It Follows: Inocencia interrumpida

“You sit there in your heartache,
waiting on some beautiful boy
to save your from your old ways
You play forgiveness.
watch it now, here he comes 

He doesn’t look a thing like Jesus
but he talks like a gentlemen
like you imagined when you were young”The Killers 

En la transición de la adolescencia a la adultez, y al hablar estrictamente sobre el contacto físico con otra persona, uno de los aspectos que pueden llegar a perderse con mayor facilidad es el de las largas sesiones de besos prolongados o el de las largas sesiones de incertidumbre previas a esos besos prolongados. En la adultez, el beso quizás no se disfruta tanto en el aquí y ahora sino como puente para lo que conlleva. Asimismo, es posible padecer esa necesidad de besar que despierta nervios y miradas de reojo, pero se trata de una necesidad que, al ser compartida, se satisface con rapidez. No hay urgencia o presura, hay concreción inmediata. La ópera prima de David Robert Mitchell titulada The Myth of the American Sleepover es una coming of age acerca del querer mantener en una burbuja ese despertar sexual, esa persecución más ingenua del objeto de deseo. El marco elegido para ilustrar esa búsqueda es el de los suburbios de Detroit, pero su representación genérica explicita el leitmotiv narrativo: no se trata de exteriorizar sino de interiorizar. Mitchell opta por focalizar en una suerte de ceremonia o peregrinación adolescente como lo son las piyamadas. En el film, las mismas están llevadas al extremo. No hay una sino múltiples. No se organizan solo en casas sino también en gimnasios. No están circunscritas al universo femenino sino que también son planeadas por los hombres. No están limitadas a charlas superfluas sino que son detonantes de reflexiones certeras – e incluso desoladoras – sobre el crecimiento. Mitchell muestra el cruce literal de jóvenes de una piyamada a la otra como si fuera una procesión lenta e inmaculada. Por lo tanto, su evidente anhelo de romper con los límites de la cinematografía se percibe en cómo se detiene en episodios breves donde parece no acontecer demasiado: la previa a ese acto prolongado de besar, el contacto visual sostenido con las estrellas atestiguando la intimidad, la masturbación como el más natural de los hechos y esas conversaciones incómodas en las que se especula con la reacción del otro.

Si en su primer largometraje Mitchell quiere quebrar las barreras visuales es porque intenta hacer un cine sensorial mediante el cual se nos habilite el regresar a ese tiempo que fue hermoso, cuando no parecía haber nada mejor que esa rareza previa a sellar el deseo. Así, The Myth of the American Sleepover se huele, se siente y se percibe como una epopeya sobre la aventura adolescente. It Follows, su segunda película, retoma las inquietudes del personaje más “adulto” de la primera, aquel joven que ponía en duda cuánto de real tiene la juventud y cuánto de profecía autocumplida: “I don’t want you to buy into all the youthful adventure bullshit, it’s a myth of being a teenager. They trick you into giving up your childhood with all these promises of adventure. Once you realize what you’ve lost, it’s too late, you can’t go back”. La vida como algo que se vive de manera estacional, con etapas bien marcadas, en It Follows también está digitada por la pérdida de la inocencia. Con cada pequeña muerte de nuestra sinuosa existencia, con cada cierre, con cada “meta cumplida”, esa inocencia se va contaminando al punto de hacernos cuestionar nuestras acciones previas al flamante camino por explorar. Segundos antes de que Jay (Maika Monroe) vea interrumpida su vida como adolescente, y luego de un encuentro sexual en un auto, empieza a pasar sus manos por el césped, rozando sus uñas rojas con los bordes de las plantas. El plano detalle que hace Mitchell es idéntico a uno esencial de The Myth of the American Sleepover, donde también otra mujer pierde la inocencia y mira sus manos como si estuviera despidiéndose de una parte de sí misma. “I used to dream to being old enough to go on dates” rememora Jay antes de que la duerman y de que la despierten en otra etapa, otra realidad, otra vida.

En It Follows, el género coming of age no es alterado sino que es complementado por el de terror y su premisa se centra en cómo, a través del sexo, los jóvenes se van pasando una maldición: el poder ver gente muerta que camina lentamente hacia ellos (también como si estuvieran peregrinando) y cuyo contacto físico es letal. Mucho se ha escrito sobre el film como una alegoría sobre las enfermedades de transmisión sexual pero It Follows es más la otra cara de ese díptico que empezó con The Myth… acerca de la nostalgia por la inconsciencia de la juventud que una parábola sobre el VIH. Como prueba, podemos retomar ese monólogo en el que Jay evoca cómo de chica solo quería escuchar música y caminar con un chico de la mano – algo que efectivamente logra hacer con ese mismo espíritu romántico, pero dentro de un contexto opresivo-, nuevamente como diciéndole adiós a hechos simples que la adultez no permite cobijar. Del mismo modo que en su ópera prima, Mitchell se deleita con panorámicas que nos sitúan en otros suburbios, en cuyas casas está sucediendo mucho y nada al mismo tiempo, como para transmitir desde su ambición estética la temática de su película: aquello que “te sigue” va más allá de lo sobrenatural y halla su raíz en la sucesión de pérdidas tanto micro como macroscópicas y en el transcurrir de un estado a otro. De dejar de vestirse de rosa antes de una cita para ponerse jeans y zapatillas. De dejar de cortar el pasto con las manos y apoyarlo en las rodillas para clavar en las rodillas las uñas como forma de canalizar el pánico. De disfrutar el mecerse en las hamacas a cielo abierto para encerrarse en una habitación con puerta trabada. A pesar de algunas decisiones de guión que pueden ser discutidas (toda la secuencia/clímax en la pileta es visualmente abrumadora pero con huecos narrativos), It Follows camina, como sus protagonistas (los vivos y los muertos), con una seguridad aplastante en su lógica y con un brillante dominio del sonido y la puesta en escena (lo que está en ausencia o fuera de campo es lo que retroalimenta la amenaza) que la vuelven, como a The Guest, una gran obra de terror minada de referencias. Sin embargo, es en ese paseo final entre Jay y Paul donde podemos vislumbrar cuál es en realidad la gran obsesión de Mitchell: la irrefutable verdad de que todos nos estamos despidiendo, una y otra vez, de una parte de nosotros mismos. ♦ 

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► [TRAILER] El adelanto de It Follows de David Robert Mitchell:

It Follows / Trailer from Intermission Film on Vimeo.

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*UN REGALO CON SUS APORTES (hacer click para leer):

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¡BUEN MIÉRCOLES PARA TODA LA MUCHACHADA! En este nuevo post, dos consignas: 1. Los invito a explayarse sobre It Follows de David Robert Mitchell, a mi entender, una de las películas del año; 2. Por otro lado, la consigna personal es que mencionen cuáles son esas actividades de la adolescencia que extrañan como adultos; más tarde les dejaré una sorpresa con sus aportes; ¡nos reencontramos mañana con un anuncio! ¡hasta entonces!

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