La mesa de pool como metáfora

“At the same time I wanna hug you, I wanna wrap my hands around your neck, you’re an asshole but I love you, and you make me so mad I ask myself
‘Why I’m still here, or where could I go?’”

“Ahora que miro este lugar vacío me doy cuenta de que una mesa de pool hubiese entrado perfecto, quizás si hubiésemos comprado unos sillones más chicos” le dice Brooke (Jennifer Aniston) a Gary (Vince Vaughn), mientras se queda contemplando el departamento donde pasaron años juntos. Me gusta esa secuencia de Viviendo con mi ex. Me gusta porque es verdadera. Porque a los pocos minutos ambos dejan ese departamento y sus caminos se bifurcan. Por lo tanto, el “si hubiésemos…” es real. Porque no es una manifestación que trae consigo el alivio o la sensación de que todo puede resolverse si una última charla, franca y brutal, se entabla para evitar lo inevitable. Por el contrario, esa manifestación es nostálgica, es la prueba de que decir “si yo o vos hubiésemos hecho diferente tal o cual cosa…” está englobando también la aceptación de que por algo no se hizo. En ese aspecto, la película de Peyton Reed tiene un final acorde. Brooke y Gary necesitaban tiempo. Necesitaban reencontrarse una vez que ella hubiera visto el mundo sola – y ya no operando como apéndice de él -, y una vez que él hubiera visto el mundo sin la comodidad de tenerla a ella como apéndice, realizando todo lo que él no podía. El planteo del film es el de conocerse como sujeto individual antes de emprender una vida en conjunto. “Sos un gran amigo, cuando salgo con vos me divierto” le dice Johnny (un hilarante Jon Fraveau) a Gary, para luego añadir su “sin embargo”, su consejo de amigo disfrazado de aseveración: “pero siempre hacés lo que vos querés”. De todos modos, Viviendo con mi ex no lo muestra a Gary como el culpable de la separación por su comportamiento infantil y egoísta, como tampoco la muestra a Brooke como la culpable por retroalimentar esa dependencia, por complacer sin pensar que quizás el otro esté necesitando que le saquen la venda. Nada de eso. Justamente se trata de una película donde la culpa no importa, pero donde la búsqueda de madurez no es compatible con la estabilidad emocional. Por esta razón, la metáfora de la mesa de pool siempre me llega. ¿Y qué si ella la hubiese comprado, contra sus propias ganas para que él se divierta? ¿Y qué si él la hubiese ayudado a lavar los platos? ¿Hubiese cambiado algo o son solo excusas, alarmas aguardando el momento de ser encendidas? Quizás un detalle no tenga peso o quizás un detalle precisamente sea lo que cambie todo porque, en esa suma de uno tras otro, día tras día, es donde reside la certeza de que estamos haciendo las cosas bien, como salvaguardando la felicidad de uno (y la del otro). 

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 ► [ESCENA] El final de The Break-Up:

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Dos consignas para este miércoles: 1. Si se tuvieran que poner en la piel de determinados personajes de película y cambiar el rumbo de la historia, tomando una decisión diferente a la que ellos tomaron, ¿por cuáles optarían y qué modificarían de esas historias? 2. Desde un enfoque personal,  ese que tantos hermosos comentarios trajo el viernes, me gustaría saber qué decisiones marcaron sus vidas hasta el momento y si creen en que hay “decisiones equivocadas” o, por el contrario, no son de arrepentirse por los caminos elegidos; ahora comparto mi experiencia en los comentarios; los leo muchachada; ¡que tengan un buen día! ¡Nos reencontramos mañana!

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Jennifer Aniston y los afiches mentirosos

NOTA

Que los pósters de películas casi nunca tienen relación directa con la película misma no es ningún secreto. Siempre hay rencillas entre lo que el director quiere mostrar y lo que efectivamente la distribuidora considera “marketinero”. Así, algunos afiches terminan resultando engañosos, generalmente por seguir determinados axiomas. Si es comedia, cuanto más blanco el fondo y más rosita el título, mejor.  Esto me lleva al post del día. Dos “comedias” de Jennifer Aniston con los afiches más patrañosos posibles. Veamos las razones:

CASO 1:  Viviendo con mi ex: una pareja, en incipiente separación, se ve forzada a vivir bajo el mismo techo. ¿Divertida? ¿Desopilante? ¿”Comedia de enredos” sobre lo que implica convivir con alguien a quien no podés tolerar? No. Yo la definiría más como una subvalorada historia de amor, bastante sincera, acerca de lo que hace que una relación deje de funcionar, para tristeza de ambas partes. Basta ver la escena en la que Gary (Vince Vaughn) deja plantada a Brooke (Aniston), para luego padecer su desilusión y sufrimiento. Para quien escribe, se trata de un film menor pero efectivo, sin demasiadas pretensiones, sobre una ruptura. Pero la película de Peyton Reed lejos está de ser una comedia. Lo cual la favorece. Y además actúa Jon Favreau, así que suma aún más puntos.

CASO 2:  Marley y yo: acá lidiamos con un tema sensible para mi paladar cinéfilo (?) porque pienso que está entre las mejores películas del 2008, sino de los últimos cinco años, pero mejor no me pongo hiperbólica. Soy sincera: estaba aburrida una tarde y se estrenaba una “comedia simpática” con mi amado Owen Wilson y un perrito adorable. “Y daaale”, dije. Error. A la salida, estaba buscando pañuelos de papel desesperada en la mochila. Marley y yo no era Beethoven ni cualquier otro derivado. Era una historia sobre los de “treinta y pico” y sobre los planes para toda la vida que un día se dan vuelta con los cambios que esa misma vida trae consigo. Por ende, el perro en cuestión es una excusa para mostrar esa incertidumbre por la que alguna vez todos pasamos y es un golpe inteligente que busca la reflexión, más allá del inevitable llanto. Repito: no es una comedia.

BONUS TRACK: Secretos de diván: la pintaron como una “comedia de situaciones” sobre una paciente (Uma Thurman) que sale con el hijo de su terapeuta (Meryl Streep), pero en realidad es otra historia de amor, en este caso, sobre la resignación y la importancia de tomar decisiones maduras. El póster, sin embargo, auguraba otra cosa.

Al menos ya sabemos qué hacer la próxima vez que vemos un afiche que nos hace huir despavoridos: ir al cine a ver esa película. Porque… ¿Quién no quiere sorprenderse?

* ¿Qué película viste por el afiche? ¿Qué película te decepcionó o sorprendió en relación al afiche?

* Para los prejuiciosos: ¿Qué película nunca verían por el afiche?