Me superó

En el Deathmatch del jueves pasado, Ica compartía su impresión acerca de Scott Pilgrim o, mejor dicho, su falta de impresiones respecto a la película de Edgar Wright. Ica fue contundente y lo sintetizó todo en dos palabras: “Me superó”, para luego comentar que la había dejado por la mitad producto del tedio. Así surgió el post de hoy. Me costó encontrar un ejemplo para ilustrar mi respuesta a la consigna dado que por lo general, cuando una película me resulta intolerable, suelo verla igual o (sí, lo admito) adelanto muchas escenas que no parecen estar yendo hacia ninguna parte. Sin embargo, no tuve que prolongar mi búsqueda cuando recordé Magic Mike. No soy precisamente una admiradora del cine de Steven Soderbergh, pero sí le puedo reconocer su insistencia por sostener una filmografía diversa, que incluso se percibe en su modo de filmar. Cuesta creer que una misma persona haya hecho Sexo, mentiras y video, Erin Brockovich, el díptico sobre El Che Guevara, y también Solaris, La gran estafa y The Girlfriend Experience, pero así parece ser el modus operandi del realizador. Un contraste permanente. Pero hasta aquí llegó mi amor. Si el director no logra superar el truco del desconcierto inicial haciendo lo que se propone hacer (una buena película), entonces el respeto solo lo puedo circunscribir a su necesidad de ser heterogéneo y no a la calidad de los trabajos en sí mismos. Si uno pensaba que más bajo que Contagio no se podía caer, Soderbergh se superó en mediocridad con Magic Mike.

La premisa parecía interesante: una mirada al mundo de los strippers masculinos bajo la perspectiva del trabajador experimentado Mike (interpretado por Channing Tatum, además productor del film) y de la joven promesa Adam (Alex “Soy el número 4″ Pettyfer). Pero no confundamos, esto no es El luchador. Esa mirada a un micromundo con todos sus pormenores aquí es tan superflua que queda siempre supeditada a una sucesión de números musicales del grupo de strippers en cuestión, algunos que otros chispazos de carisma de Matthew McConaughey (quien insólitamente acaba de recibir por su interpretación una nominación a los Independent Spirit Awards y un premio de los New York Critics) y la clásica historia del hombre que trabaja de algo que respeta pero que no lo satisface porque tiene otro proyecto de vida. Pero a no confundir de nuevo: esta no es una película que se banca lo que cuenta y no pretende ser más que eso (un vehículo para el baboseo, por ejemplo); por el contrario, Magic Mike quiere pasar por “entretenida con cierta oscuridad” y ahí es donde arranca el declive. La película es anodina, busca ser ingeniosa por momentos y cruda por otros (especialmente en la subtrama que involucra a Adam, quien tendrá una secuela dirigida por el propio Tatum titulada…Magic Adam, se los juro) y se queda a mitad de camino de ambas intenciones. Como si todo esto fuera poco, la mujer que solo cumple el rol de “salvadora del hombre errático” es interpretada por una insufrible Cody Horn. Por las razones mencionadas, la primera vez que vi Magic Mike no pude tolerarla y la dejé por la mitad, para retomarla luego y enfrentarme a uno de los peores finales que vi en mucho tiempo (y eso que saben que soy pro-finales abiertos, pero este me superó), sabiendo que eventualmente iba a disparar algún post catártico. Y aquí lo tienen.

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* Les dejo el trailer de Magic Mike, que me tendría que haber servido como indicio de lo que estaba por venir:

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* Les dejo también el trailer de Side Effects, lo nuevo de Soderbergh que parece ser otro desastre en puerta (o al menos eso me hace sospechar):

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¿Qué películas tuvieron que dejar por la mitad porque simplemente los superaron y no había forma de seguir tolerándolas?; ¡Dejen sus comentarios! ¡Buen martes para todos!

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¿En qué estabas pensando?

Confieso que muchas veces me gustaría ser testigo del momento en el que los actores deciden su participación en una determinada película. Claro que cuando se trata de actores en cuyo criterio uno confía, si nos encontramos con resultados como el que ilustra el post de hoy, no queda otra opción más que preguntarnos qué pudo haberlos conducido a involucrarse en mediocridades que no están a su altura. El problema con Kate Winslet en Contagion – para el caso, con muchos otros actores de ese elenco multiestelar – no es que su participación sea breve sino, retomando el planteo del comienzo, es el interrogante de cómo pudo haber querido formar parte de una película tan vacua. Lo que hace Steven Soderbergh es mostrar el avance de una epidemia pero sin jamás ahondar en la cantidad de tramas que abre. Las historias – incluida la de Winslet – van desde el planteo más básico (el bloguero inescrupuloso que interpreta Jude Law) hasta el planteo más llamativo pero menos aprovechado (el que incluye a Marion Cotillard), siempre con una suerte de tanteo de las diferentes formas de abordarlos. Por esta razón, Soderbergh entrecruza una escena gore con una escena más unívocamente dramática, presentando personajes con cierto regodeo en su caracter de estrella, a los que luego abandona sin explicación posible. Pero más allá de su peso pluma general, Contagion alcanza el colmo de subestimación al espectador con un final en el que el director quiere lucirse con un truquito “original” que termina por corroborar las limitaciones que veníamos padeciendo. ¿A qué venía todo esto? A que no entiendo qué llevo a Winslet y a muchos (Matt Damon, por citar otro ejemplo) a aceptar ser parte de un film deslucido. ¿Qué lleva a un actor a equivocarse? ¿Qué lleva a un director a hacer lo propio? Las respuestas seguramente nunca lleguen, lo cual no nos deja otra opción más que analizar (y dejar pasar) esos traspiés ocasionales.

Creo que es hora de rever esto y perdonar:

¿En qué películas sus actores y/o directores favoritos no tomaron la mejor decisión o, coloquialmente hablando, derraparon y desperdiciaron su talento? ¡Dejen sus comentarios!

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“Hay obras maestras que lo son por el monumental aburrimiento que provocan” – Luis García Berlanga

Después de reflexionar sobre la vida y sus encrucijadas en el post de ayer, creo que nos merecemos algo más lúdico, como es habitual los miércoles. Que quede claro que no suelo irme de una sala de cine, que una película realmente tiene que exasperarme por completo para decidir abandonar la sala (me sucedió una sola vez, en el BAFICI, marco más que propenso a forzarnos a dejar las butacas cuando la elección no está a la altura de las expectativas). Dicho esto, hoy nos ocupamos de las películas que, lisa y llanamente, nos aburrieron al punto de dormirnos.

Recuerdo una vez, en una clase de crítica de cine, que uno de los profesores que más admiraba (y admiro) me aconsejó nunca analizar una película tomando como parámetro el nivel de aburrimiento que genera. No es el ángulo por el cual debemos desmenuzarla como hecho artístico. Por ende, siempre me autocensuro cuando estoy al borde de escribir que un film “es aburrido”. El análisis debería ir más allá. Dicho esto también, en este post no estamos para hacer análisis sino para compartir anécdotas.

Así las cosas, les cuento que una de las pocas películas que me aburrió/durmió fue Solaris (encima la versión de Soderbergh). ¿Factores? Escaso interés por la forma en que el director adaptó el clásico, con transcurrir cansino y personajes gélidos. Sí, los críticos de cine también se duermen. Y yo, con esta, bien que lo hice.

¿Con qué película se quedaron dormidos/as? ¿Hubo causas que excedieron al mero aburrimiento? ¡Comenten!

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