Primero fue un gran observador. Mientras los compañeritos se animaban a besar a los títeres que movían sus maestras, mi hijo los miraba, a la distancia. Así comenzó su adaptación en la sala de dos. Su primera aproximación con el jardín de infantes.
Después, cuando aparecieron los globos en escena, se animó un poco más. Se soltó de mi mano y eligió uno blanco. El broche de oro fueron los alfajores de chocolate que repartieron las seños como despedida del primer día.
Así son las adaptaciones, paso a paso, poniendo siempre la mirada en nuestros hijos Porque, hay que reconocerlo, a muchos papás nos cuesta más que a ellos. En la charla previa que dio el colegio de mi hijo, insistieron en que debíamos transmitirles seguridad. Aunque nos cueste, aunque a veces tengamos más ganas de largar el lagrimón que ellos.
En el cole me pasaron unos datos interesantes:
“Es muy importante la confianza de los padres hacia la institución donde dejarán a sus hijos –agrega la doctora Claudia Amburgo de Rabinovich, de la Asociación Psicoanalítica Argentina–. Además, es conveniente que la persona (mamá -papá, abuelo, etc) que lleve al niño al jardín esté tranquilo, sin apuros ni gritos, sabiendo que lo que él transmita ayudará o dificultará la separación y posterior integración del niño en su salita.”
Agrega que es bueno permitirle que lleve su juguete o alimento preferido en la mochila o en la mano, eso le facilitará tolerar mejor la angustia frente a la separación con su mamá.
Y tener en cuenta que cada niño tiene su tiempo. Algunos empezarán llorando; otros, se adaptarán desde el primer día. Seguramente, como en todas las etapas de sus vidas, nuestros hijos nos sorprenderán.
07.03.2011
6:08 pm
Muy interesante el blog! Estoy viviendo esta etapa de padre, como primerizo y me gustaría compartir mi experiencia a través de mi propio blog, http://www.papaenrodaje.cl saludos!