El cine bajo la mirada de…Alberto Fuguet

“Una película si es sincera, si es real, muchas veces te representa, te revela, te obliga a situarte a un lado de la calle” - Alberto Fuguet

“Hay cosas, por ejemplo, que uno vive a solas pero que solo cobran vida cuando logras compartirlas con alguien que también está interesado” dicen en Mala onda, la segunda y punzante novela de Alberto Fuguet, en la que su protagonista, Matías Vicuña, escupe sus pensamientos, en su mayoría misantrópicos y pesimistas como los de su venerado Holden Caulfield: “Anoche conocí a Holden Caulfield. Fue algo químico, absolutamente arrollador. No podía creerlo. Ya no estaba tan solo, me sentí menos mal. Había encontrado un amigo. Mi mejor amigo. Había encontrado un doble. Por fin”. En la decimoquinta edición del BAFICI se pudo ver Locaciones: Buscando a Rusty James, el primer documental de Fuguet (VelódromoMúsica campesina) que trata, en esencia, sobre eso que dice Matías: encontrarse/verse/sentirse representado. Al director le sucedió esto con La ley de la calle, film de 1983 de Francis Ford Coppola, que apareció en un momento de su vida donde necesitaba, quizás inconscientemente, su propio credo, o su propia nafta para seguir andando, o cualquier clase de musa para seguir escribiendo. Locaciones encuentra a Fuguet recorriendo las calles de Tulsa donde se filmó la adaptación de S.E. Hinton, arrojando pensamientos al cielo (o al espectador que quiera tomarlos), pensamientos sobre cuán poderoso es el cine cuando modifica tu existencia, te acompaña, te abraza o te da la mano, como si fuera algo concreto. Por eso, para volver tangible a La ley de calle, para aprehenderla, Fuguet emprendió esa suerte de road trip, su ensayo cinéfilo sumamente poético, con el mismo mantra de Mala onda: “Lo que no guardo en mi memoria, no me interesa conservarlo”. El escritor y director conservó La ley de la calle lo suficiente como para homenajearla, lo suficiente como para sumarse a quienes padecen el cine con la ebullición como primer síntoma. “Cada tanto aparece alguien que tiene una visión del mundo diferente a la usual. Eso no lo hace loco. Lo hace perceptivo” dicen en La ley de la calle. Locaciones es una película de locos y para locos, si por locos entendemos las compulsiones, el corazón, la emoción y todo eso que implica el rendirle tributo a algo que amamos con la hipérbole como bandera y, claro, sin cabida para las medias tintas.

Dado que tu documental es sobre el fanatismo, quería decirte en primer lugar que me emocionó mucho el uso de “Codex” de Radiohead, más teniendo en cuenta que no es una canción muy conocida del grupo… ¿por qué la elegiste?

Con mi productor conseguimos los derechos del tema, a Radiohead le gustó la película, tuvimos que pagar muy poco dinero y nos aceptaron porque les pareció que Locaciones no era una chambonada y llegamos a un acuerdo de que el film no iba a hacer dinero, que no tenía fines de lucro, que no íbamos a estrenarla comercialmente. Ellos nos consideraron serios y por eso nos cedieron los derechos. Ahora, ¿cómo la elegí? Hablando con un amigo, el co-guionista de Velódromo [René Martín], a partir de una cosa que él dice sobre La ley de la calle, que la veía a cada rato, que se iba a acostar y la dejaba encendida, “como escuchar un disco”. “¿Pero qué disco?” le pregunté yo. “Como un disco de Radiohead” me respondió. Lo primero que pensamos fue en buscar un tema que no fuera de los discos anteriores a The King of Limbs, y a mí también me gustaba mucho “Codex” y así fue cómo la seleccioné. Porque básicamente Locaciones es una película que muestra el fanatismo que puede generar el cine, pero también la música con un determinado álbum, un autor, un libro…

Sí, yo creo en eso de que las películas te salvan…

Sí, es que es así. Uno también mitifica, uno se inventa su propio cuento, o le suma cosas, recuerdos, uno tiene que inventarse su película favorita, sería muy triste no tener una. Y yo creo que uno tiene muchas, pero opta siempre por una, como sucede con el equipo de fútbol

El tema de las locaciones es clave, yo hice el recorrido de Antes del atardecer en Paris por todo lo que me generaron Jesse y Celine

Bueno, ¿ves? Eso que para otra gente podría resultar algo de demente, me parece que es lo que corresponde, mucho mejor que ir a los museos, las iglesias, es mucho más legítimo hacer una ruta gastronómica de restaurantes famosos donde se inventaron platos, o ir a ver dónde vivió tal escritor. Nueva York está más armada porque podés conocer algunas locaciones de películas de Woody Allen o en Irlanda sucede lo mismo con James Joyce. Pero Tulsa estaba virgen en ese sentido, y el día más emocionante fue cuando llegué al puente. No podía creer que estaba debajo del mismo puente que Rusty James

¿Cuántas veces estuviste en Tulsa?

Estuve dos veces. Una vez acompañado de alguien que trabajaba para una ONG para salvar los lugares históricos de la ciudad, y quien no había visto La ley de la calle. Él me ayudó con algunas cosas, como conseguir los permisos para filmar allí

► [VIDEO] Les dejo el trailer de Locaciones: Buscando a Rusty James:

En La ley de la calle es fundamental el tiempo – representado sobre todo por la figura del personaje de Tom Waits -, y a su vez el tiempo afecta cómo uno se reencuentra con ciertas películas. ¿Cómo fue evolucionando tu relación con el film de Coppola?

Pasé por distintos períodos. Le tuve distancia, le tuve miedo. Ahora me parece que es una película que está muy bien, que me gusta mucho, pero que claramente no me afecta tanto como cuando la vi por primera vez

¿Por qué decís en el documental que la película te salvó?

Fue una suma de cosas. Por la edad que tenía entonces, tendían a gustarme películas de teenagers, y yo sentía que no había películas así latinoamericanas sino más bien políticas. Eran películas con las que me identificaba mucho, como Un pequeño romance, también con Diane Lane; no sé si la viste, es como Antes del atardecer pero en Venecia, con algunas cosas de Melody…

¡Con Laurence Olivier!

Sí, esa misma. Es muy buena. Entonces lo que ocurrió fue que yo estaba en la universidad y todo el mundo quería ver películas intelectuales y yo empecé a ir al cine Normandie, a ver films como Gandhi y no me llenaban, no me producían nada a nivel físico

No había nada emocional

Claro, no había nada de sangre, de que el corazón se te ponga tibio, de que las piernas te tiriten, de que genere sensaciones que uno antes no conocía

¿Te pasa frecuentemente? ¿Las cosas te llegan así siempre?

Me gustaría pensar que soy una persona a la que siempre le llegan las cosas, pero la verdad es que cada vez me llegan menos, no sé si es porque uno está mayor, es más exigente, ya que no creo que sea porque las películas sean peores. Ahora, de vez en cuando sí aparece algo que te llega. Por eso sigo yendo al cine, sigo leyendo y sigo haciendo: porque me gustaría provocar eso en otros. Pero no pasa siempre, por eso cuando algo te llega, te llega más. Tiene que ver con la edad de uno, uno vio más, tiene más experiencia. Si bien está muy buena la emoción que te puede provocar Un pequeño romance o My Bodyguard con Matt Dillon, no es lo mismo ver a esos actores en La ley de la calle, que también es una película teen pero a la vez es mucho más que eso

Me gustó en Locaciones un testimonio que habla de lo que es ver a Matt Dillon con camisa hawaiana en Loco por Mary, con el recuerdo de La ley de la calle. Es muy fuerte crecer a la par de un intérprete, o reencontrarse con ellos, como me sucede a mí con Ethan Hawke y Julie Delpy…

…y ahora viene Antes del anochecer. Ojalá muestren nuevamente imágenes de ellos de nueve años atrás, porque así uno va viendo cómo el tiempo pasa. Es fuerte eso también

El tiempo es mi obsesión

Es lo que dicen en Locaciones. El cine es una manera de ver pasar el tiempo en pantalla

Me gustó esa frase también

Sí, yo estoy muy orgulloso de mis entrevistados. Por eso saqué a muchos que si bien son más famosos no hablaban con el corazón, más allá de que son brillantes

¿Y cuál fue el disparador para tu ensayo cinéfilo sobre La ley de la calle?

Yo tenía como cuenta pendiente, como vos con Paris y Antes del atardecer, el hecho de ir a Tulsa. No había manera, nunca estaba ni cerca, no tengo conocidos, nada. Pero uno necesita una excusa. Y apareció la propuesta de escribir sobre mi película favorita, sentí que no era capaz, ya había filmado Velódromo y Música campesina. Hasta que finalmente fui a Tulsa en noviembre del 2010 y las entrevistas para el documental las hice en el 2011 en Buenos Aires y Santiago. Me sentí tan bien en Nashville filmando sin equipo Música campesina y con una cámara pequeña, y estaba invitado a Miami a la Feria del Libro así que finalmente dije “voy a ir Tulsa, me voy a dar ese gusto”

Cuando en Locaciones mencionás que te quedaste en un hotel de medio pelo me acordé del personaje de Pablo [Cerda] en Música campesina, que se hospedaba en hoteles de mala muerte al lado de la autopista…

(risas) Sí, también había mucho de eso, de repetir, yo me sentía que era como Alejandro Tazo (risas), porque tenía a Música campesina en el cuerpo todavía

¿Caminaste solo con la cámara a la noche por Tulsa? ¿Los lugares son tan oscuros como parecen?

No son para nada oscuros, esa sensación te la da La ley de la calle. Yo nunca me metí en un barrio que me diera miedo, nunca pensé que podía sucederme algo, nada. Más bien me hubiera gustado ver a alguien (risas), y la única preocupación era el frío o que se me cayera la cámara por el viento. Pero la ciudad no es para nada decadente, hay librerías, está la universidad, hay edificios modernos

En la película te hacés muchas preguntas sobre el cine pero también sobre otras expresiones artísticas y la relación con el receptor, ¿todo eso que te planteás lo ibas anotando?

Sí, anotaba mucho, una vez que veía las imágenes tenía que tomar un poco de licor y encerrarme en la sala de grabación y también improvisar un poco. Estuve un día largo en el estudio, terminé cuando mis piernas no podían más, estuve parado como once horas, pero tomando mucho té para la voz, pero yo siento que las típicas cosas que tenía tan adentro eran preguntas que me había hecho siempre, esas cosas que tenía para decir, aunque a veces estuviera un poco over the top (risas), hablando del cine como religión. Pero parte de esto consiste en exagerar un poco. Si uno dice “el cine está bueno” no basta. Si uno quiere impactar tiene que haber algo como de predicador

Sí, la película en sí es una suerte de peregrinaje

Por eso, lo que yo buscaba era que la gente que no había visto La ley de la calle la viera; que quienes ya la habían visto la vuelvan a ver y que quienes estuvieran creando algo sintieran como un impulso para continuar con eso

¿Cómo te vino esa reflexión final? Porque hablás de eso, de defender lo que uno hace, de amarlo, de tener la convicción suficiente como para continuar más allá de lo que te puedan decir

La película efectivamente me afectó mucho porque yo estaba en un taller literario con Donoso, y él terminó expulsándome, diciéndome que me faltaba un mundo literario, que me faltaba haber sido amigo de los Ocampo, que me faltaba tener una casa en el Tigre y salir de mi mundo suburbano, que le parecía poco literario

En la película hay muchos objetos fetichistas, la banda sonora de Stewart Copeland tanto en vinilo como en cassette, posters con la escena del reloj…

Sí, para cada uno de los testimonios entrábamos a casas donde nos encontrábamos con esos objetos relacionados no solo con la película sino también con artistas que podían ser similares, como la imagen de Patti Smith, ediciones del libro de Hinton. Entraba a esas casas y pensaba “este tipo es de mi misma religión”.

Sí, en mi caso cuando algo me gusta quiero tener todo lo que esté vinculado a eso

Es que sí, estoy de acuerdo, te hace sentir que todo es más real, que no es falso, como cuando vas a las locaciones. Hay algo que tiene que ver, nuevamente, con la religión, como colgar una cruz porque eso te hace sentir que tenés a Cristo en tu casa. Pero no ocurre con tanta frecuencia que una película te provoque eso

¿Sobrevalorás algunas?

Solo sobrevaloro cuando creo que la película se acerca a lo que quiero. Yo trabajo con teorías de conspiración: es mejor apoyar a tu amigo que ayudar al enemigo

¿Qué sentís cuando una película traduce tus pensamientos? Porque aludís a que no se la puede poseer porque es abstracta, pero a la vez dan ganas de poseerla

Me siento acompañado, más tranquilo

Menos solo…

Exacto, menos solo y, quizás esto sea demasiado, pero siento como si los planetas se ordenasen, que no soy el único, que hay gente a la que le sucede lo mismo, y que conformarían una suerte de hermandad cósmica. Porque yo no sé si La ley de la calle es perfecta, pero a veces uno le perdona esas imperfecciones más que a…no sé…El discurso del Rey, que quizás funciona mejor pero que no te provoca nada. Y eso que me gusta el film, porque lo veo como una metáfora de dirigir

Sí, la camaradería entre ellos es lo mejor

Sí, claro, porque a su modo es una historia sobre un director de cine que trabaja con un actor

En Locaciones asegurás que una película puede realmente cambiarte la vida, a mí me sucedió con Red social, es la sensación de salir transformado de la sala

Sí, a mí esa película me impactó también porque filma el presente como si fuera histórico. No podía creerlo, era tan inmediata, pero es sobre otras cosas, sobre la competencia, la soledad, el pertenecer. Es un film sobre cómo nada puede ser tan distinto a su creador. Facebook no fue creado por Sean Parker: fue creado por Mark Zuckerberg, un nerd. No debería sorprender que todos terminen como él. Es notable. Me emocionó mucho más de lo que esperaba. Y me pasa eso, que quizás no haya tantas películas que me impacten en general, pero sí dos o tres momentos que me destrozan, y eso ya vale mucho

¿Quién había dicho eso?

Billy Wilder creo, que una película son dos o tres buenas escenas bien pegadas (risas)

Me pasó con Cloud Atlas, a la cual reconozco imperfecta, pero también tiene una ambición elogiable, tiene corazón

No me atreví a verla, pero ése es el punto: uno busca lo que tiene corazón. Uno puede notar lo que se hizo por una compulsión, tanto en un cine industrial como en el cine alternativo y hay películas y libros que tienen que ver con las edades, con los momentos. Por eso La ley de la calle sigue impactando a la gente joven

¿Y pensás que todo está interrelacionado? ¿Que el hecho de que a mí me guste Radiohead y tu obra como director vuelva no casual que Locaciones tenga un tema de la banda?

Sí, porque el que está interconectado es el espectador, porque asociás lo que te gusta. Por ejemplo, a mí me gustaban las baladas de Nine Inch Nails como “Hurt” y “Something I Can Never Have” y de repente Reznor hace la música de Red Social que es melancólica y te destroza, así que definitivamente sí, siempre se producen esas interconexiones. 

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 ► [DE YAPA] Matt Dillon y Mickey Rourke en La ley de la calle:

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Este martes, la consigna es cuádruple: 1. ¿Vieron Locaciones: Buscando a Rusty James de Alberto Fuguet? ¿Les gustó? 2. ¿Vieron La Ley de la calle de Francis Ford Coppola? 3. ¿Por qué película harían lo mismo que Alberto y recorrerían las locaciones donde fue filmada? ¿O lo hicieron ya? Si es así, cuenten sus anécdotas 4. ¿Sobre qué película, si pudieran, harían un documental, profesándole su amor por todo lo que significó en sus vidas?; ¡Dejen sus comentarios, muchachada, los leo, como siempre! ¡Hasta mañana!

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La escena del día: Siete psicópatas

“I’m sick of all these stereotypical Hollywood murderer scumbag type psychopath movies. I don’t want it to be one more film about guys with guns in their hands. I want it… overall… to be about love… and peace” 

Ayer hablábamos de la honestidad a la hora de contar una historia, de todo lo que implica la narración y la defensa de una idea, por más descabellada o trivial que pueda resultarle a un otro (quien quiera que sea). Siete psicópatas es una película donde el juego narrativo es su caballito de batalla, una película escrita y dirigida por alguien que no solo defiende su idea (o conjugación de un sinfín de éstas) sino que elige un método clave para defenderla: la moldea, la quebranta, la estira, la cambia y (re)cambia sin preocuparse demasiado por el resultado. Pero esa indiferencia por la culminación no es necesariamente un defecto de Martin  McDonagh, es precisamente la única manera posible de hacerse cargo de que Siete psicópatas es, ante todo, una gran historia que no parece destinada a concluirse. Sus personajes no dan giros radicales (el ejemplo de esto es el de Colin Farrell, protagonista de un brillante epílogo) y la libertad en la propulsión de los hechos se hace concreta en esa última hora en el desierto, todo un símbolo de ese viaje de lo más gore hasta lo más melancólico que emprende el propio McDonagh. Pero el fuerte de Siete psicópatas es su postura relajada, su disfrute de lo inverosímil, su autoconsciencia siempre por encima de la fanfarronería. Para su director hubiese sido fácil desplegar las vueltas de guión, los diálogos ingeniosos, la estructura de cajas chinas, con un cierto aire de superioridad. No es este el caso. Lo impredecible es igual de fascinante y novedoso tanto para el espectador como para el creador. Pero además de todo esto, Siete psicópatas es una película sobre la amistad: que el personaje de Sam Rockwell (por lejos, lo mejor del film) se empecine en ayudar al de Farrell a escribir un guión, exponiéndolo a la experiencia y alejándolo del alcohol y el encierro es no solo una declaración de principios sobre lo que implica contar algo desde lo personal, lo cercano y reconocible (en este sentido, toda la película opera como un homenaje a la tradición oral, bellamente ilustrado por las historias de Harry Dean Stanton, Christopher Walken y Tom Waits) sino también una vía para mostrar cómo la generosidad puede provenir de los lugares más impensados y de los excéntricos/aterradores/encantadores individuos (porque sí, McDonagh suele emparentar estas cualidades) que forman parte de él.   

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► Una de las mejores escenas de la película:

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► [GALERÍA] Sus psicópatas favoritos del cine:


Created with flickr slideshow.

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Este jueves, la consigna es doble: A los que vieron Siete psicópatas, los invito a dejar su impresión sobre la película; a los que no la vieron, los invito a sumar los mejores psicópatas (no necesariamente masculinos) que ha dado el cine; más tarde recopilo sus aportes y les armo la galería; como todos los jueves, también pueden proponer un Deathmatch y/o Escena del día; ¡Gracias a todos! ¡Dejen sus comentarios, los leo!

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Es todo tu culpa

“As we’re crossing border after border, we realize that difference is none; it’s underdogs who, and if you want it, you always have to make your own fun”

¿Con qué película iba a ilustrar la consigna del post de hoy sobre la que no haya escrito ya? Si pienso en una obra que para mí sintetice dos cosas antagónicas en una (el amor como algo real y el amor como algo idealizado), ésa obra es indudablemente el díptico Antes del amanecer/Antes del atardecer. ¿Por qué siento que plantea dos ideas en conflicto? No solo por la frase de Celine (“reality and love are almost contradictory for me”) sino porque es una historia (cercana a concluirse) que, por un lado, plantea una situación con la que muchos podemos a llegar a identificarnos (y su realismo está notablemente sostenido con las secuelas del paso del tiempo puestas en relieve, justamente porque el paso del tiempo es real y el tiempo para ambas películas lo es todo), diálogos que a muchos nos resuenan porque tienen un correlato con algún episodio de nuestras vidas y porque, incluso, va más allá de la relación entre un hombre y una mujer. También aborda temáticas personales, individuales, como la insatisfacción, las neurosis, las fobias, las frustraciones y los logros. Y también, claro, es una obra sobre el contraste generacional, en lo que ahora se profundizará en Before Midnight. Pero, por otro lado, Antes del amanecer/Antes del atardecer son, asimismo, películas idealistas. No porque no se pueda encontrar esa clase de conexión a prueba de tiempo en la vida cotidiana (cierren los ojos y piensen en su Jesse o en su Celine y posiblemente lo/la vislumbren), sino porque vuelve romántico algo que no siempre se puede procesar/percibir de igual manera. Un reencuentro después de nueve años con “the one that got away” reabre heridas y nos empuja a tomar decisiones que no alteren lo que más debería importar: el presente. Sin embargo, hasta el momento, las decisiones de Jesse y Celine (al menos aquellas que deben tomar “ahora”, post-Paris) no se vuelven concretas, ambos están en ese estado de tiempo suspendido. Si traspolamos esa misma situación a nuestras realidades, podemos argumentar lo contrario: que vivir con el peso de las decisiones es mucho más complejo y bastante menos romántico.

“I’ve always been told to remember this”

Volviendo a mi propia respuesta a la consigna, y luego de haber hecho la salvedad de que efectivamente Antes del amanecer/Antes del atardecer son las películas que contribuyeron a que idealice el amor a pesar de encontrarme muchísimo en Celine, quise hoy recomendar otra obra romántica distinta, donde también hay una idealización, acá más desde lo narrativo, desde lo estructural. Wristcutters: A Love Story es un film que, desde el vamos, plantea la existencia de dos mundos paralelos. El mundo real, el de las primeras oportunidades, y el mundo (una suerte de afterlife) al que van los suicidas, un espacio descolorido donde sus habitantes no pueden volver a sonreír. En ese lugar se conocen Zia (Patrick Fugit) y Mikal (Shannyn Sossamon). Él, quien se cortó las venas por (des)amor. Ella, quien argumenta estar en ese mundo por accidente, ya que murió de sobredosis. La película de Goran Dukic es oscura pero en su justa medida, tiene un corazón que la hace avanzar con naturalidad y cierto espíritu encantador, con un surrealismo (intensificado por la presencia de Tom Waits) que se acopla a los viajes interiores/búsquedas de su anómala pareja protagónica. Ambos, aún en un marco donde parece improbable, están buscando algo. Amor, expiación, incluso lo más básico: sentirse bien. Porque cuando Zia le dice a Mikal “al lado tuyo me siento tan feliz como era antes” también está hablando de otro mundo (el “antes” puede ser “antes de morir” o simplemente “el pasado”), de una nostalgia y de una promesa tácita de que primero la felicidad la tiene que descubrir uno, para poder después abrir los ojos otro día y encontrarse compartiéndola con alguien más. 

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*Les dejo imágenes de Wristcutters: A Love Story:

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*DE YAPA: algunos momentos románticos del cine:

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¿A qué películas/escenas/monólogos les echarían la culpa de hacernos idealizar el amor (si es que todos lo hacemos)¡Dejen sus aportes, los leo! ¡Buen miércoles! Nos reencontramos el lunes 14 porque estos próximos días voy a  estar con notas Oscars-Globos de Oro, así que aprovecho para tomarme “vacaciones” en este contexto; ¡gracias por la paciencia y nos vemos pronto! ;)

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