Estaba entusiasmada con su uniforme nuevo. Jumper gris, camisa celeste y pelo muy recogido. Toda una novedad para mi hija de seis años, que hoy comenzó primer grado en colegio nuevo, con compañeros nuevos y doble escolaridad. Y en este mundo a estrenar se deberá acostumbrar a su miss en lugar de la seño, a normas no tan flexibles como las del jardín de infantes y a los nuevos horarios. Entre tantas otras cosas.
Hoy la recibieron con un acto de bienvenida y una ronda en la que se enfrentó con caras desconocidas (que seguramente dentro de unos meses serán las de sus grandes amigos). Del otro lado, la seguíamos con flashes y filmaciones sus papás, abuelos y tíos. Todos con ganas de abrazarla y contenerla porque eso de ser “la nueva” no es fácil para nadie, menos para una nena de seis años. O quizás sí.
Después de las presentaciones, una seño (perdón, miss) abrió el juego con una canción, y todos la siguieron divertidos. Es increíble cómo la música puede alegrar, movilizar, unir. Así los chicos se fueron contentos al aula, que debieron cerrar a la fuerza porque a falta de alumnos llorosos, había unos cuantos padres en la puerta con lágrimas en los ojos.
En el post Vuelta al cole, Daniela me comentaba que su hijo, que también comenzó primer grado, el día anterior no dejaba de hacer preguntas (lo que me resulta altamente positivo). “Al entrar al aula -sus compañeros son los mismos que del jardín salvo algunos pocos compañeros nuevos- sus amigos ya estaban ubicados en las mesas y tras dar vueltas y no encontrar con quien sentarse de los nenes que conocía se puso a llorar. Traté de calmarlo y ayudarlo a sentarse. Tras el saludo a la bandera volvimos al aula, hicimos una actividad con los nenes y los dejamos solos con su maestra. A la salida salió contento y me dijo que ya mañana no iba a llorar más”. ¿Y no lloró?
Paula, en cambio, estaba preocupada porque su hija, que también empezó primer grado, ahora cursa doble escolaridad. Pero se emocionó cuando en plena adaptación y luego de salir al mediodía sorprendió a su mamá con un “ya está, ma, ya me acostumbré”
En el blog vecino El archivoscopio, Gabriela Miño compiló fotos para el recuerdo. Y cuenta una historia que los invito a leer.
No me acuerdo mucho de mi primer día de clases. Si me tengo que guiar por una foto que guarda mi mamá, en la que estoy codo a codo con mi hermana mayor, es de suponer que no fue el día más feliz de mi vida. Me veo seria, con el pelo muy recogido, jumper azul y camisa celeste. Casi casi como la vi a mi hija hoy. Y a ella le cuento que después de este primer día vendrán buenos amigos, aventuras, recreos y, claro, las mejores enseñanzas.
03.03.2010
6:40 am
Mariangeles, a tu pregunta respondo que no se si va a llorar porque ayer faltó al cole debido a que amaneció con fiebre, tiene angina y hasta el viernes no va a ir. crees que haya somatizado y por eso se enfermó?.
Me encantó este post, y gracias por mensionarme en él.
Esta historia continuará…un abrazo!