“Fuck”

La coherencia estética y temática de Stanley Kubrick es irrefutable. Que su primera película se titule Fear and Desire ya nos está diciendo mucho sobre su particular microcosmos de obsesiones. Muchas de esas obsesiones operan, justamente, en relatos donde el choque de polaridades es lo que permite explorar la ambigüedad. En el cine de Kubrick no hay medias tintas, como tampoco hay reticencia a definir unívocamente los extremos. Así como el miedo puede fundirse con el deseo, el segundo también puede ser consecuencia del primero. Lo fundamental para el director era la exploración de lo aparentemente incompatible desde una perspectiva que, en la mayoría de los casos, buscaba incomodar. En La naranja mecánica el sexo se emparentaba con la violencia y en Barry Lyndon el dinero y el amor eran claros antagonistas. Kubrick les plantea a sus antihéroes dos opciones – de hecho, el concepto de dualidad puede ser analizado desde la puesta en escena con vastos ejemplos concretos, desde sombras hasta espejos –, como forzándolos a emprender un viaje de autodescubrimiento. El individuo siempre es puesto a prueba y a medida que un obstáculo se sume a otro, él se acercará más a lo que sería una suerte de versión verdadera de sí mismo, ya exiliada de un mundo de ensoñación y apariencias (el famoso “¡yo ya estaba curado!”). Por lo tanto, que su filmografía concluya con el verbo “fuck” (dicho de modo sugerente y a la vez tajante) es un detalle extraordinario que guarda relación con la película (Eyes Wide Shut) en sí misma, pero también con cómo el antihéroe (Bill, en este caso) es llevado de regreso a un universo “cotidiano” donde no necesariamente habrá más certezas de las que había en aquella onírica travesía nocturna. “La realidad de una noche nunca será la verdad completa” le dice Alice, para luego demandarle sexo (toda la escena tiene al rojo como color primario) que fundirá aún más ese oscilación entre realidad y fantasía. De esta manera, Kubrick nos retrotrae al inicio de su película póstuma, donde la narración/confesión de Alice de un encuentro imaginario con un amante empujaba a su esposo a la búsqueda de una pieza faltante. Ahí es donde el choque entre lo que efectivamente sucede (la concreción de la fantasía) con lo que solo yace en la imaginación (la fantasía propiamente dicha) se pone de relieve. Sobre el final, cuando Alice reemplaza el “forever” de Bill con su “fuck”, Kubrick funde a negro logrando lo que siempre perseguía: desatar el animal interno inherente a todos y cada uno de sus personajes.

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► [ESCENA] El gran final de Eyes Wide Shut:

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► [ESPECIAL] Todos los simbolismos de la película de Kubrick:

The Hidden Messages in Stanley Kubrick's Eyes Wide Shut from Max Malone on Vimeo.

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► [GALERÍA] Las mejores frases que se dijeron al concluir una película según todos sus aportes:

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¡Buen miércoles para todos! La consigna para este día es que mencionen las mejores frases y/o monólogos que concluyeron una película (va otro ejemplo: el “I know” de Jesse en Before Sunset); como siempre, leo todos sus comentarios y en esta oportunidad dejo otra galería recopilatoria; nos reencontramos mañana con un nuevo Deathmatch, ¡que tengan un excelente miércoles y recuerden que la base de datos de Cinescalas se actualiza todos los días!

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El cine por las ramas: La mejor fotografía

Vislumbrémonos a nosotros mismos caminando por una calle en pleno otoño y en plena tarde. Muchos quisiéramos que la luz nos choque de determinada manera para generar un impacto. Muchos, acaso demasiado influenciados por las películas, quisiéramos ser bañados por una luz privilegiada. Harris Savides, director de fotografía a quien admiro profundamente y cuya obra dejo más abajo como lo hice en el momento de su triste partida, trabajaba con el mantra de que no se note el artificio. En consecuencia, los individuos que caminaban por las calles o por los parques o por los bordes de las piletas o incluso cerca de la nada (Margot, Roger Greenberg, los Gerrys, Johnny Marco y su hija Cleo, entre otros) nunca fueron capturados de un modo tal que no fuese verdadero. Savides, entonces, se concentraba no tanto en esos personajes sino en cómo en esos personajes habitaban los espacios mencionados (ejemplo: el llanto de Anna en la secuencia de la ópera de Birth). “Nadie camina como si tuviera una luz especial encima suyo”, dijo una vez. Por eso, los seres a los que le tocó iluminar (los de Van Sant, los de Fincher) se mueven naturalmente en sus ámbitos porque Savides no introdujo modificaciones agresivas sino que los hizo resaltar con otras herramientas. Resaltan sus imperfecciones pero también sus momentos más espontáneos, esos momentos donde parece no suceder nada pero en los que se teje todo, desde un espectro (esa tarde fatídica) hasta el otro (ese patinar adolescente). “No me gusta iluminar los rostros o los cuerpos, me gusta iluminar el lugar donde los cuerpos yacen”, expresó Savides, no sin antes agregar: “Creo que nunca podrías hacer una película que luzca increíble cuando estás tratando de que luzca increíble”. Es decir, iluminar sin que eso se note, un trabajo casi invisible que, paradójicamente, es el que devuelve (o refuerza/provee) la idea de visibilidad.

► La obra completa de Harris Savides:

Press Play VIDEO ESSAY: In Memory of Harris Savides (1957-2012) from Nelson Carvajal on Vimeo.

Ahora bien, quisiera presentarles a los invitados de esta segunda entrega de la sección: Germán Vilche, quien actualmente se desempeña como Director de Fotografía publicitario para Claro, MTV, Vh1 y para el film Choele de Juan Sasiain; Marcelo Lavintman, quien comenzó trabajando como DF nada menos que en largometraje Pizza, birra, faso y ahora tiene más de veinte títulos en su haber, como Yo no sé qué me han hecho tus ojos y El otro; y finalmente Rodrigo Pulpeiro, cuya labor incluye largometrajes como El niño pez, Un cuento chino y Días de vinilo. Aprovecho para agradecerles a los tres por lo que escribieron, cada uno describiendo su trabajo cotidiano desde distintos aspectos, esclareciendo los pormenores de una rama fundamental del cine que parece, a priori, compleja de desmenuzar. Con ustedes, las palabras (y las obras en video) de Germán, Marcelo y Rodrigo. Que las disfruten.

La Dirección de Fotografía es el área que se encarga de encontrarle a la imagen o al encuadre un sentido, enfatizando la mirada del director creando un clima. Creo que la acción dramática de la historia es lo que va llevando el hilo conductor de las emociones, y la fotografía y la cámara tienen que serle fieles a esa emoción. Particularmente, me gusta desglosar la totalidad de la película, pasando por secuencias, escenas y planos. Poder ir de lo general a lo particular marcando una curva dramática generada por emociones. Esas emociones son traducidas a contrastes, paletas de colores, texturas, formas, sentido. La parte más sabrosa de ser DF es cuando lees un guión, ese guión te despierta emociones, y esas emociones son las que hacen que tu cabeza no deje de crear, minuto a minuto, cada imagen de la película, donde un brainstorming se va transformando en referencias (películas, obras de arte, imágenes de tu niñez y tu día a día). La parte más creativa es la preproducción, donde se evalúan las diferentes propuestas, sobre todo con Dirección de Arte, ya que son dos áreas que se complementan: una no vive si la otra. Una vez llegado el rodaje, es hora de poner las cartas sobre la mesa y jugar. Por otro lado, creo que la base para ser un gran fotógrafo es, sobre todas las cosas, la de ser un gran observador.  Mis ojos no ven por ver, siempre están encuadrando y fragmentando la realidad, igual que los tuyos, simplemente hay que procesarlo o revelarlo. Por eso, la de Barry Lyndon me parece, por lejos, la mejor fotografía cinematográfica de la historia… ♦

Les dejo uno de los trabajos realizados por Germán para Vh1:

Vh1, History of Rock from Germán Vilche on Vimeo.

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Menuda tarea la de definir el rol del director de fotografía. Ni mi padre ni mi tía Sofía terminaron nunca de  entender a que me dedicaba por más contentos que estuvieran con la evolución de mi carrera. Echaré mano pues a éstas palabras del maestro Néstor Almendros (1930-1992), catalán de nacimiento, cubano por adopción, notable director de fotografía de obras como Días de Gloria (Terrence Malick, 1978), Domicilio Conyugal (Francois Truffaut, 1970), La decisión de Sophie (Alan Pakula, 1982) y el maravilloso segmento Lecciones de vida de Historias de Nueva York (Martin Scorsese, 1989) entre muchísimas otras, en su muy recomendable legado literario Días de una cámara (Seix Barral, 1980). “Con frecuencia, personas ajenas al cine me han preguntado: ‘¿Qué es un director de fotografía? ¿Para qué sirve?’ Para casi todo y para casi nada. Sus funciones varían tanto de una película a otra, que no se pueden definir de una manera exacta. Mi trabajo puede limitarse sencillamente a apretar el botón de la cámara. Y a veces ni siquiera, pues alguien, un operador, se encarga de llevarla mientras yo estoy cerca, sentado en una silla plegable con mi nombre escrito detrás. (…) En el extremo opuesto, un director de fotografía que colabora en una película de pequeño  presupuesto con un realizador inexperto o principiante, puede decidir no ya la elección de objetivos (lentes), sino la naturaleza misma del encuadre, los movimientos de cámara, la coreografía de los actores y por supuesto, la iluminación, la atmósfera visual de cada escena. Llego incluso a inmiscuirme en la selección de los colores, los materiales y las formas de los decorados y el vestuario.”

Agregaría que es imposible tratar de entender nuestra profesión sin tener en claro la existencia de dos áreas bien disímiles, una técnica que consiste en el manejo de las distintas variables que inciden en la forma en la que lo narrado queda registrado en la cámara (cualquiera sea el material con el que ésta registre) y otro eminentemente artístico que abarca el manejo de conceptos tales como composición, equilibrio en el cuadro, y utilización del color tanto de la luz en sí misma como de aquellas cosas y seres a los que ella llegue (o deje de llegar, ya que el manejo de la sombra es tanto o más determinante que el de la luz). Para terminar este fallido intento de clarificar me vienen a la mente las palabras que alguna vez escuché de boca de nuestra Norma Aleandro en oportunidad de estar entregando un premio a nuestro rubro. Definía románticamente a los directores de fotografía como “los pintores del cine”. 

► Trailer de El otro, film de Ariel Rotter, con fotografía de Marcelo:

Trailer - El Otro from CRU FILMS on Vimeo.

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Entiendo el trabajo de Dirección de Fotografía en un film como la elección el diseño y desarrollo de un concepto visual que otorgue el marco más apropiado para el modelo de relato que trata. En la etapa inicial de un proyecto se desenvuelve como tarea hecha en conjunto principalmente con el director de arte. Contempla acciones y decisiones como la planificación de escenarios, delineación de espacios, climas, atmósferas y ambientes propicios para las características que definen la trama. Surge en principio la necesidad expresiva de interpretar y transmitir. Trasladar situaciones a términos visuales, que serán los que acaban constituyendo la ‘imagen’ de una película. Debe proponerse lograr generar algún carácter y adherencia o desaprensión con el ánimo de los personajes de la historia. Seleccionar, reunir y medir los recursos visuales precisos para esto de recorrer transiciones a lo largo de la película, acompañando la evolución del tono dramático. Debe plantearse saber marcar acentos adoptando una posición relevante, tanto como poder despojarse de ornamentos y priorizar interpretaciones y acciones dramáticas.

En etapa de rodaje el rol se desempeña como ya más técnico y práctico, consistente en disponer y determinar en el set el comportamiento de la cámara, ópticas, sus objetivos y las fuentes de luz para registrar del mejor modo el propósito y valor de cada una de las secuencias que componen el film. Se evalúa la visualización de una escena en intensidad e intención de la luz, su color y el trabajo de sombras, buscando lo que al parecer modele el espíritu de los personajes que llevan adelante la propuesta de una escena. la elección de la puesta de cámara -idealmente en coreografía con el movimiento de actores- o de la procedencia y juegos de luz que interpreten diversidad de climas sobre el entorno, elementos y colores o la elección de una tonalidad dominante muy definida, puede en ocasiones dar lectura y llegar a ser más elocuente que un texto o un diálogo. No obstante y necesario como complemento de lo planificado, la intuición y el entendimiento espontáneo con el director, permite definir la realización, la puesta y el registro de la cámara al contemplar lo que la historia tiene para contar en cada nuevo día de filmación.

La postproducción, última etapa del trabajo, se ocupa de sellar definitivamente en escalas y pasos de exposición, estimando densidades contraste saturación y tonalidad de las escenas, de acuerdo a cómo se articulan dentro del relato frente a la que la precede y la que la sigue. Como el silencio puede dar el valor justo al sonido, la intensidad en las luces o la profundidad de las sombras constituyen y se comportan como el carácter principal de la imagen de un film.  Cuando el director de fotografía se encuentra frente al guión de una película, sabiendo que va a formar parte del núcleo creativo que integra la orquesta de personas que la ejecutará, invariablemente espera involucrarse con la emoción y la intensidad de los sentimientos de los personajes que cuentan la historia. Y es a partir de esta premisa, que me reconozco admirador del talento y arte de tantos fotógrafos autores de la imagen de infinidad de películas de tan diversos géneros a lo largo de la historia del cine, que sería algo torpe intentar enumerarlos. Aunque aprecio muy especialmente la fotografía del cine que ha formado grandes corrientes como la Nouvelle Vague francesa, el expresionismo alemán, la obra de Kurosawa o Imamura en Japón o el film noir americano. Así como también la poesía y simple complejidad visual de grandes maestros naturalistas como Sven Nykvist y Néstor Almendros.  Si bien tal vez este texto pueda causar impresión de querer alcanzar cierta pretensión académica, no fue mi propósito y no soy pretencioso en ningún modo. También considero justo aclarar que muchas veces y en muchas cinematografías del mundo hoy en día, más que plantearse objetivos tan diversos y complejos, el rol del responsable de la imagen de un film se libra en sortear con la mayor habilidad los inconvenientes que suelen plantear los avatares de la producción. ♦

Imágenes de El niño pez, película de Lucía Puenzo, con fotografía de Rodrigo:

Trailer El Niño Pez from Historias Cinematográficas on Vimeo.

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Bueno, muchachada, continuamos con esta sección y las consignas de hoy serían: A) -¿Son de prestarle atención a la fotografía de una película? B) – ¿Qué films que se destaquen en este aspecto recuerdan particularmente? C) – Propongan otra rama del cine para la próxima entrega; ¡Los leo, como siempre!; ¡Buen miércoles! ¡Nos reencontramos mañana!

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La última vez en El cine por las ramas analizamos…los mejores guiones

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Una mirada a la literatura detrás del cine

Hoy en Cinescalas escribe: Luciano Sívori

El cine y la literatura son lenguajes distintos. Muchas veces se fusionan, se mezclan…se acuestan y después no se llaman al día siguiente. En el mundo cinematográfico prima la imagen por encima de la palabra, mientras que en el literario es básicamente la palabra. Lo que hace que un libro sea más profundo y más rico que una película es lo mismo que hace que una puerta de madera que cruje provoque más miedo que un payaso sosteniendo globos bajo una alcantarilla: la imaginación es (y siempre será) mucho más poderosa que la vista. No es la idea debatir hoy si “la película es mejor que el libro”, como tampoco criticar a Hollywood, que le cerró definitivamente las puertas a las historias originales y se la pasa robando de libros, secuelas y reboots. Lo que hoy quiero hacer es que se animen a tomar la pastilla roja para descubrir que hay todo un universo literario detrás del cine, que es maravilloso y que muchas veces las películas no logran ajusticiar. Que la película sea mediocre o vacía, no implica necesariamente que el libro también lo sea.

El Gran Gatsby (F. Scott Fitzgerald, 1925) es una novela fantástica y uno de los más grandes clásicos de la literatura americana. Su adaptación más famosa (escrita por Francis Ford Coppola en 1974, y  protagonizada por Robert Redford) me dejó deseando bastante. Está lejos de capturar la emoción y todos los simbolismos que presenta la novela. Veremos cómo se las arregla Leonardo DiCaprio este año. Algo similar me pasó con Un mundo feliz (Aldous Huxley, 1932). La adaptación cinematográfica de 1998, que salió directamente al cable, es triste y para el olvido. La vi de chico, por casualidad y creo que por Space, y luego me enteré que estaba basada en uno de los libros de ciencia ficción más importantes del universo entero. Me animé a leerlo (tenía no más de 14 años) y resultó ser uno de los textos que marcarían mi vida y muchas de mis pasiones futuras (aprendí a amar la ciencia ficción y las sociedades distópicas). Huxley: un genio total. Las películas de Harry Potter, por otra parte, son visualmente impresionantes, pero ninguna le hace verdadera justicia a los libros. Las dos primeras adaptaciones están bastante bien en cuanto a “fidelidad”… y creo que todas capturan correctamente la esencia del “mundo mágico” que creó J.K Rowling. Sin embargo, ninguna está a la altura de los libros, que son obras realmente complejas y con muchos recursos narrativos interesantes. Incluso la sexta película asesinó complemente al libro (que es el mejor de todos), y hasta cambió estúpidamente el final original. Amo esos libros, la forma de escribir de la autora, cómo te envuelve en ese universo mágico y misterioso, por eso no es justo para los que sólo se quedaron con el cine.

Quizás el caso más famoso de “malas adaptaciones al cine” sea el del pobre Stephen King. El prolífico autor tiene más de veinte de sus títulos entre cine y películas para televisión. Hay excelentes adaptaciones (Cuenta conmigo, Sueños de libertad, Milagros inesperados) pero la gran mayoría son terriblemente malas. Cazador de sueños es mi libro preferido de King. Sigue el camino clásico del autor: infancia perturbada, monstruos, personajes con vidas cruzadas, etc. Pero es una historia con mucho corazón, fuertes temáticas en las que te sentís representado y una historia de suspenso intrigante. La parte en la que el alien está dentro de la cabeza de uno de los protagonistas está muy bien lograda. La película, por otro lado, es un chiste; tiene momentos que parecen sacados del cine clase Z y el final es cualquiera (totalmente distinto al original). Ni siquiera Morgan Freeman la salva. Lo que pasó con El resplandor es una anécdota muy conocida. La película es una de mis preferidas de Stanley Kubrick, y Jack Nicholson la gastó en su papel. Es una de esas cintas que no me animo a ver solo (aunque ya tengo mis 25 años y contando). Pero aun así, King nunca estuvo satisfecho con la adaptación, al punto que escribió él mismo una miniserie “más fiel al libro”. Cuando leí la versión en papel entendí todo: El resplandor es una historia demasiado compleja, distinta a las “clásicas” de King y el libro es increíble por todo el trasfondo del hotel en el que la película nunca llega a profundizar, y el miedo que genera el monstruo en el que Jack Torrance se va convirtiendo.

► Les dejo el trailer de Room 237, el flamante documental sobre cómo Kubrick adaptó El resplandor:

A principios del 2012 salió John Carter, producida por Disney. Me divirtió. Es una linda aventura, pero no es una película terriblemente significativa. El guión lo viste mil veces en otras películas, pero la novela en la que se basa tiene cien años y fue, de hecho, fuente de inspiración para Star Wars, Avatar, Indiana Jones, Flash Gordon e infinidad de relatos. La novela de Edgar Rice Burroughs Una princesa de Marte es una de las historias de ciencia ficción más emblemáticas de los últimos tiempos. El autor te absorbe completamente en ese mundo loco que creó (y que fue copiado mil veces después): hay criaturas muy bizarras, grandes batallas con espadas y audaces hazañas del héroe. Es muy meritorio su trabajo ya que, en esa época, no tenía mucho de qué agarrarse y tuvo que imaginar la gran mayoría de las cosas, desde la forma de procrear de los marcianos, hasta las razas, religiones y condiciones atmosféricas del planeta Marte. Un genio total.

El cine es y siempre será, junto a la literatura, una de mis grandes debilidades Pero son peras y olmos. Manejan sensaciones y lenguajes distintos. Es una pena que muchas veces se distorsione la esencia del autor en adaptaciones que lo dejan mal parado, vacío o como alguien que “se vendió por lo comercial”. Hay todo un mundo en los libros que uno nunca debería darse el lujo de abandonar. Aún con la marcada tendencia a no leer textos con más de 140 palabras y la preferencia hacia lo rápido y visual, todavía creo que los libros tienen mucho para enseñarnos. Hay todo un universo, escondido entre fragmentos de papel, para complementarse con ese maravilloso fanatismo que genera el cine.

Por Luciano Sívori

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Las consignas de Luciano (algunas las hemos abordado, pero ya lo hemos dicho: el público se renueva): ¿Qué películas asesinaron vilmente al libro en el que se basan? ¿Qué libros merecen una adaptación al cine y, en todo caso, quien sería el director para llevarlos a la pantalla grande? Mi consigna: ¿Qué libro están leyendo hoy en día? Yo, por mi parte, estoy con An Abundance of Katherines  de John Green; ahora los leo a ustedes; ¡Comenten! ¡Buen comienzo de semana! 

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—> La última vez escribió Nicolás Godoy sobre… CINE y VIDEOJUEGOS

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[OFF TOPIC]: Dos cosas: en primer lugar, muchísimas gracias por todas las palabras volcadas en el cumplepost del viernes, me emocionaron mucho; en segundo lugar, quisiera felicitar a Florencia Gaudio por volver a ganar el concurso de La mejor nota de los lunes; al resto, gracias por haberse animado a escribir y seguramente no faltará oportunidad para que vuelvan a ser parte de otro concurso, saludos para todos ;)

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