La mejor película para…ver en un autocine

Ilustración: Cameron Lewis

Siempre me atrajo la idea de empezar ciertas fechas consideradas importantes (cumpleaños, fin de año) en marcos bien diferentes. Mis 30 comenzaron en una suerte de autocine. La película, Encuentros cercanos del tercer tipo. No creo que se haya podido elegir una mejor. A fin de cuentas, todo se relaciona con la atmósfera. Con las sensaciones. Hacía mucho que no la volvía a ver. Me reencontré con Roy Neary – por lejos, una de las mejores interpretaciones de Richard Dreyfuss – y su conmovedor vínculo con Jillian, ambos sintonizados en la misma frecuencia, impulsados, por distintas razones, a llegar a ese lugar, al lugar de la verdad, de lo posible. Al reencontrarme con la película en otro contexto, inevitablemente la percepción cambió. No sé si atribuírselo al viento, al sonido, a las estrellas o al mero hecho de estar viviendo una experiencia cinematográfica anómala, pero el film de Steven Spielberg llegó de otra manera. Llegó, después de la sorpresa inicial de la primera visión, como la historia de un viaje. No solo el de Roy. No solo el de Jillian. No solo el de quienes vienen de otro mundo. Es el clásico viaje de Spielberg por los distintos caminos de la narración. Es el amor de Spielberg por la maleabilidad del relato y todas sus formas. Es esa puerta que abre un niño como metáfora de todo lo que el cine tiene escondido con potencial para ser descubierto. Hoy tengo gripe, sí. Pero no hubo nada como estar mirando el cielo abierto, con los mismos ojos de asombro que François Truffaut.

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 ► [ESCENA 1] Richard Dreyfuss en uno de mis momentos favoritos de Encuentros cercanos del tercer tipo:

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 ► [ESCENA 2] Cine al aire libre en Lolita de Kubrick:

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Este viernes, tres consignas: 1. ¿Cuáles les parecen las películas ideales para disfrutar en un autocine? ¿Recuerdan escenas de films ambientados en ellos, como la de Lolita? 2. ¿Vieron Encuentros cercanos del tercer tipo? ¿Consideran que está entre lo mejor que hizo Steven Spielberg? 3. Por último, me gustaría que compartamos anécdotas de sus experiencias viendo cine al aire libre; dejen sus comentarios, muchachada, ¡quiero leerlos!; nos reencontramos mañana con un tema; ¡saludos para todos!

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La última vez hablamos sobre la mejor película para… ENCONTRAR INSPIRACIÓN

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Deathmatch: Han Solo vs. Indiana Jones

fuente: awardstate.com

*Deathmatch propuesto por: JaviSB

Me divertí mucho cuando, como siempre sucede en el Facebook del blog el día previo al Deathmatch, puse una de las dos fotos alusivas para ver quién, efectivamente, le podía hacer sombra a nuestro querido Indy. El consenso, al menos en ese espacio, fue que ningún otro personaje cinematográfico estaba a su altura. Pero veamos qué argumentos podemos traer hoy en este enfrentamiento propuesto por Javi. Nunca probamos cómo funcionaría el contraste entre dos papeles consagratorios de un mismo actor, así que todo eso me condujo al post del día. Podemos trazar paralelismos entre una saga (Star Wars) y otra (Indiana Jones), que van desde su importancia para la cultura popular hasta su celebración del cine como medio para crear un universo extraordinario (algo de eso se habló en el post de Argo). Pero si me dan elegir, me quedo con Indiana Jones y voy a la fundamentación más básica que una vez desarrollé acá: me gusta cómo Spielberg abre (y nos abre) los ojos ante nuevos mundos con la capacidad de asombro de un niño, ese niño que reflota cada vez que vemos a Indy y sabemos que él es igual, que vive para eso, y que su rostro, inevitablemente, siempre estará asociado a la aventura.

*1. Harrison Ford como Han Solo:

*2. Harrison Ford como Indiana Jones:

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 ¿Harrison Ford como Han Solo o como Indiana Jones? ¿Con cuál de los dos se quedan? ¿O no se quedan con ninguno? :P ; comenten y, de yapa, propongan una secuencia y/o versus para el jueves próximo; ¡Gracias!

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DEATHMATCH WINNER: INDIANA JONES

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Cuando vivimos una película…

H0y en Cinescalas escribe: José Ignacio López Sáez

Siempre nos va a despertar cierta simpatía cuando, ya sea en el ámbito local, o estando de viaje, pasamos frente a algún escenario que hayamos visto alguna vez en alguna película o de otro que vemos frecuentemente en una serie. Tal es el caso de las fotos que tengo de amigos míos dentro del Central Perk sintiéndose personajes de Friends, o mejor aún, aquellos que se sentaron a tomar un café con un “tuna sándwich” en la cafetería de Seinfeld. Mi historia, al menos la que quiero contar hoy, tiene algo de eso, aunque no voy a decir que fue simpatía lo que se despertó sino más bien una sensación muy difícil de asimilar y más aún de describir. Pero lo voy a intentar.

No sabría explicar por qué del 2010 a esta parte comencé a querer ver toda película o documental que me explicara o mostrara lo acontecido en la Segunda Guerra Mundial. Así fue como pasé horas frente a El pianista, El niño del pijama a rayas, documentales varios y obviamente, junto a otras películas, La lista de Schindler. Un año más tarde, tuve la suerte de poder viajar por algunos países de Europa y en este viaje elegí, sin pensarlo demasiado, incluir Polonia. Y allí fuimos. Llegué a Cracovia, donde la ciudad, apenas uno llega, te tira toda su historia encima. Con edificios que parecen haber sido construidos ayer, otros que siguen a medio destruir desde hace 60 años y otros que supieron resistir casi intactos y acumulan más de 100 años sobre sí. Y en un tour, en forma inesperada, el guía nos dice que prestemos atención a una escalera, al tiempo que nos pregunta si la conocemos. Y sí, al mirarla, era inconfundible…

Ahí estaba yo, en uno de los lugares donde hacía 18 años, Steven Spielberg había dirigido La Lista de Schindler. Y de pronto cierto nudo en la panza se hizo presente al recordar la escena propia de la película e imaginar, al mismo tiempo, lo que puede haber pasado en esa escalera, así como en cualquier otro rincón de esa ciudad que íbamos descubriendo. Y allí empezó toda una sucesión de momentos bastante complicados de digerir…porque el tour continuó conociendo más sobre la historia, pasando por el gueto y concluyendo en la Fabryka Schindlera donde efectivamente Oscar Schindler hacía trabajar a cientos de judíos para, eventualmente, salvarlos. También uno se entera de que no era la persona que Hollywood nos quiso mostrar, sino alguien bastante más humano. Es decir, con algunas miserias que ocultar. Pero eso no viene al caso ahora. Que salvó a los que salvó, nadie lo discute.

Para sumergirme un poco más en la historia, al tour le agregué un recorrido por los campos de Auschwitz I y II (Birkenau). Allí si, el nudo en la garganta era indescriptible. Si bien no es el campo que muestran en la misma película de la que hablamos, ¿qué diferencia habría entre uno y otro? Ninguna. El concepto era bastante homogéneo entre todos los ellos. Fue una visita muy difícil, pero necesaria. Porque hay películas que nos gustan, otras que nos dejan pensando, otras que nos hacen pasar el rato…y otras que nos duelen… como creo que es este caso. Y estando ahí mismo donde todo tuvo lugar, más profunda es la sensación (aunque mucho menos uno entiende por qué pasó todo lo que pasó).  Todo esto a la vez que me indignaba con los turistas de siempre que sacaban fotos como si de Disney se tratara. Pero bueno… eso lo veremos en todos lados.

La cuestión, a modo de simple conclusión, es que poder pasar o ser parte de algún escenario que hayamos visto en una película nos hace sentir, aunque sea por un instante, parte de ella. Y nos imaginamos todo el trabajo del director y actores a la vez que nos hacemos partícipes de la historia. En mi caso, me ayudó a asimilar una realidad que es mostrada en la película pero que, de todas maneras, me resultaba un poco ajena, lejana, de la pantalla a mi persona.

Por José Ignacio López Sáez

¿Tuvieron experiencias similares a las de Nacho? ¿Han visitado lugares que luego el cine tomaría como centro de sus narraciones (verídicas o no)?; los invito, si es así, a compartir sus historias; para escribir en Cinescalas solo deben mandar sus notas a milyyorke@gmail.com

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