Ni tutú ni babau. A mis hijos siempre traté de hablarles de forma clara y sin vueltas. Creo que los diminutivos dificultan la comunicación y el desarrollo del lenguaje. Lo comprobé con mi hija de seis años, e intento repetir la experiencia con mi bebé. Con sus 13 meses, me sorprende cuando camina por la casa llamando a “mamama”, o su más claro “papá”. También se le entiende “agua”, “chau”, “hola” y alguna que otra palabra suelta.
Por medio de las palabras, o mejor dicho de los silencios, se pueden detectar de manera precoz problemas de desarrollo. La doctora Nora Grañana, neuróloga infantil del Hospital Universitario Austral, considera que un bebé entre los 3 y 4 meses debería lograr sostener su cabeza y emitir vocalizaciones con la letra “a”, la “o” o decir “ajó”. Y entre el año y los 18, a decir las tres palabras claves: mamá, papá y agua.
“Al cabo de los dos años lo ideal es que elabore frases de dos palabras, como ‘quiero leche’. A esta edad también se alimentan con tenedor o cuchara y señalan aviones, la luna, un muñeco o un animal”, agrega Grañana.
Entre los 3 y los 5 años incorpora paulatinamente los colores, formas y canciones infantiles.
Son pautas. Pero hay que tener en cuenta que cada chico tiene su tiempo. Y hay que respetarlo.