“Let the sunshine in”

“All my little plans and schemes, lost like some forgotten dreams, seems that all I really was doing was waiting for you”. La escena de Funny People en la que George (Adam Sandler) se pone a tocar “Real Love” con sus amigos funciona en dos niveles. Por un lado, es una viñeta melancólica dentro de una película extensa, a la que si se la piensa objetivamente se la puede considerar disonante con el resto del film. Lo sabemos: Funny People maneja diferentes tonos y precisamente por eso parece haber sido infravalorada. Judd Apatow intentó, dentro de una historia particular, plantear la vida del ser humano desde lo general, desde lo vasto, desde un escenario en el que pueden coexistir el amor que no se olvida con la amistad imperecedera, y con la música sobrevolando ambos vínculos como un necesario tercer actante. Por otro lado, Funny People es una extensión más “madura” de su ópera prima The 40 Year Old Virgin. Esto se nota en el modo en el que Apatow reincide en esa unión permanente de relaciones entre amigos y relaciones entre parejas, volviendo pluridimensional a esa letra de John Lennon que coverea Adam Sandler. Ese “all I really was doing was waiting for you” puede aludir tanto al amigo nuevo que aparece de súbito como al amor que se hace presente del mismo modo. Por lo tanto, cuando barajaba potenciales grandes finales del cine como respuesta a la consigna de hoy, no me quise ir a lo canónico sino a una conclusión que resulta igual de efectiva y gloriosa que tantos otros desenlaces clásicos. The 40 Year Old Virgin halla su coda en la celebración más colorida y lúdica de esa inigualable sensación de estar enamorado. Sí, también es un festejo por cómo Andy puede por fin canalizar sus deseos físicos, pero su historia excede el terreno sexual. Apatow construye un final acorde al resto del film, uno en el que los amigos se confunden con las parejas en un baile armónico, uno en el que se pide dejar entrar lo luminoso y no dar por sentado los eventos más extraordinarios dentro de lo mundano. “Let the sunshine in” es la plegaria que sintetiza cómo todos los personajes del film manifiestan amor a través de gestos simples como prestar un caja de películas pornográficas o impulsar a un hombre a que se despida de su pasado para poder progresar. Dejar entrar al Sol es dejar entrar al cambio y eso, para Apatow, hay que mostrarlo con un extraordinario, delirante y hermoso baile fraternal. 

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► [COMPILADO] Comparto con quienes no vieron esto todavía, un gran video editado por Jacob T. Swinney, en el que contrapone los primeros y últimos planos de algunas películas; les garantizo que es imperdible:

First and Final Frames from Jacob T. Swinney on Vimeo.

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¡BUEN MARTES PARA TODA LA MUCHACHADA! En este nuevo post que varios me venían pidiendo, una única consigna: ¿Cuáles son los mejores finales del cine? Los invito a mencionar sus secuencias conclusivas favoritas; como el público se renueva (?), este post funciona como la segunda parte de este otro que hicimos hace mucho tiempo; asimismo, los espero mañana en el post de mejores personajes secundarios de series + entrevista a Raúl Castillo de Looking; ¡los leo, como siempre! ¡buen martes!

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En estado de alerta

rojo, ja.

(Del lat. russus).

1. adj. Encarnado muy vivo. U. t. c. s. Es el primer color del espectro solar.

2. adj. rubio (‖ de color parecido al del oro).

3. adj. Dicho del pelo: De un rubio muy vivo, casi colorado.

4. adj. En política, radical, revolucionario. U. m. c. s.

1. locs. adjs. De color encendido de brasa.

1. loc. adj. Dicho del hierro o de otra materia: Que por el efecto de una alta temperatura toma dicho color. U. t. c. loc. adv.

2. loc. adj. Muy exaltadas las pasiones. U. t. c. loc. adv.

1. loc. adj. Dicho de una materia incandescente: Que por la elevada temperatura se torna blanquecina.

1. loc. adj. Dicho de una materia incandescente: Que presenta un color rojo oscuro semejante al de las cerezas.

1. loc. adj. al rojo (‖ muy exaltadas las pasiones). U. t. c. loc. adv.

En un momento definitorio de Take This Waltz (paradójicamente ubicado en su inicio), la vemos a Margot aludiendo a una de sus principales inquietudes (o traumas, dependiendo de su capacidad de control), que es, en esencia, el miedo al miedo. Mientras lo dice, está en el aire, especificando esa fobia en su particular manera de evitar las conexiones en los vuelos. ¿De dónde proviene esa fobia? Podríamos leerla (a la fobia y a Margot) en relación a la frase que acompaña esa confesión: “I don’t like being in between things”. El término medio le aterra porque le aterran las posibilidades perdidas. A Margot no le gusta elegir. Cuando elige, automáticamente está contemplando la opción anulada. Todo eso se percibe en su mirada final al vacío (el vacío que quiere llenar porque no tolera una vida de insatisfacción momentánea), cuando sin escucharla sabemos que está hablando, nuevamente, de cómo detesta el terreno intermedio, de cómo detesta no poder disfrutar del lugar elegido. Margot, en la secuencia del vuelo, viste de rojo. Margot y sus miedos. Margot en estado de alerta. Margot y su búsqueda de seguridad. El rojo, así como el azul era significativo en La vida de Adèle, es la clave de Take This Waltz (y en menor grado el amarillo), su omnipresencia es notoria, como en esa campera de Margot en el avión, como en esa remera cuando ella se enfrenta a lo vacuo, como en esas sillas donde analiza su presente escindido entre su marido Lou y su amante Daniel.

Según Matthew Davies, el diseñador de producción del film de Sarah Polley sobre el que me explayé por acá, la decisión de que la casa de Margot fuera tan vibrante, con una paleta de colores tan amplia y acogedora, provino directamente de la realizadora. La finalidad no la explicó pero podemos intuirla. Take This Waltz es una película sobre la falsa sensación de comodidad. Todo lo idílico que tiene esa casa – y por lo cual la elegí para ilustrar mi respuesta a la consigna – poco importa en función de lo que sucede allí dentro. Así, esa cocina llena de utensilios hermosos es testigo de una discusión iniciada por una desencantada Margot. Así, ese baño de cerámicas impecables presencia el momento del derrumbe. Así, ese living cálido se convierte en el escenario de esa oscilación entre dos polos. Creo que eso es precisamente lo que me atrae del film por sobre cualquier otro aspecto: su modo de poner el foco en los detalles de una casa donde todo está aparentemente en el lugar correcto. No es arbitrario que cuando Margot abandone esa acumulación de objetos propia de todo matrimonio lo haga yéndose a un espacio diametralmente opuesto. A un lugar menos personal, más amplio, menos abarrotado, menos sentimental. Un lugar que se va llenando de recuerdos a medida que Leonard Cohen canta, pero que no termina de complacer a Margot, quien apoya sus pies en una mesa cubierta por una manta roja, moviéndolos de un lado al otro, como aseverando que ese movimiento pendular es (y será siempre) un reflejo de sí misma.

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► [ESPECIAL] Las casas más emblemáticas del cine:

DESIGN IN FILM: THE MODERN HOUSE from James Munn on Vimeo.

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► [GALERÍA] Las casas de película en las que les gustaría vivir (no son tontos para elegir):

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¡BUEN MARTES MUCHACHADA! Tres consignas para el post de hoy: 1. ¿En qué casa de película les gustaría vivir? 2. ¿Qué otras casas icónicas del cine podrían mencionar para armar una galería? 3. Por último, me gustaría que me cuenten cuál es el rincón favorito de sus casas y si son de estar pendientes de hacerle arreglos, reformas, decoraciones, cambios, etc.; ¡gracias por estar y, como siempre, los leo! ¡buen martes para todos! PD. Mi casa, acá

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La mejor serie sobre adolescentes

Hoy en Cinescalas escribe: Cristian Germán Rueda

No fue un éxito comercial. No vendieron pósters, ni CDs, ni llenaron conciertos (ni siquiera cantaban en el programa), ni salieron en revistas de teenagers y sólo duraron una temporada de 18 capítulos, pero Freaks and Geeks, producida por Judd Apatow y creada por Paul Feig, es la serie que mejor narra todo eso que implica ser adolescente. Freaks and Geeks se emitió entre 1999 y 2000 por la cadena estadounidense NBC y luego fue repetida con tres episodios inéditos en Fox Life. La cancelaron al término de la primera temporada, aunque recibió nominaciones para varios premios, entre ellos, para tres Emmys. Con el tiempo, y con ayuda de las repeticiones y de las nuevas tecnologías de comunicación, fue cosechando más y más seguidores que nunca habían visto la emisión original del show pero que elevaron esta serie al status de culto. El trabajo de los guionistas es maravilloso, salen airosos del peligro de caer en lugares comunes de la adolescencia y trazan historias ricas tanto en dramatismo como en comedia, con un resultado fresco y natural. Pero con sólo un buen guión no alcanza, los intérpretes son fundamentales y éstos cumplen con creces a pesar de su escasa experiencia. Vale agregar que esta serie significó un semillero de grandes artistas del medio: Linda Cardellini (luego en las películas live action de Scooby Doo, también en ER), John Francis Daley (Bones), Seth Rogen, James Franco, Busy Philips y Jason Segel. También hay cameos de Rashida Jones, Ben Stiller, Leslie Mann y Jason Schwartzman, entre otros reconocidos actores.

La historia transcurre durante el año 1980 y se centra en los hermanos Lindsay (Linda Cardellini) y Sam Weir (John Francis Daley). Lindsay cursa el último año de la secundaria y está algo cansada de ser sólo una estudiante del cuadro de honor. Entonces, luego de la muerte de su abuela, comienza a hacerse amiga de los “freaks”, es decir los “fumones” del colegio, quienes están muy apartados los estudiantes populares. Sam, por otra parte, está en el primer año y sus amigos son los “geeks”, a.k.a. “nerds”, también dejados de lado por los chicos populares. Cada uno desde su lugar marginal y con la compañía de sus amigos, irá sobreviviendo a ese momento crucial de la existencia que es la secundaria. Hay una especie de dualidad en las historias de los hermanos Weir: mientras Sam es un púber de 13 años que va dejando su infancia poco a poco, Lindsay representa a la chica que se está convirtiendo en mujer y tiene que comenzar a tomar ciertas decisiones sobre su vida. Sam es un nerd fan de Star Wars y está orgulloso de ello. Lindsay intenta despegarse de a poco de la imagen de niña buena y empieza a experimentar un estilo de vida distinto. Sam está descubriendo de a poco la vida en el colegio secundario y su hermana está saliendo de ese lugar aunque siente incertidumbre acerca de lo que vendrá. El punto en común es que ambos están transitando por un momento determinante en sus vidas. Freaks and Geeks refleja, entonces, esa crisis de identidad propia de la adolescencia pero a la vez nos muestra cómo estos personajes van formando su personalidad adulta con obstáculos que molestan y con amigos que ayudan.

Busy Phillips, Seth Rogen, Jason Segel, Linda Cardellini y James Franco, reunidos años después

Más allá de escenas con cheerleaders, pasillos con casilleros y la práctica del bullying (casi inexistente en nuestros años de adolescencia), los conflictos que se tratan son universales y fácilmente reconocibles para todos los que fuimos adolescentes (es decir, todos los seres humanos). Freaks and Geeks, por otra parte, está plagada de referencias culturales, de esas que te sacan una sonrisa. Por ejemplo, en el episodio de noche de brujas los chicos se disfrazan de Groucho Marx y Gort, el robot del film The Day the Earth Stood Still, mientras que en otra historia otro personaje se viste de Doctor Who. Sam y sus amigos son fieles seguidores de Saturday Night Live, sobre todo de Bill Murray. En un capítulo se menciona la muerte de John Bonham, baterista de Led Zeppelin y, en otro, Ken (Seth Rogen) reta a Lindsay porque se refiere a “Baba O’Riley” de The Who como “Teenage Wasteland”, que es la frase que se repite en el estribillo de la canción. La banda sonora elegida es básicamente rockera: The Who, Queen, Styx, Led Zeppelin, música disco de la época, entre otros sonidos, y el tema de apertura es “Bad Reputation” de Joan Jett.

Sentimientos inocentes, rock, nerdismo, incertidumbre, diversión… en fin, adolescencia en estado puro. Desde que descubrí esta serie que no paro de recomendarla. Además de pasar buenos momentos en cada episodio, podés ver a tus actores favoritos de jóvenes o de niños. Y, por otro lado, reconozcámoslo: todos tenemos un poco (o mucho) de freak y un poco de geek.

Por Cristian Germán Rueda

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► [DE REGALO]: El primer capítulo completo de Freaks and Geeks, para que comiencen a verla (si no lo hicieron ya):

  

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¡Buen comienzo de semana para todos! Este lunes lo iniciamos con nada menos que cuatro consignas: 1. ¿Vieron Freaks and Geeks? ¿Qué opinión podrían dejar sobre la creación de Paul Feig? 2. ¿Qué otras series sobre adolescentes sumarían al post de hoy? 3. ¿Cuáles son los mejores personajes “freaks” y “geeks”/”nerds” que dio el cine y la televisión? 4. a nivel personal, ¿cuánto de freak y cuánto de geek podrían decir que tienen? ¡Los leo, muchachada! ¡Que tengan un excelente día! 

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—> La última vez escribió Ignacio Fernández Santamaría sobre… INTO THE WILD

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La mejor película para…una noche delirante

This Is the End es una película fácil de desacreditar, ya con el preconcepto de que se trata única y exclusivamente de un vacuo ejercicio onanista. En un punto, se la puede comparar con Jay and Silent Bob Strike Back de Kevin Smith, otra comedia donde se parte desde un mismo lugar: el hacernos ingresar a una fiesta donde podemos quedar como outsiders y donde quienes entienden los chistes son únicamente quienes la organizaron. Es cierto, en ambos casos hay una autorreferencialidad ineludible, pero a diferencia de la película de Smith (la cual me sigue resultando brillante), This Is the End empuja un poco los límites y emplea esa acción de mirarse el ombligo con múltiples propósitos. En este aspecto, Seth Rogen y su co-guionista Evan Goldberg hilan más fino que Ben Stiller con Tropic Thunder, y se meten con los estereotipos con la mirada más enfocada en casos particulares. Así, los protagonistas del film son ridiculizados a partir de la visión que el espectador o la crítica puedan tener sobre ellos, trastocando esa visión o llevándola al extremo. Así, Michael Cera no es el chico bueno de Juno y sus derivados: es un cocainómano misógino que toquetea a Rihanna sin pudor. Así, Jonah Hill es el pretencioso del grupo luego de su nominación al Oscar por Moneyball, mientras que James Franco es el alma de la fiesta, para el desconcierto de Jay Baruchel, la cara menos “conocida”. This Is the End está propulsada por una sucesión de episodios, si se quiere, inconexos, pero igualmente efectivos. Hay un segmento en el que Hill es poseído cual Linda Blair en El exorcista y otro en el que el Apocalipsis deriva en puesta a prueba de la generosidad del Hombre. El punto culmine es ese final, donde el delirio deviene en fantasías pop y donde se entiende con mayor claridad algo que Rogen y Franco conversan en el inicio del film. Las mejores ideas – como una secuela para Pineapple Express – no necesariamente surgen de una habitación con máquina de escribir y la serenidad marcando el ritmo. A veces, las mejores ideas, como casi todas las de This is the End, surgen de una charla entre amigos, con ambos riéndose, tirados en el piso.

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 ► [TRAILER] El adelanto de This Is the End:

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 ► [ESCENA] Les dejo un hilarante momento de la película:

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La consigna para este viernes: Nombrar cuáles fueron las películas más delirantes que vieron en sus vidas, ya sea las que los hayan divertido mucho como aquellas que les hicieron decir, en más de una oportunidad, la frase “what the f…?”; a ver con qué salen, muchachada; ¡espero sus comentarios! ¡nos reencontramos en la canción de mañana! ;)

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La última vez hablamos sobre la mejor película para… VER CON TU MAMÁ

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No les veo futuro

Retomando un poco lo que aseveramos en el post de ayer, uno de los principales objetivos del cine es el de hacernos creer el cuento. Aunque tengamos que someternos a la conocida suspensión de la incredulidad, aunque ese cuento esté jugando con las reglas de lo clásico, es indistinto: para que una historia llegue, tiene que haber alguien del otro lado que, en un punto, la haga propia. El pacto tácito entre el creador y el que se provee de esa creación tiene que estar generalmente validado. Sin embargo, nunca hablamos de cuando el pacto no logra cobrar forma, cuando no hay manera de que ese cuento pueda ser leído, comprendido, aceptado, creído. ¿Qué sucede cuando llegan los créditos y sentimos que el final feliz no está destinado a prolongarse? Me parecía interesante que nombremos parejas del cine que, si lo pensamos objetivamente, de ningún modo funcionarían pasado el desenlace. Mi voto es para Ben (Seth Rogen) y Alison (Katherine Heigl) en Ligeramente embarazada y el fundamento es doble: por un lado, está la explicación más lúdica de que sencillamente no percibo puntos de conexión entre ambos que me haga asegurarles un (buen) porvenir (independientemente del embarazo de Alison) y nunca fui persuadida por el súbito (re)descubrimiento de sus afinidades; por otro lado, está la explicación ceñida al guión de Judd Apatow, que triunfa más en exponer las interferencias entre Pete (Paul Rudd) y Debbie (Leslie Mann), quienes sí se confrontan, quienes sí disienten, pero quienes también encuentran en cada uno ese lugar al que desean volver (aspecto que se sustenta con ese gran spin-off que es This Is 40). ¿Alguna vez pensaron qué sería de una relación de película una vez concluido su cuento de hadas, por más complejo que éste haya sido? Hoy quisiera saber a qué parejas del cine no les ven ningún tipo de futuro y qué argumentos encuentran para validar su afirmación :P – Me pregunto si alguien mencionará Like Crazy y si se reabrirá el debate sobre el destino de sus protagonistas…

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► [ESCENA] Un momento de Ligeramente embarazada por el cual no les veo futuro a Ben y Alison:

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 ► [GALERÍA] A todas estas parejas ustedes no les tienen demasiada fe (si la historia continuase):


Created with Admarket's flickrSLiDR.

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Nueva consigna para este día: ¿A qué parejas que terminan juntas en el final de la película no les ven futuro si la historia siguiese?; hagan sus aportes y justifiquen (che, esto parece un examen) que más tarde voy a reunir todas esas parejas en una misma galería; ¡los leo, como siempre! ¡buen martes para todos! ¡hasta mañana, muchachada!

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