Jony Ive: retrato de un fabricante de experiencias

 

Un fragmento de “Objectified”, el documental sobre el diseño de objetos, con la participación especial de Jonathan Ive (subtitulado al español).

Cuenta la biografía oficial de Steve Jobs (que lanzó Random House Mondadori la semana pasada en el país) que en 1997, cuando el genio de Cupertino regresó a Apple como consejero delegado y dio un discurso motivador a los empleados de esa compañía en franca caída, entre el público estaba un británico de 30 años llamado Jonathan Ive -más conocido como Jony-. El ahora vicepresidente de diseño industrial estaba en ese entonces con un pie afuera de la empresa porque sentía que sólo se buscaba la maximización de los beneficios y no se prestaba atención a la fabricación de grandes productos.

Pero Jobs dio vuelta la ecuación. Dejó que el diseño prevaleciera sobre la ingeniería. Ive (nacido en 1967, 44 años), que de pequeño aprendió a dibujar primero antes de fabricar por consejos de su padre orfebre, se convirtió de a poco en el confidente de Jobs, con quien compartía largas charlas en el estudio de diseño de Apple. “Siempre me interesó crear objetos, pensar no solamente en el diseño, sino también en los materiales, los componentes internos y las experiencias creadas alrededor de ellos”, dijo en una de las pocas entrevistas que dio a medios de su país de origen: Inglaterra.

Entre sus creaciones, muy anteriores a la iMac, la MacBook, el iPod, el iPhone y la iPad, están una lapicera que tenía una bolita en la parte superior para jugar (“para ofrecer al usuario una conexión lúdica con el objeto”), un cajero automático y un teléfono curvo. “El entiende que Apple es una compañía consagrada a su productos. No es un simple diseñador y por eso trabaja directamente para mí”, dijo Jobs sobre él en un diálogo con su biógrafo Walter Isaacson.

El estudio de diseño que dirige en el campus de Cupertino es una fortaleza infranqueable, con vidrios oscuros y acceso restringido a la mayoría de los empleados y visitantes ocasionales. Si bien el logo de Apple (la manzanita mordida) no fue diseñado por Ive, él dejó una huella de distinción: la fruta multicolor mutó al modelo monocromático que tanto se replica en la actualidad como una de las llamadas marcas del amor (lovemarks).

El área multidisciplinaria que comanda reúne  más de 40 personas, que tienen una relación de cercanía extrema con el objeto que idean, diseñan y fabrican. Si bien Ive es la figura más mediática, este departamento clave está compuesto por casi una multinacional del diseño, con el neocelandés Danny Coster, el italiano Daniele De Luliis y el alemán Rico Zörkendörfer como sus hombres de confianza, quienes se involucran en todas las líneas de producción.

Allí, en la planta baja del número 2 de Infinite Loop del campus de Apple, se cocina la magia de la manzanita, esos objetos tecnológicos del deseo que llegan incluso a las cajas y bolsas plásticas que los contienen. “Diseñamos un ritual de desembalaje para hacer que el producto sea más especial. El empaquetado puede ser como el teatro, puede crear una historia”, confiesa Ive, a quien Jobs no dudó en aconsejar un cambio de look (dieta y nuevo vestuario incluido) para que estuviera más en sintonía con la línea cool de Apple.

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