Se sabe. A medida que los chicos crecen es importante que comiencen a ser cada vez más autónomos. Y, dependiendo de la edad, empiecen a bañarse solos, elegir qué ponerse, preparar la mochila para el cole y vestirse. Pero lo que muchas veces suena fácil en la teoría en la práctica no lo es tanto.
He comenzado en casa con estas cuestiones, mi hijo tiene casi 4 años, y no siempre lo veo entusiasmado con adquirir esta independencia. Más de una vez contesta a mis iniciativas de que se vista solo o que se bañe (yo lo voy guiando a su lado) con un displicente hacelo vos.
Un poco frustrada, tenía entendido que a los chicos les gusta alcanzar estos pequeños logros, decidí buscar una opinión calificada. Uno cree que siempre hace algo mal. Y como dice el dicho, el que busca encuentra.
“Tal vez estás un poco ansiosa. Si bien los chicos tienen tendencia a querer independizarse, hay que trasmitir el cambio como proceso placentero, no como una imposición”, me orientó Sara Zusman de Arbiser, especialista en niños y adolescentes.
Y sí… A lo mejor lo mío no sonó muy tentador. Muchas veces, al proponer una nueva tarea el Ya sos grande… aparece como enunciado obligado, producto de la falta de originalidad. Y como, en realidad, se trata de chicos bastante chicos (valga la redundancia) ellos pueden sentir que uno no quiere ocuparse más de ellos. Situación aún más probable si, como en mi caso, hay un hijo más pequeño al que todavía se lo asiste en todo.
El otro tema importante es estimular los pequeños progresos. Si el desafío es peinarse solo, alentar el intento e incluso estar dispuestos a no corregir aunque el resultado final no sea el óptimo.
“Hay que aplaudir todos los intentos y como mamá dejar de buscar la perfección. Muchas piensan que las maestras van a pensar mal de ellas si sus hijos no llegan perfectos a la escuela y ante esta autoexigencia terminan descalificando los ensayos de los más chicos cuando en este proceso, la confianza en ellos es clave”, apunta la especialista.
Como siempre, el juego es el mejor aliado de cualquier aprendizaje y todo aprendizaje necesita tiempo (que tan poco abunda). El desafío es buscarlo. ¿Quién no se tentó sobre la marcha, en vestir a un hijo a la mañana cuando los minutos corren en vez de morderse la lengua y dejarlo hacer?
Es que muchas veces es más trabajoso ayudarlos a independizarse que reemplazarlos en sus quehaceres. Sucede que, como padres, estamos obligados a invertir en la primera opción que, a la larga, seguro es la única gratificante.