Cosa de chicos

Pequeños actores (y no tanto)

Por: Mariángeles López Salon

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flickr/juhansonin

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“Necesito una guitarra eléctrica, anteojos de sol y un disfraz de estrella de mar”, enumeró mi hija de seis años. Además de pedidos inusuales, el acto de fin de año genera expectativas y algo de estrés en chicos y grandes.

Hoy, antes del primer ensayo, salí corriendo a comprar una guitarra eléctrica, y cometí el error de ir con mi hija. Había variedad: desde una mínima con pocos botones y sonidos estridentes hasta la súper guitarra, rosada y más cara. Ella pidió la más linda, la más impactante y, claro, la más rosada. Ahora falta el disfraz, que después de una larga cadena de mails con otras mamás, de opiniones, cambio de diseños, etc, ya estaría encaminado.

No sólo se trata del acto. “En los más chicos significa además de terminar un periodo, pasar de grado o año, el despedirse por un tiempo de amiguitos y maestros, y de las actividades escolares y extras que eso conlleva”, dice Laura Orsi, médica psicoanalista, miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina y coautora del libro Psicoanálisis y Sociedad.

Sí, el acto de fin de año genera estrés antes y durante. Hace unos días, una amiga me contó que después de los preparativos, de buscar el mejor disfraz, de gastar una fortuna en un par de zapatos, su hija de dos años se negó a salir al escenario. O mejor dicho, sí lo hizo, pero a upa de una docente y llorando a los gritos. Cosas que pasan. Lo mejor es bajar las expectativas y respetar los tiempos de cada chico, aunque no quiera ser parte del show.

Así lo decidió el año pasado un compañerito de mi hija. “No voy a actuar”, le había dicho a su mamá. ¿Por qué? El disfraz le parecía de lo más ridículo. Después de tanta insistencia familiar, el nene finalmente se subió al escenario pero estuvo todo el espectáculo de brazos cruzados. Cumplió con lo prometido y no actuó.

Mi amiga Paula reservó sin muchas vueltas el disfraz de Pinocho para su hijo. No tuvo en cuenta la puntualidad sin excepciones del colegio y llegó al acto justo cuando se levantaba el telón. Tadeo, que nunca tuvo ningún problema de adaptación, corrió al escenario y se sumó a la obra cantando y bailando. Y se llevó todos los aplausos.

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Publicado el 30.11.09 en crianza, festejos, VARIOS.
1 Comentario
  1. mirinda

    A mi niño le tuve que comprar dos veces el traje de… tomador de mate (?), que consistía en un pantalón negro y una polera ¡turquesa! me costó horrores conseguirla. Eso, antes de que el acto se suspendiera por la Gripe A y tuviera que comprar el mismo equipo, pero de verano…

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