados de este estudio?

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Cartas de amor de Bonnie & Clyde

Pasaron a la historia tal vez como la más famosa pareja de bandidos. Durante más de dos años protagonizaron un raíz durante la Gran Depresión norteamericana. Robaron, secuestraron, asesinaron.

Su leyenda quedó inmortalizada en el cine por Faye Dunaway y Warren Beatty.

Pero detrás de la vida ruda de bandidos, se esconde una historia de amor. En el libro Wanted Lovers, se hace una recopilación de las cartas enviadas entre Bonnie & Clyde en momentos en que debieron estar separados, porque Clyde estaba en la cárcel.

Además de esas cartas de un amor desesperado y posesivo de ambos lados, Bonnie escribía también poemas. Seleccioné algunos de estos escritos. Para leer todo el material, el libro Wanted Lovers puede conseguirse en algunas librerías de Buenos Aires. Yo lo encontré en Libros del Pasaje.

Carta de Bonnie a Clyde

Waco, Texas. 3 de marzo de 1930

Hola cielo:

Sólo unas líneas esta noche, porque me siento muy triste y sola. Piénsalo, cariño, hoy te he visto por primera vez en dos semanas, y apenas sólo unos minutos. Pero ha sido muy tierno verte por fin. Estos polis han resultado ser muy agradables, cariño. No son como los de Denton. Seguir leyendo

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