Sobre el caso Nisman y los peritajes para determinar si disparó o no el arma

Por Sergio Giorgieri*

La Causa del fallecido Fiscal Nisman ha sido un interrogante que aún no se ha podido dilucidar, a más de un año de sucedido. Esto ha sido motivo de muy diferentes y antagónicas interpretaciones de expertos como de análisis periodísticos, políticos, y público en general.  Es importante separar las cosas, por un lado está la resolución criminal, la investigación judicial, “homicidio o suicidio”, cual fue el mecanismo. Por otro lado está el análisis del hecho, para establecer el motivo, autor, móvil, etc.  Ahora bien, cual es el procedimiento de la investigación criminal. ¿Es factible determinar lo que ocurrió? ¿Qué se debe realizar, quién dirige la investigación, el lugar del hecho, como se recogen los indicios, como se preservan, quien los analiza, cual es la metodología… son varios de los interrogantes que no se pueden improvisar. Las pericias juegan un papel primordial para la investigación y su resolución.

Existen protocolos a seguir y deben considerarse las variables propias de cada caso. Hay un equipo experto en rastros, como también debe haber un equipo multidisciplinario de profesionales y expertos en diferentes áreas, que ayuden a enfocar el muestreo y el análisis de diferentes indicios. Tal vez esta parte sea la más variable, la de mayor desafío, ya que dependerá de la astucia y el conocimiento de cada uno, y la coordinación y complemento del conjunto, para poder encarar un estudio que permita visualizar aspectos que ayuden a la instrucción a elaborar una hipótesis lógica y comprobable del hecho.

Una de las tareas más apasionantes, como perito químico y especialista en métodos instrumentales de análisis químico, es tener la posibilidad de relacionar distintos estudios y vincularlos a la interpretación de un hecho. Es como tratar de investigar la presencia de algún indicio y vincularlo al hecho, la participación de alguien, la composición del lugar, la forma de la acción, todos elementos que puedan ser demostrados y sean pruebas.

En este sentido el avance de la ciencia es fundamental. No sólo por la calidad de la medida, sino por la certificación de la misma, datos confiables, precisos, reproducibles, procesos de medida acreditables. Ahora bien, cualquier instrumento de medición puede dar un resultado, y es el profesional idóneo quien interpreta y decide que ese valor es correcto, lo interpreta, y lo analiza en su contexto, aplica el criterio profesional. Una de las cuestiones primordiales por lo cual la discusión pericial se realiza entre pares. Pero existe el trabajo interdisciplinario en la investigación, concepto no tan arraigado aún en el ámbito forense. Donde los criterios de distintas ciencias se coordinan para llevar a cabo una investigación conjunta coherente.

Uno de los aspectos que conozco bien, es el tema de los residuos de disparo de arma de fuego, no sólo por el uso del instrumental, sino fundamentalmente por la experiencia de miles de pericias realizadas en el Poder Judicial de la Provincia de Buenos Aires, donde se han diseñado diferentes estrategias para el análisis e interpretación de variadas formas de toma de muestra.

La presencia de residuos de disparos de arma de fuego, como se sabe, deja un material en las inmediaciones del mismo que se vincula al hecho. Por lo que existen diferentes formas de analizar este material, dependiendo de qué tipo de sustancias queremos visualizar como marcadores de estos residuos. La existencia de ellos podemos atribuirla al mismo disparo, y dependiendo de las circunstancias puede ser con mayor o menor certeza su interpretación. No es lo mismo un hecho en un lugar abierto que cerrado, si sucede con viento, lluvia, si se usa guantes, tipo de armas, distancia de disparo, etc.

Para confirmar la existencia se puede analizar la composición química, sustancias orgánicas o inorgánicas (metales). La presencia de metales provenientes del disparo (pólvora, fulminante) es una confirmación de la misma, ya que estos metales son específicos (Plomo, Bario, Antimonio), y están presentes en la munición, y en el caso del Antimonio en forma casi exclusiva, siendo utilizado como un marcador para el estudio de residuos de disparo de arma de fuego. En la actualidad los métodos instrumentales, Microscopía Electrónica, Absorción Atómica y Plasma Acoplado Inductivamente, son las técnicas de mayor aplicación en este campo, por su precisión, sensibilidad y reproducibilidad. Hoy en día es casi imposible no detectar la presencia de un residuo, si es que no se ha alterado la muestra. Ensayos de laboratorio han demostrado una correlación del 100% para aquellos casos que se han realizado disparos o no, incluso en forma repetitiva, con armas de distintas naturalezas, calibres y estado.

En el caso Nisman los estudios realizados para la detección de residuos en primera instancia, dieron negativos, estudios realizados por Microscopía Electrónica en Policía Científica de La Plata. Este centro fue el primero en el País en implementar esta metodología, tiene experiencia, y no admite duda su capacidad de análisis. Considero un hecho irrelevante y sin criterio realizar una segunda determinación utilizando otro centro de menor experiencia con un instrumento similar, ya que la sensibilidad es más que suficiente para discernir entre un positivo y un negativo.

Un resultado negativo implica que no se han podido encontrar residuos de disparo de arma de fuego. Esto para un estudio de laboratorio es contundente, no ha disparado. En los casos reales, depende de la representatividad de la muestra. Es acá donde juega un papel importantísimo la preservación del lugar, la toma de muestra y la información obtenida. Una mala toma de muestra puede llevar a contaminación, que no es el caso, o forma inexacta de tomarla, es decir un equipo forense sin experiencia, descartado. En cuanto a la conservación de la muestra o el lugar del hecho, es importante cuando puede ser afectado el sitio donde se deposita el residuo del disparo, por condiciones como lluvia, rocío, algún fluido, o cualquier efecto físico que pueda perturbar la superficie de toma de muestra. Tampoco sería el caso salvo que pueda ser por efecto de lavado de la sangre, si hubiese corrido por dicha superficie, o alguna fuente de agua cercana. Por lo que la muestra sería representativa.

Un resultado positivo es vinculante y salvo que se demuestre una contaminación específica y factible, sería relacionado al uso de un arma de fuego, que junto con otros elementos de la causa puede inferir a la instrucción la posibilidad de vincularlo al disparo.

Por lo tanto no sería científicamente criterioso insistir con la posibilidad del suicidio, la prueba pericial en este caso sería muy contundente, el ambiente es aislado, no hay efectos ambientales que lo modifiquen, los elementos no se habrían alterado (según lo expuesto por los expertos intervinientes), el equipo forense no sería cuestionable, la metodología usada es adecuada. Tal vez se hubieran realizado otros estudios para determinar mejor la composición del lugar del hecho respecto de la posición del disparo.

Estos aspectos son donde hago incapié para que las casas de altos estudios se comprometan con el desarrollo de nuevas metodologías que permitan acreditar otras aplicaciones para el esclarecimiento de los hechos. No es muy difícil esta tarea, solo se deben coordinar esfuerzos, hay profesionales formados, equipamiento accesible. En la Universidad de Buenos Aires, Facultad de Farmacia y Bioquímica, estamos dando un curso de Iniciación a las Ciencias Forenses, donde se ven estos aspectos, destinado a distintos profesionales y técnicos. Lo mismo en la Diplomatura en Ciencias Forenses de la Universidad del Este en la ciudad de La Plata. El campo de acción es muy amplio y los desafíos son constantes. No podemos darnos el lujo de sentarnos a esperar que sucedan las cosas. Es una carrera de tiempo, quién llega primero, o quien llega a tiempo, si el delito se diluye o si logramos esclarecerlo.

Al final todos queremos saber LA VERDAD. 

* El autor es profesor adjunto de Química Analítica Instrumental en la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA y director del curso de posgrado “Introducción a las Ciencias Forenses”

 Más información: Cómo es la técnica para determinar si hay residuos de un disparo en la mano de una persona

 

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A seis años del Triple Crimen de General Rodríguez

Por Juan I. Bidone*

El 7 de agosto de 2008, Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina fueron privados de su libertad en la localidad de Quilmes alrededor de las 13:00hs. Los sujetaron con precintos en sus pies y manos, los trasladaron a la ciudad de General Rodríguez, donde entre las 15:25hs. y las 16:05hs., arrodillados y por la espalda, fueron ejecutados secuencialmente. La camioneta de uno de ellos – Ferrón- fue trasladada hasta la zona de Nazca y Gaona (Ciudad de Buenos Aires) y allí la incendiaron con una de las armas homicidas en su interior, que casualmente pertenecía a uno de los fallecidos (Forza). Los cuerpos sin vida fueron conservados a baja temperatura (en un galpón, sótano o cámara de frío no congelante) hasta el día de su hallazgo,  13 de agosto, en un camino rural de Rodríguez, a 800mts. de la ruta Nac. Nro. 6.

Tales circunstancias se dieron por probadas en el juicio oral del caso conocido como “triple crimen de General Rodríguez”[1], en cuyo marco el 20 de diciembre de 2012 el Tribunal Oral en lo Criminal Nro. 2 condenó a prisión perpetua los hermanos Lanatta (Martín y Christian)  y Schillaci (Marcelo y Víctor) [2], sentencia que fuera confirmada por el Tribunal de Casación Penal Bonaerense a poco de cumplirse un año de aquel fallo (28/11/2013)[3].

La investigación continúa en procura de atribuir responsabilidad penal a otras personas involucradas en los crímenes, entre los que se encuentra el prófugo Ibar Esteban Pérez Corradi, sobre quien la Provincia de Bs. As. ha fijado una recompensa [4]

El mundo de actividades y relaciones tanto de víctimas como de victimarios (medicamentos adulterados o robados, cuevas de cheques y financieras[5], narcotráfico, lavado de dinero[6]) echó luz sobre un sinnúmero de cuestiones que, más allá de vincularse a los homicidios, fueron motivo de investigación en distintos Juzgados, generando además modificaciones sustanciales en lo relativo al control y fiscalización del Estado sobre la efedrina[7].

Y es que un análisis pormenorizado sobre esa multiplicidad de vínculos (societarios, de relación personal a través de entrevistas, reuniones, viajes, comunicaciones telefónicas, intercambio de mails) permite delinear un cuadro se situación de la Argentina en los años 2007/2008, al menos en lo que respecta a aquellos tópicos. Permitió evidenciar en qué consistían las maniobras relacionadas con el mercado de los medicamentos [8], permitió evidenciar también cómo funcionaban las operatorias financieras en relación a la actividad farmacéutica, y qué actores de ese gran conglomerado osaron -ganancias millonarias mediante- introducirse en la adquisición de efedrina a través de su desvío o contrabando, con la exclusiva finalidad de ofrecerla y transportarla hacia la demanda del narcotráfico mexicano, o incluso de colaborar en una “segunda etapa”, que consistía en la implantación de laboratorios de producción de la droga final -la metanfetamina- en nuestro propio territorio, siempre con México como destino[9].

Sin temor a equívocos puede afirmarse que se trató de un caso de crimen organizado trasnacional operando en nuestro país. Además del aprovechamiento de las grietas legales … “Las organizaciones mexicanas de tráfico de drogas que estaban operando en Buenos Aires, Argentina, durante ese tiempo, intentaron manufacturar la droga conocida como cristal en la misma región. Estaban involucrados activamente en el reclutamiento y utilización de ciudadanos argentinos, paraguayos y uruguayos para promover o promocionar sus empresas ilegales relacionadas con la compra de grandes cantidades de efedrina y la producción clandestina de metanfetaminas”[10].

 *Profesor de la Universidad de Morón- Licenciatura en Seguridad.



[10]   Informe de la “Drug Enforcement Administration” (DEA) anexado al expediente  5025 de trámite en el TOC.n°2 de Mercedes.

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Gran Bretaña: ponen en marcha una gran investigación sobre pedofilia

Gran Bretaña puso en marcha lo que podría considerarse la más grande investigación sobre pedofilia.  Esta pesquisa estará a cargo de la ex jueza británica Elizabeth Butler-Sloss, quien ya  investigó importantes casos de abusos y también se encargó de parte de la instrucción forense de la muerte de la princesa Diana y Dodi Al Fayed en 1997.

Se trata de denuncias de abuso infantil de la década del 80 y el 90 y se analizará si instituciones del Estado, partidos políticos, organizaciones religiosas o la cadena pública BBC gestionaron adecuadamente los casos de que tuvieron conocimiento, o si, por el contrario, contribuyeron a su encubrimiento.
La pesquisa fue anunciada por la ministra del Interior británica, Theresa May, quien dijo que la medida es “parte de los esfuerzos del Gobierno para abordar alegaciones de abusos sexuales infantiles por parte de personalidades en las últimas décadas y su posible encubrimiento por instituciones públicas”.

Paralelamente se pondrá en marcha otra investigación, presidida por Peter Wanless, director de la Sociedad Nacional para la Prevención de la Crueldad contra los niños, que examinará si el Gobierno investigó debidamente una posible red organizada de pederastia en el Parlamento británico en los años 80. Unos 114 documentos que eran evidencia fundamental se perdieron o desaparecieron.

La desaparición de estos documentos se descubrió el año pasado durante una revisión encabezada por el secretario permanente del ministerio del Interior, Mark Sedwill, quien dijo que en la revisión no se encontró evidencia de que estos archivos hayan sido removidos o destruidos de manera inapropiada.

Los abusos infantiles por personalidades son un tema que preocupa en el Reino Unido luego de que se conocieran varias denuncias contra famosos, algunos de los cuales fueron condenados.

Entre los casos resonantes está el de el ya fallecido presentador de la BBC Jimmy Savile, del que se descubrió póstumamente que había abusado de centenares de víctimas durante décadas aprovechando su popularidad.

“En los últimos años, hemos visto horrendos casos de abuso sexual infantil persistente y organizado que han revelado graves errores de importantes organismos e instituciones públicas”, dijo la ministra May.
“Por eso el Gobierno ha establecido un panel independiente de expertos que examinará si estas organizaciones se tomaron en serio su deber de proteger a los niños del abuso sexual”, afirmó.

En tanto, el martes pasado se dio a conocer una entrevista de la BBC de 1995 a un ex parlamentario conservador que dijo que políticos de su partido sabían de colegas que abusaban de niños.

Tim Fortescue, que era político de alto rango durante el gobierno de Sir Edward Heath de 1970 a 1973, afirmó que algunos legisladores querían ayudar a combatir el problema.
“Solíamos venir y preguntar cómo podíamos ayudar, y si podíamos en algo, lo hacíamos”, dijo.

Fuente: BBC, EFE, ANSA, The Guardian


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A un año del crimen de Ángeles Rawson

Hace exactamente un año, la búsqueda de Ángeles Rawson, una adolescente de 16 años que había desaparecido cuando volvía de su clase de gimnasia, terminó de la peor manera posible: no sólo la encontraron muerta, sino que su asesino trató su cuerpo como un desperdicio y lo descartó arrojándolo a la basura.

El cadáver fue hallado en una de las cintas clasificadoras de residuos de la planta de la Ceamse en José León Suárez, lejos del barrio porteño de Colegiales en donde había sido vista por última vez.

El caso tuvo un boom mediático: durante meses apareció en todas las portadas de los diarios, en todos los canales de televisión y en los sitios de noticias. Tanto se hablaba del crimen de la adolescente, que el tema fue tratado hasta en los programas de chimentos de la TV.

Lo cierto es que la causa se encaminó a los pocos días del hallazgo del cuerpo: cuando los medios hablaban del entorno familiar, Jorge Mangeri, el portero del edificio en donde vivía la joven, pasó a convertirse en el único acusado formalmente por la justicia. Mangeri está hoy detenido en el penal de Ezeiza, a la espera del juicio oral, acusado del crimen de la adolescente.

Aquí les comparto un fragmento del libro Ángeles, mujeres jóvenes víctimas de la violencia. Es parte del capítulo escrito por Federico Fahsbender sobre el caso Ángeles Rawson:

Ángeles Rawson fue la adolescente más tristemente célebre de 2013: ningún noticiero habló de otra cosa en las semanas que siguieron a su muerte. El 10 de junio de ese año, su familia, encabezada por su abuela, María Inés Castelli, había enfrentado a las cámaras para pedir ayuda tras su desaparición. Su foto, un perfil sonriente, empezaba a multiplicarse a través de las redes sociales. Era una cara atractiva, fácil de recordar. (…) La chica -el mejor promedio en el cuarto año del Instituto Virgen del Valle, un colegio católico de Belgrano- había ido ese lunes por la mañana a su clase de gimnasia en el campo de deportes de su escuela, junto a la planta procesadora del CEAMSE en Colegiales. Tras esa clase, Ángeles no volvió a entrar a su departamento en la planta baja de la calle Ravignani 2360, en el barrio de Palermo. Alguien se interpuso en el camino.
Hija de padres divorciados, convivía con una familia ensamblada: su madre, María Elena Aduriz, empleada administrativa en la empresa de fumigaciones de su hermano; su hermano mayor, Juan Cruz Rawson, estudiante; su padrastro, Sergio Opatowski, un pescador profesional que había sido despedido de su trabajo el año anterior y vivía de rentas de dos departamentos y Axel, hijo de Sergio de un matrimonio anterior, de 17 años. Jerónimo Villafañe, hijo de una relación previa de María Elena, cajero del Banco Galicia, había dejado la casa dos años antes. Franklin, su padre, ingeniero, había vuelto a formar pareja. En la tarde de ese día, la ausencia de Ángeles -que no respondía a llamados en su celular, que no había sido vista por nadie se había vuelto evidente.

(…) El Virgen del Valle -un colegio chico, tradicional de la clase media de Belgrano y Palermo- cerró dos días por duelo. Ángeles tenía el mejor promedio en toda la institución, un nueve, pero no era su rendimiento académico lo que la destacaba. “Tenía una voz muy suave, delicada. Cantó en varios actos”, recuerda una directiva del lugar. Juan Cruz, en un momento, mostró a un periodista una cartuchera de CDs de su hermana, con bandas como Linkin Park y Evanescence, sus preferidas. “¿Vos tenés forma de llegar a los grupos? Quiero grabar un video homenaje con la música de ellos, ella los amaba, estudiaba canto con una profesora acá cerca. Mumi quería ser cantante y soñaba con eso”, dijo.

(…) Las declaraciones testimoniales de Juan Cruz y Jerónimo ante la fiscal Asaro fueron quizás el mejor retrato de la joven. Jerónimo, tras dejar la casa familiar, volvía de visita una vez por semana.

Describió a su hermanastra como “una persona bastante introvertida fuera de su familia y sus amigos, aunque dentro de su entorno era muy contenedora, divina, divertida, despierta, responsable.  Si Ángeles tenía que ponerse firme en su postura alguna diferencia o conflicto, lo hacía, no era sumisa”. Dijo que jamás la vio confrontar con Opatowski, y que si discutía con su mamá, no la contradecía ni intentaba imponerse: apenas se ponía a llorar.

Juan Cruz, según Jerónimo, era mucho más temperamental, capaz de golpear con el puño la pared de su casa tras discutir con su madre, aunque jamás fue violento con su familia. Y el hermano mayor también era un pilar en su casa: se vistió más de una vez con saco y corbata para oficiar de promotor en el lanzamiento de un microemprendimiento de Maria Elena que no prosperó. También hacía su propia historieta al estilo japonés en su notebook. El día del funeral de Ángeles, usó un saco negro de poliéster con una remera de dos dragones rodeando el símbolo del ying-yang. Y fue él quien introdujoa Ángeles y Axel en el cosplay, en el juego de disfrazarse como héroes de los dibujos animados de Oriente, la mayor afición de la chica. “Team Saint Seiya”, se hacían llamar con Ángeles y Axel junto a otros amigos, en honor a Los Caballeros del Zodíaco, su serie favorita, para llenar de amigos el living del departamento en Ravignani los fines de semana. Ahí, confeccionaban trajes elaborados y armaduras, pelucas, un juego infantil e inofensivo. No era una rareza lo que hacían: el cosplay y el animé están entre los cultos adolescentes más visibles en Buenos Aires, con convenciones masivas frecuentes y reuniones en el Jardín Japonés. En esa escena, Ángeles era una suerte de celebridad.

(…) Lucas Eliel Sosa, un ex novio de Ángeles de 26 años, no estuvo en la mira de la Justicia. Había salido con él por pocas semanas en noviembre de 2012, “para probar”, como declararon sus hermanos.

María Elena no se había espantado tampoco de que su hija adolescente saliese con un hombre diez años mayor. Empleado en la fumigadora familiar, Lucas era un atleta eximio. La madre de la chica, ávida nadadora, charlaba sobre deporte con él con frecuencia.
Ángeles misma terminó la relación, no estaba convencida. Tiempo después, comenzó a salir con un chico del Virgen del Valle, Nahuel, dos años mayor. Los dos corrieron a Ravignani tras enterarse de la desaparición.
Hubo otro chico, el último amor de Ángeles, un chico de catorce años llamado Magno, que apenas había comenzado a conocer. Magno tampoco estuvo bajo sospecha.

(…) Los hermanos Rawson crecieron bajo un régimen judicial, el esquema de visitas acordado tras la separación de sus padres, una ruptura que fue en buenos términos. (…) Y lo que rodea a Franklin Justo Rawson y su impronta indican una vida y un pensamiento típicos de la clase patricia porteña: ingeniero con credenciales educativas como la Universidad Católica Argentina según su currículum online, tuvo cargos jerárquicos en empresas como Roche y Techint. Aficionado al rugby –fue capitán en el equipo de veteranos del exclusivo club La Salle- y a los desfiles militares; hasta tuvo un sitio de venta de vinos de pequeñas bodegas por Internet. Algunos lo describen como una figura seca, severa y a la vez tranquila en la vida de sus hijos. Antes de separarse, la familia había vivido en un departamento de Belgrano, cerca del ex Instituto Geográfico Militar.

(…) Detenido automáticamente tras su declaración testimonial el 14 de junio, su aparición marcó un giro dramático en la causa. Mangeri había visto desde la vereda, con gesto casual, cómo la Policía irrumpía dentro del departamento de los Rawson para allanarlo la misma noche del funeral. Nunca se había llevado mal con la familia, realmente. En su declaración, Juan Cruz lo describió como alguien “macanudo”, siempre servicial, que hasta tuvo una llave del departamento de la familia antes de que cambiaran la cerradura en 2012. (…) En su cuadra de la calle Ravignani, nadie tenía nada excepcional que decir sobre él tampoco.

Todos describían a un portero que lavaba obsesivamente su Renault Megane los fines de semana, que hacía trabajos de albañilería para sus vecinos y piropeaba chicas desde la vereda de vez en cuando. Pero el viernes 14 mismo, Diana Saettone recibió un llamado desconcertante.
Jorge García -un portero amigo de su marido, a cargo de un edificio en Barrio Norte- le comentó que Mangeri lo había visitado “hecho una piltrafa”, llorando sin parar. Algo no estaba bien.

(…) Al portero Mangeri, lo mejor que le pasó en su vida fue ser portero. Había llegado a Ravignani doce años atrás, a través de un familiar lejano de su mujer que administraba el edificio. Nunca fue parte de la vida política del SUTERH, del poderoso sindicato de porteros al que pertenecía, de sus elecciones internas, pero le gustaba disfrutar de sus beneficios. Nunca faltaba a la cena masiva que ofrecía el gremio a sus afiliados para fin de año. El sindicato le proveyó casa, una cobertura de salud, y hasta la chance de viajar a los centros vacacionales del sindicato en provincias como San Luis. Era un cambio: hasta ese entonces, Mangeri jamás había ido más allá de la provincia de Buenos Aires. Venía del barrio Muñiz en San Miguel; ahí se crió en una casa con pasillo al fondo junto a dos hermanos, hijo de Antonio, un albañil y Norma, ama de casa.

(…) Nunca terminó la secundaria. Toda su vida se dedicó a trabajar: de adolescente, como asistente en una panadería; más tarde, en una tornería. Su padre, Antonio, albañil, murió por problemas cardíacos luego de una vida de cigarrillos y esfuerzo físico. “Le explotó el corazón”, relatan en San Miguel. Sus padres se separaron cuando tenía 25 años. El portero le recriminó durante años a su mamá el hecho de que dejase morir a Antonio sin compañía, en una relación que se volvió fría con los años. Al morir Ángeles Rawson, Norma seguía ahí, en la casa al fondo del pasillo.

(…) Diana recuerda la relación de su marido con su sobrino Lorenzo, una suerte de hijo para ellos, que compartía fines de semana enteros y hasta dormía entre ella y Mangeri.
Lorenzo era celíaco: frente a él, el portero nunca se atrevió a comer una factura o un pan. Y el chico resumía todas las esperanzas de la pareja, en cierta forma: nunca pudieron tener hijos, debido a un problema congénito en Diana, que fue diagnosticada hace cinco años de un cáncer de tiroides, algo que eliminó cualquier chance de quedar embarazada. Intentaron con tratamientos, que no funcionaron.

Al momento del crimen, Diana y el portero no habían resignado el deseo de ser padres: ya habían comenzado a informarse para el largo trámite de adoptar un hijo. “Hay una burocracia terrible. No es que vas y listo. Pero sí, estábamos con eso, teníamos esa ilusión”, dice Saettone.

(…) Mangeri se había instalado en Los Troncos poco después de la separación de sus padres para trabajar con un tío diariero como canillita. Diana ya tenía un kiosco-almacén. Mangeri la visitaba ahí, intentando cortejarla. Cuando llegaba y veía que ella no estaba, compraba un sobrecito de champú para disimular. No le servía de mucho; ya en ese entonces se había quedado calvo. El cortejo resultó: ya portero en Ravignani, se casó en el 2003 con Diana en la parroquia Purísima Concepción de Pacheco. Carlos y la madre de Diana, Salvadora, fueron los padrinos. Norma, la madre de Mangeri, no estuvo en la ceremonia. Hasta el momento del crimen, los padres de Diana no la habían conocido. La distancia se mantenía. Y con su mujer, era protector al extremo, algo que se volvió más notorio tras el diagnóstico de cáncer. Salvadora cuenta: “A veces no la deja ir sola a hacer los mandados por miedo a que se caiga o le pase algo”. Para Diana, eso es un ejemplo de la caballerosidad de su marido: “Todavía en la cárcel me corre la silla cuando me siento”.

(…) El portero panzón de camisa y pantalones Ombú, calvo y buenote, el mismo que abrazaba a sus sobrinos en fotos íntimas y videos extraídos de Facebook y reproducidos en cada revista y noticiero, ya no existe: Mangeri perdió veinte kilos en sus primeros seis meses de cárcel. Bajo un régimen de resguardo impuesto judicialmente, no puede transitar solo los pasillos cuando va a sus tratamientos bisemanales de contención con una psicóloga -jamás había hecho terapia antes en su vida-, o cuando va a las salas de visitas para encontrarse con su mujer y llorarle en el hombro. (…) Comparte su encierro con presos famosos como José Ángel Pedraza, alojado en Ezeiza por la muerte del militante socialista Mariano Ferreyra, y Eduardo Vázquez, ex baterista de Callejeros, condenado por la muerte de 194 personas en la masacre de Cromañón y por incendiar a su propia esposa, Wanda Taddei. Pedraza y Vázquez lo apoyan, lo animan, lo tratan con afecto, le piden que coma, que le va a hacer bien, lo alientan para que no pierda el ánimo. En el pabellón, el portero les retribuye cocinando pizza de vez en cuando.

(…) En octubre del 2013, Diana todavía vivía en el departamento del octavo piso en el edificio de Ravignani, reservado al portero. Las aberturas fueron renovadas por Mangeri poco antes del crimen, las paredes repintadas, los escalones rotos reparados con cemento. Diana, acompañada de su hermana Susana, casi idéntica a ella, pasaba tardes encendiéndole velas a la Virgen de San Nicolás, jugando con sus sobrinos que la visitaban. La temperatura mediática del caso había bajado; ya no era invitada con tanta frecuencia a defender a su marido en los programas de televisión. Ya no trabajaba en ese entonces, gozaba de una licencia: Diana limpiaba pisos en el Instituto de Menores Manuel Rocca. Dice que los chicos detenidos siempre la trataron con respeto, que el miedo que experimentó al comenzar a trabajar ahí no le duró demasiado. Durante los últimos 5 años, mantuvo a raya a su cáncer de tiroides, del cual no está completamente curada. La medicación del tratamiento le provocó una arritmia cardíaca. Su fragilidad física fue siempre la debilidad de su marido.

Mangeri, en sus pocas entrevistas a la prensa, negó una y otra vez que fuese culpable, aún con las pruebas apiladas en su contra. Hay voces ligadas al expediente que dicen que, si es en verdad culpable, solo confesará el día que muera su mujer.

(…) (Ricardo) Canaletti reconoce: “Una noche a la salida del canal me suena el celular y escucho: ‘Soy Berni, quiero hablar con vos.

Dijiste en Telenoche una cosa que no es así. Diste a entender que nosotros tenemos una inclinación para ocultar a la familia’.Yo le digo: ‘Pagaste el entierro’. Él responde: Sí, pero se lo hacemos a mucha gente. Me dijo que le pagó un alojamiento porque les había allanado la casa. Y me pregunta: “Che, ¿qué onda esta mujer que apareció?” Ese, para mí, era el verdadero sentido de la llamada”.
Esa mujer a la que refiere Canaletti, que llamaba desde del sur del país, fue el centro de una polémica que terminó en un fiasco judicial.

La mujer contactó a los estudios de TN, luego a una productora de Canaletti, para revelar que habría visto a Opatowski teniendo una sugestiva y airada discusión con Ángeles en el edificio. Desde el canal, no quisieron arriesgarse a lanzar el testimonio al aire. Enviárselo al abogado Lanusse fue el paso siguiente. Este testimonio motivó que, en plena noche, todos los ocupantes del edificio de Ravignani, ancianos incluidos, fuesen cargados en combi en plena noche para declarar en Tribunales. Tampoco sirvió de nada. Nadie reconoció haber visto una discusión así. La mujer fue imputada por falso testimonio, el equivalente procesal de una torta en la cara.

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Algo importante para agregar…

Como una macabra coincidencia pero –lamentablemente- con mucha menos difusión, a pocos días de que se cumpliera un año del hallazgo del cuerpo de Ángeles, la semana pasada los operarios del Ceamse encontraron otro cadáver. La víctima era Paula Giménez, tenía 31 años, era oriunda del Chaco y padecía de esquizofrenia. Por el momento no está claro cuáles fueron las circunstancias que causaron su muerte.

Lo que sí se sabe es que la joven fue vista durmiendo en un contenedor días antes de aparecer muerta, pero nadie se tomó el trabajo de identificarla, lo que le hubiera salvado la vida ya que había un pedido de averiguación de paradero a su nombre.

La familia de Paula también espera que se haga justicia. #JusticiaporPaulaGiménez

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Se cumplen 20 años de la “Masacre de Flores”

El 17 de febrero de 1994 Fructuoso Alvarez González incendió una casa ubicada en Baldomero Fernández Moreno al 1900, en el barrio de Flores, para vengarse de una deuda que mantenía con la familia que vivía allí. En el incendio murieron cuatro miembros de la familia: José Bagnato, de 42 años, su esposa Alicia Plaza, de 40 y sus hijos Fernando, de 14, y Alejandro, de 9. El fuego también se cobró otra vida, la de Nicolás Borda, de 11, quien se había quedado a dormir la noche anterior en la casa.

El único sobreviviente de lo que se conoció como la “Masacre de Flores” fue Matías Bagnato, otro de los hijos del matrimonio. Alvarez González, quien era pareja de una prima de Plaza, fue condenado a perpetua en noviembre de 1995.

En 2004 fue extraditado a España para completar la pena. Regresó a la Argentina en 2008, luego de que un juez le otorgara la libertad plena. Luego de eso, Matías Bagnato comenzó a recibir amenazas e intimidaciones por parte del asesino de su familia. En 2011, Álvarez González volvió a ser detenido.

Hoy, a 20 años del trágico incendio, Matías invita a todos a participar de una misa para recordar s u familia y al pequeño Nicolás.

“Se cumplen 20 años del homicidio de mi familia y Nico, invito a todos a recordarlos en la Misa del próximo lunes 17 de febrero a las 19.30 en la parroquia Nuestra Señora de los Dolores, en Avenida Díaz Vélez 4860. Siempre estarán en mi corazón”, es el mensaje enviado por el único sobreviviente de la Masacre de Flores.

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Cleveland: 11 años secuestrada, el testimonio del horror

Michelle Knight fue la primera de las tres víctimas secuestradas por Ariel Castro en Cleveland. También fue la primera de las tres en hablar, luego de 11 años de cautiverio.

Michelle tenía 21 años cuando Castro la convenció de entrar a su casa, con la excusa de que tenía un cachorro para regalarle. “Me dijo ‘Sólo entra un momento. Los cachorros están arriba. Puedes llevarle uno a tu hijo’”, le dijo Knight al doctor Phil McGraw en una entrevista en el famoso programa del psicólogo norteamericano.

Una vez que la joven entró a la casa, Castro la encadenó en el sótano. “Me llevó al sótano, me amarró a un poste con cadenas. Me encadenó por el cuello, me dijo ‘Aquí te quedarás hasta que confíe en ti. Si te amarro tan fuerte que no lo sobrevives, será una señal de que no estás destinada a quedarte’”, relató Michelle, que hoy tiene 32 años.

La joven era madre de un nene de 2 años cuando fue secuestrada. En diálogo con Dr Phil contó que fue justamente la posibilidad de volver a su hijo lo que la mantuvo con vida.

Sobrevivir al horror

Luego de secuestrar a Michelle, Castro capturó también a dos mujeres más: Amanda Berry y Gina Dejesus. Por lo que trascendió de los años de horror, Knight fue la más castigada de todas: Castro la golpeaba con diversos objetos, la violó en reiteradas oportunidades y tuvo al menos cinco embarazos que Castro convirtió en abortos haciéndola pasar hambre y luego golpeándola en el vientre.

Las otras dos mujeres también fueron maltratadas y abusadas. Una de ellas dio a luz a una hija en cautiverio, que fue rescatada junto a las tres mujeres.

El rescate

La sorpresa fue enorme cuando se descubrió que las tres jóvenes, desaparecidas durante años, estaban con vida.

“Soy Amanda Berry, llevo diez años secuestrada”. Esas fueron las palabras que Amanda Berry lanzó al operador del 911 apenas un vecino logró sacarla de la casa, al escuchar sus gritos desesperados. Nadie en el barrio lo podía creer: las jóvenes estuvieron toda una década ahí, sufriendo tormentos, amarradas, siendo abusadas por este hombre que se mostraba puertas a fuera como un vecino normal y amable. Castro era el conductor del transporte escolar de la zona, y tocaba el bajo en una conocida banda local.

El llamado de Amanda puso fin a tantos años de cautiverio. El rescate ocurrió en mayo de este año. Castro fue detenido y condenado a cadena perpetua y 1000 años adicionales, ya que la justicia lo consideró culpable de 937 cargos, incluyendo secuestro y asesinato. En septiembre, Castro se suicidó en su celda.

A pesar de todo el sufrimiento, Michelle Knight se muestra optimista: “Quiero que la gente sepa —incluyendo a las madres— que pueden tener fuerza, que pueden tener esperanza y sus niños regresarán”, dijo el día en que demolieron la casa en donde vivió una década de horror.

 

 

 

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La maldición de la familia Pippo Briant

Oriel Briant fue hallada muerta  a un costado del kilómetro 75 de la ruta 2 hace casi 30 años. Su cara había sido desfigurada de un balazo y tenía más de 20 puñaladas en la zona genital. El crimen fue vinculado a  sectas, ritos satánicos, el cine y la droga, pero quedó impune.

Oriel vivía en City Bell con sus cuatro hijos. Había estado casada con Federico Pippo durante 12 años, pero luego se separaron. La noche del 9 de julio de 1984, en medio de la lluvia y el frío, y por motivos que nunca se descubrieron, Oriel salió de su casa vestida con un camisón, una bata y un par de medias de color celeste. No se la vio más, hasta que cuatro días después fue encontrada muerta.

El principal sospechoso era  su ex marido, que era profesor de literatura y filosofía en diferentes colegios y trabajaba los fines de semana para la División Balística de la policía bonaerense. Pippo, su hermano Esteban y su madre, Angélica Rosa Romano de Pippo estuvieron presos un año, en medio de rumores de extraños ritos que nunca pudieron probarse.

Mirá el especial multimedia:

Hoy el caso sigue impune, pero la trama familiar continúa. Pippo falleció en 2009. Algunos creen que se llevó a la tumba la verdad sobre el crimen de su ex esposa.

También en 2009, dos de los hijos de Oriel fueron detenidos, acusados de robar unos 300 pesos y bebidas alcohólicas en un supermercado de City Bell. Se trata de Julián Pippo Briant (31) y de su hermano, Cristopher Pippo Briant (28). Cristopher era el único de los hijos de los Pippo que estaba en la casa cuando Oriel desapareció. Tenía apenas tres años, y fueron sus llantos los que alertaron a los vecinos de que algo pasaba en esa casa. Julián tenía entonces 6 años.

Julián volvió a ser detenido en enero de este año, acusado de robar en un comercio ubicado en la calle 140, entre 438 y 439, de City Bell. Tenía un par de cuchillos y un cargador de pistola calibre 22.

A casi 30 años del enigmático crimen que marcó la vida de esta familia, el periodista Pablo Roesler publicó en Tiempo Argentino una interesante entrevista a Julián Pippo.

A continuación, un fragmento de la nota:

La caída del hijo de Oriel Briant, entre el estigma social y la cárcel

Julián Lautaro Pippo tenía seis  años el 9 de julio de 1984, cuando su madre, Aurelia Catalina “Oriel” Briant fue asesinada de un disparo en la cara y más de 20 puñaladas en el cuerpo. “De mi mamá no me acuerdo nada. Yo a ella no la disfruté y cuando la veo en una foto, veo una mujer y no puedo decir esa es mi mamá”, murmura. Ese crimen impune conmocionó a la sociedad en los primeros años de la primavera democratica y quebró su vida. Aquella muerte tuvo como sospechosos a su padre, el profesor de literatura Federico Pippo, su abuela y sus tíos; también desarticuló a la familia. A poco de cumplirse treinta años de ese episodio que ocupó las primeras planas de los diarios y mientras está detenido acusado por robo a mano armada y posesión de drogas, el anteúltimo de los cuatro hijos del matrimonio Pippo-Briant, admite que está solo, que no ve a sus hermanos y por primera vez proclama la inocencia de su padre.

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Masacres: Argentina refugia a prófugos de la ¿justicia? paraguaya

Una investigación conjunta con Agencia Pública. Colaboró Natalia Viana.

Más de 1400 kilómetros y un año los separan, pero cuando describen aquel sitio y aquel día, parece que estuvieran allí otra vez: les tiemblan las manos, los ojos se les ponen vidriosos y se les quiebra la voz. Comienzan a hablar en un volumen apenas audible, murmuran dos o tres palabras y callan.

Con pocas palabras cuentan ese 15 de junio de 2012 en Curuguaty.

Foto: www.facebook.com/curuguatypy/

Sentado junto a Ramírez en un bar de San Telmo, Dani, carraspea, gira la cabeza hacia la puerta de entrada. Estuvo a punto de cancelar el encuentro, confiesa. No quería hablar. Desde hace un año está tratando de sacar de su cabeza esas imágenes, eso por lo que tuvo que huir de su país, de su familia.

El recuerdo de la familia le provoca una sonrisa breve y nerviosa. La camarera, la gaseosa, lo devuelven a la realidad, a la ciudad de Buenos Aires, esa ciudad ajena en la que sólo conoce a Ramírez y a Fredy, prófugos como él.

Hay unos minutos de silencio en los que Dani parece tomar fuerza. Se mira las zapatillas azules –él y Héctor están vestidos para un partido de fútbol. Cuenta que todos los fines de semana se juntan a jugar a la pelota en la canchita de la villa donde viven. Vuelve a subir la vista, clava la mirada en la mesa, suspira.

Y, con los puños apretados con fuerza, cuenta.

Ese día eran unos 80 campesinos, y había mujeres y niños. Pedían las tierras de Marina Cué, un paraje de 2000 hectáreas a más de 250 kilómetros de Asunción. Querían hablar con la Policía, que les mostraran los documentos de propiedad con los que pretendían echarlos, esos papeles que hasta el día de hoy no aparecieron.

“Queríamos ver los papeles de propiedad, sólo eso. Pero de pronto comenzaron los disparos y….”. Dani se interrumpe y sus mejillas blancas se encienden.

Y vuelve el silencio.

***

Las ocupaciones eran frecuentes en esa zona. Ya había habido desalojos, pero ninguno así. Desde hacía varios meses, escuchaban en la radio que los terrenos estaban “disponibles”. Se hablaba del potencial para crear un nuevo barrio. Con esos pocos datos, unas setenta personas tomaron Marina Cué.

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En el cielo nos vemos: las dos desapariciones de Jorge Julio López

El 18 de septiembre se cumplen 7 años de la desaparición de Jorge Julio López. Son 7 años en realidad desde su segunda desaparición.

En ese contexto, recomiendo la lectura de En el cielo nos vemos (Ediciones Continente), un libro de Miguel Graziano, que cuenta la historia de este hombre condenado a sufrir la misma situación dos veces. Una en plena dictadura, y otra en plena democracia.

A la desaparición forzada, el horror y la cárcel le sigue la historia de la impunidad, en un largo camino que va desde la ley de autoamnistía dictada por los militares en 1983 hasta la derogación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, en 2005. Y una vez que López pudo dar testimonio en el juicio a Miguel Etchecolatz, cuando faltaban apenas unas horas para que se conociera la primera condena por crímenes cometidos en el marco de un genocidio, otra vez la ausencia, la desaparición. De eso también da cuenta En el cielo nos vemos, el desconcierto y la impotencia de los funcionarios, las piezas del rompecabezas que no encajan en la investigación, las pistas disparatadas e interesadas, los rastrillajes indiscriminados y los misterios teñidos de mensajes mafiosos en un caso aún impune.

Un adelanto:

La boina azul, la campera bordó y los mismos zapatos que usó en cada una de las audiencias del juicio, sin importar si hiciera frío o calor, estaban en el living, preparados sobre una silla. Gustavo pensó que su papá se había quedado dormido y se metió en su habitación. Su lado de la cama estaba abierto. Fue hasta el baño. No estaba ahí. Irene recién se despertaba.

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¿Cómo fue el Robo del Siglo?

La semana pasada, Luis Mario Vitette Sellanes, sentenciado a prisión por el robo al banco Rio -conocido como El Robo del Siglo- y otros delitos fue deportado, de acuerdo con la Ley de Migraciones. Vitette volvió a Uruguay, su país natal, en donde fue recibido como una celebridad. Junto con los Trovadores de Venus, su banda amiga, tenían preparado para este momento el tema “Ta Bueno”, que podés escuchar acá:

 Y de paso, si querés recordar cuál fue el denominado Robo del Siglo, te comparto este especial que hicimos con el equipo multimedia creativo de LA NACION.

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