The Hunger Games – Mockingjay (Parte II): La dialéctica de Panem

Hoy en Cinescalas escribe: Verónica Stewart

El Escuadrón Estrella se reúne en uno de los tantos edificios destruidos del Capitolio. La guerra civil de Panem ha llegado al frío corazón del país, y Katniss y demás ganadores de los anteriormente practicados Juegos del Hambre se detienen ahora a planear su próximo ataque. Boggs, el comandante del escuadrón, les muestra un holograma que indica en qué calles hay trampas, a la vuelta de qué esquina se esconden los explosivos. Finnick Odair mira a Katniss. “Damas y caballeros”, dice “bienvenidos a los 76º Juegos del Hambre”. Recapitulemos: la trilogía de ciencia ficción de The Hunger Games, cuya última entrega se encuentra ahora en cines, tiene a Katniss Everdeen como protagonista y a Panem, un país ubicado donde Norte América estuvo una vez, como contexto. La primera parte de esta historia nos da un panorama del país y de sus Juegos del Hambre, una salvaje competencia televisada y organizada por el Capitolio para mantener a los distritos bajo control. Catching Fire, su secuela, nos revela a una Katniss Everdeen que, tras haber ganado los Juegos y teniendo que competir de nuevo en ellos, se dispone a encender la chispa de la revolución que ya viene gestándose desde hace rato. Finalmente, ambas partes de Mockingjay encuentran a Katniss a salvo en el Distrito 13 con su presidente Alma Coin quien, junto al pasado organizador de los Juegos Plutarch Hevensbee, se encargan de hacer de ella la cara mediatizada de la revolución.

La segunda parte de Mockingjay es ampliamente superior a la primera. La división entre ambas películas está hecha en el momento en el que Peeta, quien ha sido secuestrado – lo cual significa que el Capitolio ha logrado lavarle la cabeza hasta el punto de convertirlo en su sumiso servidor –, es recuperado por los integrantes del Distrito 13. La última escena de esta primera entrega es profundamente dolorosa: Peeta despierta queriendo atacar a Katniss, detestándola con cada fibra de su ser. Para quienes han leído el libro o incluso visto las películas, es innegable que la verdadera acción ocurre luego de este hecho, cuando la guerra civil llega a escalas terribles y tortuosas. El ritmo de esta última entrega es impecable: la escena de una cierta ejecución que queda a cargo de Katniss sobre el final de la película logra crear una tensión punzante entre el silencio de la sala, mientras que las varias batallas que se desatan en el Capitolio aturden a todo espectador que se siente envuelto en medio de esta guerra. La última parte de Mockingjay tiene muchos aciertos, entre ellos el hecho de ilustrar tan bien (y sin minimizar) el trauma del que sufre Katniss al terminar la batalla. Pero lo más importante de esta película es que nos ofrece algo que ninguna puede darnos: perspectiva. Al conocer el desenlace de esta historia, se vuelve más sencillo juzgarla de principio a fin, y el panorama completo de la historia de Katniss nos remite nada más ni nada menos que al esquema dialéctico del filósofo alemán Hegel.

Recapitulemos nuevamente: la dialéctica identifica tres grandes momentos en su esquema. El primero, el de la tesis, es aquel en el que se presenta determinada concepción del mundo, mientras que el segundo, la antítesis, expone sus problemas y contradicciones y propone una visión opuesta. Finalmente, la síntesis surge de una nueva comprensión del problema gracias a la implementación de elementos que se encuentran tanto en la tesis como en la antítesis; es decir, presenta una suerte de mezcla entre ambas. El principal motivo por el cual este esquema es tan utilizado para explicar procesos históricos es, sospecho, que somos criaturas propensas a la repetición. Se puede aplicar a momentos políticos y económicos tan diversos e incluso apartados en el tiempo justamente porque la política y la economía tienden a operar bajo los mismos mecanismos, una y otra vez. Una fuerza política sube al poder, en las elecciones siguientes se vota a quien más se le oponga y luego se opta por buscar un punto medio hasta que vuelva a comenzar el ciclo. Tan visionario fue Hegel en su concepción de la dialéctica que incluso se puede aplicar a una trilogía distópica como la de The Hunger Games.

Primera parte: la tesis. The Hunger Games nos da a conocer la concepción que se tiene del mundo desde el microcosmos que es Panem, el trato que reciben los más pobres distritos y los Juegos del Hambre, aquel sádico evento que representa el más estrecho vínculo entre ambas partes. Katniss, a pesar de encontrarle una vuelta a las reglas al final, participa en ellos. El pueblo todo todavía se encuentra sometido. Segunda parte: la antítesis. Catching Fire nos presenta a una Katniss mucho más segura de sí misma y determinada a acabar con la tiranía de los juegos. Toda la película se ve atravesada por pequeños actos de rebeldía, desde el vestido que se enciende en llamas en el programa de Ceasar Flickerman hasta la destrucción del domo virtual que hacía de los juegos lo que eran. Katniss literalmente destruye a aquello que más sometía al pueblo. Empieza la revolución.

Es en la tercera parte, en la de la síntesis, donde entra Mockingjay y donde más interesante se vuelve el asunto. Y es que a simple vista esta parte no es más que una agudización de la segunda, la más profunda antítesis ante la tesis propuesta por el Capitolio. Sin embargo, pronto comenzamos a observar cuántas de las actitudes de Coin y Hevensbee se asemejan a las del Capitolio. La televización de la batalla se vuelve crucial, y no quieren que Katniss, su tan adorado y explotando sinsajo, de pelea si no hay una cámara frente a la cual pueda jactarse luego. Lo que importa es lo mismo tanto en la revolución como en los mismos Juegos del Hambre: la estrategia mediática llevada a cabo debe ser perfecta, y el arma más grande no son ni las flechas ni las bombas, sino las imágenes en los televisores. Gale mismo dice que si tiene que morir gente inocente para que ellos puedan vencer a un distrito que sigue aliado el Capitolio, que así sea – inevitablemente, esto nos remite a la cantidad de inocentes que mató el Capitolio en su lucha por el poder. Aun manteniendo algo del espíritu revolucionario que prima en Catching Fire, en Mockingjay observamos con temor y un poco de asco cuán similares son todas las estrategias políticas, sin importar a quiénes favorecen ni qué fines cumplen. Coin es veloz para declararse presidente interina, en un proceso que nada tiene de más democrático que el del presidente Snow perpetúandose eternamente en el poder.

Es precisamente por esto que The Hunger Games se despide siendo una de las mejores sagas distópicas de los últimos tiempos. Teoriza, quizás sin quererlo, sobre los medios, la guerra, el trauma que ésta genera e incluso la política. Su mayor fuerza no descansa entonces en su historia de amor o en la valentía y vulnerabilidad que tan bien conviven dentro de su protagonista, sino más bien en cómo logra retratar el funcionamiento político y mediático todo a través de una sola historia de un solo lugar.

Por Verónica Stewart

■  Al texto escrito por mí sobre The Hunger Games lo pueden encontrar acá

■ Al texto escrito por Verónica Stewart sobre Catching Fire lo pueden encontrar acá

■ Al texto escrito por Natalia Paez sobre The Hunger Games – Mockingjay (Parte I) lo pueden encontrar acá

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[TRAILER] Algunas imágenes de Mockingjay – Part 2:

Mockingjay Part 2 Trailer from C M on Vimeo.

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¡BUEN LUNES PARA TODOS! Arrancamos una nueva semana del blog hablando sobre el cierre de The Hunger Games: 1. ¿Qué les pareció la saga en general y su conclusión en particular? 2. ¿Qué otras sagas resisten un análisis filosófico como el que propone Vero? 3. Por último, ¿son de leer sagas? ¿cuáles son sus favoritas? ; nos reencontramos mañana con un post sobre Grandma; ¡hasta entonces, muchachada! ¡que tengan un excelente día! PD. No se olviden del Concurso Oscars 2016, tienen tiempo hasta el domingo próximo para dejar sus predicciones; ¡buena suerte para todos!

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—> La última vez escribió Victoria Leven sobre… MIA MADRE y EL CINE DE NANNI MORETTI

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The Hunger Games – Mockingjay (Parte I): Cerca de la revolución

Hoy en Cinescalas escribe: Natalia Paez

“And the scars that mark my body, they’re silver and gold,
my blood is a flood of rubies, precious stones,
it keeps my veins hot, the fire’s found a home in me”  - Lorde (“Yellow Flicker Beat”)

*Atención: Se revelan detalles del argumento del libro y la película

Cuando pienso en trilogías del género Young Adult (o jóvenes adultos, vaya oxímoron), se me vienen a la mente los romances imposibles y sufridos propios de la adolescencia, y ese sentimiento entre angustioso y desmedido del amor para siempre que solo puede provocar la fuerza de lo que aparece como inalcanzable, casi intocable. Pienso en Edward y Bella, y ese triángulo amoroso conformado con Jacob; son “hielo y fuego”, como se escucha pensar a la heroína de Stephanie Mayer en la trilogía Crepúsculo. También evoco a  Hermione y Ron, y en cómo se juega con la idea de un triángulo en Las Reliquias de la Muerte de la serie Harry Potter, cuando en medio de una alucinación causada por portar un Horrorcrux, Ron ve a su mejor amigo y a la chica de la que se enamoró besarse apasionadamente y reírse de él. Sin embargo, nada de todo este tropo aparece como prominente en la historia de Katniss Everdeen (una magnifica Jennifer Lawrence), la “chica en llamas” de la trilogía de Los Juegos del Hambre de Suzanne Collins. Si hay algo que resalta en Katniss es la admiración que despiertan sus acciones heroicas y sus luchas, porque en su mundo, el universo ficticio de Panem (un guiño al dogma romano “Panem et circense”, es decir, pan y circo), no hay lugar para los sentimientos desmedidos. En su mundo sólo se vale sobrevivir, y como ella misma le dice a Gale Hawthorne (Liam Hemsworth) desde que fue seleccionada para participar en esa batalla hasta la muerte que son los Juegos del Hambre anuales, ella sólo tiene tiempo para una clase de sentimiento: el miedo. Y ese temor es tan palpable durante la apertura de Mockingjay Parte 1 (o Sinsajo, según su traducción al español), que uno no puede evitar relacionarse con todo el trauma que enfrenta Katniss tras despertarse en ese bunker subterráneo  que es el secreto Distrito 13. Desorientada, con la respiración agitada, preguntándose todo el tiempo quién es, de dónde viene y por qué está ahí en ese momento, Katniss se enfrenta con un sentimiento que es aún más profundo que el amor: el trauma de la pérdida, la falta total y absoluta de control sobre su destino, pero sobre todo, sobre el destino de los que más ama, su hermana Prim, su madre y Peeta Melark (Josh Hutcherson). 

Si hay algo que me produjo la adaptación de Francis Lawrence sobre esta primera parte del libro de Collins es una opresión similar a la que experimenta la “chica en llamas” cuando mira por televisión los mensajes de tono propagandístico que protagoniza su pareja ficcional Peeta, quien al final de los juegos anteriores es capturado como prisionero por el Capitolio, ese gobierno autoritario que domina a los demás distritos a fuerza de miedo y terror. Esos dos sentimientos son una constante cuando Katniss finalmente comprende que el Presidente Snow (Donald Sutherland) no está jugando, y que va por todo y por todos con tal de apagar el fuego del Sinsajo y su rebelión. No le tiembla el pulso para incinerar vivos a niños, mujeres e indefensos del Distrito 12 (el hogar de Katniss) cuya única culpa es querer vivir un poco mejor. No se detiene ante nada, ni siquiera la tortura física y emocional de Peeta y de todos los demás vencedores capturados en los juegos anteriores para manipular a Katniss y a los demás rebeldes del Distrito 13, incluidos el ex Creador de los Juegos Plutarch Heavensbee (el talentoso Philip Seymour Hoffman, en uno de sus últimos roles en la pantalla grande) y la presidenta de los rebeldes, Alma Coin (Julianne Moore). Snow le demuestra a Katniss a cada paso, que en la guerra como en el amor, todo se vale. Incluso usar como arma letal al sentimiento más sagrado de todos. Mockingjay es un retrato crudo que, aunque ficcional, se parece demasiado a los conflictos que miramos por televisión. Es un relato de una guerra civil digitada por un gobierno ambicioso y corrupto, que se maneja en la opulencia y la negación total de las diferencias de clase, mientras vive de las riquezas que los oprimidos le producen. Pero aun cuando la noche es más oscura, hay una pequeña luz de esperanza que se vislumbra a través del velo del trauma de Katniss y los suyos.

Con sus miserias a cuestas y sabiéndose por siempre quebrada en su integridad como persona, Katniss acepta ser el símbolo de la rebelión de Alma Coin y Plutarch, no sin antes imponer sus propias condiciones. Para los lectores del libro, es en este crucial momento que comienzan los cambios que necesariamente sufren estas adaptaciones cuando son trasladadas a la pantalla grande. La Katniss del libro exige no sólo el rescate e indulto de todos los vencedores, sino también lo que será el motor del fin del relato: Katniss quiere matar ella misma al presidente Snow. En la película, esta exigencia brilla por su ausencia, con lo que se entiende que el objetivo del director era estructurar esta primera parte alrededor del rescate de Peeta. Cómo encajaran las piezas en la segunda y última película de esta saga es otra historia. Lo cierto es que por cuestiones económicas y marketineras (que comenzaron a regir las reglas de este género cuando Warner Bros. decidió cortar en dos el final de la saga Harry Potter en 2011), Mockingjay-la película está dividida en dos partes, con Suzanne Collins recibiendo por primera vez un crédito fílmico por su trabajo en la adaptación del guion cinematográfico de su propia obra. Resulta sencillo entender por qué, entonces, el corte en esta primera parte de la saga se da de forma orgánica, casi como si hubiera estado escrita así desde un comienzo. A diferencia de otras obras del género Young Adult, la historia del paso del Sinsajo de provocación a revolución social completa aparece a los ojos del espectador como un viaje sin demasiados cortes abruptos. En esta última parte, Katniss se da cuenta que su intención de salvar a Prim y ofrecerse como tributo en un principio, bien puede ser lo último que hizo por cuenta propia. A partir de su paso a escena, todo su camino fue digitado por aquellos que desde las sombras la observaron, y percibieron su potencial de liderazgo. Katniss se da cuenta que la cultivaron para ocupar el lugar central en esta rebelión televisiva, que de ficción no tiene nada… y lo tiene todo.

“Are you, are you
coming to the tree?
Where I told you to run,
so we’d both be free”

Uno de los mayores logros del equipo de marketing de Lionsgate (estudio al frente de la trilogía) fue llevar el estilo propagandístico del gobierno del Capitolio a la calle, y con eso, incrementar la ansiedad de los fanáticos. Los “tributos” (como se denomina a los lectores de los libros de Collins en el fandom de Los Juegos del Hambre) sabíamos qué encontraríamos, sin embargo, aquellos “hungers” (o no lectores) seguramente se sorprendieron ante la abundancia de carteles en fondos rojos y letras negras, videos o “propos” con mensajes de Sutherland como Snow junto con Peeta y Johanna Mason (Jena Malone, quien no juega un rol central en esta primera parte) a su lado. Inclusive se vieron gráficas en la vía publica con mensajes de corte goebbeliano, intervenidos con consignas contra hegemónicas de estilo guerrilla, el código que manejan los rebeldes del Distrito 13. De hecho, una de las mejores incorporaciones de esta primera parte es la de la documentalista Cressida (Natalie Dormer) y sus camarógrafos Castor (Wes Chatam) y Pollux (Elden Henson). Comisionados por Heavensbee para seguir a Katniss y capturarla “en acción” y con eso armar las “propos” (bajo la consigna de “The Mockingjay Lives” o “El Sinsajo vive”), es el estilo testimonial de Cressida el que nos regala el momento en que Katniss se muestra vulnerable y no combativa ante las cámaras, entonando lo que luego será el mantra de la rebelión: “The Hanging Tree” (literalmente, “el árbol colgante”). Ninguna otra actriz más que Jennifer Lawrence podría haberle dado la mezcla de tristeza y esperanza que genera escuchar esta canción (que fue acondicionada para la película por el grupo folk rock norteamericano The Lumineers) por primera vez después de haberla leído. Que actualmente la canción ocupe uno de los primeros puestos en el ranking Top 40 de la revista Billboard solo demuestra la credibilidad y el talento con que Lawrence llevó adelante el desafío.

Mockingjay Parte 1 es una interesante vuelta de tuerca al género Young Adult en sus adaptaciones al cine. No solo porque el conflicto mayor no gira en torno a si Katniss se queda con Gale o Peeta, sino porque propone algo aún más revolucionario: muestra a una Katniss que no es la “dama en apuros”; no es alguien a quien hay que salvar. Es ella misma la heroína y la encargada de rescatar a Peeta de los malos. Josh Hutcherson, por su parte, compone un personaje caracterizado no por su fuerza ni su coraje, rasgos propios del héroe masculino tipo, sino por la suavidad y la emoción a flor de piel, marcas que antes solo se mostraban como características de los roles femeninos. Peeta es un panadero, y sus fortalezas en el juego son el camuflaje y las relaciones interpersonales. Katniss es una experta del arco y flecha, sus fuertes son la cacería y la valentía, y se maneja mejor sola que jugando en equipo. Son estos roles invertidos, si se quiere, los que sostienen un relato trazado sin los condimentos típicos de estas historias.

La idea que mantiene viva esta saga es el amor, sí, pero no un amor adolescente desgarrador y casi irracional, protagonizado por la “dama en apuros” y el “caballero valeroso”. Es el amor fraternal que lleva a Katniss a ofrecer su propia vida a cambio de la de su hermana menor lo que desata la fuerza del cambio en los ciudadanos de Panem. El motor es la búsqueda de lo inalcanzable, sí, pero no relativo a la pareja sino respecto a la sociedad y a los lazos invisibles que mantienen el status quo en el que vivimos todos los días. Mockingjay Parte 1 es el principio del fin de la partida de dominó que una Katniss casi niña inició en los primeros juegos. Un paso en falso puede perjudicar toda la caída de las fichas, y sin embargo, el riesgo que conlleva corromper esa inercia vale todo el peso de la opresión que Katniss Everdeen carga en sus hombros desde que Effie Trinket (Elizabeth Banks) gritó su nombre en la ceremonia de selección en el Distrito 12. Desde que la leyenda de la “chica en llamas” se transformó en el germen de la revolución, tanto en la ficción como en la realidad.

Por Natalia Paez

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[TRAILER] El adelanto del comienzo del fin de The Hunger Games:

'The Hunger Games: Mockingjay - Part 1' Trailer from Trailer Rejects on Vimeo.

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¡BUEN LUNES PARA TODOS! Tenemos varias consignas para el post de hoy. Nati les hace las siguientes preguntas:  1. ¿Vieron Mockingjay Parte 1? ¿Qué les pareció?  2. Si lo leyeron, ¿piensan que le hace justicia al libro de Collins?3. ¿Qué opinan de la inversión de roles entre Katniss y Peeta en esta trilogía? 4. ¿Son fanáticos del género Young Adult? ¿Qué otros libros y/o adaptaciones cinematográficas del género recomiendan? Por otro lado, yo pregunto: 5. ¿Cuáles megaproducciones de Hollywood de este año les parecieron las más logradas? ¡Los leemos muchachada, hasta mañana! ¡Que tengan un gran comienzo de semana!

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—> La última vez escribió Craig Kennedy sobre… LA CARRERA HACIA EL OSCAR 2015

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Los trágicos amantes del Distrito 12

“What if I say I’m not just another one of your plays?
You’re the pretender; what if I say I’ll never surrender?

Ya sea para una presentación enfrente de la audiencia como para un cocktail, un diseñador llamado Cinna confecciona distintos atuendos para Katniss, la joven que desafió al Capitolio en sus perversos Juegos del Hambre y, siempre que lo hace, el leit motiv es el mismo: aparentar. Así, Katniss se convierte en una chica en llamas como en un hermoso sinsajo. Cuando la autora de las novelas Suzanne Collins indaga en el exterior, describe con minuciosidad las corazas (tanto las que reflejan el interior como las que se contraponen a éste, pero por sobre todo esa zona intermedia, indefinible) justamente porque su saga es una saga sobre individuos que, en un mundo gobernado por un régimen absolutista, se ven obligados a proyectar una imagen. Por lo tanto, Katniss actúa. Actúa que ama a Peeta. Actúa que es un sinsajo. Actúa que es una mujer que puede generar chispazos. Sin embargo, a medida que su interpretación se vuelve más creíble, su naturaleza primigenia va tomando otro color. El color de esa apariencia.

En la adaptación cinematográfica de la adictiva prosa de Collins, lo mejor es el comienzo, especialmente porque evoca la génesis de una dinámica cruel a partir del vestuario, de lo suntuoso que brinda un (micro) universo para que se puedan ocultar las pobrezas e infortunios que padecen tantos otros. Jennifer Lawrence tuvo no solo la compleja tarea de transmitir con el cuerpo y con el rostro esos monólogos internos que tan bien supo traducir Collins sino también la de esbozar, con una mirada o un gesto dubitativo, la concreción de una historia de amor trágica. A fin de cuentas, Los juegos del hambre (novela y película) es menos grandilocuente de lo que se cree. Porque detrás de un cascarón (su temática ambiciosa con múltiples lecturas y mensajes subyacentes) no encontramos más que a una chica que siempre supo cómo crecer a la fuerza, hasta convertirse en líder impensada de un movimiento rebelde. Porque aunque la primera vez que la vemos esté en su ámbito natural, saliendo de su casa para adentrarse en el bosque, esos juegos, más allá del costo que le generan, también, casi a modo de oráculo, le escupen un dictamen. A veces, al pretender ser algo que nos somos es cuando más se nos revela nuestra verdadera esencia.

¿Vieron Los juegos del hambre? ¿Qué les pareció? ¿Cuáles son, a su criterio, las mejores sagas que dio el cine (y, si quieren, la literatura)? ¡Dejen sus comentarios y buen martes para todos!

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