Sobran estadísticas y análisis que relacionan la televisión y la infancia, echándole al aparato la culpa de casi todos los males. Desde chicos poco creativos y ansiosos hasta obesos. Sin pararme en los extremos, (a qué mamá no le vino bien alguna vez que sus hijos se entretengan un rato con el televisor), creo que controlar la programación y el tiempo de exposición es absolutamente necesario.
Y lo digo justo cuando mi hijo de 3 años está más televisivo que nunca. En mi casa, por herencia de la de mi madre, la TV nunca tuvo un rol protagónico. Recuerdo compartir alguna que otra serie en familia, del estilo de La Mujer Maravilla, El Hombre Nuclear o El auto fantástico y no mucho más. Podía pasar más de un día sin ser encendida y nadie se traumaba.
Los tiempos cambian. Mi hijo, al que sólo le permito mirar el Discovery Kids, no se cansa nunca. Una vez que se enciende, la rutina familiar se entorpece. No quiere comer o quiere hacerlo frente a la TV, lo que significa un almuerzo eterno, justo cuando el tiempo apremia para su partida al jardín. Vestirlo es otro problema y pedirle alguna cosa es como hablarle a un sordo. La realidad es que la televisión lo inmoviliza.
El otro día volviendo de un paseo le pregunté si quería acompañarme a comprar o volver directo a casa con el papá. Su respuesta fue que quería ir a casa a ver la tele porque le enseñaba muchas cosas.
Por su puesto, le pregunté qué cosas y me contestó: “A construir, a ser piratas, a crear arte, a conocer cómo se divierten los insectos…” Y no sé qué más. La suya era una repetición más o menos literal de las promociones que el propio canal hace de la programación.
Le expliqué que en realidad solamente mira lo que otros hacen. Por su puesto, no lo convencí. Y aclaro que rescato de la programación del Discovery Kids el hecho de que no es violento y enuncia constantemente los valores de solidaridad, cooperación, trabajo en equipo, comprensión…
Así y todo, soy de las que piensa que los chicos deben pasar más horas creando sus propios juegos, experimentando cosas y relacionándose con otros (en ocasiones pasan más tiempo con la TV que con los integrantes de su familia). Lo que no significa que no pueda disfrutar nunca de un programa.
Lo dejo a mi hijo ver televisión un rato a la mañana y cuando llego del trabajo, momento en que lo acompaño a ver Franklin o Miss Spider. Entonces charlamos de lo que vemos, me interesa saber cuáles son sus conclusiones, contarle cuando yo opino diferente de lo pasa en la pantalla y ver qué lo hace reír.
Además de las cuestiones educativas y de la modalidad en que cada padre se plantea cómo desea que pasen sus hijos el tiempo libre, se sabe que los chicos son una cadena importantísima del consumo y presas fáciles de todo tipo de publicidad. Sí, desean y necesitan todo lo que las propagandas les venden.
Y no sólo venden juguetes o alimentos que dan fuerza, también venden estilos de vida (estereotipos) que hacen que las nenas estén pendientes de la belleza desde muy temprana edad y que ya desde el jardín de infantes sufran por amores no correspondidos o compitan por el galán de turno.
Algunos contenidos roban infancia. Y la cuestión es mucho más sutil que evitar la pornografía.
13.09.2009
1:58 pm
paula es cierto tus apreciasiones y es una de las nuevas enfermedades culturales con que nosotros los padres debemos enfrentarnos y solo con un trabajo paciente y crítico de nuestra parte lograrmos enfrentar este flajelo. muy buena tu nota. saludos
13.09.2009
5:53 pm
Estoy de acuerdo. Tengo dos hijos, el mayor de 9 años tiene horario para mirar television, 2 horas al dia, despues de hacer la tarea, dormir 1 hora de siesta y merendar. El mas pequeño tiene solo 1 año y medio y no planeo permitirle ver television hasta los tres años. Prefiero que juegue, leerle…
15.09.2009
3:00 pm
Muy interesante nota, sobre una problemática que nos afecta a todas las familias hoy.
Hace un tiempo leí una nota de Carl Honoré sobre este tema, su propuesta al tema concluía: ¨¿Qué nos puede salvar? Es una simple cosa llamada “botón de apagado”. Hay que desenchufar todos los aparatos y decirles a los chicos que salgan a jugar.¨
Creo que nuestra tarea como adultos es recuperar el espíritu del juego cotidiano y tener una mirada clara sobre las posibilidades de tiempos y espacios de juegos concretos que les ofrecemos a nuestros hijos, sobrinos, nietos, alumnos.
La formación de un ser humano va más allá del recorte educativo, por eso debemos pensar en ofrecerles calidad y cantidad de juego significativo, tal vez a partir de ello podamos comunicarnos con nuestros chicos desde su lugar de placer que nos abra canales de comunicación más profundos, respetando su Derecho al Juego.
16.09.2009
1:26 pm
Comparto totalemente la nota de Paula. yo tambien tengo dos hijos, de tres y 2 años respectivamente, y el mayor de ellos tambien tuvo su etapa de adicción a la televisión y a la repetitiva e interminable sucesion de programas de los canales infantiles, muchas veces la comunicación con el era imposible. Un día, cuando volví del trabajo y quise comunicarme con él, me di cuenta que practicamente estaba viviendo dentro de la tele, asi que simplemente la desenchufe y la guarde mirando la pared. No mas programas infantiles y propagandas incitando al consumo, a partir de ese día mis hijos miran solo peliculas infantiles, que de alguna manera tienen una duración limitada y no los llenan de toda la información que pretenden vendernos.