Claudia Sobrero: pasar la vida en prisión

 

Claudia Sobrero es dueña de un récord muy poco feliz: es la mujer que más años pasó en prisión en la Argentina.

Hace apenas unas semanas, recuperó su libertad, tras cumplir una condena por haber sido considerada coautora de homicidio doblemente agravado, hurto y robo,  y sentenciada a reclusión perpetua con pena accesoria de reclusión por tiempo indeterminado. Todo esto, en el caso del asesinato del dibujante Lino Palacio y su esposa.

En esta entrevista que hice para Cosecha Roja, Claudia cuenta un poco de su historia y de su vida dentro y fuera de la prisión.

Argentina: la mujer que batió el récord de permanencia en prisión

“Prefiero que lo goglees y escribas lo que se te cante el orto”, dice Claudia Sobrero cuando se le pregunta por la razón que la llevó a la cárcel, en donde pasó más de la mitad de su vida. Esta mujer delgada, de piel pálida, los brazos cubiertos de tatuajes, un piercing en la nariz y ojos celestes, está por cumplir 50. Hace apenas un mes abandonó la cárcel de mujeres de Ezeiza, su lugar de residencia durante unos 30 años.

Claudia es dueña de un récord del que no está nada orgullosa: es la mujer que pasó más años presa en la historia carcelaria dela Argentina. Su tiempo en un penal sólo se asimila al de Robledo Puch, que continúa en Sierra Chica.

Se siente feliz: considera que esta es su primera verdadera libertad. “El día en que me fui, llovía pila. Las chicas lloraban. Yo no: reía. No voy a extrañar nada de ese lugar”, dice.

No cree en la Justicia, ni en la cárcel como resocializadora. Su mayor temor de volver a la calle era el estigma, la marca de los años de encierro en el día a día en sociedad.

“El rollo central es convertir el estigma en emblema. No esconderse”, dice, mientras se prende un cigarrillo después del almuerzo en la casa de Haedo que comparte con Lucas, su novio.

“La historia de mí que cuentan otros no es mi historia. Cuentan lo que ellos se imaginan que es mi historia. A veces te da bronca, pero a veces decís que se vayan a la puta que te parió”, explica. “Yo a mi historia la cuento cada día, ya no me interesa reivindicarme ante los medios o la gente”.

No todo fue mala prensa. En 2010, se presentó el documental “Claudia”, de Marcel Gonnet, que trata sobre la vida de Sobrero dentro y fuera del penal. Una producción que buscó dejar atrás el estigma que se teje alrededor de un detenido.

Sobrero fue detenida en 1984 junto a otros dos hombres, acusados del asesinato del dibujante Lino Palacio y su mujer. En ese momento, tenía 21 años y dos hijas.

Como aún no existía el juicio oral y público, a Sobrero se la juzgó durante seis años por escrito. En 1990, fue condenada como coautora de homicidio doblemente agravado, hurto y robo,  y sentenciada a reclusión perpetua con pena accesoria de reclusión por tiempo indeterminado.

“Antes de que me condenen, el fiscal me dijo: Te vas a ir en libertad 48 horas después de muerta. Pensé, mierda, yo de la cárcel me largo, como sea. Apenas pude, me fugué”. Fue en el año 1986, una fuga breve, porque al poco tiempo fue capturada y volvió a la unidad 3 del Complejo Penitenciario de Ezeiza.

Después de ese intento de huir, comenzó un largo camino de recuperación en el encierro, algo que para la Procuración Penitenciariadela Nación fue ”un caso emblemático de resocialización”. Aunque ella no cree en eso. “No podés pretender resocializar a gente que nunca fue parte de la sociedad. La cárcel no sirve para nada. Lo que te salva es tu propio esfuerzo”, asegura Sobrero.

Su esfuerzo, como ella dice, la llevó a estudiar y trabajar dentro del penal. Por momentos, el agobio la vencía. “En la época de Dela Rúa, le escribía al presidente pidiéndole por favor que me maten. Porque si no  pensaban dejarme salir nunca, ¿Para qué me mantenían con vida? ¿Para qué tanta tortura?”.

Nadie respondió a ese pedido de un punto final. Claudia comenzó a ponerse pequeños objetivos, proyectándose una futura vida fuera de ese lugar, si es que eso llegaba en algún momento.

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