A la abuela de Caperucita Roja no la comió el lobo: la escondió. La versión original del cuento clásico me parecía tan cruel que por años la modifiqué para mi hija. Pero ahora las letras ya no esconden secretos para ella, que hasta le lee cuentos a su hermanito. Sabe, claro, el mal trance que vivieron Caperucita y su abuela, y aplaude el final feliz.
Los cuentos clásicos infantiles siguen siendo best sellers. Lo dice una nota que publicó La Nación el domingo último, y los confirman desde las librerías los vendedores que reponen de los textos de Blancanieves, Los tres cerditos y Pinocho.
Personalmente, de los clásicos prefiero los cuentos de María Elena Walsh (mencionada en la nota como la autora con más vigencia), El Principito, y los buenos libros de hoy. Para mi bebé elijo los didácticos, con encastres y goma eva, que considero una buena iniciación al mundo del libro.
Estas vacaciones, con mi hija de seis años la elección fue de a dos. Pusimos en la valija El baúl de mi mundo, de Santillana; La primera bailarina, de Sigmar; Leyendas románticas de Gustavo Adolfo Bécquer (un libro de mi infancia que heredó) y La princesa y el pintor, la historia detrás de Las Meninas de Velázquez. Esta vez, con versiones auténticas.
04.02.2010
5:28 pm
Mariángeles, los cuentos de hadas sobrevivieron cientos de años por alguna razón. Son muy importantes para el desarrollo de la psiquis de los niños, te invito a leer “Psicoanálisis de los cuentos de hadas” de Bruno Bettelheim, donde explica con fundamentos el valor de estas historias, y su razón de ser. Muy interesante!!! Cariños,
05.02.2010
10:10 am
Qué interesante tema! Los cuentos de hadas y los mitos clásicos tienen un nivel de crueldad realmente importante. Al menos en los mitos encontramos representada la naturaleza humana muchas veces con una claridad aleccionadora. Los cuentos de hadas, siento que invitan a imaginar sin razonar, usando así muy parcialmente la mente. No digo que no se puedan encontrar cosas de valor, como se rescatan en el libro mencionado arriba, pero a mí me gusta reflexionar sobre las múltiples y complejas causas del actual estado de la Humanidad, de nosotros, de nuestros vecinos (para no sentir que nos vamos tan lejos!) y no puedo dejar de pensar en los efectos a largo plazo de lo que inculcamos en la niñez: la crueldad, el no uso de la razón, la magia como medio de resolución de problemas, la posibilidad de la alteración de las leyes naturales, que el mal encarna sólo en personas feas y deformes (por eso Sherk me encantó como medio para reflexionar sobre estos estereotipos), que la belleza equivale a bondad, etc., etc. Todas mentiras que me pregunto si luego de alguna forma no influencian nuestra conducta adulta.
Por último, pienso que los cuentos deben generar estímulos naturales en los niños, que fomenten lo mejor de ellos, que les den confianza en el mundo al nosotros los trajimos, que generen atracción por entender y respetar la naturaleza, que los lleven a mirar su ya incipiente mundo interno para que puendan desde bien temprano, avanzar en una superación consciente, no meramente condicionada por los retos que recibe y el temor a ellos. Es decir, cuentos que los hagan sentir dignos, valiosos y con capacidades REALES que están en ellos para poder desarrollarlas y alcanzar la felicidad.